El ciclo de Lionel Scaloni ya comenzó

No se sabe cuanto durará, ni hasta donde llegará. No está claro en sus formas, ni definido su programa. Es como un parche, uno más, dentro de lo que es la selección nacional en la estructura de la AFA. El equipo máximo que nos representa está en un nuevo camino, que comenzó casi sin que nos diéramos cuenta, pero no se saben muchas cosas, y para todo lo que uno aspira lo que debe ser la selección, la parte más valiosa de nuestro fútbol, la que más debe ser cuidada, atendida y protegida, bueno, para esa área se ha aplicado una solución transitoria que empezó en silencio y no se sabe como será el futuro.

Y sin que retumbara en los medios, sin que despertara grandes polémicas, en medio de las grandes controversias que desataron la salida de Jorge Sampaoli, su ruptura con el cuerpo técnico que lo acompañó en la Copa del Mundo de la FIFA-Rusia 2018, la llegada (o la continuidad) de Scaloni dentro de la AFA, acompañado por Pablo Aimar no tuvo grandes cuestionamientos. Se lo designó para acompañar al sub 20 en el torneo de España y, de paso, dirigir a la mayor en los compromisos internacionales contraídos para lo que resta de 2018.

Así comenzó su ciclo en el seleccionado. Y hete aquí que las cosas le fueron bien en el comienzo: En Valencia, el equipo obtuvo el COTIF L’Alcúdia 2018 ante Rusia. La final fue emotiva;  abrió el marcador Rusia, con un tanto de Igor Diveev, a los 11′ y enseguida llegó el empate de Facundo Colidio.

Así se cerraron los 80′ reglamentarios, lo que dio paso al suplementario: dos tiempos de 10′ cada uno. Ya en el segundo tiempo, a los 92′, Alan Marinelli convirtió el gol del triunfo. Argentina derrotó a Rusia por 2 a 1 y se llevó el Título.

Ahora le toca un desafío más grande. Con mayor trascendencia. Junto a Aimar y Martín Tocalli, entrenador de arqueros, tendrán a su cargo al seleccionado mayor para los partidos de este año. Los inmediatos son el viernes 7 de septiembre a las 20 hs (hora local) frente a Guatemala, en el Estadio Los Ángeles Memorial Coliseum, en Los Angeles, California, y el martes 11 de septiembre, también a las 20 hs frente a Colombia, en el Estadio Met Life Stadium, en East Rutherford, Nueva Jersey.

Así comenzó el ciclo de Lionel Scaloni. En silencio, casi sin darnos cuenta, con un título que vale para reconfortar el alma y un camino que presenta desafíos enormes, exámenes duros que demarcarán su futuro.

 

Hernán O’Donnell 

 

 

La carrera de Sergei Kovalev se llenó de interrogantes

Apenas un año había pasado del 2 de abril que marcaría a fuego la historia de la Argentina. Un tiempo corto, donde la melancolía le daba paso a la reflexión y a abrir una puerta al futuro.

El 2 de abril de 1983, mientras el país recordaba el primer aniversario del desembarco en Malvinas, en la lejana Cheliábinsk, en el corazón de la entonces Unión Soviética y hoy Federación Rusa, nacía Sergey Kovalev, en un hogar humilde. Una ciudad con muchas fábricas y gente fuerte que buscaba sobrevivir en ella. No todo el salario se pagaba con dinero, sino con especias y la familia de Sergei lucha por subsistir. Eran tres hermanos y la madre y su padrastro trabajaban en la misma planta de tractores. Con lo que juntaban entre ambos, sobrevivían.

Nada hacía prever que se iniciaría en el boxeo, pero a los 11 años un amigo del colegio lo invitó a un gimnasio que había muy cerca y allí conoció su futuro: le encantó la actividad y aunque no tenía muy claro de que se trataba, algo vieron en él que lo llevaron a los entrenadores a seguirlo, a cuidarlo, a empezar a guiarlo. Era flaco, pequeño y poco visible. Había chicos en el gimnasio que mostraban más talento que él. Pero quienes eran en verdad más débiles, abandonaron. Y quienes, como Sergei se mostraron más fuertes, continuaron. Y mostró uno de los espíritus más fuertes. El tiempo de las carencias iba a comenzar a quedar atrás.

A los 12 años dejó el boxeo; había fallecido su padrastro y lo envolvió la tristeza. Sin embargo, sus entrenadores no querían que abandonara. Lo valoraban mucho por su calidad humana e insistieron para que retomara los entrenamientos. Mandaban a sus amigos a que lo fueran a buscar a la casa y lo llevaran otra vez al gimnasio. Su madre entendió que debía hacerse fuerte para cuidar a sus hermanos menores. “El debía hacerse el hombre de la familia; para ayudar a sus hermanos e incluso a mí. Maduró muy rápido, aunque aún era un chico. Se vieron cambios drásticos en él. Dos o tres meses después del fallecimiento de su padrastro, Sergei se volvió todo un hombre”.

Tres años más tarde haría su debut amateur en el Campeonato Junior de Boxeo de Rusia. Allí ganaría la medalla de oro en peso mediano y comenzaría una interesante carrera amateur que pronto decidió volcar al mundo profesional. Kavlev sabía que ingresaba en un mundo difícil y competitivo, entonces decidió tomar decisiones fuertes en la búsqueda de su camino. Aun cuando era joven, tuvo que madurar muy rápido. En el año 2009 se mudó a Carolina del Norte, para iniciar su carrera en el gran escenario que siempre significa Estados Unidos.

“Viajé a Norteamérica porque en el boxeo amateur no existen las chances de ser campeón del mundo. De pequeño, mi ilusión era conocer América, ver los edificios altos que veía por televisión…Además, no había demasiado dinero en Rusia. El dinero se gana aquí, en Estados Unidos”, afirmó sobre su traslado.

Allí comenzó su carrera profesional. A los 26 se lanzó a conquistar el mundo. Sin embargo, le costó hacerse un nombre, meterse en las grandes carteleras. En los primeros combates el dinero no abundaba, aunque el éxito lo acompañaba. Ganó sus primeros 9 enfrentamientos, con un alta dosis de k.o. Su imagen crecía aunque aún no daba el gran salto.  Paseaba su fortaleza por California, Illinois, Carolina del Norte, Washington, Lousiana, Nevada, Georgia, Pensilvania…

El 5 de diciembre de 2011 llegaría una pelea que marcaría su vida para siempre. Aquella noche en Ekaterimburgo, en Rusia Central al pie de la Cordillera de los Urales, vivió la noche que jamás debió haber deseado vivir. El combate contra Roman Simakov terminó por ser un mojón desgraciado en su carrera. No se avizoraban contratiempos ni maldiciones, pero el desarrollo deparó un desenlace fatal e inesperado.

