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Regresa la NFL con un Super Bowl anticipado

Los Angeles Rams, vigentes campeones, recibirán en el Sofi Stadium a los Buffalo Bills, candidato al trofeo Vince Lombardi.

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Crédito: @NFL

7 meses han trascurrido desde aquel 13 de febrero en el que Los Angeles Rams se hicieron con el Super Bowl. Vencieron a los Cincinnati Bengals, liderados por la joven sensación en el puesto de mariscal de campo, Joe Burrow. Aquella final de la NFL se disputó en el estadio de los Carneros y fue testigo de la consagración del conjunto local. Este jueves 8 de septiembre, el mismo escenario donde se cerró la temporada 2021 dará inicio a la temporada 2022. Otra vez Los Angeles Rams y otra vez un rival liderado por otro mariscal de campo sensacional, Josh Allen.

Todo parece ser una celebración y tributo al campeonato del equipo de Sean McVay, sin embargo, su plantel no es el mismo y Buffalo llega a la ciudad de la Costa Oeste con hambre y motivación suficiente para frustrar los festejos locales. La adición de Von Miller (campeón con los Rams en la última temporada) hace a los Bills un rival aún mas temible. Quizás la mayor deficiencia del equipo del Estado neoyorquino se ve rellenada por la presencia del experimentado “pass-rusher” y dos veces ganador del Super Bowl, quien dejó en claro durante la pretemporada su intención de ganar el trofeo Lombardi otra vez.

Sofi Stadium se prepara para un partido vibrante. / Crédito: @RamsNFL

Los Rams tampoco contarán con su confiable tackle izquierdo, Andrew Whitworth, quien se retiró tras la victoria en el Super Tazón, más que satisfecho con su extensa carrera en la NFL y ansioso por enfocarse en su familia y sus hijos. Otra baja de cara a esta temporada será la partida del receptor Odell Beckham Jr. quien fue determinante en la final ante los Bengals, previo a sufrir una lesión que lo retiró de manera temprana de dicho encuentro. En su lugar, los Rams firmaron como agente libre al siempre confiable, Allen Robinson II, quien promete ser de gran utilidad no solo como opción en el centro del campo, sino también para generarle espacios al receptor estrella, Cooper Kupp.

Ambos equipos tienen en sus mariscales de campo brazos fuertes y confiables que pueden lanzar pases de larga trayectoria, que rompan los esquemas defensivos rivales. Matthew Stafford se recuperó de una molestia en el codo derecho y declaró sentirse mejor que en la Semana 1 de la temporada pasada. Comentario que ilusiona a todos los aficionados del equipo californiano. Será dificil superar lo obtenido en la ultima campaña, pero Stafford querrá aprovechar los tiempos de gloria tras tantos años de frustraciones en la franquicia de Detroit.

Bills hacen historia con su victoria por paliza sobre los Patriots
Josh Allen y su línea ofensiva.

Por el otro lado, la figura de Josh Allen habla por sí sola. El joven QB se ha consolidado como uno de los 5 mejores en su puesto, combinando su explosividad aérea con su potencia terrestre. Es un dolor de cabeza incesable para todo coordinador defensivo. Buffalo tiene en Allen y Stefon Diggs una dupla imparable y con la ambición recargada tras la derrota en la ronda divisional con los Kansas City Chiefs. La herida de esa caída sigue ardiendo en la piel de Buffalo y sus fanáticos, pero no ha hecho más que fortalecerlos y postularlos como los favoritos al título de este año.

Los dos equipos tienen armas ofensivas, pero también poseen neutralizadores defensivos. Al ya mencionado Von Miller, en Buffalo se suma la presencia del esquinero, Tredavious White, respetado por todos los receptores y catalogado como uno de los mejores en la National Football League. White forma junto a los “safeties”, Jordan Poyer y Micah Hyde, una seguridad aérea en la defensa de los Bills, con la capacidad de cubrir en zona y al hombre con la misma eficacia. Los apoyadores, Matt Milano y Tremaine Edmunds le dan un colchón necesario en la defensa de los acarreos por tierra del rival.

Los Angeles cuenta con Jalen Ramsey, considerado por la mayoría como el mejor esquinero de la liga, y en su línea defensiva junta a Aaron Donald y Joseph-Day, capaces de desarmar toda protección al QB y no darle tiempo a los receptores de liberarse de sus coberturas. En el puesto de “linebacker” firmaron al gran tackleador de Bobby Wagner.

Los Ángeles Rams ganan el Super Bowl LVI - Noticias y chismes de la  farándula mundial
El festejo del campeón.

