Resbaló Inter y la Serie A se enciende en la lucha por la punta

Los últimos año tuvieron un único dominador. Un dueño absoluto, un monarca indestructible. Un equipo que monopolizó el campeonato, en algunos casos de punta a punta y con definición varias fechas antes de su finalización. La Serie A italiana se vio dominada por la Juventus en los últimos 8 años, que ganó los títulos en fila, sin despeinarse en algunos casos, con algún sobresalto, en otros. Pero nadie pudo hacerle demasiada sombra en ese tiempo. Esta década se vio en manos de la “Vecchia Signora”, y por primera vez parece que el Inter, otrora dueño de todas las ligas entre 2005 y 2010, en un lustro destacado, puede romper la hegemonía.

El equipo de Milano salió a buscar el partido, con enfásis y ganas. A sabiendas que la victoria lo dejaba solo en la punta y con una ventaja que le daría presión a la Juve. Se topó con un cuadro duro, combativo en la mitad y rápido para salir de contragolpe.

A partir de la contención de Matías Vecino y la pujanza de Brozovic, el local alimentaba a Martínez y Lukaku, pero los principales argumentos para abrir el score partieron de errores de la defensa de la Roma. No pudieron ser capitalizados; el más claro lo tuvo Brozovic tras una buena habilitación de Lukaku, pero el remate se fue arriba del travesaño.

Roma le opuso velocidad en la contra, con el manejo de Perotti por izquierda y la conducción de Pellegrini por el frente de ataque. Le faltó, en ese primer tiempo, un poco de profundidad y potencia en sus llegadas al área local. El marcador quedaba en 0 y todo abierto para el complemento.

Fue más intenso el segundo tiempo. Tuvo un ritmo más alto, como si los dos equipos se hubieran puesto de acuerdo para acelerar y buscar con más enjundia. Inter tuvo que hacer una variante obligada con la salida de Candreva y el ingreso de Lazaro. Roma se acercó más a partir de la dinámica de Zaniolo en el frente de ataque, que abría pasillos para que llegaran Pellegrini, Perotti y Diawara. Después, con el ingreso de Dzeko por el argentino Diego Perotti, el libreto cambió. Menos juego y más centros.

El local creció en intensidad a medida que los minutos pasaban. la búsqueda constante a sus dos puntas de lanza chocaba con una defensa sólida, sostenida por el esfuerzo de Mancini. Smalling también metía, por eso costaba producir situaciones. Y las que hubo, siempre encontró la mano salvadora de Mirante, quien cerró el arco visitante.

La deseperación también le ganó el cuerpo al equipo local; el murmullo de la gente, los gestos del DT Antonio Conte que veía que el partido se escurría, Godín que tomaba la lanza e impulsaba a sus compañeros. y nada. Nada aparecía para abrir el resultado.

Se le escaparon dos unidades claves al equipo de Milano; dos puntos que pueden ser duros si Juventus logra ganar en el Estadio Olímpico de Roma ante la Lazio. Habrá que esperar.

Para Internazionale, un viernes con sabor agridulce. Un empate que resultó lógico por la oposición de la Roma, y el primer puesto que quedó en peligro, pero recién van 15 fechas y todavía hay mucha cinta para que ruede en esta película.


Hernán O’Donnell

Diciembre nos espera con definiciones en la Champions League

La segunda parte de la nota que comenzábamos ayer está referida a los cuatro grupos restantes, que no habíamos analizado y que nos queda ahora por hacerlo.

Liverpool es candidato y de los principales. Pero, de modo pardójico, aún no tiene cerrada su clasificación. Le alcanzará un empate en su visita a Salszburgo, pero debe conseguirlo. Si gana queda primero de la zona “E”, pero si pierde deberá aguardar el resultado de Nápoli que recibe en el San Paolo a Genk. La teoría dice que Liverpool y los italianos deberían avanzar a la próxima fase, pero el fútbol es una hermosa caja de sorpresas y todo debe ratificarse en el verde césped.

Barcelona ya se aseguró el primer lugar del grupo “F”. Visita en Milano al Inter, que comparte el segundo lugar con Borussia Dortmund con 7 unidades cada uno. Para el equipo de Lautaro Martínez y Lukaku no parece haber más alternativas que la victoria, pues el conjunto alemán recibe al Slavia Praga y las presunciones indican que es factible que consiga las tres unidades. Todo lo sabremos el 10 de Diciembre.

El grupo “G” está abierto para todos. Las matemáticas dicen que cualquier equipo puede clasificarse y cualquiera puede quedar afuera. RB Leipzig (con 10 puntos) visita a Olympique Lyonnais, que tiene 7. Benfica, con 4 unidades, recibe a Zenit, que tiene 7.

Los alemanes tienen un gran juego, son uno de los grandes animadores de la Bundesliga y tienen muchas chances de pasar. Pero si pierden, y Zenit gana en Portugal, quedarían RB Leipzig, OL y Zenti con 10 puntos y la diferencia de gol empezaría a jugar su partido. Y podría llegar a aquedar afuera el puntero.

Así como el último, Benfica, puede clasificarse si gana de local y vence RB Leipzig. Ahí quedarían tres segundos: Olympique Lyonnais, Zenit y benfica con 7 puntos. La diferencia de goles será el pasaporte para uno.

Todo puede pasar, y por eso será el grupo más emocionante el día martes 10 de Diciembre próximo.

Algo parecido sucede en el grupo “H”. Ajax va puntero con 10 unidades y recibe a uno de los segundos, Valencia, que tiene 8. Un empate le alcanzará para avanzar, pero si llegara a perder, dependerá del resultado de Chelsea, también con 8 frente al Lille, con 1 punto y ya eliminado de toda competencia; si gana el equipo de Londres, avanzará, si no, tendrá que ver que pasa en el encuentro de al lado. Todo está por verse.

