El primer tiempo fue una ilusión; el segundo, una pesadilla

Hubo un tiempo que fue (casi) hermoso. El primero; allí se vio lo mejor de la selección. Hubo una complemento para preocuparse, para repasar errores y para advertir los puntos a mejorar.

Queda claro que este equipo ataca, si puede lo hace siempre en el partido, pero cuando lo atacan, sufre. Y no muestra la misma solvencia, ni la misma jerarquía o estatura futbolística entre los dos aspectos. Que tiene apetito ofensivo es innegable; que quiere el arco del rival, siempre. Que se desdobla en forma permanente para voltear la defensa rival, también. Es un buen conjunto cuando ataca. No se advierte lo mismo en defensa; si lo agreden, se muestra con desbalances, más allá del buen partido de Pezzella o de Otamendi, que en definitiva se destaca más cuando conduce en ofensiva.

Hubo un tiempo que invita a la ilusión. el primero. Comencemos por ahí.

Cuando el “Kun” Agüero fue a pelearle la pelota al arquero que, de modo insólito, la tomó con la mano fuera del área y generó el tiro libre del que vendría el primer gol de Argentina, justo en ese momento, podemos decir que a todo lo que propuso la selección en cuánto a despliegue, dinámica, intenciones de ataque y fútbol moderno, le agregó la pizca siempre necesaria de la “picardía criolla”. Que no debe mal interpretarse ni mezclarse con la “viveza” ni con las “ventajitas” siempre despreciables y repudiables, sino con la picardía que permite este juego, como lo permite el “Truco”, el otro deporte nacional. Agüero vio que el arquero había adelantado demasiado la pelota, lo apuró a toda velocidad y del error del nigeriano vino el estupendo tiro libre de Banega que derivó en el 1 a 0 a los 27′ del primer tiempo.

Un primer tiempo que mostró un buen juego de los hombres de Sampaoli. Un esquema de 3 defensores (Mascherano, Pezzella, Otamendi), 3 volantes (Pérez, Banega, Lo Celso), un enganche (Dybala) y 3 hombres de ataque (Pavón, Agüero y Di María) pero que siempre se paró en función de ataque.

Un jugada bien combinada entre Dybala, que habilitó largo a Pavón, la corrida veloz del wing de Boca y el centro preciso, le permitió a  Agüero marcar el 2 a 0 a los 35 del primer tiempo.

Parecía que iba a ser una noche de brillo, pero…Había que sufrir. Sobre el cierre de la primera parte, a los 45′ Iheanacho descontó con un estupendo tiro libre. 2a 1 y a descansar.

Nigeria cambió su imagen y salió más decidida en la segunda etapa. Benedetto ingresó por el “Kun”. Argentina perdió ritmo y velocidad. Se quedó; se durmió un rato y cuando se despertó, caía 2-3.

A los 52′ Iwobi y a los 54′ Idowu, revirtieron el marcador. Nigeria mataba con un ataque rápido y vertiginoso, Argentina retrocedía con dificultades y mostraba desacoples en defensa. La noche en Rusia empezaba a preocupar.

El equipo se había dormido y quería reaccionar con un marcador adverso, inimaginado cuando faltaba poco para terminar el primer tiempo.

Los cambios no trajeron soluciones. Al contrario, como suele suceder en estos partidos, cada variante suma un futbolista que intenta mostrarse lo máximo que pueda para ser considerado, y el funcionamiento colectivo se desdibuja. El rendimiento se ve mejor plasmado en la alineación inicial, cuando todos parten de cero. Después, con el marcador adverso, la necesidad de revertirlo y el interés de cada uno de poder mostrar sus mejores cualidades, conspiran contra el andamiaje colectivo. Pasan los minutos, y el equipo se diluye.

A los 73′ un golazo de Iwobi, con un remate cruzado a la izquierda de Marchesín, sentenció el marcador. Nigeria, que perdía por 2 a 0, lo dio vuelta y se impuso por 2-4.

Un llamado de atención. Un golpazo para una Argentina que imaginaba otro desarrollo y otro resultado cuando llegaba 2 a 0 arriba al final del primer tiempo. “Hoy un juramento, mañana una traición”, los amores de estudiantes que describió Carlos Gardel aparecieron en el frío de Rusia. La selección argentina jugó un buen primer tiempo, que invitaba a soñar. La segunda parte, pareció una pesadilla.

