Un italiano suelto en Buenos Aires

La sonrisa lo decía todo. Marco Cecchinato venía de levantar el trofeo correspondiente al Argentina Open 2019 y no dejaba de expresar su alegría. “Sabía que hacía mucho tiempo que no ganaba un italiano en Argentina, estoy muy feliz”, dijo en la rueda de prensa.

“Hoy sabía que me esperaba un partido muy duro, con toda la gente que apoyaba a Diego, pero me concentré, me enfoqué bien en mi juego y pude hacerlo bien. Estuve concentrado, saqué bien y fui agresivo”, señaló.

“Después del torneo de Río de Janeiro voy a ir a casa, porque la gira fue muy larga y tengo que descansar. Creo que la semana fue muy buena, aunque al principio no juegué tan bien, recién pude alcanzar un buen nivel en la semifinal.; el año es largo, así que hay que esperar y ver como se desarrolla. Ahora estoy bien de la cabeza, con la mentalidad fuerte, y pienso que puedo ir a ganar en cada torneo”, agregó.

“Me siento capacitado para jugar en cualquier superficie. Además siento que puedo ganar aunque a veces juegue mal, y eso es bueno. el tenis italiano está en un buen nivel”, amplió.

Aljaz Bedene, de Eslovenia, fue su verdugo en Río de Janeiro, al ganarle 7-5 y 7-6 en primera ronda.

El cansancio, el agotamiento y la gira dura le habían pasado un precio. Había dejado todo en Buenos Aires, ahora es el tiempo de descansar y pensar en un año a pleno.



Hernán O’Donnell

Marco Cecchinato, un jugador para todas las superficies

Para aquellos que sólo lo recuerdan por haber hecho semifinales de Roland Garros en la última edición. Para aquellos que pensaban que sólo era una semana fantástica en un torneo de ensueño. Marco Cecchinato cambió su mente, se adaptó al sistema y tras esa formidable actuación se metió en la discusión importante y comenzó a cosechar buenos resultados en distintas superficies: césped, cemento, indoor, y por supuesto en tierra batida.

“Cambié mi mentalidad y ahora voy siempre a ganar, en cualquier lado”, afirmó cuando ya la tarde le reglaba la primera gran alegría de 2019.

Tuvo una semana buena, de menor a mayor, que consolidó con una final impecable, intratable, indomable ante un Diego Schwartzman que sucumbió por 6-1 y 6-2, y se llevó el título del Argentina Open 2019.

Fue demoledor de principio a fin. El italiano dominó todos los aspectos del juego, fue sólido desde el inicio, tuvo un revés formidable y un servicio muy eficaz. Luego del 1-1 inicial empezó a imponer condiciones, tras el 2-1 quebró e inició una larga serie de juegos ganados, para llevarse la manga por 6 a 1 y enseguida ponerse 2-0.

Poco pudo hacer Schwartzman, quien se lució tenso, tal vez por la presión de la localía y no encontró variantes en el juego. El “Peque” no pudo meterse en el partido, arrastraba un cansancio lógico y se vio desbordado por un jugador que se mostró concentrado y confiado desde el primer punto.

Lo de Cecchinato fue formidable. No se amedrentó con la hinchada (“Me parece normal que el público aliente a su jugador, a mi no me molesta y me concentro en el juego”; declaró), mantuvo la serenidad y cada vez que el “Peque” amagaba con una reacción volvía a tener el mando del juego.

En el segundo set no se desesperó. Llegó el 1-2 del peque, el 2-3 que Schwartzman quiso aprovechar para ver si se arrimaba y mantuvo su servicio, el italiano, para alcanzar el 4-2. El quiebre del séptimo game fue decisivo. Cuando fueron a sentarse en el descanso del 5-2 el silencio y la resignación habían envuelto al Buenos Aires Lawn Tennis Club.

El final lo encontró con un grito de desahogo, el desplome habitual a modo de festejo sobre el polvo de ladrillo del court central y un aplauso respetuoso de toda la gente.

Se había llevado el premio mayor a base de un juego creciente, sólido, firme y variado. Marco Cecchinato encontró la fórmula, y en Buenos Aires le anunció al mundo que habrá que tenerlo muy en cuenta.