Kovalev fue dueño de las acciones desde el inicio, llegaba con facilidad y golpeaba al oponente, pero no parecía una paliza despiadada. Sin embargo, logró derribarlo en el 6to round, y volvió a hacerlo en el 7mo, pero al levantarse ya no podía moverse Simakov. El referi paró el combate de inmediato y le otrogó la victoria a Kovalev. A Simakov lo colocaron sobre una lona roja que oficiaba de camilla y fue directo al hospital. Entró en coma, y a los tres días, falleció. Kovalev oró por él durante por él  los 3 días de agonía, pidió perdón a la familia de Simakov  y les dió el dinero de su bolsa de su siguiente combate.

La cara más triste y dolorosa de esta actividad se había cruzado en su camino. “Mi objetivo era vencer a Simakov, no quería dañarlo. Después del  cuarto round percibí que algo no estaba bien en él. Incluso, el último golpe  no fue tan fuerte como el anterior”, señaló Kovalev a la prensa rusa.

Tras unos días de reflexión,  Kovalev le habló al público. Allí expresó su dolor y dejó sus sensaciones de esa pelea.  Describió el comienzo como “tranquilo”, con un comienzo  mesurado,  que  en el 4to round se lastimó el pulgar izquierdo, el mismo que se había operado cuatro años antes, lo cual lo hizo trabajar con mayor mesura aún, lo que le permitió a Román desarrollar su pelea.  Kovalev creía que tras la caída del 6to round Roman no saldría a combatir al siguiente asalto. “Deseaba que el combate fuera detenido.  En mi pulgar sentía el castigo que había propinado.  En el 7mo round, cuando Román da un paso atrás, lo golpeo en el antebrazo. No creo que ese golpe pudo haber generado la tragedia.  Después fui  a verlo al vestuario, pero ya lo habían llevado al hospital. Fue un peleador; fue todo un hombre. Permitan que su alma descanse en paz.  Le pedí a mi manager poder hablar con su familia, pero no quieren saber nada de nosotros. Y lo comprendo perfectamente. Es horrible perder a una persona  amada. Si vuelvo a subirme a un ring, mi combate será dedicado a él. Toda mi bolsa será para sus deudos. Perdoname, Roman y  descansa en paz, guerrero”

También Natalia Kovaleva, la esposa del campeón, manifestó en un documental llamado “La vida después de la muerte: La pelea más dura de Kovalev” cuanto influyó en ella ese combate: “Fue un shock para todos. Sergei no pudo dormir esos días, estaba muy afligido, veía una y otra vez el match, fuimos a la iglesia mientras Simakov estaba en coma en el hospital, encendimos una vela por él y rezamos por su recuperación. Sergei se retrajo sobre sí mismo, él es el tipo de persona que se guarda todo dentro de sí, rara vez expresa sus emociones, él fue educado así…A partir de ahí, mi mirada sobre el boxeo cambió de forma total. Ya no lo contemplé sólo como un deporte; cada vez que mi marido va a pelear me preocupan más las consecuencias del combate que si obtiene la victoria…”

“Esos días los pasé muy mal”, recordó más tarde Sergey Kovalev. Se recluyó y se tomó dos meses para regresar al gimnasio. “No pude hablar con los familiares de Roman. No sé qué les diría. No lo sé. Perdón…pelearé por mí y por él…” Recién en junio de 2012 regresó a los cuadriláteros para darle el desquite a Darnell Boone. Fue victoria y volver a encaminar la carrera.

El 19 de enero de 2013 derrota con total claridad al ex campeón mundial semipesado de la AMB, el español Gabriel Campillo. Allí tiene un combate de los llamados “consagratorios”: El ruso lo domina de principio a fin, le hace sentir el rigor, y lo derriba tres veces en el tercer round para acabar el pleito.

Ese 2013 vendría con más alegrías; el 17 de agosto de ese año vencería a Nathan Cleverly para ganar el título semipesado de OMB.

Los flashes de la gloria comenzaban a iluminarlo. Y otro paso trascendental sería el éxito ante Bernard Hopkins el 8 de noviembre de 2014 en Atlantic City, New Jersey. Allí alcanzaría los títulos semipesado de la FIB y el de Supercampeón de la AMB, amén de mantener el de la OMB.

Siguió con la cerrada victoria ante el canadiense Jean Pascal, en un combate cambiante, que ganó por KO técnico en el 8vo round, en lo que para muchos fue una decisión apurada del árbitro, tras un buen desempeño de Kovalev en el asalto anterior.

Contra el francés Mohammedi mostró toda su potencia y en el desquite frente a Pascal no dejó ninguna duda: lo apabulló toda la noche, y en el séptimo round Freddie Roach, coach del canadiense, decidió que lo mejor era no continuar el sufrimiento.

El 11 de julio último regresó a la misma arena donde sucedió la desgracia. Otra vez en su país, otra vez ante su gente, otra vez ante los fantasmas y los malos recuerdos. Allí se midió natal ante el africano Isaac Chilemba a quien venció por puntos en fallo unánime.

Luego, vendrían las noches tristes. El 19 de noviembre de 2016 caía en su primer combate ante André Ward, en el T-Mobile Arena de Las Vegas, Nevada.

Allí perdió los Títulos Mundiales OMB, FIB y Super AMB, en la categoría semi pesado.

Fue por la revancha el 17 de junio de 2017 y volvió a caer, en otra noche apagada, donde acusó un golpe bajo, discutible, tal vez, pero donde no mostró variantes ni rebeldía para sobreponerse a ese fallido e ir por la gloria.

Parecía acabarse su carrera. Sin embargo, logró tener una nueva posibilidad ante el retiro de André Ward y fue por esa oportunidad. En noviembre del año pasado venció al ucraniano Vyacheslav Shabranskyy y conquistó el título Mundial semipesado de la OMB. El 3 de marzo de este año venció al ruso  Igor Mikhalkin y sumó el título mundial de la categoría sempiesado de la IBA.

Todo parecía empezar a retomar la senda victoriosa, hasta esta noche del 4 de agosto, cuando una nueva figura emergió en su camino: El colombiano Eleider Alvarez lo superó, tras una contienda dura, donde tuvo su momento Kovalev, pero al final sucumbió.

El colombiano nunca perdió la calma y lo noqueó en el séptimo, tras derribarlo tres veces.

Sergey Kovalev, el hombre que vino del Este, el aventurero que armó su camino deportivo y su vida en Estados Unidos, volvió a sufrir un tropezón, y su carrera se empieza a llenar de interrogantes.

 

Hernán O’Donnell

 

Una nueva etapa para Los Pumas

En pocos días más comienza una nueva edición del The Rugby Championship, y otra vez Los Pumas deberán medirse ante los equipos más fuertes del mundo, en una prueba que representa un examen durísimo, exigente y motivante.

El sábado 18 de agosto, ahora nomás, Los Pumas deberán enfrentarse a Sudáfrica en un test que marcará el inicio, mientras Australia recibirá a Nueva Zelanda.