 

Hernán O’Donnell

 

 

La Argentina le avisó al mundo que atacará siempre

Argentina es un equipo que ataca. Siempre. A veces de modo lento, previsible, prolijo. Otras, con más velocidad, con un ritmo más acelerado, con toques profundos, aceleración por los costados. Y siempre, también, con la magia de Leo Messi. Porque todo pasa por él, por sus gambetas, sus toques y su capacidad de conducción.

Pero la primera conclusión y lectura que deja el partido es que la selección siempre va al ataque. Se para lo más adelantado posible en el campo, con los tres defensores bien cerca del medio de la cancha y de allí trata de recuperar la pelota para ir rápido hacia el arco del adversario.

Los tres zagueros fueron firmes en esa tarea: Mascherano, Pezzella y Otamendi, en el primer tiempo cortaron y generaron salidas muy veloces. Por los costados, Salvio fue más punzante que Di María, y en el medio Kranevitter cortó y Enzo Pérez se movió con mucha dinámica.

Después llegó el momento de profundizar. Allí sumó varias chances la Argentina; de un desborde de Salvio, un centro que un zaguero ruso sacó al corner con la presencia de Messi amenazante; una entrada de Di María, bien desvaida por el arquero y una media vuelta certera del kun Agüero, que el arquero sacó de modo magnífico.

Argentina fue más, pero no pudo abrir el marcador en el primer tiempo, y en el segundo se repitió el libreto: el visitante al ataque, el local con mucha gente en defensa, para dificultarle cada avance.

El ingreso de Alejandro Gómez por Lo Celso le dió más aire al equipo; el “Papu” se asoció mejor con Agüero y con el propio Messi. Luego ingresó Diego Perotti, de buena actualidad en el fútbol italiano, por Di María, que tuvo una actuación aceptable.

La Argentina tuvo siempre la misma barrera; un equipo que acumuló mucha gente en defensa y si bien Smolov preocupó en ataque y Rausch lució en el juego aéreo.

Pero costaba mucho quebrar el cero. Y la sucesión de cambios le quitaba, como suele suceder en los amistosos, ritmo al partido y desdibujaba las intenciones iniciales.

Hasta que llegó la magia, la velocidad y la certeza en la concreción: a los 85′, Leo Messi vio a Pavón por la derecha, le puso el pase preciso, el wing, que partió un pasito adelantado, llegó al fondo y cruzó un centro para Agüero. El remate del Kun rebotó en un defensor y de cabeza, tras el rebote, marcó el 1 a 0 para la albiceleste.

Era sobre el cierre del partido. Y fue el final. 1 a 0, justo, apretado, con un gol que no debió convalidarse, pero que marcó la luz de ventaja que mostró la selección, y el paso al frente que dio ante el mundo. La Argentina avisó que ataca siempre y que empieza a perfilarse en su camino al Mundial.

 

Hernán O’Donnell 

 

Rusia y la Argentina presentan el Mundial

Es así. Es el partido presentación de la Copa del Mundo de la FIFA-Rusia 2018. Los ojos del mundo están depositados en el Estadio Luzhniki, para ver el choque de rusos y argentinos, que le da un sabor muy especial, porque allí se inaugurará la Copa el 14 de junio y la despedirá el 15 del mes siguiente.

Ayer, en la casa de Rusia en Buenos Aires, donde se hizo una gran presentación del torneo, se bromeó, en varias ocasiones al decir que este encuentro podría repetirse en la gran final. Así de sencillo. En Rusia lo esperan con una expectativa desbordante. Con entusiasmo por su equipo y una declarada admiración por la estrella argentina, Lionel Messi.

El frío ya se hace sentir en Moscú. La nieve comienza a asomar su habitual presencia en estos meses, y el abrigo es parte del paisaje de cada semblante.

Allí está la selección. A la espera del encuentro, cuando ya se vive, a través de eventos y presentaciones, la Copa del Mundo. Ayer se hizo conocer el balón con el cual se va a jugar el torneo. Messi fue la estrella absoluta de la reunión, por encima de la pelota misma y de la marca que patrocina a todos: Rusia, Argentina, el esférico y el propio Leo.

“Trabajamos con dos grupos de jugadores, todavía no está confirmada la formación” dijo Sampaoli. “Las certezas tienen que ver con el funcionamiento del equipo; tenemos que evaluar a jugadores y también el rendimiento del equipo, son caminos paralelos que tenemos que ver y evaluar”, señaló en la conferencia previa al partido.