Así están las cosas en Europa. Todo apretadito, con muchas expectativas, con muchos partidos interesantes, candidatos que ya se ganaron un lugar y otros que buscan los últimos boletos disponibles.

Empieza Diciembre, el último mes del año, con todo un año de esfuerzo acumulado y muchas expectativas todavía abiertas para disfrutar a pleno.


Hernán O’Donnell

Europa se prepara para su semana de definiciones

La UEFA Champions League, la competición más importante del mundo a nivel clubes, por lo menos la más trascendente, la de mayor relieve, la que concita el interés en todos los rincones del planeta, en los lugares más pudientes y más inhóspitos; el campeonato que el mundo del fútbol sigue con devoción, ingresa en la semana clave de definiciones. Los días martes 10 y miércoles 11 se jugarán los últimos partidos de la clasificación y todos esperan ese desenlace para vivir la etapa consagratoria con las mejores expectativas.

En el Grupo “A” se han clasificado París Saint Germain y Real Madrid. Los dos equipos son poderosos y candidatos. PSG va por el asalto al a la gran corona. Por el golpe en la mesa que tanto espera dar, para sacarse el mote de equipo que no “llega a las finales”, y para saborear una alegría que siempre parece tener cerca y lejos a la vez. Real Madrid es candidato por antonomasia, por historia, peso y camiseta. Y por presente, también. es el cuadrazo que siempre asusta en esta competición, el candidato eterno.

Del Grupo “B” han entrado Bayern Münich y Tottenham Hotspur. Un gigante de Europa y el subcampeón de la última Champions. Vale el mismo concepto anterior. El conjunto alemán, con dificultades en la Bundesliga marcha sin inconvenientes en la competición continental. El equipo londinense renovó la expectativa con la llegada del célebre José Mourinho, un DT que despierta pasiones más allá del equipo en el que esté. Que nunca deja a nadie indiferente. Le pasa lo mismo que al Bayern. Bien en la Champions, empieza a recuperar terreno en la Premier League.

Manchester City, el equipo de su “clásico” rival como DT, Pep Guardiola, también pasó la fase con cierta holgura. Es candidato por la impronta de su DT. Y porque tiene un libreto aprendido y que respeta bajo cualquier circunstancia.

En esa zona, la “C”, tendrán que pelear por el segundo cupo Shaktar Donesk, Dínamo Zagreb y Atalanta. están separados por dos puntos. Tienen 6, 5 y 4 de modo respectivo. El segundo juega con el cuarto de local, si gana se clasifica. Si vence el equipo de “Papu” Gómez, deberá esperar que en Zagreb no gane el local ante el City. Es la zona con más alternativas y más variantes de clasificación de acuerdo a los resultados finales.

En el grupo “D” entró Juventus y se perfila como serio aspirante. Tiene juego y jugadores. Figuras como Ronaldo, Higuaín, Manzukic, Dybala, Cuadrado, Bernardeschi, Pjanic…una constelación de estrellas mezclada con el catenaccio de su defensa.

Atletico de Madrid tiene 7 puntos y juega contra el Lokomotiv el miércoles 11 en el “Wanda Metropolitano”. Si gana, se clasifica sin problemas. Si empata, depende del resultado de Bayer Leverkusen (con 6 puntos) ante Juventus, en Alemania. Para el Cholo Simeone, un pleno es el pasaporte directo, sin esperar “visas” de terceros.

En la próxima nota, analizaremos el resto de los grupos. Es una semana especial, un Diciembre lleno de sorpresas y regalos que el fútbol siempre nos depara, y más a esta altura del año.


Hernán O’Donnell

Sebastián Torrico, el ídolo para la eternidad

Ni Sebastián Torrico ni los miles o millones de admiradores que tiene en el corazón de los hinchas de San Lorenzo, jamás hubieran imaginado la película que fue. Jamás hubieran pensado que una relación que, en principio, iba a ser por ¡dos meses!, se iba a convertir en una de las más largas y profundas carreras de un futbolista en el club y en una de las idolatrías más importantes de los últimos años y de la historia toda.

El “Cóndor” arribó a San Lorenzo más por una necesidad imperiosa que por un deseo del club; llegó por una urgencia que requería un auxilio inmediato. No fue el fruto de un seguimiento especial o el pedido de un DT de contar con sus servicios. No; Torrico llegó por la emergencia que surgió tras la situación personal del entonces arquero titular Pablo Migliore y la necesidad de encontrar rápido un reemplazante. Eran los días de abril de 2013, el equipo había escapado de la zona de fuego de la Promoción de la última temporada y empezaba a rearmarse para recuperar el sitio de grandeza que le corresponde en el fútbol argentino.

En eso estaba cuando apareció él. Se presentó casi en silencio, en un partido de la Copa Argentina en la cancha de Platense ante Deportivo Morón. Fue una noche mágica y premonitoria. Tras el empate en el tiempo regular de juego, Torrico contuvo dos penales en la serie de definición, que fue cambiante y angustiante, pero sus manos permitieron la clasificación del Ciclón. Y en unos minutos, se inició el romance con el público azulgrana.