El campeonato, con toda su complejidad, trae aparejado el inicio de un nuevo ciclo en el seleccionado nacional de Rugby: Mario Ledesma ayera fue presentado como head Coach, entrenador principal del equipo. Un hombre de muchísima experiencia, ya que como jugador se desarrolló en el rugby local en su club Curupaytí, y en los equipos de Europa que integró Narbonne, Castres y Clermont, todos de Francia. Disputó 84 test matches con la camiseta de Los Pumas, en una etapa que duró 15 años, entre 1996 y 2011.

Como entrenador, fue colaborador de Michael Cheika en el Stade Francais en 2011. Luego, en 2012 se integró al staff de Fabien Galthié, en Montpellier.

Junto a Michael Cheika, en 2015 se unió a Waratahs y luego acompañó a Ceika en el staff de los Wallabies, donde lograrían el título del Personal Rugby Championship. Ese mismo año, saldrían subcampeones de la Rugby World Cup England 2015.

Luego de esta temporada en Jaguares, llega a Los Pumas.

“Me llena de orgullo ser el capitán del barco. No es una presión, ni algo que me intimide; es un vértigo lindo; y creo que es un momento para ser socialmente responsables, trabajar y planificar. Estamos ante un enorme desafío.”

Y señaló: “Queremos buscar la excelencia; los procesos que nos lleven a los resultados. Nos basamos en el trabajo, sin sacarle un gramo a la creatividad y a la espontaneidad. La pasión y la locura, las tenemos, y con orden y organización, buscar la excelencia.”

Hacia allí van Los Pumas. Con la historia detrás, con el legado de tantas generaciones de jugadores que han escrito sus páginas memorables y con un desafío por delante que exige mucho, pero que también permite darle vuelo a la ilusión y soñar…

 

Hernán O’Donnell  

Deontay Wilder le abre la ventana al futuro

Estaba perdido. O al menos, eso parecía. El cubano Ortíz lo había dominado, incluso en el séptimo round sacó una ventaja de dos puntos (10-8) aún sin derribarlo. La noche de Brooklyn se llenaba de dudas e interrogantes para el campeón mundial pesado, Deontay Wilder. Estaba muy complicado y era difícil pronosticar una recuperación.

La pelea había transcurrido por un clima electrizante. Wilder se vio superado en los primeros rounds y de a poco el desarrollo se transformó en una gran preocupación pues era dominado por su adversario: Luis Ortíz, un enorme mastodonte cubano apodado King Kong, que el público argentino conoció bien de cerca cuando enfrentó a Matías Vidondo y lo derrotó por KOT 3, tras derribarlo en el segundo asalto. En ese entonces se apreciaban las virtudes de un pugilista fuerte y contragolpeador, pero que no pudo alcanzar esa luz de diferencia para controlar la pelea y llevarse la gloria.

Los primeros asaltos fueron para el cubano; pero en el quinto apareció Wilder y con un derechazo derribó a Ortíz. El campeón descontaba dos puntos, tras haber cedido los primeros 4 rounds.

Se recuperó “King Kong” y logró volver a estar en pelea en el sexto asalto y en el séptimo se vio lo mejor de su producción. Se lo llevó por delante al campeón, lo “empujó” contra las cuerdas, y con una buena combinación de golpes le hizo pasar un mal momento. Incluso cerró la vuelta con una derecha que impactó de lleno en el rostro de Wilder y parecía dejar todo listo para la definición.

Pero no lo remató. Le permitió que respirara y Wilder se recuperó en los dos siguientes rounds.

Y llegó el 10º asalto con una definición, impensada, imprevista, sorprendente: Una avalancha de golpes, desordenada y potente, encontró agujeros en la defensa de Ortíz, y Wilder no se detuvo ni mostró contemplaciones. Con mucha fuerza, algunos yerros y mucha agresividad, descargó una catarata de golpes que derrumbaron al cubano y terminaron con el pleito. Ortíz había dejado pasar su momento y su oportunidad;  Wilder, en cambio, cuando olió sangre, arremetió con fiereza.

Deontay Wilder recorrió un largo camino para llegar a la noche de su consagración. Nacido en Tuscaloosa, estado de Alabama el 22 de octubre de 1985, a los 19 años comenzó su carrera amateur: su novia estaba embarazada y debía hacerse un futuro para darle seguridad a su familia. Su beba nació con una enfermedad llamada espina bífida, una malformación congénita en la que existe un cierre incompleto del tubo neural. Por imperiosa necesidad, debía progresar y darle un sustento a sus seres queridos. Se abrazó al boxeo como una salvación. Así, alcanzó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

A los 23 años hizo su debut profesional ante Ethan Cox, al que derribó tres veces en el segundo round y entonces se detuvo la pelea.

Comenzaría una carrera exitosa, con victorias que se encadenarían una tras otra, y luego de 32 peleas ganadas, le llegó la oportunidad  la noche del 17 de enero de 2015 en el MGM Grand Garden Arena, en Paradise, un suburbio de Las Vegas, estado de Nevada, para derrotar al haitiano-canadiense Bermane Stiverne y alcanzar el título Mundial Pesado del Consejo Mundial de Boxeo (WBC).

Tenía potencia y experiencia: había sido sparring de Wladimir Klitschko, con quien asegura haber hecho más de 50 rounds de guanteo; incluso hay quienes afirman que Wilder, apodado “El bombardero de bronce”, fue de los más exigentes que tuvo el ucraniano. Envalentonado, tras ganar en su primera defensa a Eric Molina, a quien envió a la lona en cuatro oportunidades, Wilder proclamó su deseo de enfrentar a su viejo conocido: “estuve tres años en el campamento de Klitschko, he aprendido mucho de él y ahora quiero enfrentarlo”, desafió. Pero el tiempo no le dio la chance.

Por esos años ya quería armar su propia historia: “El boxeo ha tenido grandes campeones de Peso Pesado; es tiempo de recuperar ese lugar que tuvo Estados Unidos hace no mucho tiempo con Mike Tyson, Evander Holyfield o Riddick Bowe, pero a mí aún me confunden con LeBron James”, señaló en referencia a su parecido con el gran jugador de Basquetbol, campeón de la NBA con Miami Heat y Cleveland Cavalliers.

Vendrían más defensas exitosas de su título: ante Johann Duhaupas, a quien sometió a un gran castigo antes de vencerlo por KOT 11 y luego ante el polaco Artur Szpilka, en el Barclays Center de Brooklyn, donde estuvo en aprietos pero logró un fulminante KO 9, que demolió al europeo e incluso debió ser retirado del cuadrilátero en camilla ante la falta de reacción.

A poco más de un mes del fallecimiento del legendario Muhammad Alí, Wilder debió defender su título ante Chris Arreola, por lo que decidió homenajearlo con una chaqueta con su figura y un  pantalón que lucía la célebre frase “Flota como una mariposa, pica como una abeja”. Otro KO y otra defensa exitosa del cinturón.