“La observación de jugadores es la misma, pero empieza a bajar para definir los que integrarán el grupo; en marzo vamos a tener más claro los jugadores que irán al Mundial. dos por puesto y los tres arqueros. En ese momento va a estar más claro quienes van a integrar la lista del Mundial”, respondió por la consulta sobre los jugadores que irán al torneo.

“Lo Celso puede establecer un vínculo en el juego con Leo; de alí pueden surgir pases y calidad en movimiento para progresar en ataque. Pueden estar cerca o lejos; además hay que encontrar otro tipo de vínculo para que no dependa todo de Leo; él puede ser neutralizado en algún momento y necesitamos tener otras variantes”, respondió sobre el ex volante de Central.

Sobre Higuaín: “La presencia de Gonzalo (un delantero top) en el momento de clasificarnos, en el corto plazo, no era conveniente, pero ahora será seguido como todos, tendrá la mirada nuestra sobre él y ojalá pueda estar en una próxima convocatoria”. Ya lo había comentado en una conferencia anterior: Higuaín ya pasó todas las pruebas, no es un jugador a evaluar. lo lleva o no lo lleva al Mundial.

Es que después de estos partidos, la convocatoria estará basada en su rendimiento en los clubes, su actualidad, pero también con la relación que puedan establecer con sus compañeros. Higuaín, en el momento que está y por el conocimiento de sus compañeros, es, creemos, indispensable llevarlo.

“Disfruto y a veces me genera una responsabilidad y una obligación dirigir al mejor del mundo, representando a la Selección de mi país como lo es Messi”, se sinceró en la fría Moscú.

“En algún momento tuve miedo de no poder clasificar, traté de mostrar calma y convencimiento en mis ideas, y ahora tenemos que vivir el momento, disfrutar y llevar el camino hacia la Copa del Mundo. El disfrute tiene que ser mayor que el peso de la responsabilidad, eso le digo a los jugadores y también yo lo tengo que aprender”, afirmó el entrenador.

“A Leo lo veo muy maduro, se puede establecer un diálogo bueno de jugador a entrenador, y si tenemos la posibilidad de sacarle algún partido, porque tenga fatiga muscular o alguna cosa, lo vamos a hacer. El que propuso sacarlo del segundo partido fui yo, porque Leo siempre quiso jugar; soy yo el que le da libre el segundo partido”, dijo Sampaoli.

“Icardi me dijo que estaba lesionado, y el club entiende que debe recuperarse allí. Hay que interpretar lo que quiere el club. No le pedí a Mauro que venga porque tampoco se lo pedí a Mercado, Acuña ni Biglia, que fueron casos similares y titulares en los últimos partidos, Mauro no lo fue” expresó sobre la ausencia de Icardi.

También habló del adversario de mañana: “Lo hemos visto a Rusia, lo conocemos. Es un rival duro, con un entrenador rígido y tiene buenos delanteros. El estadio es espectacular.”

Habló de los rivales en la Copa, del poderío de Francia, España, Alemania, lo que pueda dar Bélgica. De los jugadores que puedan sumarse, de la jerarquía de los futbolistas argentinos; no esquivó ningún tema y se fue tranquilo con la cabeza puesta en el partido de mañana y en la fantasía de volver a este lugar el 15 de julio del año que viene.

 

Hernán O’Donnell

 

La selección empieza a mostrar su alma

En unos días jugará un partido que es algo más que un amistoso. Es el encuentro que marcará el inicio a la cuenta regresiva de la Copa del Mundo de la FIFA-Rusia 2018. Tiene aroma a presentación del Mundial, a la apertura de las puertas de Rusia hacia el mundo. El equipo local, el que inaugurará el torneo el 14 de junio del año que viene en ese mismo escenario, el Estadio Luzhniki, ante uno de los conjuntos más poderosos de la Tierra, con el jugador más cotizado y célebre de estos tiempos: Leo Messi.

Este partido es más que un amistoso. Es la entrega de la selección argentina ante el mundo: la presentación de un gran candidato, que sufrió para llegar, pero ahora dice presente y voy por mucho más.

Este partido es el que comienz a mostrar el alma de la selección albiceleste. El que empieza a definir el juego, la forma y los intérpretes. Es el inicio del sueño. Comenzar a desandar el camino.