Después, se empezó a construir la leyenda. El título de Campeón del Apertura 2013, con la atajada salvadora ante el disparo a quemarropa de Allione cuando se jugaba el minuto 89, para salvar el empate en Liniers y ayudar a lograr el campeonato. La visita al Papa, el guante de oro que quedó en el vaticano, la idolatría que empezaba a forjarse y el enorme desafío de arrancar, ahora con un nuevo DT, Edgardo Bauza, tras la partida de Juan Antonio Pizzi. Y el sueño de la Copa Libertadores por delante…

El resto es historia conocida. Las manos salvadoras de cada partido, el debut difícil ante Botafogo, la recuperación sinuosa en la zona de grupos, la clasificación angustiosa la noche en que Unión Española e Independiente del Valle marcaban goles y alteraban las posiciones a cada segundo, el partido consgaratorio en Porto Alegre y los penales atajados frente a Gremio para avanzar a los cuartos de final; la gran noche de Belo Horizonte para dejara afuera a Cruzeiro, las semifinales ante Bolívar y “la Paz” que trajo el 5 a 0 de local, la primera final en Asunción y la gloria frente Nacional en un Nuevo Gasómetro desbordante de público, euforia y locura.

En todo ese camino estuvo Sebastián. Callado, humilde, solidario y trabajador. Siempre dispuesto a aportar su grano de arena, su cuota en el equipo.

Le tocó salir, sentarse en el banco de los suplentes y volver a atajar. Nunca se quejó, jamás protestó, ni puso mala cara. Siempre le metió para adelante. Sumó hazañas casi en modo permanente. El penal a Chiqui Pérez cuando el clásico con Boca agonizaba y el empate estaba en esa jugada listo para que el rival lo pudiera alcanzar y sus manos lo evitaron para que San Lorenzo venciera una vez más en el Clásico; o el penal a Banfield en el último segundo para salvar la clasificación en la Copa Sudamericana. O la atajada milagrosa ante Huracán, cuando la pelota parecía adentro, y también sirvió para ganar otro clásico. Son tantas y tantas, que se hace difícil recordar.

Ayer escribió un capítulo más de la novela que lleva en el club. Una nueva página del romance que tiene con San Lorenzo. El equipo venció a Patronato de Paranán, Entre Ríos por 2 a 0, con goles de Adolfo Gaich, pero la figura excluyente fue él. Porque salvó varias pelotas de gol, porque se mostró seguro, porque cerró el arco cuando el equipo era dominado, porque evitó con las manos, con el pecho y con los pies la caída de la valla. Y reafirmó una vez más el enorme cariño que la hinchada del club de Boedo siente por él, un héroe en su historia, que llegó en silencio una noche de Copa Argentina, con un pacto de relación por dos meses y construyó una relación inquebrantable, sólida, para la eternidad.


Hernán O’Donnell

RB Leipzig pasó de la euforia a la angustia, pero manda en la Bundesliga

Hay muchas frases hechas para este tipo de partido: “Se puso en ventaja antes de comenzar”; “lo ganó desde el minuto 1″o “definió con un gol desde los vestuarios”. Elija la que quiera, la que prefiera. O invente una nueva. Pero RB Leipzig justificó la victoria por lo que hizo en el nacimiento del partido No hay mucha más explicación para el triunfo de Red Bull ante Paderborn. Porque era favorito el visitante ante un conjunto recién ascendido, pero también habíamos visto en Paderborn un equipo que no temía, que no tenía complejos y que intentaba jugar de igual a igual ante sus rivales; pero si no le salían las cosas, no se avergonzaba. Lo habíamos visto sí ante el difícil Borussia Dortmund, donde estuvo cerca de una gran hazaña. En casa, y ante un serio candidato, estuvo cerca de la hazaña pero al revés de lo que había hecho en Dortmund. En aquel encuentro se puso 3 a 0 arriba con una actuación fantástica de Mamba, pero al final igualó en 3 y cerca estuvo de perderlo. Hoy, estaba liquidado en el primer tiempo y al final pudo concretar una proeza.

Apenas habían pasado los 2′ de juego y Leipzig abrió el marcador. Una maniobra combinada por izquierda y Patrick Schick derrotó al arquero local Zingerle, con un suave toque cruzado, para poner el 0-1.

Se empezaba a notar la diferencia de jerarquía entre un equipo que va entre los primeros y el otro, que lucha en el fondo de la tabla. Y por si fuera poco, a los 3′ llegó el violento remate desde afuera de Sabitzer y el partido quedó 0-2. Reanudaban a los 4′ de juego y todo parecía sentenciado, aunque nos quedaba un largo tramo para ver buen fútbol, como es habitual en esta Bundesliga.

Paderborn intentó salir. Contó con el aliento de su gente, el ímpetu de su juego y la velocidad de Mamba. Apretó un poco más, pero en cada balón dividido, en cada jugada mano a mano, en cada maniobra colectiva, se notaba la diferencia entre los dos equipos. Encima, a los 26′ Timo Werner recibió en el área, se metió por derecha y gambeteó al arquero para definir y marcar el 0-3.

El primer tiempo se cerró con un claro dominio del visitante. Parecía que el libreto estaba escrito, pero en el fútbol los duendes de lo imprevisto siempre rondan por los estadios.

Paderborn es un equipo que no tiene complejos. Que intenta y lucha. Y juega. Salió decidido en el complemento; tuvo un gol que el VAR no le convalidó cuando se jugaban 48′. El off side había sido milimétrico pero la tecnología era implacable. Lo que valía era el mensaje: Mamba y compañia estaban dispuestos a dar pelea.

Enseguida llegó otra corrida del centrodelantero local y un remate combado, bien ejecutado por Mamba a los 62′ achicó distancias: 1-3.

El estadio, completo en sus 15.000 localidades explotó. En un corner, apretados, los fieles seguidores de Leipzig entendieron la preocupación; los locales, se subieron al carro de la esperanza.

El partido tomó otro curso. El local iba con mucho entusiasmo y el RB Leipzig se había confundido. Ya no tenía la pelota, aunque cuando podía armar alguna jugada, mostraba los dientes. Sobre todo, cuando pasaba por los pies de Werner.