Luego enfrentó a su compatriota Gerald Washington, a quien venció por KO 5, tras una pelea que fue de menor a mayor y ratificó su buen momento.

Pero siempre parece haber un tropiezo en las carreras de las grandes figuras, y “El Bombardero” no es la excepción; en junio de 2017 fue detenido tras ser acusado de posesión de marihuana, y luego fue puesto en libertad, con la pena de cumplir 60 horas de servicio comunitario en un gimnasio cerca de su hogar. Wilder afirmó que la sustancia no era de su propiedad, que fue hallada en su auto, pero que él solía dejarlos bajo la custodia de muchas personas o que incluso los usen cuando viaja fuera de la ciudad.

A fines de 2017 le llegaría un examen importante, calificado: El desquite ante Bermane Stiverne, su escalón para llegar al campeonato Mundial Pesado. La primera pelea había sido dura y se aguardaba por el nuevo episodio, pero Wilder lo resolvió en el primer round con otra andanada de golpes, que incluso parecían prolongarse en la caída del haitiano-canadiense y al referí le costó separar a Wilder para alejarlo de la zona y decretar el KOT 1.

Así llegó a la noche estelar del 3 de marzo ante el cubano Ortíz. Ahora se habla de Anthony Joshua, de peleas estelares en las carteleras más importantes del mundo, en la chance de convertirse en el Rey libra por libra, en la tentación que le ofrece Oscar de la Hoya para sumarse a sus filas y volverse el más taquillero de los “pay per view”, las puertas que se abren para observar el abanico de oportunidades y deshojar la margarita de las posibilidades más atractivas. ¿Joshua? Habrá que esperar su pelea ante Joseph

Parker y ver cómo sigue su camino; además, Anthony Joshua hoy es una de las grandes estrellas de los escenarios y podría todas las condiciones para un hipotético combate. Incluso la bolsa, el órgano más sensible del ser humano, sería muy desventajosa para Wilder. Y también pesa la opinión del inglés, quien se ha mostrado un poco despreciativo hacia las condiciones boxísticas del americano. ¿Tyson Fury? Depende de Fury mismo. Si decide meterse nuevamente en el ruedo. ¿Otra versión, la tercera, ante Stiverne? Hay quienes arriesgan que es una posibilidad certera.

Es tiempo de pensar, evaluar y elegir.

Todo se volvió realidad una noche. La noche que pareció estar en peligro, que la corona tambaleaba y el reinado se acababa, pero su fuerza, su voluntad y una remontada feroz le permitió cambiarla por la noche de la consagración, y la ventana que se abre a un futuro promisorio.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

La selección, de Marbella a Ezeiza

La Asociación del Fútbol Argentino ha arrendado un predio en Marbella para armar un centro de entrenamiento y captación de jugadores que estén en Europa. La finalidad es que puedan entrenarse aquellos que sean convocados para el equipo mayor y puedan trabajar sin desperdiciar horas de vuelo hacia Buenos Aires, pero también se esgrimió la poderosa razón de captar a los jóvenes futbolistas que emigraron, en muchos casos de muy pequeños y junto a su familia por las diferentes crisis económicas que tuvo el país.

En el fondo, se espera encontrar al “nuevo” Messi. Al nuevo “Mesías”. Un salvador que esté oculto en tierras lejanas, un genio inadvertido que vuelva a ser lo que tanto decimos que no hay que buscar y en el fondo es el único proyecto que existe: Un Maradona que se haga cargo del equipo.

Hay una gran cantidad de chicos que están con ese mote y bajo el radar de la AFA. Luka Romero es uno de los últimos casos: convocado para la sub 17, es hijo del argentino Diego Romero quien jugaba en Alacranes de Durango cuando nació Luka. Mexicano de nacimiento, de padre argentino y madre española, con la triple nacionalidad fue la albiceleste la que se apuró a introducirlo en sus filas.

Y así podría seguir el camino de la nueva selección: a la búsqueda del talento perdido en el planeta, a la caza de los genios ignotos. Ese aparenta ser una de las bases del nuevo proyecto.

Mientras, ¿que será del predio de Ezeiza?  ¿Como seguirá el seleccionado en modo formal en su trabajo en nuestro país? ¿Quien lo encabezará, quien será el DT?

Preguntas y más preguntas, que aún no tienen respuesta.

 

Hernán O’Donnell 

Vasyl Lomachenko, una estrella de esta época

Si no hubiera sido por su padre, tal vez hoy no estaríamos hablando o escribiendo sobre él. Nos hubiéramos perdido un doble medallista olímpico y un doble campeón mundial de boxeo. Pero la influencia paterna jugó su partido, y así nació una historia que hoy protagoniza uno de los grandes boxeadores del momento.

Vasyl Lomachenko armó su carrera en función de lo que le enseñó su padre. De no ser por él, tal vez hubiera sido otra cosa; jugador de hockey sobre hielo, por ejemplo. Allá por los años ’90,  se crió en una Ucrania incipiente, que una vez determinada su emancipación de la vieja Unión Soviética, volvía a tener su independencia como Nación y el hockey era uno de los deportes más populares para una región donde el invierno y el frío dominan una buena parte del año.

Pero estaba la imagen del padre, entrenador de boxeo, y Vasyl, nacido el 17 de febrero de 1988, comenzó a desandar su camino.

Criado en la ciudad portuaria del mar Negro de Bilhorod-Dnistrovskyi, en el sur del país, ingresó al gimnasio a las cuatro, empezó a competir a las seis y luego tuvo una cantidad impresionante de peleas.

Fue papá Anatoly quien pulió y forjó sus características, hasta convertirlo en un formidable boxeador. Así trazó una carrera amateur descollante, con 396 victorias y un palmarés envidiable: Obtuvo la medalla de plata en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2007, logró la medalla de oro en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2009, fue medalla de oro​ en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo 2011, y lo más valioso y destacado: Ganó  la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 en la categoría pluma y la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en la categoría ligero. Ambas medallas quedaron grabadas en forma de recuerdo en sus antebrazos: en cada uno de ellos se tatuó los anillos olímpicos y la fecha de la conquista.

Toda una proeza, un récord difícil de igualar.

Toda esa campaña le permitió enhebrar una carrera profesional atípica; la inmensa experiencia que adquirió en el campo amateur lo condujo a un debut en el mundo rentado sin precedentes: debutó en un combate a 10 rounds, con la alternativa de pelear (en caso de conseguir la victoria), por el título del mundo. Sí, leyó bien. Nada de iniciarse con 4 rounds, a los suma 6. No; derecho a los 10 asaltos y en una suerte de eliminatoria para combatir por la corona mundial.