La Argentina lo toma como lo que es: la presentación en el “Teatro de los Sueños” de 2018. Allí se jugará el partido inaugural, y allí se disputará la gran final del domingo 15 de julio.

Por eso la preparación intensa y el trabajo dividido por sectores: La defensa trabajó en Acortamiento de espacios; postura de línea defensiva; balones cruzados y corridas transversales.

El ataque se entrenó en demarcación combinada, a través del juego, amenaza al marcador central con movimiento y, lo más importante para nosotros: Definición.

Hoy se repite el doble turno, igual que el jueves 9 y el viernes 10.

Pero el frío de Moscú dejó un tiempo para algunas confesiones de invierno; en una larga y jugosa entrevista con la señal de TV TyC Sports, Lionel Messi habló de muchos temas, en un clima de intimidad que hacía tiempo no se le veía.

“Se demostró que todo lo que se dice es mentira. La última es que decíamos que no queríamos a Mauro (Icardi). Jamás puse y saqué un jugador, esas no son mis formas”.

“Sufrimos las críticas, pero las que más sufre es la familia, ellos quieren más que nosotros que ganemos; creo que merecimos, por lo menos, ganar dos de las tres finales perdidas. Y si ganamos el Mundial camino de Arroyo Seco hasta San Nicolás”.

“Jorge Sampaoli es una persona muy inteligente, que sabe bien lo que quiere de sus equipos. Di María, Agüero, Higuaín , Mascherano son todas figuras en los equipos más importantes del mundo. es una falta de respeto hacia ellos y hacia mí que se diga que juegan porque son mis amigos.”

“Quisiera evitar a España en el grupo del Mundial, porque es un rival muy díficil; ellos, más Alemania, brasil y Francia son los candidatos a la Copa del Mundo”.

Habló de la familia, de los amigos, de que con Dybala no tiene que aclarar nada y entendió lo que quiso decir, de los campeonatos de truco, la convivencia en las concentraciones con el Kun, el deseo de tener una hija para completar la familia, de las historias de mate y la vuelta feliz de Quito…

Lionel Messi abrió el alma de la selección. Cuando se viene un partido que es mucho más que un amistoso: es el comienzo del trabajo hacia la conquista del Mundial.

 

Hernán O’Donnell

Argentina llega a Rusia para empezar a vivir el Mundial

El equipo que comanda Jorge Sampaoli ya llegó a Moscú; ya está en Rusia, para jugar un partido que, si bien tiene el carácter de amistoso, es esperado por el mundo entero, porque tiene todos los condimentos para significar algo así como el puntapié inicial del camino hacia el inicio de la Copa del mundo de la FIFA-Rusia 2018.

Porque se presenta Leo Messi, una suerte de Dios futbolístico adorado por millones de personas que siguen a este deporte en todo el planeta, sin distinción de nacionalidades ni banderas; porque visita Rusia, un país que lo idolatra desde su Presidente Putin hasta el más humilde de los trabajadores; porque juega el local, Rusia; y porque se reinaugura el mítico Estadio Luzhniki

Este escenario que se construyó en 1956, en pleno dominio de la Unión Soviética. Hoy se lo conoce como el Gran Estadio Deportivo del Complejo Olímpico Luzhnikí, pero nació bajo el nombre de Estadio Central Lenín.

Luego de la construcción, 20 años después, hacia 1976 comenzaron las obras de aconidionamiento para los Juegos Olímpicos Moscú 1980. Fue el escenario principal de esas competencias deportivas, tal es así que allí se realizaron las ceremonias de Apertura, Clausura y las competencias de Atletismo.

Después tuvo un uso mayoritario en el fútbol. Las grandes potencias del país supieron utilizarlo; el Lokomotiv, CSKA y el Spartak han actuado allí en numerosas ocasiones. también se lo recuerda por ser la sede de la final de la UEFA Champions League de 2008, entre los conjuntos ingleses de Chelsea y Manchester United.

Ahora es el momento de ver a las estrellas argentinas que comanda Leo Messi. Allí va la Argentina; allí estará presente en unos días para conocer el estadio que el próximo 14 de junio albergará a Rusdia para la presentación de la Copa del Mundo, y soñará, la albiceleste, con volver a presentarse el domingo 15 de julio para jugar la gran final.

 

Hernán O’Donnell 

La noche mágica de Leo Messi lleva a la Argentina al Mundial

Cuando Ibarra marcó el tanto de Ecuador y el reloj no había marcado aún un minuto de juego, un escalofrío recorrió las espaldas de cientos de argentinos en Quito, y millones en el país y muchos desparramados por todo el mundo.