Los Bills y Rams comparten fortalezas y muchas similitudes. La diferencia estuvo en los métodos. Los Angeles apostó todo su futuro por el presente y le pagó con un Super Bowl y la ilusión de más. Buffalo seleccionó a su mariscal de campo franquicia en el Draft y con paciencia construyó un equipo voraz. Hasta ahora no alcanzó el éxito, pero van por buen camino. Este jueves 8 de septiembre afrontan un partido bisagra, un examen de principio de semestre y una final anticipada, todo eso significa este partido.

El campeón recibe al candidato y presunto heredero al trono. Buffalo llegó a 4 finales consecutivas en su historia, pero jamás se consagró. Liderados por McDermott como Entrenador en Jefe y con Josh Allen toda la “Bills Mafia” confía en que esta es su oportunidad. Para demostrarlo que mejor que batir al Rey en su castillo. Pocas veces un enfrentamiento en la Semana 1 ha significado tanto para el desarrollo de la temporada regular. Stafford vs Allen. El calor de Los Angeles contra el frío de Buffalo. Rams vs Bills, Semana 1. Un duelo de “Super Bowl” para empezar la temporada.

Federico O’Donnell

Super Bowl LVI: Cincinnati Bengals va por la gloria con Joe Burrow, el joven estrella que no quería ser quarterback

Cincinnati buscará su primer Super Bowl de la mano de Joe Burrow. Crédito: Twitter @Bengals

Tuvieron que pasar 33 años para que la ciudad de Cincinnati vuelva a ilusionarse con alcanzar, por primera vez, la gloria máxima en la NFL. El domingo 13 de Febrero de 2022, en Los Ángeles, los Bengals harán su primera aparición en un Super Bowl desde 1988. Se enfrentarán ante los Rams en su casa, el SoFi Stadium, en un evento que incluirá un concierto plagado de estrellas en el entretiempo.

Un escenario que ni el más optimista podría haber imaginado meses atrás, aún cuando los Bengals tenían un inicio de temporada prometedor. De hecho, el propio quarterback del equipo, Joe Burrow, admite que no esperaba llegar tan lejos antes de que comience la campaña: “Creo que si me hubieras dicho antes de que iniciara la temporada que llegaríamos al Super Bowl, probablemente hubiera dicho que estás loco. Después, jugamos toda la temporada y nada me sorprende”.

La temporada 2021 significó un giro rotundo para la franquicia de Ohio. De ser últimos en su división, la AFC Norte, por tercer año consecutivo en 2020, pasaron a ser los ganadores, por encima de los Pittsburgh Steelers, Cleveland Browns y Baltimore Ravens. A partir de ahí, gestaron el camino hacia el Super Bowl LVI, al que accedieron tras una épica remontada ante los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes en la final de la Conferencia Americana.

La transformación de los Bengals, que dejaron atrás su mote de equipo débil para convertirse en uno de los más respetados de la liga en tan sólo un año, tiene mucho que ver con la llegada de Burrow. Tras una decepcionante temporada en 2019, en la que terminaron con récord de 2-14, los Bengals se aseguraron la primera selección del Draft del año siguiente por ser el equipo con la peor marca. Y no dudaron al momento de elegir a quien venía de tener un año fantástico en el fútbol americano universitario.

El fútbol americano, en los genes de los Burrow

Nacido un 10 de diciembre de 1996 en Ames, Iowa, la vida de Joe Burrow estaba ligada al deporte ni bien llegó al mundo. Su padre, Jim, jugó fútbol americano universitario en Nebraska (al igual que los hermanos mayores de Joe, Jamie y Dan) y tuvo una larga trayectoria en los roles de entrenador asistente (Iowa State y Nebraska) y coordinador defensivo (North Dakota State y Ohio University).

Sin embargo, Burrow no quería ser quarterback al principio: “Quería ser corredor o receptor, no sé por qué. Supongo que pensaba que en el fútbol americano infantil no lanzarían mucho el balón, así que quería tenerlo en mi mano. Obviamente, me alegro de que haya funcionado. Esta es mi carrera, no sé si podría haber sido receptor en la NFL, pero puedo jugar de quarterback bastante bien.” El tiempo le dio la razón a su entrenador de la infancia, que lo formó en esa posición. Mientras su padre trabajaba en la universidad de Ohio, Burrow asistía a la secundaria en Athens. Allí, se destacó tanto en fútbol americano y básquetbol, aunque luego optaría por el primero.

Como quarterback de los Bulldogs, Burrow condujo a la escuela a los playoffs en tres años consecutivos antes de dar el salto a la universidad. Su excelente estadía en Athens (11400 yardas aéreas y 157 touchdowns) culminó con un gran 2014 que le valió el Mr. Football Award, un premio al mejor jugador de fútbol americano de escuela secundaria en Ohio. Cuatro años después, el estadio de la escuela fue renombrado en honor a Burrow.