Hernán O’Donnell

La última función de David Ferrer en Buenos Aires

Corrió, luchó y se entregó como siempre. Dejó jirones de tenis, de fuerza y de esfuerzo, además de talento y brillo. Fue el mismo David ferrer de siempre, el que conoció y reconoció el público argentino, al que adoptó como uno de sus favoritos.

A fuerza de esforzarse, de lucir siempre un espíritu de lucha tan proclive al paladar argentino para cualquier deporte, a fuerza de mostrarse siempre humilde, dispuesto y amable en el trato, se ganó ese lugar de privilegio, donde en cada partido era el preferido de la gente y lo alentaban con fervor y devoción en apoyo a su búsqueda del triunfo.

David Ferrer con su transparencia conquistó el cariño del público argentino. Y se ganó los aplausos, desde el primero de sus partidos hasta el último, que sucedió hace un momento. Fue otra demostración de entereza, entrega y amor propio, tan requeridos y valorados en la competencia deportiva. Enfrente, Albert Ramos Viñolas, un español que creció al influjo de su ídolo.

Y David que dejó otra actuación llena de grandeza. Se impuso en el primer set por 6-4. Y empezó a encaminar el partido.

En la segunda manga se adelantó 4-2 y con el servicio a su favor. Pero no pudo aprovechar esa ventaja, y Ramos Viñolas lo emparejó en 4, hasta llegar al 6 iguales y la definición en el tie break, donde Ferrer dispuso de dos match points. Faltó precisión, y Ramos Viñolas se lo llevó para forzar el tercer set.

Ahí la ventaja se estiró muy rápido para Albert. Enseguida se puso 5-0. Entonces llegó lo mejor del partido. El empuje, la fuerza, la verguenza deportiva mezclada con ráfagas de talento lo llevaron a ganar 3 juegos consecutivos y colocarse en un expectante 3-5, que era más un premio a su jerarquía que las posibilidades reales de torcer la historia. Y no alcanzó, Ramos Viñolas ganó 6-3 el tercero y marcó la última función de Ferrer en nuestras pistas.

“Os echaré de menos”. dijo apenas terminó el partido, mientras recibía premios y homenajes de la organización.

“Ganar tres torneos seguidos es hermoso, pero mucho más es el cariño del público argentino. Estoy seguro que alguien ganará tres torneos, o más, aquí, pues hay grandes tenistas. Pero si tengo que elegir un día, elijo este, pues los trofeos son muy lindos, pero son eso: trofeos. En cambio, el cariño de la gente es incomparable”, señaló.

Se fue envuelto en aplausos, en un atardecer casi otoñal para esta parte del año, con una brisa fresca, el sol que se perdía entre sus últimos rayos y la calidez de un público que lo despidió con el afecto de quien se ha ganado su corazón, a base de esfuerzo, brillo y humildad.



Hernán O’Donnell

El año comenzó lleno de tenis

Es el deporte que inicia la temporada. Si bien hay varios que tienen su continuidad entre el cierre de un año y el inicio de otro, como los deportes de Estados Unidos, sea el football americano o el hockey sobre hielo, o las competencias europeas con sus mágicas ligas, para quienes toman el año calendario como el principio y final de cada temporada, el tenis es el deporte que abre cada nuevo ciclo: comienza su circuito sobre el inicio del año nuevo (en verdad, en los días finales del año viejo) y concluye en noviembre, tiempo de vacaciones y comienzo de pretemporada entre sus finales y diciembre.

Este año, como siempre, Oceanía nos abre la puerta. En Australia y Nueva Zelanda se viven las primeras emociones.

Se volvió a tutear con la victoria Kei Nishikori. El japonés que sorprendió al mundo cuando se llevó el ATP de Delray Beach 2008 tras vences en una dura batalla a James Blake, alcanzó el éxito en Brisbane tras mucho tiempo de no alcanzarlo. Había logrado su último torneo en febrero de 2016 y en ese lapso llegó a 9 finales, todas sin lograr el trofeo mayor. Pero tuvo su premio a la constancia y perseverancia, y le ganó a Daniil Medvedev por 6-4, 3-6 y 6-2.

En la India, Kevin Anderson le ganó a Ivo Karlovic por 7-6(4), 6-7(2) y 7-6(5), en un largo y extenuante partido. 

Mientras, por estas horas se juegan los atrayentes torneos de Sydney y Auckland, a la espera del Australian Open, el primer Grand Slam del año.