Gjasula apareció a los 73′ para marcar el 2-3. Ahí un escalofrío recorrió las pantallas del mundo que llevaban las imágenes a todos los rincones del planeta; el gran Leipzig, el candidato al título, el equipo que había alcanzado una ventaja importante desde los vestuarios, el que parecía tenerlo ganado desde el arranque, ahora estaba cerca de perderlo todo. O por lo menos, dos puntos de oro.

El encuentro se hizo más friccionado. Surgieron las piernas fuertes y no aflojó la velocidad. El visitante intentaba salir del atolladero. Encontró una maniobra clara donde Timo Werner estuvo a punto de convertir con el arquero local ya desenfocado, pero apareció la pierna de Kilian para impedir el gol.

RB Leipzig había sacado una ventaja importante, casi definitiva, en el nacimiento del juego. Después, se apagó, se distrajo, se enredó en el vértigo de Paderborn, que ya demostró sus cualidades a pesar de que los números en la Liga no lo ayudan, y estuvo cerca del derrumbe. Pasó de la alegría a la angustia, pero pudo sobrevivir y acomodarse en lo más alto de la tabla.


Hernán O’Donnell

Cuando todo terminaba, Schalke 04 encontró la puerta de la victoria y se trepó a lo más alto

La Bundesliga presenta espectáculos atrayentes y dinámicos. Cada partido es una fiesta. Y se ha metido en la piel de la gente. En este fútbol globalizado, donde las pantallas de TV y de muchas otras plataformas, transmiten todos (o casi todos) los partidos de las Ligas más importantes del mundo, la alemana se ha ganado un lugar entre las más vistas y consumidas del planeta.

Además, se ha roto la hegemonía de Bayern Münich, equipo que se había adueñado de las últimas competencias, que le sacaba ventaja desde las primeras jornadas a sus perseguidores y adelantaba el último capítulo cuando promediaba la película. Por supuesto que aún hoy es dominante y gran candidato, pero han subido muchos conjuntos, se ha equilibrado hacia arriba y varios son los pretendientes a la corona.

En el inicio de la 13º fecha, en el partido adelantado del viernes, el local Schale 04 partía como favorito ante Unión Berlín. No solo por jugar en el Veltins Arena de Gelsenkirchen, sino por el rendimiento, la posición en la tabla, las expectativas. Sin embargo, el visitante salió a jugar sin complejos y a los 8′ tuvo una llegada clara por medio de Andersson quien metió un fuerte remate que el arquero local Nübel pudo desviar.

Pero Schalke sabía lo que buscaba. Y como conseguirlo. Trabajo en equipo, combinaciones, buenas maniobras y el gol que llegó rápido, tras una pared por izquierda, el centro y la aparición de Benito Raman para convertir con un violento remate desde lejos, a los 22′ y poner el 1 a 0.

Pero el fútbol no se detuvo. Porque en este juego, los equipos no se deprimen. Pueden recibir un gol, pero buscan salir adelante. Y Unión Berlín fue, con ímpetu y ganas y encontró el empate en una jugada que no nos pareció penal, pero el árbitro si tuvo esa percepción e Ingvartsen logró el empate 1 a 1 cuando se jugaban 35′.

El partido ganó en emociones e intensidad. Unión Berlín insistió, quería demostrar que no era el “partenaire” y tuvo una chance más, que el arquero Núbel volvió a cortar. Y sobre el cierre de la primera etapa, Schalke acumuló sus chances con un brillante tiro libre de Caligiuri (su principal figura en ese lapso) que Gikiewicz sacó al corner y a partir de allí tres tiros de esquina consecutivos en los que robdó el gol para los locales para terminar el primer tiempo con tres minutos adicionados disputados.

El segundo tiempo comenzó con un poco menos de intensidad. A Schalke se le hizo difícil profundizar el ataque, no encontraba agujeros y la movilidad de Caligiuri no alcanzaba para provocar daño a una defensa que se sostenía con el cierre de los tres zagueros y el repliegue por las bandas de Trimmel y Lenz. Asimismo, Unión Berlín se animaba. No se conformaba con sacar el empate. Ingvartsen y Andersson sumaban potencia en ataque y el ingreso de Becker les dio más compañía.

Para Schalke el partido era complejo; podía tener el balón y siempre buscó atacar con pases rápidos y a un toque, pero cuando lograba llegar a la zona de fuego aparecía alguna pierna de la visita para cortar el avance.

El fútbol tiene sorpresas escondidas que aparecen cuando nadie las espera; por supuesto que en el análisis, en el estudio profundizado de cada partido, cada situación se encuentran las razones lógicas del desarrollo o desenlace de una jugada. Pero para la mirada pura del espectador y la fantasía de los que aún sueñan con el fútbol como un juego, están los duendes agazapados y surgen en momentos en los que nadie predice su aparición. Fue a los 85′, cuando el partido entraba en la fase final, que el defensor visitante Subotic no pudo controlar con eficiencia un balón largo, la pelota la tomó Caligiuri, pasó al medio para Harit y este abrió a la izquierda para Serdar quien convirtió el 2 a 1 para el local con un buen remate.

Schalke quería la victoria para treparse a la punta, pero los caminos estaban cerrados. Y se abrieron cuando los dioses del fútbol aparecieron en una pelota que parecía controlada por la defensa visitante. Por eso la alegría, la sonrisa y la satisfacción de meterse en la pelea en lo más alto de la tabla.