El estadio de fútbol americano de Athens High School fue renombrado en honor a Burrow. Crédito: Twitter @ACSD_Athletics

La irrupción a la escena nacional

Su explosión en el fútbol americano universitario tardó en llegar. Luego de tres temporadas en Ohio State (aunque en la primera no jugó para adaptarse y estirar su período de elegibilidad), donde sólo jugó 10 partidos y se graduó en servicios financieros para el consumidor y la familia, Burrow se cambió a Louisiana State University (LSU) en 2018 y a partir de allí escribiría otra historia. Fue nombrado quarterback titular en su primera temporada, en la que completó casi 3000 yardas con 16 touchdowns y cinco intercepciones. Y el año siguiente fue aún mejor.

El 2019 de Burrow es considerado como la mejor temporada de un quarterback en la historia del fútbol americano universitario. Ese año, Joe condujo a los Tigers de LSU a la consagración en el campeonato nacional tras una temporada regular invicta (15-0) y, además, ganó el Trofeo Heisman (otorgado al mejor jugador de fútbol americano universitario del año) con un récord de casi 2000 votos de diferencia sobre Jalen Hurts, hoy quarterback de Philadelphia Eagles.

Joe Burrow con el trofeo de MVP de la final del Campeonato Nacional de fútbol americano universitario en 2019. Crédito: Twitter @LSUFootball

Con 5671 yardas, 60 touchdowns y seis intercepciones en aquella temporada, Burrow se despidió del deporte universitario acumulando un registro total de 8852 yardas, 78 touchdowns y once intercepciones. Ya estaba listo para dar el paso a la NFL y sería sin lugar a dudas el jugador a elegir por los Bengals, que contaban con la primera posición del Draft.

La primera selección suele generar la esperanza de que el destino de un equipo puede cambiar, pero muchas veces las expectativas no son cumplidas o hace falta algo más que un jugador para lograr modificaciones. En su año de novato, parecía que Burrow tendría una misión imposible en tratar de revertir la suerte de Cincinnati.

Una revolución en Cincinnati

Fue nombrado titular ni bien se sumó a los Bengals, pero las debilidades de la línea ofensiva y la carencia de talento en otras posiciones dejaron al recién llegado un tanto solo. Ya en la segunda semana frente a los Browns, en la que firmó 316 yardas y tres touchdowns, se reflejaba la falta de ayuda que Burrow recibía, ya que el equipo no pudo aprovechar su gran actuación y perdió 35-30. Aunque logró su primera victoria dos semanas después, al equipo le costó levantar cabeza y la NFL le terminaría proporcionando una dura bienvenida al joven quarterback: en la semana 11 frente a Washington, una lesión de gravedad en su rodilla izquierda le impidió a Burrow terminar la temporada. Los Bengals terminaron el 2020 con un pobre récord de 4-11-1. Era esperable que Cincinnati tardara un tiempo en fortalecerse, aún con el prometedor quarterback en sus filas. Pocos imaginaban que el salto llegaría en la próxima temporada.

Con la quinta selección del Draft 2021, los Bengals seleccionaron al talentoso receptor Ja’Marr Chase, quien además de asomar como uno de los jóvenes más prometedores de su camada, ya se conocía muy bien con Burrow de sus años en LSU.

El reencuentro de Joe Burrow y Ja’Marr Chase dio resultado en Cincinnati. Crédito: NFL.com

El quarterback encontró en él al socio que le faltaba en el campo de juego: con 81 recepciones, Chase aportó 1455 yardas (récord de la NFL para un rookie y la mejor marca en la historia de la franquicia) y 13 touchdowns. Teniendo en cuenta su química en los años universitarios (conectaron 621 de 906 pases para lograr 8565 yardas, 76 touchdowns y 11 intercepciones en dos temporadas juntos en LSU), podía anticiparse que este dúo funcionaría muy bien. Solo que nadie sabía que lo lograrían tan rápido.

Sin embargo, no fue solo la llegada de Chase lo que potenció a Burrow. Aunque los problemas de la línea ofensiva persistieron, ya que Burrow recibió 51 sacks en la temporada regular y otros 12 en los playoffs, los cambios en la defensa potenciaron al equipo: agunas de las caras nuevas fueron BJ Hill, Larry Ogunjobi y Trey Hendrickson (quien firmó libre y registró 14 sacks).