Y en la Argentina se aguardan dos torneos con mucha expectativa. El Córdoba Open, del 2 al 10 de febrero en el Estadio Mario Alberto Kempes, donde se pondrá en marcha una nueva plaza tenística y el Argentina Open, del 9 al 17 de febrero en el Buenos Aires Lawn Tennis Club en su 19º año consecutivo, un ya más que tradicional certámen en el calor del verano de Buenos Aires.

Ya están confirmados Dominic Thiem, Fabio Fognini, Diego Schwartzman, Marco Cecchinato, Pablo Carreño Busta, Leonardo Mayer, Guido Pella entre muchas figuras.

Tenis del bueno. En todo el mundo y en casa también.



Hernán O’Donnell

El tenis le abre una posibilidad a los soñadores

El Challenger de Buenos Aires, un evento oficial del circuito internacional de la ATP, perteneciente al Challenger Tour, comienza ya, en estas horas en el Racket Club de Palermo, y le abre una hermosa posibilidad a los sufridos y a los soñadores del tenis.

Es el único de su categoría que se disputa en nuestro país esta temporada, y esta cuarta edición, que cambia de sede, de Saavedra a Palermo, ya se puso en marcha.

Los principales protagonistas, jugadores, dirigentes, sponsors y organizadores estuvieron muy bien representados. Por el lado de los protagonistas, un jugador de los más destacados del mundo, de una temporada excepcional, se escuchó su voz, como representante de aquellos que van a transpirar los courts. Diego Schwartzman señaló: ““Acá gané mi primer Challenger, fue hace unos seis años y me trae buenos recuerdos. Este lugar es increíble” y sobre su futuro, respondió: “Mi objetivo es terminar mejor que  el año anterior. Estoy muy contento con el año que tuve. Llegué a estar cerca del top ten, aunque ese no era el objetivo de principio de año y lo sabía. El objetivo era estar entre los 20 primeros. Tengo mucho por mejorar porque algunos torneos no los jugué de la mejor manera. Cada vez es más difícil subir en el ránking en estos puestos. Por eso se convierte en un desafío, y a nosotros ( a mi y mi equipo) nos gustan los desafíos”.

El cuadro principal contará con jugadores del calibre, la experiencia y la trayectoria del uruguayo Pablo Cuevas, el español Pablo Andújar, el brasileño Thomaz Bellucci, y los argentinos Guido Andreozzi, Facundo Bagnis y Carlos Berlocq. 

Un plantel de figuras destacadas que convocan a los amantes del tenis a darse una vuelta por Palermo, disfrutar del juego y revivir las mágicas jornadas de un mes como noviembre, tradicional en torneos y encuentros de tenis en esa zona amable y colorida de Buenos Aires.

 

Hernán O’Donnell  

Dolgopolov se adueñó de Buenos Aires

Y habría que decir de la Argentina toda. Porque el ucraniano Alexandr Dolgopolov fue el dueño del torneo de la ATP que Buenos Aires organiza, sin interrupciones, cada febrero desde 2001. Y ya es más que el abierto de la Ciudad. Desde hace un par de temporadas se lo denomina Argentina Open, con reminiscencias de lo que fue un glorioso e histórico Abierto de la República, que durante muchísimos años engalanó el tenis vernáculo.

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El ucraniano no falló. Ya había tenido una semana brillante, donde mostró una solidez y un juego muy efectivo. Arrancó con Tipsarevic, en un encuentro de primera ronda muy atractivo. Ganó con autoridad por 6-3 y 6-3. Después dio cuenta del uruguayo Pablo Cuevas por 6-3 y 7-6. En cuartos fue el turno de Melzer, quien no pudo aguantarle el ritmo en un viernes caluroso y muy húmedo: 7-5 y 6-4.

Ya era el candidato de la gente, porque si bien el torneo estaba armado en derredor de David Ferrer y Kei Nishikori, estas figuras no alcanzaron la dimensión de dominantes de la escena. Ferrer se fue en el debut y el japonés arrancó bien y comenzó a apagarse a  medida que pasaba las rondas, hasta ser sometido por el dominio del ucraniano en la gran final.

Dolgopolov crecía en cada encuentro y tuvo una semifinal muy buena ante Carreño, que terminó con un 7-5 y 6-2. Y llegó a la final entonado y con buen ritmo.