La empresa promotora Top Rank confió en él y le dio la oportunidad: un encuentro con el peligroso José Ramírez (25-3, 15 KO).  Entendió entonces, Vasyl Lomachenko que “parece algo raro pero estamos seguros de la determinación que tomamos;  sabemos por qué hago el debut a 10 asaltos e intentaré conquistar el título mundial en mi segundo combate. Tuve una larga y constante carrera amateur, no veo por qué no podemos hacerlo también como profesional. Será una buena pelea, he soñado con esta posibilidad durante mucho tiempo, estoy preparado. No quiero ser un boxeador más, quiero hacer mi propia historia”. Sus palabras denotaban total confianza para tan atípico debut.

Tuvo una presentación espléndida. En el Thomas & Mack Center, Las Vegas, Nevada, USA. La gente, la TV, la promotora…Un primer round dominante donde derribó al mexicano con un derechazo tremendo. Dominó los siguientes asaltos, y en el cuarto lo noqueó con una tremenda combinación y un uppercut de izquierda cuando faltaban pocos segundos para finalizar el round.

De ahí, a la chance por el título mundial pluma de la OMB ante Orlando Salido. Pero no iba a ser su noche. Salido perdió su corona al no poder dar el peso, subió al ring con una ventaja de 11 libras y mantuvo una pelea sucia, enredada que se llevó por decisión dividida. Una frustración para Lomachenko, que no se amilanó. Agradeció la oportunidad (“Hice lo mejor que pude, dí lo mejor de mí, gracias a todos por esta oportunidad”) y no se quejó de los jueces y el fallo: “No, no tengo nada que decir sobre el jurado. Yo soy un boxeador y mi trabajo es boxear. No opino de la tarea de los jueces”, le respondió a la cadena HBO sobre el mismo ring, apenas finalizado el combate. Ni tampoco se quejó de la tarea sucia de Salido: “No se si sus golpes bajos fueron intencionales, yo soy un boxeador limpio y hago lo mejor, pero sus infracciones no puedo juzgarlas. Tampoco tiene mucha importancia ahora eso”.

A los tres meses se presentó en StubHub Center, Carsson, California y derrotó al norteamericano Gary Russell Jr. Para conquistar el título mundial de los plumas en la versión de la OMB.

Hizo tres defensas del título pluma y el 11 de junio de 2016 se enfrenta al campeón mundial superpluma de la OMB, el portorriqueño Rocky Martínez por dicha corona, en el teatro del Madison Square Garden de New York

Una excelente combinación en el quinto round le dio la victoria al ucraniano. Un uppercut de izquierda para conmoverlo, hacer retroceder al portorriqueño, bajar la guardia y un fortísimo cross de derecha lo derrumbó para toda la cuenta. Un Knock out de aquellos. La hazaña estaba lograda; en muy poco tiempo había conquistado dos medallas doradas olímpicas y en tan sólo siete presentaciones como profesional, había ganado dos títulos mundiales.

“Estoy muy feliz por este triunfo –señaló a la TV a penas finalizado el match-  había trabajado muy duro en lo físico y en lo mental para llegar bien a la pelea por el título. Me preparé por mucho tiempo para llegar a esto.”

“En primer lugar tengo que agradecer a Bob Arum por darme la oportunidad; sin ella, no podría hacer historia, que es lo que quiero”.

En ese momento, lo convocaron al célebre promotor y sus palabras deberán ser muy escuchadas y tenidas en cuenta: “Vasyl Lomachenko es el más grande boxeador que tenemos hoy en día; es brillante. Si Muhammad Alí es el más grande de todos los tiempos, Vasyl Lomachenko es el más grande de nuestro tiempo; el más grande de hoy”.

El ucraniano había conquistado al mundo. Ese combate fue consagratorio.

Defendió la corona superpluma en Nevada, Maryland y California. Se mostró en una buena parte de Estados Unidos. Conforma y satisface a sus seguidores.

El 9 de diciembre de 2017 enfrentó al cubano Guillermo Rigondeaux  en el Madison Square Garden, el mítico escenario de New York.

Allí lo aguardaba un reto muy importante: un rival de renombre, de diferente estilo, con una buena historia también como amateur, y el deseo de tener una proyección profesional consagratoria.

Y tuvo una noche feliz, aunque no le sobró brillo. El cubano salió decidido en los primeros asaltos, pero cuando “Loma” leyó el combate que se presentaba, lo dominó, lo desbordó y apabulló hasta que Rigondeaux decidió no salir en el séptimo round.

El 12 de mayo volvió al Madison Square Garden para enfrentarse a Jorge Linares. Y alcanzó la gloria, porque la victoria le permitió llegar al Título Mundial Ligero de la Asociación Mundial de Boxeo. Un triunfo que tuvo su cuota de dramatismo: Si bien el europeo tomó el control desde el inicio, un recto de Linares lo derribó a Lomachenko, quien se vio por el suelo por primera vez en su carrera.

Sin embargo, se recompuso. Y retomó la andanada de golpes, coronada en el séptimo round cuando lo tiró con un violento gancho al hígado que le impidió a Linares continuar.

Otra noche de gloria para un hombre que suma títulos Mundiales con muy pocas peleas profesionales, que ha logrado tres cinturones con apenas 12 combates rentados, y que se ha convertido en una estrella de ésta época.

 

Hernán O’Donnell

Hamilton devuelve gentilezas y el campeonato se enciende

Haba quedado grabada la victoria de Vettel en Silverstone. Para los amantes de Ferrari, los seguidores del alemán y también, por supuesto, para los fans de Lewis Hamilton y la multitud de ingleses que aguardaban por su triunfo.

Pero la vida siempre ofrece una nueva oportunidad. una nueva chance, otro día por vivir y por lograr cosas. Y el Increíble GP de Alemania, en el histórico circuito de Hockenheim ofreció una variedad de alternativas para ver un episodio de la Fórmula 1 excitante y atrayente.

Fue la tarde del reencuentro. La tarde en que Lewis volvió a acercarse al campeonato. La tarde en que largó en el 14º lugar de la grilla y tras una gran remontada, ayudado por una lluvia corta y oportuna para él, logró un valiosísimo triunfo de cara al futuro.

La salida fue limpia y sin alteraciones. Sebastian Vettel tomó la punta y ya no la soltó más. Detrás se ubicaban Valteri Bottas, Kimi Raikkonen y Max Verstappen. Y ese orden se mantuvo por unas cuantas vueltas, mientras Hamilton sumaba posiciones a partir de la enorme velocidad de su Mercedes.

Al promediar la carrera, comienzan las novedades: primero abandona Daniel Ricciardo, por problemas en el motor de su Red Bull. Enseguida, comienzan las detenciones en boxes, con el pronóstico de lluvias que se acercaban.

Pero Hamilton coloca gomas ultrablandas, en una apuesta a que no habría lluvia o esta fuera muy poco influyente. El resto, prefiere neumáticos más apropiados para el agua.