Una decisión clave fue la selección del pateador Evan McPherson en la quinta ronda del draft. Aunque muchos lo subestimaron, el tiempo le dio la razón a los Bengals. McPherson completó el 84.4% de las anotaciones de campo en la temporada regular y desempeñó un papel protagónico en el camino hacia el Super Bowl: convirtió las 12 anotaciones de campo que pateó en postemporada, incluidas las que le dieron la victoria a Cincinnati frente a Tennessee Titans y ante los Chiefs.

Desde luego, poco hubiera importado todo esto sin Joe Burrow. No solo se recuperó al 100% para el comienzo de la temporada, sino que volvió mejor todavía. Los Bengals empezaron con el pie derecho y, aunque tuvieron algunos altibajos en cuanto a resultados, su triunfo en la semana 16 ante los Ravens confirmó que tendrían una temporada ganadora por primera vez en seis años. Aquel día, Burrow se llevó todas las miradas al registrar 525 yardas (récord personal y de la franquicia) y cuatro touchdowns. La semana siguiente, Joey repitió una actuación estelar en el triunfo 34-31 frente a los Chiefs al lanzar 446 yardas y cuatro touchdowns para asegurarle a los Bengals el primer lugar en su división.
De esa manera, Burrow cerró la temporada regular con 4611 yardas y 34 touchdowns, lo que supuso un récord en la historia de los Bengals.

Semejante nivel significó también un aviso de cara a los playoffs. Burrow continuó haciendo historia en Cincinnati ni bien empezó la postemporada: el triunfo ante Las Vegas Raiders en la ronda de comodines terminó una sequía de 31 años sin victorias para los Bengals en los playoffs. El éxito en Tennessee en la ronda siguiente significó la primera vez que Cincinnati ganó como visitante en unos playoffs. En la final de conferencia, Burrow y compañía revirtieron un duro comienzo para remontar un 21-3 en contra, forzar el tiempo extra y ganar el juego a través de McPherson.

Por si había alguna duda, Burrow demostró que fue una acertada primera selección. Tan solo en su segundo año en la liga, logró lo que los Bengals tanto esperaron por más de tres décadas e ilusiona a Cincinnati con entregarle el esquivo trofeo Vince Lombardi. La franquicia había llegado al Super Bowl dos veces en su historia, en 1981 y 1988, pero cayó en ambas ocasiones ante los San Francisco 49ers.

Con su triunfo en la final de Conferencia Nacional, Los Angeles Rams evitaron una tercera final entre los Bengals y su verdugo. Aunque Matthew Stafford y compañía presentan un reto difícil, además de que jugarán en casa, nadie podrá quitarle la esperanza a Cincinnati, independientemente del resultado. Ya han sido muchos los años de pesimismo y frustración. Ahora es tiempo de creer, porque empieza un nuevo capítulo en su historia. Y quien mejor que Joe Burrow para ser quien lo escriba.

Martín O’Donnell

Una defensa superlativa y un Tom Brady encendido conquistan el Super Bowl LV para los Buccaneers

Tampa Bay Buccaneers volvió a conocer el sabor de la gloria en una noche soñada. Los Bucs aplastaron 31-9 a Kansas City Chiefs en el gran evento del deporte estadounidense, que además tuvo lugar en su casa, el Raymond James Stadium de Tampa Bay.

Tampa Bay Buccaneers brilló en el Super Bowl y se consagró. Imagen: @Buccaneers

Fue un recital del equipo de Bruce Arians, que comenzó a imponerse en el partido sobre el cierre del primer cuarto. Tras un inicio lento, en el que ninguno de los finalistas pudo prosperar con las posesiones, poco a poco la ofensiva buc empezó a ganar yardas hasta llegar al primer touchdown del encuentro. Avanzaron de a pasos cortos, pero seguros, de manera terrestre y aérea. Y ya cerca de la end zone, la legendaria dupla BradyGronkowski puso a los Bucs al frente del partido. A partir de ahí, el dominio de Tampa Bay fue abrumador.

Porque tras aquella anotación, Tom Brady y la ofensiva fueron por más. Intentaron sumar otro touchdown por vía terrestre en un cuarto intento que no tuvo éxito, pero no bajaron los brazos. Por el otro lado, los Chiefs, que volvieron a la final de la NFL en busca de defender su título, apenas pudieron sumar a través de field goals. La gran estrella de 25 años Patrick Mahomes, MVP del Super Bowl anterior y con un talento descollante, desde ese momento empezó a sentir las dificultades que lo persiguieron toda la noche.

Una asfixiante defensa lo acorraló y el quarterback no contó con la protección necesaria ni la precisión para salir a flote. Tampa Bay hizo una tarea brillante al momento de defender y desde ese aspecto dio un paso fuerte hacia el título.