Apenas la gente se acomodaba para ver el partido crucial, y ya se empezaba a sufrir. Había un aliciente; el reloj. Porque si bien la cosa empezaba complicada, quedaban 89 minutos y el descuento para revertir el marcador.

Y apareció Messi. En toda su dimensión. Para ponerse el equipo al hombro, para decir (gritar) ¡Presente! en la noche que más se lo necesitaba.

A los 11´ armó una jugada bárbara, se fue por izquierda, combinó con Di María y, tras recibir la pared del rosarino, definió seco, con un cachetazo rasante y contundente.

A los 19´ desniveló el juego para la selección: fue a apretar al zaguero, se quedó con el rebote y cuando entraba al área sacó un zurdazo al ángulo derecho del arquero ecuatoriano.

Con el 1-2 a favor del visitante, el partido tomó otro ritmo. Y hasta pareció, ya, en ese momento, que no se modificaría el resultado. Quiero decir, que podía haber más goles, pero que no variaría el ganador. Nos invadió una sensación de seguridad, de confianza y de tranquilidad que la Argentina tenía el partido controlado. La imagen era la de un seleccionado que mandaba con absoluta autoridad.

Sostenido por la jerarquía de Messi y el despliegue de Enzo Pérez, la Argentina se mostraba como dueña del juego. No retrocedía. Estaban firmes los defensores, corrían Salvio y Di María, se multiplicaba Lucas Biglia en el esfuerzo. No era menor la tarea de los argentinos.

En la segunda parte, el equipo se tiró un poquito más atrás. Pero siempre sostuvo el control. No perdió las riendas ni pasó sobresaltos.

Y hubo tiempo y lugar para una nueva joya de Messi. La paró con el pecho de espaldas al arco, rival, giró, aceleró y cuando comenzaban a rodearlo defensores, picó el remate para sellar el 1-3.

Todo lo que quedaba era para gozar; para emocionarse, para disfrutar, para dejar caer las lágrimas de un equipo que siempre ofrece una nueva oportunidad. Un grupo de muchachos que contagió emoción con el festejo final, con los abrazos y el desahogo manifestado en cada canto, en la entrega de las camisetas a los fieles que los acompañaron, en la sensatez de dejar atrás la veda con la prensa y retomar el diálogo en paz, sin rencores y con la mirada sincera.

Un equipo que dejó el alma en el partido crucial, pero que fundamentalmente se reencontró con su fútbol, con su capacidad, con el desequilibrio que siempre genera Messi y con el arco.

Un seleccionado que hizo honor a su historia, rica y envidiable, esa que habla de presencias constantes en la Copa del Mundo, que levantó dos veces el máximo trofeo, jugó cinco finales, y puso en marcha, de cara a Rusia 2018, una nueva ilusión.

 

Hernán O’Donnell

 

Millones de sensaciones ante un encuentro crucial

Sólo se habla de EL partido. De Ecuador y la Argentina; del encuentro  que sostendrán dentro de unas horas, del partido que puede dejar a la Argentina clasificada (o en carrera) para participar de la Competición Preliminar de la Copa del mundo de la FIFA-Rusia 2018, o afuera de la cita máxima del fútbol mundial, en un escenario que nadie quiere imaginar.

Pero esto es lo que nos toca. Sumar y restar; hacer cuentas y responder una y otra vez “que si ganamos, como mínimo vamos al repechaje; ¿seguro? ¿no depndemos de si Paraguay gana o…? No; si Argentina gana, tiene el repechaje asegurado y puede clasificar directo; lo mismo si empata. Y puede ir al repechaje, aún con una derrota.”

Bueno, esto lo repetimos hasta el cansancio en cada diálogo en los bares, la Universidad, los colegios, las oficinas. En todos lados se habla del partido. Y más que del partido, se habla de los resultados, las combinaciones y las posibilidades. No se conversa sobre el equipo, cómo está, quienes van a jugar, como será el planteo en un escenario complicado por la altura sobre el nivel del mar…todo eso está casi en el olvido.

Al márgen de todas las especulaciones, la Argentina tiene que jugar un partido de fútbol, en la altura de Quito que alcanza los 2850 metros sobre el nivel del mar. Un adversario que cuenta con Jorge Célico, entrenador argentino que estuvo en las inferiores de Huracán, dirigió a la primera y obtuvo un resonante triunfo en el Monumental por 2 a 1 sobre River y cayó 4 a 0 en el estadio Pedro Bidegain en un clásico ante San Lorenzo.