Cuando el aguacero se desató, llegaron las emociones. El agua se acumulaba y hacía indomable la pista; Bottas aprovechó para superar a Raikkonen, quien se le había adelantado en una parada de boxes anterior. En algunas zonas, los charcos empezaban a profundizarse. Y llegó el despiste de Sebastian Vettel, en la curva 13 tras despistarse y chocar contra el muro; un erro de domino le costaba caro al alemán. Hamilton pasaba al primer lugar cuando sólo quedaban 13 giros y Bottas amagó con darle pelea, pero el equipo Mercedes no quería problemas.

El resto fue la confirmación de Lewis. Aceleró una y otra vez, marcó dos records de vuelta y logró el triunfo en un Gran Premio que recordará por mucho tiempo. Había largado 14º y llegaba 1º, había apostado por neumáticos ultrablandos y resultó un éxito, supo defenderse del ataque de su compañero Bottas, pudo acelerar para ganar y le devolvió la gentileza a Vettel de vencerlo en su tierra.

 

Hernán O’Donnell

 

La Copa Argentina se llenó de sorpresas

Está por terminar la primera semana de la fase final de la Copa Argentina; esa que tiene a los grandes del fútbol nacional, a los más encumbrados de Primera División (o la Superliga) y del Nacional B, más aquellos equipos del ascenso y del interior que lograron sortear varias fases y entraron en el “cuadro” de 32avos de final, el que se emite y se imprime para ver la parte más emocionante del torneo.

Arrancó el lunes con una primera sorpresa: Luján, de la Primera C, le ganó por 1 a 0 a Agropecuario, animador del Nacional B y empezó la semana de las sorpresas. Ese mismo lunes a la noche, San Lorenzo, acompañado por una multitud, vencía 1 a 0 a Racing (Córdoba) en el Estadio de Arsenal.

Pero ya Luján había dado un batacazo. Que siguió el martes: Central Córdoba de Santiago del Estero, de reciente ascenso al Nacional B, estuvo a punto de vencer a Vélez en el estadio de Temperley. Sobre el final el “Fortín” llegó a la igualdad por 1-1 y en la tanda de penales, el equipo de Gustavo Coleoni se impuso por 4-3. Otro golpe de un equipo de una categoría inferior a otro de una superior.

Villa Dálmine parecía liquidado ante la UAI Urquiza. Parecía. El partido había finalizado 0 a o. En la serie de penales, la UAI había convertido sus primeros 3 y Dálmine errado 2. Era 3-0, con un tiro menos es cierto, pero ya no se podía fallar. El conjunto de Campana debía convertir los 3 que le quedaban y la UAI errar los dos para poder igualar la serie. Y sucedió. Convirtió y achicó la ventaja a 1-3. El travesaño lo ayudó en el penal siguiente de la UAI. Marcó para arrimarse al 2-3. El arquero de la Uai Urquiza tiró su remate muy alto. Igualó 3-3. La hazaña empezaba a tomar forma. Doboletta, arquero de Dálmine se quedó parado en el medio y atajó el penal en la primera serie de uno para definir. Y tomó la pelota con confianza y selló la remontada con un remate seco y abajo: 4 a 3, la película estaba terminada.

Pero las emociones seguirían en la semana. La gente se prendió a los partidos como una continuidad del Mundial: a Fútbol a toda hora por un canal de cable, vacaciones de invierno, un tiempo más relajado para ver y disfrutar. Y llegó el turno de Lamadrid. El equipo que acaba de lograr el ascenso de la Primera D a la C, perdía 0-1 con Banfield y también existía la sensación de cosa juzgada. Pero no se rindió. Y en el segundo tiempo, cuando iban ya 65′ llegó al empate. Y así terminó, para dar paso a una serie loca de penales. Uno convertía y el otro erraba. Empezó Banfield, Rodríguez no pudo: el palo dijo que no; Convirtió Lamadrid: La serie 1-0. Segunda tanda: López, gol para Banfield; Arboleda ataja y la segunda vuelta queda 1-1. Tercera ejecución: Erra el de Banfield, convierte Lamadrid: 2 a 1 gana el “Carcelero”. Vamos a la cuarta serie: Bertlo al ángulo, golazo; Vera lo estrella en el travesaño: ahora queda 2 a 2 y un remate para cada uno. Quinta y última serie: Civelli afuera y el arquero de Lamadrid, Acosta, convierte: 3 a 2 definitivo para el equipo más humilde en la serie más eléctrica de todas.

Una caja de pandora. Una bolsa de sorpresas. La Copa Argentina no es el mundial, no tiene esa jerarquía, es obvio aclararlo. Pero se llenó de emociones, de partidos intensos y de resultados inesperados. Mientras el fútbol local empieza su lento regreso, este torneo, oficial, nos llena de fútbol cada día, con partidos luchados, entretenidos y de resultados inciertos hasta el último segundo.

 

Hernán O’Donnell

El misterio de Alexis Argüello

Cuando le preguntamos al gran Oscar de la Hoya quien había sido su ídolo, su máximo referente en el boxeo, nos sorprendió con la respuesta. No es que no lo mereciera, pero imaginábamos nombres como Muhamadd Alí o Sugar Ray Leonard. Sin embargo su respuesta fue contundente: “Todos ellos han sido fantásticos boxeadores, pero mi ídolo siempre fue Alexis Argüello”. Un leve murmullo de sorpresa recorrió el salón del hotel del centro de Buenos Aires. Oscar hacía referencia a un boxeador notable, inmenso, muy grande, sí, que quizás no estuvo en esa galería imaginada de las 5 o 6 celebridades de todos los tiempos: Joe Louis, los mencionados MuhammadAlí y Sugar Ray Leonard, o Roberto Durán. Tal vez Marvin Hagler. Argüello fue un verdadero artista en el ring y un caballero fuera de él. En la década del ’70 y en los muy tempranos años ’80 fue uno de los pugilistas más cautivantes que quizás no fue apreciado en toda su dimensión.

Para un hombre como Oscar, que comenzó a boxear a los 5 años, que toda su familia está ligada al deporte y que vio a grandes campeones durante muchos años (hasta convertirse él en uno de los más grandes de la historia) nombrar a Argüello era toda una definición: ¿Cuan grande pudo ser Alexis para cautivar al joven de la Hoya? ¿Quién fue, entonces, Alexis Argüello, el ídolo de quien años más tarde sería uno de los ídolos más inmensos de este deporte?

Alexis Arguello nació en Managua el 19 de abril de 1952. Fue un boxeador completo, fino, elegante y agresivo. Lo llamaron “El flaco explosivo”. Sus inicios no fueron demasiado claros, pero el 23 de noviembre de 1974 tuvo su oportunidad y no la desaprovechó: en el Forum de Inglewood, en Los Angeles, California Alexis tuvo un muy duro combate con el mexicano Rubén Olivares, quien supo dominarlo y hasta el 13er round (en aquel entonces, los combates eran a 15 asaltos) llevaba ventaja en las tarjetas. Pero un gancho de izquierda de Alexis en ese 13er round envió al mexicano a la lona. Con mucha dificultad, logró levantarse y fue en busca del nicaragüense. Grave error. En el intercambio propuesto, un uppercut de Arguello lo envió a la lona de modo definitivo.