Jason Pierre-Paul y Shaquil Barrett se destacaron en la defensa de Tampa Bay. Imagen: @Buccaneers

Tom Brady se encargó de conducir a los Bucs hacia nuevos touchdowns, que ampliaron la ventaja para su equipo antes del descanso. Con una diferencia notable de 21-6, Tampa Bay se marchó al vestuario con buenas sensaciones previo al halftime show de The Weeknd.

El resultado parecía darle mucha comodidad a los de Brady, en especial al considerar que se trata de uno de los mariscales de campo que mejor se desempeña en escenarios como este. La vasta y destacada experiencia del hombre de 43 años no aseguraban que la historia estuviera terminada, pero sí permitían especular con que los Bucs podían acariciar el trofeo.

Pero enfrente estaba Mahomes, que en su breve trayectoria ya supo encabezar remontadas inolvidables en partidos trascendentes. Tampa Bay fue consciente de ello y su inagotable presión sobre el quarterback no cesó. La consecuencia fue que los Chiefs siguieron sin prosperar con sus posesiones, debieron conformarse con volver a anotar apenas tres puntos.

Los Bucs respondieron al instante con otro golpe duro para las ilusiones de Kansas City. Por vía terrestre lograron avanzar y llegar al triunfo a lo largo de toda la temporada. La gran final no fue excepción de tal herramienta que jugadores como Leonard Fournette y Ronald Jones II saben capitalizar. Y de esa manera la ventaja fue aún mayor y la victoria comenzó a consumarse.

El dominio de Tampa Bay ya era reflejado en el marcador y los Chiefs no encontraban respuestas mientras que el reloj acechaba. A Mahomes no le aparecían las opciones que buscaba y tanto los minutos como los defensas rivales le cerraban el margen de maniobra. La presión fue cada vez mayor y no parecía posible cambiar el panorama.

La intercepción a uno de sus pases fue celebrada casi como un touchdown por unos Buccaneers que veían cada vez más cerca el triunfo.

Luego Tampa anotó mediante el pie de Ryan Succop para alargar la diferencia tres puntos más y aferrarse a la victoria. En el último cuarto, Kansas City ya se encontraba en una situación límite e intentó ir a fondo en busca del milagro. Pero Tampa Bay no cedió lugar para la épica y sostuvo su ventaja.

Los Chiefs terminaron con intentos desesperados por marcar algún touchdown, pero además de que ya era tarde, jamás pudieron lograrlo. Mahomes supo encontrar, a pesar de la agobiante presión de la defensa, a algunos receptores, pero estos no pudieron controlar esos pases. Travis Kelce fue quien mejor conectó con el mariscal, pero no fue suficiente para modificar el marcador.

Tampa Bay Buccaneers se lució en el encuentro más esperado de la temporada de la NFL y alzó por segunda vez en su historia el trofeo Vince Lombardi. Lo hizo tras una impresionante actuación en su propio estadio, frente a una limitada cantidad de público debido a la pandemia, pero la alegría de los Bucs fue inmensa igual.

Tom Brady, aquel legendario quarterback que abandonó la franquicia de toda su carrera, New England Patriots, donde fue protagonista de una dinastía que conquistó seis Super Bowls, volvió a ser el conductor de un equipo campeón. El mariscal completó 21 de 29 pases, anotó tres touchdowns, no tuvo ninguna intercepción y sumó 201 yardas en la gran final. Se llevó todas las miradas, además de la defensa que hizo un trabajo vital, y obtuvo por quinta vez en su carrera el premio MVP al mejor jugador del Super Bowl.

Un líder de 43 años, con un talento inoxidable, una profesionalidad impresionante para mantenerse en forma y una mentalidad ganadora que empujó a los Tampa Bay Buccaneers a reencontrarse con la gloria, aquella que no conocían desde la temporada 2002.

Martín O’Donnell

Estados Unidos vibra con la llegada del Super Bowl LV

El Super Bowl LV, el número 55 desde aquel lejano partido que inauguró la modalidad de definir al campeón de la temporada entre los dos ganadores de la National Football League y la American Football League, jugado el 15 de Enero de 1967 y que resolvía al campeón de la temporada 1966. Mucha agua corrió bajo el puente tras esa gran final que los Green Bay Packers le ganaron por 35-10 a los Kansas City Chiefs. Fue lo que se denominó como “Primer Partido por el Campeonato Mundial de la AFL-NFL”. Pero todo el mundo lo conoció como Super Bowl, y hoy tras más de medio siglo recorrido, se lo conoce también como la gran fiesta anual del deporte profesional de Estado Unidos.

