Los frutos de la Liga Nacional de Básquetbol

El deporte tiene historias maravillosas. Historias que nacen por casualidad (o no tanto, sino por un montón de causalidades) que desembocan en encuentros maravillosos, en situaciones llamativas, en emociones que merecen ser contadas. Y muchas veces van al margen del capítulo deportivo que seguimos; muchas veces están ahí, presentes, bien al alcance de la vista, pero mezclados en la vorágine de la coyuntura, el encuentro y el resultado, perdemos de vista algunas historias que merecen ser contadas.

Hace unos días, el viernes 8 de febrero, para ser más exactos, se enfrentaron en Mar del Plata los equipos de Quilmes (el local) y Atenas de la provincia de Córdoba. El partido no convocó a una multitud ni mucho menos, en definitiva se enfrentaban dos de los conjuntos de más bajo rendimiento en lo que va de la temporada regular. Sin embargo, el juego fue atractivo, tuvo buenas acciones y los dos equipos lucharon por la victoria con entusiasmo y armas nobles.

Pero una historia, o dos en realidad, se cruzaban en el suelo del Polideporivo “Islas Malvinas”.

En el local, un joven que inicia su carrera llevaba la camiseta número 10. Juan Esteban de la Fuente, apenas 18 años, y una carrera que ya empieza ser conocida. Fue uno de los puntales del equipo de basketball 3×3 en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, que obtuvo la medalla dorada. Se ganó allí el (re)conocimiento del gran público.

Con cara aún de chico y un futuro promisorio, el hijo de Esteban de la Fuente, jugador de extensa y exitosa trayectoria en la Liga Nacional de Basquetbol y de la selección nacional, desde hace unos años se sumó al plantel de Quilmes y su nombre se relaciona muy seguido con las convocatorias a los seleccionados juveniles.

La otra noche comenzaba el partido con muchas ganas, y de a poco se convertiría en la gran figura de la noche. Su primer intento de triple quedó corto, pero en cuanto entró en calor y sus manos entraron en ritmo de partido, tuvo una actuación descollante, llena de aciertos en el aro hasta convertirlo en el goleador del partido.

Enfrente suyo, sentado durante gran parte del juego, estaba Walter Herrmann. “El Conde”. Un jugador distinto, de grandísima trayectoria, miembro conspicuo de la “generación dorada”, una camada de basquetbolistas que le dieron lustre y gloria a la selección, al basquetbol y al deporte en general. Una generación de deportistas ejemplares, serios, humildes, sacrificados y capaces, que lograron objetivos históricos como la medalla dorada en los Juegos Olímpicos Atenas 2004, el subcampeonato del Mundo Estados Unidos 2002, y tantos títulos y medallas en Campeonatos FIBA Américas y Campeonatos Sudamericanos.

“El Conde” Herrmann fue uno de ellos; amén de su trayectoria en equipos importantes de Argentina, Europa y la NBA, donde fue figura de Toronto Raptors, Charlotte Bobcats y Detroit Pistons.

Allí estaba aquella noche Walter Herrmann. En el banco, le daba aliento a sus compañeros, atendía las indicaciones del entrenador, felicitaba y consolaba de acuerdo al resultado. Sumaba, con un sentido del equipo, de la identidad y de la pertenencia, admirables.

Le tocó entrar cuando promediaba el tercer cuarto. Con el marcador abajo, y la noche que se hacía cuesta arriba, aportó lo suyo: su primer tiro al aro fue un triple; luego, su segundo intento fue un doble. Y enseguida le cometieron una infracción que tradujo en la suma de dos simples. En definitiva, sus primeros lanzamientos al aro significaron 7 puntos para su equipo. Como si se pidiera cédula para jugar y demostrar sabiduría…

La noche de Mar del Plata encontró dos frutos de la Liga Nacional. Dos joyas, dos diamantes. Como para reafirmar el acierto de su creación y las historias que fluyen, que en definitiva son la base de la riqueza del deporte argentino. Sucedió una noche de verano, cuando la rutina nos presentaba un partido más y de pronto advertimos que frente a nuestros ojos estaban la historia y el futuro de nuestro básquetbol.



Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires)

Una luna de miel para la despedida de Dwayne Wade

Ya no integra el quinteto inicial; no es titular ni tiene el peso decisivo de los días (años) de gloria. Ha perdido un poco de velocidady certeza frente al aro. Pero es, aún, el ídolo máximo de Miami Heat, el jugador más querido, el más aclamado y el más preponderante en la historia de la franquicia.