Hernán O’Donnell

Gracias Valencia, gracias Chelsea, por el fútbol que nos regalaron

España se llenó de fútbol; otra noche de Champions League y un encuentro de dos equipos generosos, que no integran la primera línea de candidatos pero que pretenden llegar a la clasificación y después ver. Valencia, con su orden habitual, la prolijidad en el traslado y la conducción sabia de Dani Parejo, frente a un Chelsea ambicioso, atrevido, veloz. Un equipo que no se escondía en el refugio del visitante. Así se armó el partido, con uno, el local, que buscaba a través del orden y el progreso. El otro, que buscaba de igual a igual, con mucho ritmo y presión, como si se tratar de un encuentro en campo neutral.

La primera llegada clara fue para Valencia: pelotazo bien dirigido de Parejo para Rodrigo, la llegada al fondo y el centro para la entrada de libre de Maxi Gómez, que no pudo conectar a los 18′. La segunda también fue para el local. Cortó Ferrán Torres, abrió para Soler, el pase a Parejo y la habilitación a Maxi Gómez que otra vez no pudo llegar a dirigir bien el remate y se perdió otra ocasión a los 29′. Valencia lucía menos, pero llegaba mejor.

Chelsea tenía el sello de los equipos de la Premier: francos, honestos, ofensivos. Con una gloria en el banco como Farnkie Lampard, intentaba continuar el sello de un sabio como Sarri. Y amenzaba con Willian, Kanté, Kovacic, Pulisic y esa enorme promesa que es Abraham. Y tuvo a los 37′ una gran oportunidad con Abraham, que la desvió Cillessen en un esfuerzo supremo.

La respuesta fue letal. Centro de Rodrigo Moreno, aparición de Soler en el medio del área chica y concreta con un remate fuerte. 1 a 0 a los 39′ para el Valencia.

Pero los gritos no se acallarían. Salió con todo Chelsea y tras un corner y un despegue débil, la pelota le quedó a Kovacic que empató con un violento tiro desde afuera para sellar el 1 a 1 a los 40′ de un primer tiempo vibrante. Y antes de terminar el primer tiempo, Pulisic armó una jugada maravillosa en la que dejó solo a Kovacic, quien, volcado a la izquierda, sacó un remate tremendo que Cillessen desvió al corner.

Con un ritmo enloquecedor, un estadio efervescente y una noche llena de fútbol, terminó el primer tiempo, con promesa de continuar con la fiesta.

Michi Batshuashi por Abraham, quien se fue lesionado tras un choque con Ezequiel Garay, fue la variante al iniciarse el complemento. Pero no se amilanó el conjunto de Lampard. Salió decidido y logró la ventaja a los 50′, tras una pelota que le bajaron a Pulisic y este convirtió. Tras una revisión exhaustiva del VAR, Chelsea revirtió el resultado y se puso de visitante arriba por 1-2.

Con su habitual estilo, el local intentó dominar. Parejo para organizar, Coquelin para sumarse a la mitad de la cancha y Kevin Gameiro para reforzar el ataque, fueron sus apuestas. Una ocasión magnífica llegó a los 63′ cuando Jorginho le cometió una falta a Gayá y Valencia pudo saborear la igualdad, pero el arquero Kepa detuvo el lanzamiento de Dani Parejo y el partido continuó favorable al visitante.

Chelsea prefirió armar línea de cinco con el ingreso de Emerson por Jorginho cuando llegábamos a los 70′ y plantear un partido de contra en los minutos finales.

Valencia tenía un grito escondido. Daniel Wass, arrancó por derecha, recibió un pase y cuando llegaba a la posición de lanzar el centro, sacó un trio que se fue directo al arco, pegó en el segundo palo y se metió para marcar el 2 a 2 cuando estábamos en los 81′ de juego. De la galera llegó la igualdad y sólo el danés sabrá si tiro un centro o remató al arco.

Los minutos finales tuvieron la misma intensidad que los iniciales. Con determinación y coraje, los dos equipos fueron en busca de la victoria. Se lo perdía Chelsea, y de contra lo desperdició Rodrigo sólo frente al arco cuando ya estábamos en los 90+5′. Hasta el final mantuvieron vivas las emociones y la incertidumbre por el resultado. Buscaron y obtuvieron un punto cada uno que los deja a la expectativa para luchar en la última fecha por la clasificación. Si les toca o no, lo veremos en diciembre, pero la fiesta de fútbol que nos regalaron, fue un hermoso regalo del año que empieza a cerrarse.


Hernán O’Donnell

París salió adelante en Madrid y sueña con la conquista de Europa

Para muchos era una especie de final anticipada; o, por lo menos, un encuentro de candidatos, que bien podría ser un choque de semifinal, o de cuartos de final. Dos equipos plagados de estrellas, un gigante del mundo que sueña con una nueva conquista de la vieja Copa de Campeones, la que tantas veces conquistó a lo largo de las décadas. El otro, una constelación de grandes jugadores, que año tras año invierte millones y millones para alcanzar el sueño que desvela a todo París…

Un arranque a todo ritmo, con dos conjuntos atrevidos, hasta que Real Madrid hizo valer todo el peso de su historia y su casa, el mítico “Santiago Bernabéu”.

Iban 16′ cuando el encuentro alcanzó el primer grito; una jugada rápida, bien elaborada por Federico Valverde, el centro, el remate en el palo y Benzema que abre el pie para burlar la estirada de Kaylor Navas, cambiar el ángulo y meter el 1 a 0 para el local.

A partir de allí, tremendos 15 miuntos del equipo blanco. Con circulación, ritmo, la conducción de Isco y la movilidad de todos. Valverde por derecha, Kroos por izquierda, Hazard para asociarse y Benzemá para pesar fuerte en el centro del ataque. Cuando se sumaban los laterales, sobre todo Marcelo, era muy difícil para el equipo parisino poder sostenerse. Fallaban Gueye y Meunier por derecha, le costaba a los medios cerrarse y sufrieron embates que Navas pudo controlar.