Es un evento que paraliza al país; en estos tiempos de pandemia quizás se alteren algunas costumbres habituales, como las de reunirse en grupos en hogares, salones y condominios para ver el partido como una fiesta, compartir la bebida y la comida, bromear y disfrutar del juego, en tanto la TV y su cotizada tanda comercial acerca las imágenes desde el lugar de los hechos.

En el corazón de los sucesos, el Raymond James Stadium, habrá algunas situaciones también inéditas para este encuentro decisivo. Por primera vez un equipo será local en el partido final; Tampa Bay Buccaneers tendrá el privilegio de jugar en su casa, porque la elección del estadio es anticipada y el equipo de Tom Brady realizó los méritos para arribar al Super Bowl. Y le tocará en su propio hogar.

El estadio tiene capacidad para 75.000 espectadores, pero otra situación nueva que se vivirá es que habrá alrededor de 22.000 personas el próximo domingo. 14.500 de esas localidades fueron puestas a la venta; habrá 7.500 reservadas para los trabajadores de la salud de Tampa que han sido vacunados y estuvieron en las primeras líneas de trabajo cuando comenzó la pandemia en la región.

El partido encuentra a los dos mejores equipos de la temporada, aunque todas las miradas, los análisis y las palabras se reducen al duelo entre los “Quaterback” de los dos finalistas. El experimentado y múltiple ganador, Tom Brady contra el joven brillante, Patrick Mahomes.

El duelo entre el hombre de 43 años que ya ha jugado 9 Super Bowls, de los cuáles ganó 6 con sus equipos, y el presente y futuro del Football Americano: Patrick Mahomes, el muchacho de 25 años que en la última temporada hizo su ingreso a la galería de los grandes con la conducción de su equipo, Kansas City Chiefs, a la victoria en el Super Bowl disputado el 2 de Febrero de 2020. El triunfo por 31-20 ante San Francisco 49ers tuvo el sabor de una remontada inolvidable, tras llegar en desventaja de 10-20 al último cuarto y en los seis minutos finales tres touchdowns sumaron 21 puntos para sellar la victoria final.

Todo está preparado y el reloj con la cuenta regresiva se puso en marcha. Es la semana previa a la gran fiesta del deporte de los Estados Unidos de América.

El Super Bowl presentará su edición número 55. Un número fantástico que pocos imaginaban a lo que podía llegar cuando se pensó el primer juego, sólo para ver cual de las dos ligas tenía mejores equipos que la otra, cual era la que podía jactarse de su supremacía.

Hoy, en este 2021, el enfrentamiento es otro. Entre Tam Bay Bucaneers y Kansas City Chiefs, aunque muchos creen que es solo un duelo individual entre la leyenda de Tom Brady y el futuro de Patrick Mahomes.

Hernán O’Donnell

Don Shula, el legendario coach de Miami Dolphins para la eternidad

El legendario entrenador de Football Americano, Don Shula, entró en la inmortalidad. Nos ha dejado en este mundo, pero su leyenda, su mito, su historia ha dado un paso hacia la eternidad. Amado y venerado en Miami, respetado en los Estados Unidos que siguen y aman ese deporte con devoción religiosa, admirado por colegas y adversarios, celebridad destacada de los medios…todo eso fue Donald Francis Shula, un hombre que nació en Grand River, Ohio, el 4 de enero de 1930 y falleció en Miami, Florida, el 4 de mayo de 2020, a los 90 años de edad.

Descendiente de húngaros, el apellido original de su familia era Süle, pero por esas deformaciones típicas de los registros de inmigraciones se transformó en Shula. Su sueño fue ser profesional del Football, y lo logró. Luego de su formación en la Universidad pudo acercarse a Cleveland Browns en 1951, lugar en el que permaneció durante dos años. Allí se desempeñó como back defensivo. En 1953 pasó a Baltimore Colts hasta 1956 y en 1957 se unió a Washington Redskins, y tras un año en esta franquicia, decidió retirarse, para totalizar 7 años de profesional en la NFL, la National Football League.

Muy pronto conseguiría su primer trabajo en el área que lo llevaría a convertirse en mito. Su rol fue el de asistente técnico en la Universidad de Virginia, bajo la dirección de Dick Voris. Apenas hubo decidido su retiro y ya en febrero de 1958 comenzaba su nueva vida. Había ingresado a un mundo que lo atraparía, primero en el Football Universitario; más tarde pasaría a la máxima división, la National Football League.