Dwayne Wade, el niño mimado que ganó los tres anillos con la franquicia, un día dejó el hogar para probar otras aventuras. Así anduvo por Cleveland y Chicago, pero en ningún sitio se sintió como en casa. Y un día regresó a su hogar, el calor de Miami.

Y el regreso fue con todo el cariño y la idolatría intacta. La gente lo quiere y se lo demuestra en cada juego. De local, y también lo hacen los visitantes en cada oportunidad que se presenta. Chicago lo hizo hace unos pocos días, por ejemplo.

Se reúne con cada famoso que se acerca a ver sus últimos juegos. Paulo Dybala se llevó  una camiseta y una foto para el recuerdo. Le Bron James se fundió en un gran abrazo al finalizar su último enfrentamiento; los muchachos de Los Angeles Clippers le brindaron todo su respeto al finalizar el partido del que se fueron vencedores en el American Airlines Arena.

Todos se emocionan ante su figura. No se inhiben ni se les caen los anillos cuando tienen que ofrecerle su respeto y admiración.

En cada juego, el ritual se repite cuando elpartido termina. Todos se acercan a saludarlo, todos le brindan su afecto, los periodistas pelean por una nota y los fanáticos se amontonan para estar cerca del ídolo.

Dwayne Wade empezó el último año de su carrera. tal como lo había imaginado cuando tenía unos 20 años: jugar hasta los 37.

En el camino cosechó victorias, se llenó de amigos, logró 3 títulos de campeón con Miami Heat, llevó a la franquicia a sus años dorados, se fue un tiempito y volvió. Hoy vive la temporada de la despedida, donde se mezcla la emoción, la admiración y la nostalgia, por un jugador irrepetible, dueño de un carisma incomparable, una idolatría indiscutida y un respeto unánime que hoy se refleja en esta luna de miel pra despedirse de su amado basquetbol.

   

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Miami, Florida, USA)

Estados Unidos mantiene el reinado

Dominó el perímetro, prevaleció en la zona pintada, tuvo una férrea defensa y fue certero en ataque. Manejó con rapidez las transiciones y mostró mucha madurez en el juego.

Estados Unidos derrotó 95-52 a Francia en el partido final y se consagró Campeón del FIBA U17 Basketball World Cup Argentina 2018.

No le alcanzó a Francia con su espíritu y su constante contracción a la lucha. Se vio superado por un equipo que domina todas las facetas del juego. Ya le había anticipado algo en un amistoso previo a este torneo, donde lo arrolló por un amplio marcador y lo obligó a perder muchas bolas, forzar tiros de manera inapropiada y a quedar lejos en el marcador.

En esta final, de hecho, Francia ni siquiera pudo hacer el último lanzamiento: de tan marcado que estaba, dejó caer la bola con resignación cuando faltaban 6 segundos, y si bien el resultado estaba sellado, el equipo perdedor se reservaba el último tiro. No lo pudo ejecutar.

Estados Unidos se sostuvo en grandes figuras, que serán las estrellas del mañana: Jalen Green, Isaiah Stewart, Romeo Weems, Harmon…

Tuvo un recorrido superlativo. Superó a China 115-37, en un resultado escandaloso; luego a Mali 97-40; a Serbia 93-61 todos en fase de grupos.

Por octavos venció a Dominicana 103-60; en cuartos  a Croacia 126-52, en semifinales a Canadá 120-71   y la final a Francia 95-52

Una máquina que le marcó el camino a todos. Que deja una enseñanza para el futuro y un espejo donde reflejarse: en estos chicos está el futuro del Basketball. Por suerte, los pudimos disfrutar en la Argentina. Que estas fiestas del deporte se repitan siempre a lo largo y a lo ancho de nuestro querido país.

 

Hernán O’Donnell   

El color y el calor del Basketball del futuro

Se empieza a cerrar la anteúltima jornada del FIBA U17 Basketball World Cup Argentina 2018 y algunas conclusiones empiezan a aparecer. Por supuesto que aún falta el cierre, la jornada final, los partidos decisivos y toda la emoción que define el podio: primero el partido por el tercer puesto y luego la gran final. Pero el torneo ya entra en sus horas finales y algunas situaciones vale la pena destacar.

“El Mundial U17 ha sido un éxito porque permite observar a las posibles estrellas que jugarán en las selecciones nacionales y en los clubes alrededor del mundo”, dijo Horacio Muratore, Presidente de la FIBA.

“Que el Mundial se juegue en la Provincia de Santa Fe es muy importante porque es un lugar que respira baloncesto”, señaló a la web oficial de la FIBA.  Muchos grandes jugadores han salido de Santa Fe, como Marcelo Nicola, y algunos miembros de la Generación Dorada como Andres Nocioni, Carlos Delfino, Walter Herrmann y Hugo Sconochini”.