Ni el calor, ni la pesada humedad, ni la figura respetable del número 5 del mundo inhibieron al europeo. Salió decidido, jugó cada tiro a “matar” y fue muy certero en cada golpe: un servicio brillante, con un movimiento cortito, fuerte y preciso, acompañado de “winners” y “drops” bien ejecutados.

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El primer set fue parejo, aunque Dolgopolov siempre lució más sólido. Ganó sus servicios con más amplitud de lo que el japonés pudo hacer con los suyos; además se hizo rápido del tie break ya que sacó para 1-0, y tras la igualdad de Nishikori, quebró para 2-1. Mantuvo sus dos servicios: 4-1. Nishikori ganó los suyos siguientes: 4-3 para Dolgopolov, quien ganó los dos siguientes servicios (6-3), y tras el saque de Nishikori (6-4), otro quiebre del ucraniano selló el 7-4 del desempate.

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Pareció que en el segundo set, el asiático se metía en el partido. Ganó su saque, se puso 1-0 y apretó a al ucraniano en el segundo game. Pero era la tarde de Dolgopolov, y más cuando tenía su servicio. Igualó en 1, luego Nisihikori mantuvo, 2-1. Igualó Dolgopolov en 2, se adelantó el japonés y el ucraniano igualó en 3. No encontraba soluciones Kei. Intentó ser más agresivo en la defensa, responder el saque de su oponente más adentro de la cancha y atacar, pero no funcionó. Y Dolgolpolov aprovechó su chance: quebró en el séptimo para llegar a un 4-3 promisorio. Sacó con potencia y precisión, 5-3. Nishikori mantuvo su servicio: 5-4. Arrancó el ucraniano con alguna duda y un 0-15 que pronto remedó: fue 6-4 y partido.

Se lo llevó quien lo fue a buscar. Alexandr Dolgopolov mostró su garra desde el primer partido, creció en cada encuentro de la semana y fue el dueño de la tarde del Domingo 19 de Febrero de 2017. Un campeón justo y merecido.

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Hernán O’Donnell

 

El tenis de Fognini inclinó la balanza para Italia

“El balance dice que hicimos una buena serie, jugamos todos los partidos, luchamos hasta el final, dejamos todo, pero Italia jugó un poco mejor y por eso se llevó el match”. En la síntesis que hizo el capitán argentino, Daniel Orsanic, está el resumen de lo que fue el fin de semana largo de Parque Sarmiento. Argentina no era favorito para esta serie; al contrario, la “cátedra” decía que Italia tenía muchas chances de pasar y sin sufrir como al cabo sucedió.

Porque si algo hay para rescatar del equipo argentino fue la entrega, el compromiso, el no guardarse nada y dar pelea aún cuando el viernes había sido muy desfavorable. El 0-2 en los puntos presagiaba una tormenta mayor a la que se desataría en buena parte del país.

Pero el equipo se sobrepuso a esa situación incómoda y no se dio por vencido. Descontó en el dobles, y Charly Berlocq estiró la esperanza la tarde larga del domingo.

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Y en un lunes atípico, Guido Pella peleó todo lo que pudo ante un Fabio Fognini que comenzó errático, tenso, apagado, pero que luego de ceder los dos primeros sets, se consolidó en el tercero, se adelantó 4-3, quebró, ganó con su servicio y después ya fue el italiano que conocemos en su mejor versión: Sólido, lúcido, con un tenis rico y variado, en el cuarto set tras el 1-1 inicial quebró el servicio de Pella se adelantó 3-1 y si bien en el 3-2 Guido tuvo una chance de acercarse, fue Fognini el que se llevó el juego 4-2. Y lo ganó por 6-4.

En el juego definitivo, un clima enrarecido ya había invadido al Parque Sarmiento. La idea de abrir las puertas y que entrara la gente gratis era interesante en la teoría y en la práctica resultó contraproducente: mucha gente se acercó, estuvo en una larga hilera y tardó un tiempo en enterarse que ya no había más lugar. Otros, menos civilizados, rompieron un alambrado, ingresaron a toda velocidad al predio y se metieron a las corridas.

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Los insultos a Fognini, los silbidos, las agresiones inaceptables, impropias de una  conducta humana cerraron una tarde que no merecía pasar por esa vergüenza. Igual que el entredicho entre algunos miembros del equipo local y del visitante; algo que no se vincula con el deporte, ni los valores que debe transmitir.