Al poco tiempo empezó su etapa como entrenador en la fabulosa NFL. En 1963 Carroll Rosenbloom, magnate californiano y dueño de los entonces Baltimore Colts (luego, en 1984, trasladados a la capital de Indiana y llamados Indianapolis Colts), despidió a su coach y de inmediato contrató a Don Shula, quien tenía 33 años y fue, entonces, el entrenador más joven de la Liga. Rosenbloom, quien conocía a Shula de su época de jugador, había advertido en él a un joven con inquietudes, apasionado por el Football. Avizoraba a un hombre que tenía el espíritu para dirigir.

La primera temporada no fue nada del otro mundo, pero en la segunda comenzó a construirse la leyenda. Con la conducción del quaterback Johnny Unitas, los Colts alcanzaron la final ante Cleveland Browns, y a pesar de caer derrotados por 27-0, Shula recibiría el premio como el mejor entrenador del año.

Permaneció 7 temporadas en los Colts. En 1968 llegó a la final del Superbowl, partido decisivo entre los campeones de las dos conferencias, la Nacional (NFC) y la Americana (AFC). También se lo ha “españolizado” como “Super Tazón” por gran parte del público latino que se emigró hacia Estados Unidos y abrazó a este deporte.

Aquella temporada del ’68 tuvo su encuentro final el 12 de Enero de 1969 en el viejo y recordado Orange Bowl de Miami. Los Colts de Shula cayeron por 7-16 ante los New York Jets, en otro eslabón de partidos decisivos perdidos que algunos maliciosos quisieron emparentar con una carencia a la hora de jugar finales. Muy pronto el bueno de Don acabaría con esa mala fama.

En 1970, a los 40 años de edad, Shula iba a cruzar su camino con los Miami Dolphins, y el éxito, la gloria y el mito lo abrazarían para siempre. Como una jugada magistral, como un designio de Dios, como una película de Hollywood o un cuento de hadas, se iban a unir un entrenador fantástico que aún no había podido coronar su trabajo con un campeonato y un equipo que naufragaba entre las dudas, empujado por la constancia , la garra y el carácter de su creador, Joe Robbie, padre de los Miami Dolphins.

Robbie era un abogado de Minneapolis que a mediados de la década de los ’60 soñaba con tener un equipo profesional en la Florida, y para ello convocó a un grupo de inversionistas con la intención de comprar una franquicia a la American Football League. Así llegó a cumplir su meta y en 1966 nacieron los Dolphins.

Los primeros años no fueron positivos; el equipo no contaba con demasiados fondos, los resultados no eran buenos y poca gente los acompañaba. La síntesis era que en la cancha no se lograban victorias, la comunidad no apoyaba, y el dinero comenzaba a escasear. Era un círculo vicioso. La gente no concurría porque el equipo no andaba bien, y este no podía mejorar porque no surgían apoyos. Hasta que Joe Robbie encontró un consejo que le cambiaría la vida: ir por Don Shula, el afamado entrenador de los Colts, y seducirlo con un propuesta. La historia cuenta que Shula tuvo algunas dudas al principio, pues no quería afectar al entrenador que estaba en Miami, su amigo George Wilson, quien había echado las bases en un equipo nuevo, sin raíces ni experiencia y que forjó los primeros cimientos para el crecimiento del mismo. Lo cierto es que al final Shula aceptó y viajó al sur de la Florida.

En 1970 se unirían sus caminos y Don Shula reconstruiría al equipo, lo convertiría en un grande y poderoso de la NFL, lo llevaría a ganar campeonatos y alimentaría su leyenda. Don Shula junto a los Dolphins materializó su sueño de campeón. Sacó del fondo al equipo y este le regaló el sueño del campeonato. Una alianza para la historia.

El primer año fue la reconversión de una franquicia que siempre navegaba por el fondo de la tabla y cerraba los años con récord negativo, a un equipo que se arrimó a las posiciones más altas de su conferencia y finalizó con un récord positivo de 10-4. Miami ya tenía otra cara. La ciudad festejaba. Y no sabía que lo mejor estaba por venir…

La temporada siguiente, 1971, los Dolphins de Shula mejoraron sus números. Fueron primeros en la Conferencia Este, avanzaron en los play off y llegaron por primera vez al Super Bowl. Esa final se jugó el 16 de Enero de 1972 en Nueva Orleans, Luisiana, y a pesar de caer por 3-24 ante los Dallas Cowboys, los fanáticos de Miami estaban satisfechos y entusiasmados, pues habían encontrado un redentor. Poco les importaba a ellos lo que podían hablar de las finales de Shula perdidas. Habían recuperado el orgullo por tener un equipo valioso, competitivo, respetado.