Lo destacado es el nivel de juego observado. El desarrollo físico, la potencia, el buen nivel de goleo. Partidos muy atractivos y jugadores que parecen más grandes, por su madurez, por su condición de deportistas de alta competencia y su compenetración con el juego.

En ese sentido, era esperable que aparecieran en las instancias finales los equipos que a priori lucían como candidatos. Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y Francia. En definitiva, potencias en los seleccionados de mayores.

Para los europeos, El big-three que integran Malcolm Cazalon, Killian Hayes y Theo Maledon es su arma más importante. Tienen buena altura y capacidad de anotación.

Puerto Rico dio la sorpresa al vencer a Montenegro por 75-60 en cuartos de final. A Canadá lo vimos muy sólido en su partido ante Nueva Zelanda y Estados Unidos es el candidato eterno y natural.

Se cierra la penúltima fecha. Queda la última jornada. Para disfrutar y para esperanzarse con el futuro que viene.

 

Hernán O’Donnell

Canadá mostró juego y orden defensivo

El “haka” de los neozelandeces despertó la gracia y el respeto del público que había llegado hasta el estadio cubierto de Newell’s Old Boys. Amantes del basquetbol, poco sabían del ritual que practican los All Blacks, el famoso equipo de rugby de Nueva Zelanda, pero que se empezó a extender al resto de los deportes que representan a aquella nación.

Por eso la cara de los chicos de Canadá, la formación respetuosa, el aplauso de la gente y la sorpresa de algunos periodistas candienses y estadounidenses que vieron el espectáculo y el saludo.

El FIBA U17 Basketball World Cup Argentina 2018 abría su tercera jornada con una sonrisa y un frío que helaba los huesos.

Después empezó el partido y la historia fue otra. Canadá mostró mayor oficio, más lectura del juego y buen trabajo en las zonas pintadas: debajo del aro se hicieron muy fuertes.

Moncrieffe fue el eje del equipo y su figura más destacada. Pero el valor estaba puesto en el sentido colectivo, en la buena defensa y en la atención y repentización para capturar los rebotes: en este punto fue muy destacado el partido de Canadá.

Nueva Zelanda lucía como un equipo con buen vigor físico, altura y potencia en los desplazamientos, pero careció de juego, le faltó “basquetbol”: le sobró temperamento (Mitchell Dance fue el abanderado en ese sentido), tuvo mucha actitud, pero falló mucho en los lanzamientos. Y pagó caro ante un equipo eficaz como Canadá.

Ganó Montenegro, Ganó Francia, dos que ya se perfilan. Y la Argentina logró una buena y trabajosa victoria ante Filipinas.

El Basketball del futuro se juega en la Argentina. Y vale la pena verlo. Porque es verdad que el frío llegó en forma dura y agresiva, pero el deporte, las ganas y la alegría de jugar, contagia calor a toda la Nación.

 

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Rosario, Santa Fe) 

El Basquet del futuro se juega en Argentina

Empezó hace unos pocos días, pero vale la pena engancharse. Meterse un poquito en el tema, porque es la base de un deporte amado por los argentinos y porque se juega nada menos que un Mundial. Aquí. En Rosario y en Santa Fe de la Veracruz. El FIBA U17 Basketball World Cup está entre nosotros.

Es el Basquetbol del futuro. Y también del presente. Porque hay que ver cómo juega Canadá, hay que ver el espíritu de Montenegro, la altura de China, la ilusión de nuestros jóvenes y, por supuesto, todo lo que muestra Estados Unidos, con una marcada tradición de jugadores que luego de este torneo llegaba la célebre NBA.

Está acá nomás. En Rosario y en Santa Fe. Si anda cerca, péguese una vueltita. Si no, sígalo por streaming. Vale la pena. El futuro del Basquetbol está en la Argentina.