Ese Ecuador, que arrancó muy bien este ciclo de clasificación al mundial, luego tuvo un corte en su desarrollo, y los problemas internos derivaron en una caída que lo llevó a perder puntos, sobre todo de local, que lo alejó de la posibilidad de llegar al mundial de Rusia 2018.

La salida de Quinteros, el recambio generacional, y la incógnita sobre como va a actuar un equipo nuevo, que es posible quiera lucirse ante su público son los puntos que se observan en este conjunto.

Ecuador ha sentido esta eliminación con mucha frustración; estuvo en tres de los últimos cuatro Mundiales y le duele no estar ahora. Querrá dejar una buena impresión ante su gente.

La altura es un factor adicional que no hay que descuidar ni dejar de lado; no es lo mismo para el futbolista que siempre juega en el llano, adaptarse a  casi 3000 metros de elevación.

Pero Sampaoli sabe del tema; conoce el país, el medio, el jugar en la adversidad de los efectos que produce la altura. Sabe que habrá que tener tenencia de balón, cuidado en los traslados y regular muy bien las energías.

Después, es fútbol, con todo lo que esa frase implica. Tan repetida y tan meneada, es una forma simple de resumir todos los imponderables, las vicisitudes y las sorpresas que en cada partido aparecen.

 

Hernán O’Donnell

 

Ganar en Quito…¿Hazaña o utopía?

La Argentina sólo una vez pudo ganar en la altura de Quito. Fue bajo la conducción del entrenador Marcelo Bielsa, por la Competición Preliminar de la Copa del Mundo de la FIFA-Corea-Japón 2002. Fue por 2 a 1, con goles de Hernán Jorge Crespo y Juan Sebastián Verón. Antes y Después, no se consiguieron victorias.

En total jugó 6 partidos y sólo consiguió la victoria mencionada; empató por la Copa América 1983, 2 a 2 con goles de Jorge Luis Burruchaga, y para la clasificación a la Copa del Mundo de la FIFA-Brasil 2014, 1-1 con tanto de Sergio Aguero.

Perdió 2 a 0 por las eliminatorias Francia 1998, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. En la primera de esas derrotas nació la célebre frase “En la altura, la pelota no dobla”, del entonces entrenador albiceleste, Daniel Alberto Passarella.

Por eso, a toda la presión, la psicosis, y la necesidad imperiosa de conseguir los tres puntos, se suma un dato de la realidad que es insoslayable. La altura es un factor de peso que condiciona a los equipos argentinos.

Los limita, les impone un ritmo de juego distinto, más lento, más pausado. Argentina deberá jugar con la cabeza puesta en regular energías, atacar sin desgastarse y buscar el aire permanente para no llegar al ahogo.

Y encomendarse a todos los ángeles posibles, a la inspiración de Leo Messi, el temperamento de Mascherano, el acompañamiento de todo el equipo y los duendes que iluminaron a la albiceleste aquella jornada feliz del 15 de agosto de 2001, cuando se logró la esperada victoria en la altura de Quito.

 

Hernán O’Donnell

El tobogán de Argentina lo desliza del Mundial

Luego de la serie ante Uruguay y Venezuela decíamos que Argentina, en la recta final se resbalaba. Y pensábamos que era sólo un resbalón, un tropiezo que no le permitía, en ese momento, afirmarse en las posiciones de los que clasifican a la Copa del mundo de la FIFA-Rusia 2018, pero que a la vez, actuaría (ese resbalón que siginificaba igualar de local con Venezuela) como un llamado severo de atención. Que en denfinitiva, esa alarma se transformaría en un estímulo para reaccionar y salir decididos a revertir la situación, a mostrarle al mundo el poderío de este equipo, a sacar a relucir el orgullo y la capacidad.

Estábamos más ilusionados con la reacción, a partir de una rebeldía espiritual, que con argumentos futbolísticos que la sostuvieran. Y no sucedió. Porque no hubo una reacción desde lo anímico. Sí hubo una expresión futbolística similar a la de Venezuela, quizás con otra estrategia y otra táctica, pero muy emparentada en los dos últimos encuentros de local: un equipo, el nuestro, que domina el partido, maneja el desarrollo, supera en el territorio al adversario, y le genera unas cuantas situaciones de gol.