Después, pasados los 33′ de juego, PSG se animó un poquito más. Con Mbappé rápido y movedizo, más algunos encuentros con Icardi, la inteligencia de Di María para ubicarse, el equipo de Tuchel mejoró y llegó al arco de Courtouis.

Igual, el peso de Madrid en el partido era más fuerte. Amenzaba más, lastimaba más. Se lo veía más sólido y más agresivo. Carvajal a los 38′ sacó un tiro terrible que Navas sacó al corner; a los 39′ Casemiro sacudió el techo del arco. Madrid sumaba oportunidades.

Era un gran primer tiempo, con un notable protagonista y un actor que no era “de reparto”; mantenía un papel de co-protagonista con aspiraciones de asumir el papel mayor. Y se le abrió una puerta en el minuto 42. Marcelo que pierde una pelota en ataque, rápido contragolpe, pelotazo para Icardi, salida larga de Courtouis y choque que mereció revisión del VAR. No fue penal, se retrotrajo la tarjeta roja al arquero para dejarlo limpio y foul previo a Marcelo. La jugada, al cabo, no cobró trascendencia, pero para PSG fue una señal de que podía animarse. Así se cerró el primer tiempo. Con un actor estelar y otro agazapado, que parecía secundario, pero que tenía aptitudes y cualidades como para aparecer en cualquier momento.

Neymar por Gueye en el segundo tiempo fue la variante que propuso París para torcer la historia. Un cambio posicional, Di María a la mitad de la cancha, y la intención de pelear el partido.

Madrid salió con la misma premisa y a los 30″ tuvo una chance con la aparición solitaria de Marcelo por izquierda, el centro y la llegada de Benzema. Después, el partido se empezó a apagar. A perder intensidad. Y el reloj empezó a correr a favor del local. Cuando promediaba el complemento, dos cambios más para PSG: Drexler por Di María, Pablo Sarabia por Mauro Icardi. Todo jugado, a buscar el empate. Mientras el local también se refrescaba: Bale por Hazard, después Modric por Valverde.

Todo parecía diluirse sin demasiadas novedades. Madrid controlaba y París no encontraba los caminos. Encima, una jugada de Modric, el toque de Isco, la aparición (otra vez!) de Marcelo por izquierda, el centro y el gol de Benzema a los 78′ que parecía sellar el resultado: 2 a 0. Rodrygo por Isco y el partido que parecía definirse, pero el fútbol siempre tiene una sorpresa escondida…

Tras la reanudación del segundo gol local, un error en la defensa, el centro que se desvía en Casemiro, Varane que quiere cerrar y le burla la pelota a la salida de su arquero Courtouis y se la deja servida a Mbappé para que achique a 2-1 cuando iban 80′.

Entusiasmado, PSG fue por más. Buena maniobra de Neymar por izquierda, el centro para Mbappé, el rebote le queda a Pablo Sarabia y el español mete un remate extraordinario al ángulo superior izquierdo del arco local. 2 a 2 y la sorpresa invadía la noche de Madrid.

Lo pudo ganar París con una corrida de Mbappé y lo tuvo en el último minuto agregado Bale con un tiro libre que pegó en el palo izquierdo de Kaylor Navas. Fue 2 a 2.

París Saint Germain sonrió en Madrid. Se llevó un punto impensado en una noche difícil, que le permite terminar primero en su grupo y mirar con optimismo el futuro en la Champions League, porque si bien no fue el protagonista principal, dio una muestra de carácter para no quedarse en un papel de reparto y poder soñar con la Copa que tanto desea.


Hernán O’Donnell

Cuando el telón bajaba, Flamengo metió dos golpes y se llevó la Copa

El fútbol es el más maravilloso de todos los deportes. De todos. No hay ninguno que se lo pueda comparar. Hay espectáculos atractivos, fascinantes, intensos y hasta vibrantes. Pero que puedan tener semejantes cambios, que puedan producir variantes inesperadas, que lleguen finales impensados, que en dos minutos se borren ochenta y ocho que fueron de otra manera…River tuvo la Copa en sus manos durante casi todo el partido. La tuvo y de a poco se hizo dueño de ella, la empezó a arropar, a cuidar, a esconder, y cuando la empezaba a envolver para llevarselá a Buenos Aires, apareció Flamengo y de dos cachetazos se la arrebató y le cambió el boleto del destino final.

Es lo que tiene este bendito deporte. Esa impensada modificación de un resultado, que cuando más parece asegurado y resuelto, llega una ráfaga que cambia la historia, revierte lo hecho y todo aquello que parecía sentenciado va a parar al canasto de descartes y se teje un desenlace inesperado. Parecía que la Copa era de River. La tenía, estaba ganada. Todo lo que sucedía en los minutos finales nos llevaba a pensar que era una historia terminada. Porque el partido ya había entrado en el tiempo de cierre y la lectura del juego indicaba que estaba mejor el equipo argentino, que tenía el juego controlado y Flamengo no había hecho más que algunos ataques aislados pero no lucía impetuoso, dominante, desbordante…Y sin embargo, cuando nadie lo imaginaba, todo cambió.

Flamengo salió a jugar con su estilo habitual, de toque cuidadoso y control del balón. River le opuso intensidad, atropello, marca en todos los sectores de la cancha y mucho rigor físico. Y cuando las cartas empezaban a mostrarse, llegó el gol del equipo argentino. Perez presionó para recuperar una pelota, falló Filipe Luis en la salida, no pudo controlar el centro, tampoco lo hicieron los defensores, y Santos Borré, desde el punto del penal abrió el marcador. 0-1 para River, cuando iban 14′ de juego. Un grito desaforado recorrió las tribunas millonarias de todo el país y a partir de ahí se empezó a jugar el partido que Gallardo quería.