 

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Rosario, Santa Fe)

El niño mimado se fue de casa

Se hablaba como una posibilidad, pero nadie creía que podía llegar a ser cierto; estaba el rumor, pero en el condado todos pensaban que iría a haber un final feliz. Sin embargo, la noticia cayó, las puertas se abrieron y el niño mimado de Miami Heat, el jugador que llegó a la franquicia hace 13 años, que se ganó un lugar importante en el equipo, que conquistó el corazón de los fanáticos por encima de cualquier otra estrella, que logró los tres campeonatos que la ciudad festejó en las temporadas 2005/2006, 2011/2012 y 2012/2013, que se clasificó a 11 play off de post temporada, que provocó aplausos y ovaciones, que generó remeras que tachaban el “Dade” County para reemplazarlo por “Wade” County, el niño mimado del condado dijo adiós…

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Dwayne Wade decidió marcharse a su ciudad natal, Chicago y unirse al equipo que la representa: Bulls. Los famosos Toros de Chicago tendrán, a partir de ahora una super estrella, un jugador muy valioso que los podrá ayudar a recobrar la gloria pasada, cuando un tal Michael Jordan, un tal Scottie Pippen y otro tal Dennis Rodman conformaron un equipo avasallante, imbatible, fabuloso…

En Miami quedan las lágrimas por la despedida. Y la controversia, claro. Porque en esta historia del divorcio entre la franquicia y el jugador hay dos campanas que suenan y hay que escuchar. Wade cree que no le dejaron opción. Que fue la organización la que le dió la espalda, la que no hizo el esfuerzo para que continúe, o que por lo menos no mostró total interés. Notó que se ponían más esmeros en la llegada de Hassan Whiteside, o en la propuesta de buscar otros jugadores, como Durant.

El jugador siente que hizo un esfuerzo importante en la temporada pasada, que se esmeró y logró hacer, junto a sus compañeros, un equipo competitivo. Pero no encontró eco en la dirigencia. La diferencia pudo estar en el monto del salario o en la duración del contrato: por dos años querían unos, por tres pretendía Wade…todas razones, argumentos, que se fueron en distanciar las posiciones.

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Ahora los caminos se han separado. Se rompió algo muy fuerte. Se partió el corazón que unía al jugador más querido con la afición. “El Miami Heat ya no parece ser la familia que siempre creímos que era”, comentó un aficionado en las redes sociales. “Creía que la salida de Le Bron James era una decisión personal, pero que la permanencia de Wade le daba un sentido total de pertenencia a la franquicia”, razonó otro. Son ellos, los fanáticos del Heat quienes más sienten el golpe del divorcio. Como los hijos, que muchas veces son quiene más sufren la separación de los padres, los aficionados se han quedado perplejos y desilusionados.

El ídolo entendió que una carta directa a la ciudad era la mejor forma de comunicar a la gente las razones de su partida. Y eso escribió de modo textual:

“Estimado Miami,

Esta ha sido una decisión muy emocional y difícil. Después de 13 años, he decidido embarcarme en un nuevo viaje con los Chicago Bulls. No fue una decisión fácil, pero siento que he tomado la decisión correcta para mí y para mi familia.

Empecé mi carrera en la NBA con los Miami Heat en el 2003 y ha sido un honor haber jugado con ellos y ayudar a construir una franquicia ganadora con tres campeonatos de la NBA. Miro hacia atrás con orgullo y admiración por todo lo que hemos logrado juntos. Quiero expresar mi agradecimiento a la familia Arison, Pat Riley, al entrenador Erik Spoelstra, el cuerpo técnico y toda la organización del Heat de Miami.

Desde el fondo de mi corazón, quiero dar las gracias a la comunidad de Miami y especialmente a #HEATNATION por todo su amor y apoyo a lo largo de los años. Ha sido realmente increíble. Estoy profundamente conmovido y agradecido por los mensajes positivos de mis fans que expresan que quieren lo mejor para mí y van a apoyar mi decisión. Las memorias que incluyen desfiles de campeonato y cinco títulos de conferencia son increíbles momentos que hemos compartido y que van a permanecer cerca de mi corazón al comenzar el siguiente capítulo de mi vida.

Creciendo en Robbins, Ill., Nunca soñé que una carrera en la NBA podría haber sido incluso posible y que un día iba a llevar una camiseta de Chicago Bulls. Viendo a los Bulls mientras crecía me inspiró a una edad temprana para perseguir mi sueño de convertirme en jugador de baloncesto. Mis recuerdos más preciados eran ver a mi padre jugar al baloncesto en las canchas de la Escuela Primaria de Fermi y el desarrollo de mi juego en el Centro Recreativo de Blue Island. Nunca he olvidado de donde vine y estoy agradecido de tener la oportunidad de jugar para el equipo que alimentó mi primer amor por el juego. Muchos de los miembros de mi familia todavía viven en Chicago y estoy muy contento de volver a casa a una ciudad muy cerca de mi corazón.

Estoy deseoso de volver a mis raíces y ver lo que se avecina.

Mucho amor y respeto,

D. Wade”

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En Miami quedaron lágrimas y palabras de despedida. Quienes creyeron que tenían un jugador franquicia para siempre, que su carrera estaría sólo ligada al Heat y se conformaría un referente para la ciudad y su gente, hoy se ven desilusionados.