Alexis Arguello se consagraba Campeón Mundial Pluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

Se iniciaba así una etapa de gloria y honor que lo llevó a conquistar tres Títulos Mundiales. Su figura creció y defendió su corona con cuatro éxitos resonantes.  El paso del tiempo le sugirió que era necesario subir de categoría: El 28 de enero de 1978 derrotó al portorriqueño Alfredo Escalera y logró su segundo título Mundial, en esta ocasión el de la categoría superpluma del Consejo Mundial de Boxeo. Fue una pelea sangrienta, dura, en la que se llamó “La Batalla de Bayamón”. Escalera le había hecho daño en un ojo, en la boca y la naríaz, pero Alexis acabó con él en el 13er asalto. En esta categoría tampoco tuvo rivales; uno a uno cayeron todos los desafiantes.

Su crecimiento físico lo condujo a subir de categoría; el 20 de junio de 1981 venció a Jim Watt en Londres, Inglaterra y se consagró Campeón Mundial Ligero también por el CMB.

El 3 de octubre de 1981, en Atlantic City, le ganó a Ray “Boom Boom” Mancini, en uno de sus triunfos más valorados, considerado por “The Ring” como el combate del año. Dos boxeadores en excelente forma y con un alto nivel de pugilismo sin amarres, sin cortes, con un boxeo franco y ofensivo. Era la gran pelea que el mundo esperaba y lo catapultó a Argüello a la galería de los elegidos.

Cuando llegó 1982 empezó el declive. Ese año cayó ante el estadounidense Aaron Pryor, lo que marcaría su inevitable declive. De ese combate quedó una sospecha de consumo de estimulantes por parte de Pryor. Este, para acallar las críticas, le ofreció el desquite y volvió a vencerlo.

La estrella de Arguello comenzaba a apagarse. Se alejó de los rings. Regresó en 1984. Se fue y volvió a combatir en 1995, con más de 40 años. Ya no era aquel boxeador letal ni los días de gloria lo acompañaban.

Las adicciones envolvieron sus días de retirada. Flaqueaba, caía y cuando parecía enderezarse, otra vez caía en el vacío de las drogas.

Se volcó a la política. Fue vice-alcalde de Managua entre 2005 y 2008. Comenzó a trabajar en proyectos sociales y deportivos, “quería devolverle al país algo de lo que el país le había dado”, dijo un tiempo después. El 9 de noviembre de 2008 gana las elecciones municipales y ese año asume como Alcalde de la Capital de Nicaragua. Pero las cosas no funcionaron como pensaba. Comenzó a tener divergencias con la gente de su partido, el Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) y no dejó de expresar en forma pública esas diferencias.

La madrugada del miércoles 1º de julio de 2009, Nicaragua despertó sacudida por la noticia triste, cruel, inesperada: Alexis Arguello, el Alcalde de Managua, el Gran Campeón Mundial de boxeo había muerto. Poco se supo entonces qué había sucedido. La Policía informó que la causa fue suicidio y poco tiempo después se archivó el expediente del caso. El informe oficial señaló que durante la investigación del hecho, se halló en su habitación un arma 9 milímetros que pertenecía a él, que tenía un solo disparo y presentaba las huellas digitales de Argüello. Al día siguiente, el jueves 2 de julio el director del Instituto de Medicina Legal (IML), Doctor Zacarías Duarte en una concurrida conferencia de prensa, anunció que el ex boxeador sólo presentaba un disparo a la altura del tórax. “No hay ningún signo que indique que haya habido violencia, que haya habido lucha o que haya habido defensa; su cuerpo está totalmente indemne de cualquier otro tipo de lesión”, dijo Duarte. Se informó que el disparo mortal se habría producido entre las 3 y las 3.30 am de ese día 1º de julio.

Una multitud lo lloró en su despedida el viernes 3 en el Palacio de Cultura. Sin embargo, algunas voces se levantaron para manifestar sus sospechas.  Dora Argüello, hija del célebre campeón, sostuvo y aún sostiene que no cree en la versión oficial. Que vio el cuerpo de su padre golpeado, con la cara marcada, como si hubiera sufrido una golpiza antes de morir. Con algunas fotos como prueba, la primogénita sostiene que tiene golpes en la cara, en un ojo, en el labio superior y una marca en un nudillo, debajo de un anillo, como si hubiera golpeado para defenderse. Para ella, a su padre lo mataron y responsabilizó al gobierno.

Varios testigos indicaron que se escuchó una detonación en su cuarto y sólo había un orificio de entrada y otro de salida. La mujer de Alexis confirmó en varios medios periodísticos la versión del suicidio. Pero los hijos creen otra cosa.

Las versiones se reprodujeron, contradictorias, durante todos estos años. Aún hoy se mantienen. El gran campeón fue llorado por una multitud durante los días posteriores a su fallecimiento. Y la discusión no se acaba. Hay quienes aún se señalan sus contradicciones con el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), su discrepancia con el partido, las contradicciones de representar al Frente alguien como él, que en su apogeo boxístico fue acusado de simpatizar con el gobierno de Anastasio Somoza. Otros comentan que sus diferencias con el orden cerrado del partido gobernante lo llevaron a una situación delicada, que pensaba renunciar a la alcaldía y ofrecer una amplia conferencia de prensa para aclarar todo.

Han pasado 6 años y poco se aclaró de la muerte de Alexis Argüello. Aquel flaco desgarbado, potente, lúcido, con una pegada durísima, aún es un enigma en su final. Pero también es el ejemplo de miles de nicaragüenses que ven a una figura estelar, humilde, trabajadora y exitosa. Se convirtió en la leyenda del deporte más importante de Nicaragua. Una leyenda que trascendió tiempos y fronteras. Y su fama aún crece. Hace muy poco tiempo, el entrevistador Larry King le preguntó a Floyd Mayweather con quien le hubiera gustado pelear, con que boxeador aunque ya hubiera fallecido. Y Floyd lo sorprendió con su respuesta: “Alexis Argüello” Ante el desconocimiento del reportero, “Money” le aclaró: “Era un luchador increíble. Un boxeador increíble”.

“El boxeo de mi época era más místico que el de hoy –dijo poco antes de morir- Nosotros nos preparábamos, tirábamos combinaciones: jab, recto derecha, golpe cruzado, uppercut, recto izquierda. Hoy se ven boxeadores con 3 golpes: jab, recto y gancho. Jab, recto y gancho…”. En esa nota hablaba de sus proyectos sociales, del fomento del deporte, del boxeo de cada época. Todo tuvo un abrupto final.