River se acomodó al partido. Presionó la salida de Flamengo, propuso siempre una marca asfixiante sobre el que tenía la pelota y realizó un despliegue físico notable. Santos Borré y Suárez corrían por todo el frente de ataque para perturbar la salida prolija de los brasileños, y Enzo Pérez cubría todo el anco de la cancha. Atrás, Pinola mostraba despliegue y agresividad para cerrar cada intento carioca.

Flamengo no encontraba ni el ritmo ni las ideas. No entendió el partido. Muy quieto, sin velocidad ni dinámica, sus toques eran cortados y no aparecían ni Burno Henrique ni De Arrascaeta para elaborar juego. Gabriel era una sombra indetectable en el campo.

El fin del primer tiempo dejó una imagen más clara de River y una sensación de que el partido podía ser controlado si manetnía ese libreto recorrió el cielo de Lima.

El complemento fue parecido. River controló y Flamengo inentó un poco más, pero sin constancia ni derroche de juego. Mejoró con el ingreso de Diego, porque le dio otra velocidad, otra dinámica y generó un poco más de juego.

Sin embargo, lucía firme el conjunto millonario. Y los minutos pasaban mientras no había señales de cambios en el desarrollo del juego.

Los cambios, de a poco, empezaron a torcer el juego. por lo menos en cuanto a influencia. El ingreso de Diego le dio otra dinámica a Flamengo, fue dicho. Pero las variantes en River le quitaron potencia a su juego. Julián Alvarez por Fernández resultó un cambio raro, más por las posiciones que por los nombres propios, ya que Alvarez jugó bien y Fernández no tuvo una buena tarde. Pero resultó raro desde lo posicional, un delantero por un volante pareció arriesgado, por todos los movimientos generales que implicaban. Y más se notó cuando Pratto entró por Borré, ya que salió su mejor delantero y el “Oso” no terminó de afirmarse como centrodelantero de área sino que jugó por afuera y de hecho, de un intento suyo en posición de volante vino el error que derivó en el empate. Y Paulo Díaz, que entró por Casco, no pudo cerrar en el final de la jugada, aunque nada hay para recriminarle.

Porque esos detalles le costaron el partido a River. Que lo había jugado muy bien y lo tenía controlado. Salvo una clara situación a los 75′, Flamengo no tenía más situaciones. Y los últimos diez minutos de juego transcurrían en campo brasileño, con un control de balón de River que, mientras los minutos corrían, parecían presagiar el final sin modificaciones. A los 86′, tras una buena maniobra por izquierda, Palacios la llevó a un costado, le hicieron falta y llegó al minuto 87; reanudó con un suave toque, mantuvieron la posesión y pasados los 88′ se la pasaron a Pratto, que intentó, solo más allá de la mitad de la cancha en campo de Flamengo, casi parado como volante, llevarla. Despuépretendió un pase vertical, rebotó en un rival y le quedó otra vez el balón. Intentó llevar la pelota cuando lo más aconsejable era un pase rápido a un lateral. Y ese querer llevarla lo llevó a perderla; se generó un contragolpe inesperado, De Arrascaeta la llevó, habilitó a Bruno Henrique, este se la devolvió con un gran pase para su entrada solitaria por izquierda y el uruguayo habilitó a Gabriel que entró solo por derecha y marcó el 1 a 1 a los 88′.

Un balde de agua helada para el equipo que parecía tener el partido en sus puños. Una explosión de alegría para los miles y miles de fanáticos brasileños que recuperaban el alma cuando el partido tocaba su fin. Y en ese aturdimiento, cuando el encuentro se reanudó, Flamengo había revivido y River estaba groggy, como el boxeador que recibe un piñazo en el último round y empieza a tambalear. Tenía la pelea ganada, pero en la última vuelta un golpe lo tiró al piso. Cuando quiso levantarse, aturdido, recibió el golpe de knock out. River estaba mal parado y desordenado cuando salió un largo pleotazo del fondo, Pinola (de excelente partido hasta el momento) no la pudo controlar, Gabriel le ganó la pelota y la posición, superó el cierre tardío de Martínez Quarta y con un potenet remate venció a Armani a los 90+1′. Era el golpe que lo envió a la lona. En los últimos segundos del último round, dos manos le sacaron la corona. La primera lo dejó groggy; la segunda, lo noqueó.

River vio como en tres minutos se le escurría lo que tenía casi asegurado. Cuando todo parecía concluir y los festejos empezaban a sonar, la felicidad cruzó de un arco a otro. Apenas quedaron unos minutos para la expulsión de Palacios por su foul y agresión posterior fruto de la impotencia del momento, y la salida también por roja de Gabriel, por conducta antideportiva.

Flamengo vio como los dioses del fútbol le guiñaron un ojo. Como le sonrieron y lo premiaron como un obsequio por la gran Copa realizada en todos los partidos previos, al margen de una tarde donde pareció haber olvidado todo su repertorio. Pero encontró el trofeo por esos dos golpes que metió cuando caía el telón de la final única, para darle la razón a los duendes que siempre rondan en este bendito deporte y por eso lo hacen único, impredecible, maravilloso.