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Una pena terminar con esas imágenes, porque lo de Argentina en la serie había sido digno. Y cayó ante un rival que fue mejor, tal como lo dijo Orsanic. No sólo se es grande en la victoria; aceptar la derrota ante un rival superior, reconocer lo que sucedió en la competencia, también hace a la grandeza deportiva. El equipo argentino dio un ejemplo cuando se cerró este largo fin de semana de tenis.

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Hernán O’Donnell

 

 

…Y la historia aún continúa

Empezó pocos minutos después de las 11 de la mañana y finalizó pocos minutos antes de las 8 de la noche. Fue una batalla larga, épica, cortada y cambiante. Arrancó Paolo Lorenzi a toda orquesta, se llevó la primera manga por 6-4 cuando la lluvia ya había anunciado su protagonismo. Porque el italiano tuvo mucho ritmo y precisión para ponerse 4-2 arriba, pero cuando el clima se iba a meter de lleno en la jornada, las cosas cambiaron. 4-4, interrupción, luego la reanudación para Lorenzi y el partido ya entraría en el terreno de lo atípico.

Pero Charly ya había dicho que tenía un plan. Que sabía lo que tenía que hacer, como jugar el partido. Y empezó a volcarlo para su lado. Con la iniciativa, tratando de dominar el juego, más allá de la elaboración. Así lo torció a un 6-4 en la segunda manga y en el tercer set se fue muy rápido 6-1 arriba.

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Pero el partido iba a tener más interrupciones. Viento, lluvia, humedad. Todo complicado para jugar al tenis. Y Lorenzi que recuperó el partido con un 6-3 muy luchado, y un fallo controvertido que pudo sacar a Berlocq de la concentración necesaria.

Pero era su tarde. Se adelantó con un quiebre muy rápido, porque ganó su servicio (1-0), empató Lorenzi (1-1), ganó Charly (2-1), quebró (3-1) y mantuvo (4-1)!

Después fue cuestión de mantener el saque para sellar un 6-3 final con sabor a gloria.

Falta un paso más. Se perdía 0-2 y se llegó a un 2-2 que deja todo para que se defina en un “SuperLunes” que promete ser muy atractivo.

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Hernán O’Donnell

 

Argentina puso el alma y estira la definición

La desazón de Simone Bolelli, el fastidio de Fabio Fognini y la serenidad del capitán Corrado Barrazzutti en la conferencia de prensa posterior al match, eran la imagen del equipo que no sólo había perdido un partido increíble y cambiante, sino que había dejado pasar una oportunidad magnífica para cerrar la serie y avanzar a la ronda siguiente.

La emoción de Leo Mayer, el optimismo de Carlos Berlocq y la sensatez del capitán Daniel Orsanic un rato más tarde, en la misma sala de prensa, eran la cara del vencedor. Un equipo que sigue abajo en el marcador, pero que conquistó un punto que le permite llegar al domingo con posibilidades.

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Leonardo Mayer y Carlos Berlocq jugaron con el alma y el corazón. Tuvieron dos sets muy buenos, donde aprovecharon las dudas de Simone Bolelli y los errores de Fognini, que recién se enchufó en el tercer set, en un momento clave: perdían 3-4 y 0-30 con su servicio y se afiló para revertir e igualar la manga en 4. Sacó Charly, que venía de dos sets muy buenos y falló. 5-4 para Italia, defensa sólida de su saque y obtención del tercer set. Otro partido comenzaba.

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Con la confianza por las nubes, los italianos se llevaron 6-2 el cuarto set. Igualados. Como regla general en el tenis, en los partidos a cinco sets, cuando se llega al quinto, la historia dice que puede pasar cualquier cosa.

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Y pasó de todo. Paridad hasta el 3-3; un dominio de Argentina; un match point con el score 5-3. El equilibrio de Italia en 5. La igualdad en 6 y a sufrir en el tie break…¿Sufrir? Argentina se puso muy rápido 4-1; y enseguida, 6-2. Todo parecía definido…Bueno, esto es tenis. Y nada está dicho hasta la última pelota. Italia tuvo frialdad para descontar cuatro match points y llegar al heróico 6-6. Y eso no fue todo. Se puso 7-6 para ganar…Pero Fognini erró una pelota no complicada, le picó mal y le dio en el marco, y Argentina igualó y ya no se detuvo: 9-7 el infartante tie break.