La temporada 1972 iba a quedar en la historia. Ya no de los Dolphins, ni de la ciudad de Miami. Iba a quedar en los anales de la National Football League. Iba a registrarse como un año perfecto, ilustre. Los Dolphins arrasaron en todos su juegos, fueron primeros en la Conferencia, ganaron todas las batallas de Play-off hasta llegar al Super Bowl del 14 de Enero de 1973, en Los Angeles, California. El equipo totalizó un récord de 14-0 y pasó a la historia como “La Temporada Perfecta”. Aún así se la valora y distingue hasta el día de hoy. Don Shula rompería con el maleficio de las finales perdidas y Miami estallaba en una celebración sin antecedentes.

Los Dolphins de Shula volverían a ganar el anillo de la NFL de la temporada 1973 tras conquistar el siguiente Super Bowl. Otra vez primeros en su Conferencia, con un récord de 12-2, el equipo llegó a la gran final del 13 de Enero de 1974 ante los Minnesota Vikings por 24-7 en Houston Texas.

También fue muy buena la actuación del año siguiente; pero los Dolphins cayeron en el primer play-off y ahí se acabaron las esperanzas de llegar a un cuarto Super Bowl consecutivo y a la chance de ganar el tercero en línea.

Shula había encontrado su lugar en el mundo. “La gente aquí me adoptó como propio cuando asumí en los Dolphins. Este lugar, esta ciudad, los Dolphins, los fanáticos, todo eso es parte de mí ahora. Siempre lo será.”, recordó muchos años más tarde, ya afincado en la Florida, “un lugar ideal para vivir, formar una familia y verlos crecer”, señaló.

Después vinieron los años de vacas flacas. El equipo mermó en su rendimiento. Recién en la temporada de 1982 los Dolphins de Shula llegaron otra vez a la final. Se jugó el 30 de Enero de 1983 en el “Rose Bowl” de Pasadena, California, y Miami cayó ante Washington Redskins por 27-17. Ese año fue especial porque hubo una huelga de jugadores que acortó la temporada a sólo 9 partidos.

El optimismo en la Florida volvió en 1984, Ese año tuvo un récord de 14-2, un número importante que motivó una enorme fe de esperanza en el equipo que viajó a Stanford, California a jugar el Super Bowl frente a los San Francisco 49ers. Los días previos la ciudad se contagiaba de entusiasmo, al compás de los programas de radio y televisión que desbordaban confianza y optimismo, en tanto miles de fanáticos viajaron al Oeste para presenciar el partido. Pero el domingo 20 de Enero de 1985 no fue la tarde. Miami cayó por 38-16 y ya no pudo, hasta ahora, volver a disputar la final máxima de la NFL. Queda el legado de 5 presencias en el Super Bowl, con dos victorias conseguidas. Nada mal.

Luego de algunos años de frustraciones (en la temporada de 1988 terminó con récord negativo, algo que no le había sucedido en casi 20 años), aparecieron por primera vez algunas críticas y Shula, de carácter fuerte y firme, creyó que había llegado el momento de dar un paso al costado al finalizar la temporada de 1995. Así fue que a comienzos de 1996 anunció su salida del equipo, entre otras razones para “dedicarle más tiempo a mi esposa, hijos y nietos”. Una razón que no parecía del todo la de mayor peso en un hombre que amaba el Football y le había dedicado su vida, pues sus padres no veían con buenos ojos que jugará este deporte cuando tuvo un golpe feo en la nariz a los 11 años. Sin embargo, nunca decayó en él su amor y su interés por el Football.

Creó una cadena de restaurantes llamada “Shula’s Steakhouse”, participó en publicidades y comerciales. Tuvo 5 hijos con su primera esposa, Dorothy Bartish, y luego de que ella falleciera en 1993 de cancer de mama, en 1993 se casó con Mary Ann Stephens., en segundas nupcias.

Fue entrenador por 33 años, en los que pasó 26 de ellos en Miami. Creció con el equipo, fueron una sola voz, mejoraron los récords y festejaron campeonatos. Tuvo un amor indisoluble con la franquicia y con la ciudad. Una autopista en el sur del condado de Miami, la Florida State Road 874 fue bautizada con su nombre, “Don Shula Expressway”. Fue ovacionado en cada oportunidad que visitó el Hard Rock Stadium en los últimos tiempos. Y aunque haya pasado veranos en California o Carolina del Norte, su nombre es sinónimo de Miami. Es la cara del éxito deportivo de la ciudad, legado que luego continuaron ídolos del baloncesto como Dwayne Wade.

Don Shula llegó a Miami hace 50 años, cuando tenía 40 de edad y le entregó su alma, vida y corazón. Ese hombre y esos atributos, ya entraron en la inmortalidad.


Hernán O’Donnell