Hernán O’Donnell

Borussia perdía 0-3 y al final salvó un punto ante un Paderborn audaz

A los 4′ el bullicio, la expectativa, la increíble atmósfera que siempre rodea al Signal Iduna Park cuando juega Borussia Dortmund, se vio sacudida por un baldazo de agua helada. Se escapó Proger por derecha, pasó en velocidad a su marcador, Sculz, y lanzó un centro para la entrada solitaria de Mamba que con un remate corto y certero derrotó a Bürki y abrió el marcador: 0-1 para Paderborn, recién ascendido y último en las posiciones. Sorpresa tremenda en el inicio de la jornada número 12 de la Bundesliga.

Dortmund intentaba con más fervor que fútbol; Sancho, Reus y Guerreiro en la posición habitual de medias puntas, con rotación, habilidad y búsqueda de conexión con Paco Alcácer. A partir del golpe, intentó acomodarse y apoyarse en esos cuatro hombres que elaboraban juego para intentar torcer la historia.

Era una mezcla rara de empuje, fervor y desorden. Paderborn se mostraba concentrado y amenazante con cada contragolpe. Entre las dos propuestas, el partido era intenso, abierto y jugado con buenas intenciones, francas y ambiciosas. A los 24′ tuvo una clara oportunidad el local, con un centro de Piszczeck y la aparición de Guerreiro, pero el remate del portugués se fue pegado al palo izquierdo del arco visitante.

A los 36′ llegó una nueva puñalada. Con el local volcado hacia el ataque, el Paderborn metió una contra letal: pelotazo largo para Mamba, quien dio el paso atrás para partir desde su campo y evitar el off-side, y se lanzó en una larga carrera, donde controló la pelota, la llevó, supero en velocidad a Weigl y Hummels, y cuando llegó al área sacó un violento rio que señaló el 0-2. Un golpe tremendo para un equipo que iba a ciegas, decidido, pero sin tomar recaudos ni serenidad.

Pero las sorpresas no se terminaban en ese tremendo primer tiempo. Otro contragolpe y otra puñalada; pelotazo de Collins a Holtmann por la banda izquierda, arranque del wing por su sector, supera en velocidad a Piszczeck y cuando salía el arquero Bürki, Holtmann resuelve con un toque suave y marca el 0-3 a los 42′ de juego.

Para colmo Paco Alcácer no podía continuar y Borussia perdía a su centrodelantero, reemplazado por Julian Brandt. El primer tiempo se cerraba con ese resultado catastrófico y un inmenso coro de silbidos para el local, que tenía que planificar un segundo tiempo que le permitiera revertir la historia.

Dos cambios más para arrancar el segundo tiempo metió Lucien Favre: Hakimi y Hazard por Schulz y Dahoud. Toda la carne al asador, las tres variantes y a matar o morir.

A los 46′, el descuento por intermedio de Sancho. El partido quedaba 1-3 y parecía que Paderborn sentía el esfuerzo de la primera parte y había empezado sin tanta concentración. Como fuera, el partido tomaba otro color y crecía en emociones. Dortmund lucía más sereno que en el primer tiempo; más pensante, con más tiempo para elaborar las jugadas. Era un equipo menos apurado, con menos vértigo y eso le permitía generar mejor volumen de juego, además de controlar más las acciones en cuanto a prever contras u otras maniobras del visitante. Estaba mejor Dortmund con respecto a sí mismo, a lo que había hecho en el primer tiempo. A los 55′ Hummels tuvo un cabezazo que se fue cerca. Lucía mejor el equipo local. Más aplomado.

Paderborn no podía salir; le costaba cruzar la mitad de la cancha y a los 63′ se fue Holtmann, lesionado, reemplazado por Anti-Adjej. Y cuando lo pudo hacer, cuando pudo volver a inquietar al Dormund, recién a los 64′, Mamba se perdió un gol casi hecho, porque quedó solo ante el arquero local y su tiro se fue apenas desviado, muy cerca del poste derecho.

Y esa jugada le dio confianza al visitante. Vio que podía, que no se había agotado su poder de fuego. Pareció entender que la mejor defensa sería volver a atacar, como en la primera parte. De ese modo, el partido se equilibró un poco más. Dortmund insistía con búsqueda por los costados y Paderborn amenazaba en cada contra que encabezaba Mamba, veloz y escurridizo. En los diez minutos finales empezó a sentir el rigor del partido y el paso del tiempo y decidió arriesgar más. Fue a buscar con lo que quedaba. Zingerle, el arquero visitante, crecía en cada intervención; le sacó un remate cruzado a Brandt y atrapó un disparo de Sancho. Pero no pudo con un centro más y a los 83′ Witsel marcó de cabeza. Dortmund quedaba 2-3 y con tiempo para ir en la búsqueda de la salvación del honor.

Sancho sacó un tiro que se fue cerca a los 86′. Dortmund iba y abría espacios a su espalda. Pero no le quedaba opción. Tenía que jugarse por salvar algo en un viernes oscuro. Y en la agonía encontró el tercero. Sancho encontró un rechazo defectuoso, recibió por izquierda, sacó el centro al medio del área chica y Reus de cabeza marcó el empate, cuando iban 90+1′. 3 a 3 y aún dos minutitos por jugarse.

La última la tuvo Paderborn, pero Mamba no quedó cómodo para sacar el remate final. Y la igualdad no se modificó. El partido fue entretenido y atractivo para los neutrales. Dortmund, a pesar de la remontada, sintió que había sumado sólo una unidad. Paderborn, que llegaba último y firmaba el empate antes de empezar, sintió el sinsabor de haber resignado la victoria tras haber estado 3 goles arriba e incluso, llegaba 1-3 cuando restaban siete minutos. Y al final, dejó dos puntos que pensaba que ya estaban en su cuenta.

Pero los neutrales, ganamos. Por el partido, los goles, el ritmo y la generosidad de otro encuentro vibrante de la fabulosa Bundesliga.


Hernán O’Donnell