Todo está en juego. La Argentina se acordó del campeón, puso el alma y forzó la serie hasta el último día.

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Hernán O’Donnell 

 

 

 

Argentina, con todas las alarmas encendidas

“Creo que las declaraciones de Guido (Pella) tras jugar en Australia fueron impulsivas. Es cierto que no tuvo un buen día con Bautista Agut, pero a la jornada siguiente jugó el dobles y lo hizo muy bien; fue un jugador mucho más fresco, más suelto, por eso creo que estaba para esta serie”. Serio y seguro como acostumbra, el capitán Daniel Orsanic definió en la conferencia de prensa posterior a una jornada dura, sofocante e improductiva, sus razones para convocar a Pella a esta serie ante Italia, cuando el tenista había dicho, en el Abierto de Melbourne, que estaba agotado tras la final de la Davis en Zagreb, que se le había “quemado la cabeza” y necesitaba un descanso y rearmar esta temporada.

Sin embargo, prevaleció la opinión del capitán y Pella fue convocado a jugar. Como estaba en lo físico y, sobre todo, en lo emocional, sólo el tenista lo sabe. lo cierto es que saltó a la cancha a medirse ante un creciente Paolo Lorenzi con esos antecedentes frescos para la opinión pública: la de un jugador que estaba con la cabeza más enfocado en descansar y rearmar su año que en afrontar una competencia dura en el arranque y sin respiro tras el duro final pasado.

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En la mañana del viernes 3 de febrero de 2017, mientras el público cantaba “Dale Campeón” y se gozaba la presentación de la Davis en casa, empezó a desarrollarse una serie que trae más preocupaciones que certezas a futuro. Porque la idea de festejar el título tan deseado no tuvo un eco masivo en el público, aunque vale una de las razones que expresó Orsanic en la conferencia: “En general, el viernes es el día que menos público va a ver la Davis”. Eso es cierto y sucede en todos los países del mundo. Habrá que ver como continúa la convocatoria mañana.

La prestación de Guido no fue la mejor. No encontró nunca el partido, no pudo acomodarse y siempre se vio dominado por Paolo Lorenzi, que construyó su victoria con paciencia y eficacia.

“No pude entrar en el partido; no me sentí cómodo, y lo que probé no resultó”, señaló Pella tras el final. “Guido no tuvo un buen partido, tuvo más inconvenientes en lo emocional que en lo técnico” dijo Orsanic. En las rondas de preguntas no se profundizó demasiado el tema, pero queda claro que tuvieron percepciones diferentes.

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El triple 6-3 que logró el italiano Lorenzi es más que una curiosidad en el score. El desarrollo indica que pudo ser más amplia la victoria y la imagen que dejó el partido es la de un triunfo incuestionable del jugador visitante.

Como si hubiera habido un efecto contagio, Andreas Seppi tuvo un comienzo arrollador y se llevó las dos primeras mangas por 6-1 y 6-2. Parecía definido, porque Charly Berlocq tampoco encontraba la dinámica del partido. Pero el corazón y la garra del jugador de Chascomús dijeron presente y enderezaron el juego con un contundente tercer set que se llevó por 6-1. Luego vino la recuperación de Seppi y algunos vaivenes en Berlocq: el cuarto set fue una montaña rusa de sensaciones. Ganaba 5-2 Seppi con su servicio; Charly lo remontó y recuperó dos quiebres para adelantarse 6-5. El italiano igualó en 6 y fueron a un tie break también eléctrico. Seppi se imponía por 6-3, Berlocq igualó en 6 y tuvo su servicio para pasar al frente. No pudo aprovecharlo, y ya con el 7-6 a favor y el saque, el italiano consiguió el segundo tanto de diferencia para ganar ese tie break, el set y el partido.

La calurosa tarde del Parque Sarmiento tuvo un debut poco amigable. Una caída dura en los dos encuentros, un partido decisivo el sábado y los posibles que vendrán el domingo. La Argentina ya no tiene margen, debe ganar todos y cada uno de los puntos en juego para seguir en la Primera División del Grupo Mundial o deberá jugar el repechaje en Septiembre, con la pesada carga de evitar el descenso a segunda.

Las alarmas están todas encendidas, pero ningún partido está perdido antes de jugarlo. La Argentina Campeona del Mundo en tenis, lo sabe. Y tiene una chance más para demostrarlo.

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Hernán O’Donnell