Para quienes ven el deporte con otra óptica, quizás menos romántica pero más pragmática y más ligada a la realidad de estos tiempos, entenderán que Dwayne Wade fue un eslabón importante, muy importante, quizás el más importante, de una cadena de estrellas como Alonzo Mourning, Dan Majerle, P. J. Brown, Eddie Jones, Tim Hardaway, Shaquille O’Neal, Chris Bosh y tantos otros que construyeron la gloria del equipo, lo sostuvieron y dejaron el legado para que en el futuro aparezcan nuevos deportistas que mantengan la llama de la pasión encendida.

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Hernán O’Donnell

 

30 años de la Liga Nacional de Básquetbol

Afuera hacía mucho frío; lloviznaba y el viento anunciaba una inminente sudestada que nacía en el sur del conurbano de la provincia de Buenos Aires, en las costas de Quilmes y que avanzaba hacia el Norte, hacia el barrio de Núñez, hasta llegar a San Isidro. El clima estaba más emparentado con el otoño o la inminencia del invierno que con la llegada de la primavera. Todo eso, afuera.

Adentro, una multitud se acercaba al mítico Estadio Obras para acompañar a San Lorenzo, y ser testigos de la apertura de una nueva edición de la Liga Nacional de Básquetbol entre el Ciclón, que hacía de local y el visitante, Quimsa de Santiago del Estero, el último campeón. Adentro, entonces, todo era calor y color.

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Aquel viejo sueño de León Najnudel y el acompañamiento del inolvidable O.R.O. y tanta gente que colaboró para la creación de la Liga Nacional, cumplía 30 años. Atrás había quedado la presentación, allá por agosto de 1982 ante un público ávido por conocer la idea, por entender de que se trataba, por saber como podía mejorar el basquetbol, el deporte, en definitiva. Y fueron meses de trabajo, de recorrer el país, de andar de aquí para allá, para que florezca el basquet y nazcan nuevos jugadores, al amparo del crecimiento de los clubes. Y tomó forma la idea, hasta que se concretó en abril de 1985 y nació la Liga en una fecha inaugural que tuvo a San Lorenzo, vaya coincidencia, como protagonista junto a Argentino de Firmat en el mismo Estadio Obras, mientras jugaban ese mismo viernes, en Bahía Blanca, Pacífico y Atenas de Córdoba, y en la docta se presentaba Instituto ante Sport Club.

La Liga creció. Se fortaleció. Modificó el calendario; pasó del torneo anual a las temporadas similares a Europa o la NBA. Surgieron jugadores que al ritmo de la competencia se desarrollaron hasta alcanzar niveles inimaginables, que los llevaron a Europa y a la mismísima NBA; se potenció el Seleccionado Nacional, hasta convertirse en una potencia mundial, ganador del oro olímpico en Atenas 2004, de la medalla de bronce en Beijing 2008 y del subcampeonato mundial en Estados Unidos 2002. Un momento inolvidable.

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Anoche fue el turno de San Lorenzo. De vivir su fiesta de regreso a la Liga Nacional. De arrancar a todo trapo, con las tribunas repletas y un jugador que descolló de principio a fin hasta convertirse en la gran figura de la noche: Walter Herrmann, el hombre que jugó en Detroit Pistons e integró el plantel campeón olímpico en Atenas 2004, se dio el gusto de jugar en el club de sus amores y destacarse con 31 puntos y una actuación formidable.

Lo acompañaron en una buena noche Bernardo Musso, Fernando Martina y Nicolás Aguirre, quien cumplió una gran tarea ante sus ex compañeros. Quimsa no pudo hacer pie en toda la jornada. Trabajó a destajo en defensa, luchó, pero no tuvo eficacia en el perímetro y le costó mucho acercarse en el marcador. Siempre corrió de atrás y si bien en el último cuarto pudo ponerse 8 puntos abajo y alentar alguna esperanza, el aporte de Johnson en los locales alargó otra vez el marcador hasta cerrarlo en 79-64 para San Lorenzo.

La noche se terminaba con la euforia de un público entusiasta que no dejó de alentar al Ciclón en todo momento. La gente de uno y otro equipo despidió a los jugadores con aplausos. Afuera nos esperaba otra vez el frío, el viento y la llovizna que presagiaban la sudestada. Nada importaba. Adentro, bajo las luces del mítico Estadio Obras el fuego de la Liga Nacional de Básquetbol había encendido otra temporada de ilusiones.

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Hernán O’Donnell