Unas horas después, con las pulsaciones más bajas, con el intento de encontrar más lucidez y serenidad en el análisis, creemos que el triunfo de Argentina ante Cabo Verde por 3-2, luego de más de dos horas de juego, se sostuvo en el oficio del equipo, que entiende, como casi ningún equipo del torneo, las formas, los tiempos, las velocidades y los más recónditos secretos de este juego. Argentina sabe a que ritmo jugar en cada momento del partido, de que forma atacar, como buscar los espacios para progresar, como ocupar el terreno para replegarse y defenderse. Goza y sufre. Pero siempre con la cabeza puesta el cien por ciento en el juego. Como decía César Luis Menotti, “en el fútbol se puede dejar de atacar, se puede dejar de gambetear, hasta se puede dejar de correr si uno está cansado. Lo que nunca se puede dejar es de pensar”. Y Argentina pensó siempre, por eso avanzó a los Octavos de Final de la Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026.

El equipo alineó a Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Facundo Medina; Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Thiago Almada.
Cabo Verde alineó a Vozinha; Diney Borges, Pico Lopes, Sidny Lopes Cabral, Steven Moreira; Kevin Pjna, Jovane Cabral, Deroy Duarte, Laros Duarte y Nuno Da Costa; Ryan Mendes.
El comienzo del partido se dio como lo imaginábamos; Argentina con la pelota, Cabo Verde retrasado, con un buen despliegue en el campo, y los espacios cerrados y ocupados para que no progresara la “Albiceleste” con pases verticales. Parsimoniosa, la Argentina lateralizaba el juego, a la espera del agujero para meter el estiletazo.
A los 14′ tuvo su primera llegada con un disparo cruzado de Lionel Messi. Luego, a los 17′, un tiro libre de Leo fue bien controlado por Vozinha.

Hasta que a los 28′ un pelotazo largo y preciso de Lisandro Martínez fue bien controlado por Messi, que además definió de manera magistral para poner el 1-0 a favor de Argentina.
Y no varió mucho el juego, más allá de la ventaja del Campeón del Mundo. Porque Cabo Verde continuó atado a su libreto, sin desesperarse ni ofrecer lugares a las espaldas de los defensores. En juego, eran parecidos; cautelosos y pensantes. Uno con la pelota y el dominio territorial. Pero sin profundidad ni aceleración en ataque. El otro, replegado, ordenado y a la espera de encontrar un contragolpe. Ambos, pacientes para jugar.

En el segundo tiempo se dio la jugada que el equipo de Pedro Leitao Brito aguardaba. Un ataque filoso, un centro que no puede sacar la defensa argentina y la definición de Deroy Duarte para poner el 1-1, cuando iban 58′ de juego.
Le dolió a la Argentina, porque hasta ahí, parecía tener controlado el partido. A los 62′ Scaloni hizo dos cambios. Julián Álvarez entró por Lautaro Martínez, y Nicolás González ingresó por Thiago Almada.
Argentina continuó con la pelota y su juego. Sereno, quizás un poco lento, pero seguro en la posesión y la tenencia. Llegó, es verdad, pero con más centros que jugadas profundas. A los 83′ Leandro Paredes entró por Rodrigo De Paul. Se corrió Mac Alister a la izquierda y el volante de Boca ocupó el lugar de volante central.
A los 85′ hubo de abrir la tercera ventana de cambios; Nicolás Tagliafico reemplazó a Facundo Medina. Pero nada varió demasiado, e incluso el final de Cabo Verde fue con mayor tenencia de la pelota.
A poco de empezar el alargue, la Argentina llegó al gol que parecía iba a traer la paz. Un tiro de esquina desde la izquierda de Messi, el remate preciso y furibundo de Lisandro Martínez, y el gol que adelantó a la Selección Nacional por 2-1, a los 92′ de juego.
Sin embargo, antes de que termine el primer tiempo adicional, Sidny Lopes Cabral enganchó de izquierda a derecha y sacó un tremendo remate que se coló en el ángulo superior izquierdo de “Dibu” Martínez, para poner el 2-2 a los 103′ de juego.
Argentina hizo la última variante a los 104′. Gonzalo Montiel reemplazó a Nahuel Molina.
Quedaba un cuarto de hora, y Argentina volvió a avanzar. El ataque constante, aún con dificultades en la generación de situaciones, fue un mérito del equipo. Y a los 111′ tuvo su premio. Tiro de esquina desde la izquierda, Cristian Romero cabeceó y el balón dio en Diney Borges, que de manera oficial, fue el autor del autogol para que la Argentina se pusiera 3-2 adelante.

Y el resto fue sufrir. Como esa pelota que sacó Emiliano Martínez pegada al travesaño, que tenia destino de red, en un vuelo fenomenal, o la que tapó con lo justo ante la entrada de Semedo.
Argentina puso sangre, sudor y lágrimas para llevarse la victoria en un partido muy difícil, jugado con inteligencia y capacidad por su rival. Contó con la magia de Messi, la defensa férrea en la que se destacó Lisandro Martínez, las intervenciones claves de “Dibu” Martínez, y el ataque permanente, aún con lentitud y espesor, pero con la convicción firme en su juego. Y el oficio nato de conocer todos los secretos y las formas de jugar a este juego.

Hernán O’Donnell