Nicaragua aún lo llora, pero también lo venera. Como aquel muchachito, Oscar de la Hoya, que en su camino triunfante en el boxeo lo vio como un faro que iluminaría su camino.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

¿Que fue de la vida de Richie Kates?

Cuando Richie Kates celebraba su cumpleaños número 23, en la ciudad de Johanesburgo,  Sudáfrica, muy lejos de la Bridgeston que lo vio nacer en el estado de New Jersey, no podía imaginar que al día siguiente iba a enfrentar el combate que cambiaría su vida.

No podía saber que enfrentaría una batalla dura, épica y sangrienta en la cual no sólo saldría derrotado, sino que su carrera deportiva tomaría un rumbo errático, sombrío, lleno de sobresaltos.

Hasta entonces, era un semipesado que había trazado un largo y sacrificado camino, pero rodeado de éxitos con un record de 32-1; ganó sus primeros 18 combates con 13 KO’s, hasta que Eddie Owens lo derrotó por KO 7 en el ya lejano 11 de octubre de 1972 en Philadelphia. Luego de esa caída, continuó con su brillante carrera e hilvanó 14 triunfos consecutivos, para llegar a ese célebre enfrentamiento del 22 de mayo de 1976.

Todo era optimismo en el día previo. El cumpleaños, el record positivo, el entrenamiento realizado y el gran sueño de estar ante la chance de pelear por el título Mundial Semi-Pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA). Tenía claro que enfrente había un gladiador argentino, un guerrero del ring. Pero se sentía confiado. El hombre que lo han inscripto como nacido un 21 de mayo de 1951, aunque luego se dijo que en realidad había nacido en 1953 y le adelantaron dos años para que sea profesional a la edad de 16 años (“Creo que fue una decisión equivocada”, le dijo a la página boxing.com, un tiempo después), criado en los barrios bravos de New Jersey, había tenido una buena preparación como amateur, con un interesante record de 57-4, y se sostenía en su larga experiencia; era joven aún, pero acumulaba muchos rounds en su carrera.

Además, llegaba con un gran antecedente: su triunfo ante Pierre Fourie en el mismo Rand Stadium de Johannesburgo fue de lo mejor recuerdo de Kates en Sudáfrica. Esa victoria lo puso en línea para una oportunidad frente a Galíndez, pero el norteamericano siempre  recuerda con mucha alegría la ovación de la gente y el  cariño que recibió de la población negra que había sido apretujada en un área restringida del estadio.

Sin embargo, esa no iba a ser su noche. Con una gran preparación y un cuidado plan de pelea, Kates asumió que estaba ante la oportunidad de su vida. “Salí decidido y gané los primeros 3 rounds”, recordó Kates un tiempo más tarde. “En el tercero lo corté y cuando el árbitro lo acompañó a la esquina, pensé que había ganado”, agregó. “Galíndez se dio vuelta y el árbitro lo acompañó a la esquina. Pensé que había ganado el título, pero no. Permitió que lo atendieran por 30 minutos”, exageró el entonces retador.

“Galíndez se quejó de un cabezazo, pero lo cierto es que lo golpee con un gancho de izquierda y lo lastimé”, señaló Kates. Y en una nota concedida a Carlos Irusta, allá por mayo de 1991, para la Revista El Gráfico, amplió un poco más la situación: “Hubo un roce con la cabeza, pero también el golpe existió. Y se produjo el corte más grande que vi en mi vida. Me di cuenta de que la pelea no podía seguir. Vi como Galíndez se dio vuelta, quejándose del dolor(… ) Galíndez no quería seguir peleando, Lectoure ganó esa pelea…”, declaraciones que se reproducen en el libro “El sendero del guerrero”, de Carlos Irusta.

Pero estaba escrito que no sería, esa, su noche. El campeón Galíndez curó, de modo parcial, su herida y volvió al ruedo como un toro embravecido. Y dio pelea aunque la sangre que derramaba su ojo le impedía ver con claridad y recurría a la camisa del árbitro Christodoulou para limpiarse.

En el último round Galíndez lo derriba y logra el KO. El equipo de Kates insistió, siempre, en que el combate fue detenido cuando restaba un segundo para terminar el 15º y último asalto. Y creen que superaron el conteo.

“Muchas cosas sucedieron esa noche; aún lamento como no pude conseguir el título, aunque a los ojos de mucha gente, me vieron como a un campeón. Creo que hubo cosas que no pude capitalizar”.

Lo cierto es que a partir de allí, su carrera, hasta entonces intachable, se vio alterada y ya nada fue lo mismo. “Nunca más volví a ser el boxeador que era después de esa primera pelea frente a Víctor Galíndez”, afirmó Kates. “Siempre sentí que en ese combate se había cometido una gran injusticia y nunca pude dejarlo atrás”.

Y así comenzó un declive que le impidió llegar a lo más alto. Incluso tuvo una nueva oportunidad ante el argentino un año más tarde, en Roma, Italia el 18 de junio de 1977. Pero Richie Kates no discute el resultado de ese segundo pleito. “Yo estaba lento y no hice lo necesario para ganarle al campeón”, explicó. “Galíndez era un boxeador muy  duro y tenías que dejar todo para poder vencerlo. Yo no hice tanto como debería haberlo hecho en esa pelea, y no merecí la victoria.”

De a poco, el público argentino se olvidó de él. Ya nadie supo que fue de su vida, como siguió su carrera, con quienes se enfrentó, de que forma continuó en el boxeo…ya nadie en la Argentina habló de él. Nadie supo que esa noche marcaría su rumbo y su destino; que su sendero continuó lleno de sobresaltos. Comenzó a alternar victorias con derrotas. Algunas, en grandes combates, como el que perdió ante Matthew Saad Muhaamad quien lo venció en Philadelphia.

En el año 1979 se midió ante James Scott, un muy buen boxeador que purgaba una condena en la prisión estatal de Rahway, en el estado de Nueva Jersey y allí mismo se celebró el combate. Y perdió una vez más, ante un pugilista que estaba encarcelado pero era, para muchos, el mejor del momento.

Entre idas y vueltas, triunfos y caídas, le llegó el momento del retiro. Sucedió el 26 de octubre de 1983, en el Sands Hotel Casino de Atlantic City, con un triunfo frente a Jerry Martin. Era el momento del adios. Luego preparó boxeadores en el departamento de correccionales de Nueva Jersey, formó una hermosa familia y se recluyó en Vineland, New Jersey y aún sigue ligado al pugilismo.

El público argentino poco supo qué había sido de su vida; para ellos, ya hacía rato que formaba parte de los recuerdos; añoranzas que para él también quedaron sepultadas en aquella mítica noche del 22 de mayo de 1976, donde protagonizó un combate duro, sangriento y dramático, del que nunca más se pudo recomponer.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)