Pero también choca contra una defensa cerrada, un arquero (los dos, el de Venezuela y el de Perú) muy sólido, y una falta de contundencia que también se mezcla con una pizca de mala suerte.

Pero no hubo rebeldía; faltó aceleración en tres cuartos, algún desborde que desacomode a la zaga adversaria, gambeta profunda en el área, hasta pelotazos…se generaron muchas situaciones, es cierto, por superioridad jerárquica y por buenas asociaciones, pero no se redobló la apuesta. Apretarlos contra su arco, meterlos en el área chica, obligarlos a la defensa heróica.

Perú siempre se mostró sereno a la hora de cerrarse; se escalonó bien para controlar a Messi, con mayor eficacia en la primera parte que en la segunda. Y tuvo dos chances para convertir: la primera a los 33′ de la primera parte, tras un buen centro que Jefferson Farfán no pudo conectar bien y su disparo se fue muy cerca del palo derecho de Romero, y la segunda un magnífico tiro libre del delantero Paolo Guerrero, al ángulo superior derecho de Sergio Romero, quien la desvió al corner y con esa atajada se terminó el partido.

Sampaoli habló del dominio y de merecimientos. Y tiene razón. La Argentina fue protagonista, generó muchas oportunidades y mereció ganar. Pudo hacerlo si convertía Messi su remate a los 37′, o cuando cabeceó Benedetto a los 44′, o la chance que tuvo Di María, o la del “Papu” Gómez en el segundo tiempo, o los remates de Lucas Biglia y de Javier Mascherano en el complemento.

Cualquiera de esas posibilidades le pudo dar la victoria a la Argentina. Como también si Agüero convertía el penal en Córdoba ante Paraguay, Argentina empataba ese partido (y tal vez lo ganaba) o si el error involuntario de Masche ante Perú en Lima no sucedía, la Argentina ganaba 2 a 1 de visitante. Y con esos resultados, 3 o 5 puntos más, tal vez Edgardo bauza seguía al frente del combinado…Todas especulaciones. El fútbol, como la vida, puede apelar a todo tipo de especulaciones, al “si hubiera pasado”…pero lo único que cuenta es lo que pasó.

Y lo que pasó es que la Argentina no pudo ganar los últimos cuatro partidos y ahora deberá hacerlo en la altura de Quito para mantener viva su ilusión de ir al Mundial.

 

Hernán O’Donnell

La fe de Gareca, el hermetismo de Sampaoli

Las horas pasan y el partido del año se acerca. Ya queda poco por hacer, más allá de que los entrenadores van a estirar los minutos hasta lo máximo para poder aprovechar cada instante y optimizar el tiempo de preparación.

Perú, está dicho, acumulará 10 días consecutivos de entrenamientos y trabajos. Han contagiado de optimismo a toda la nación, que se une en el apoyo al seleccionado a través de mensajes en las redes sociales y avisos televisivos que se repiten a toda hora en las cadenas del país.

“Estamos en el mejor momento de la eliminatoria, preparados para jugar este partido trascendental”, dijo Gareca en Lima, en conferencia de prensa.

“Estamos preparados para hacer el mejor partido y hacerle frente a todo; el escenario es como cualquier otra cancha de fútbol”, dijo el DT que le restó así importancia al peso que pueda tener “La Bombonera”.

Mientras la Argentina se dividió en trabajos físicos y futbolísticos, y el DT Sampaoli ensayó con diferentes alineaciones, con variantes que se manifiestan de mitad de cancha hacia arriba. Pareciera que el arquero Sergio Romero y la línea de fondo compuesta por Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi, Javier Mascherano y Marcos Acuña está confirmada.

Pero el resto no está asegurado. Tal vez Fernando Gago pueda tener asegurada su presencia; quizás Di María y asoma Benedetto como centreforward titular. El resto, puede variar.

Salvo Leo Messi, claro.

Que va a pasar en el estadio de Boca dentro de muy pocas horas es difícil de pronosticar. Todos imaginamos un partido con el seleccionado local volcado al ataque, metido a fondo en los primeros minutos para abrir el marcado y un conjunto visitante que intentará defenderse, aguantar el embate inicial y luego acomodarse en el partido. Pero es sólo una presunción. Puede pasar cualquier cosa. Y eso lo hace atrapante, apasionante e imprevisible.

 

Hernán O’Donnell