Brasil tuvo orden, progreso y y fe hasta el final

Cuando el árbitro holandés Bjorn Kuipers sancionó el penal a favor de Brasil, parecía que, al fin, iban a encontrar el camino del triunfo cuando corrían ya 77′ de juego. Pero intervino el VAR, revisaron la jugada y el juez entendió que Neymar Jr. había exagerado y cambió el fallo: tiro libre para Costa Rica. Entonces recorrió el escenario una sensación de que Kaylor Navas sería el héroe de la tarde.

Porque hasta ese momento, el partido tenía un desarrollo lineal como un monólogo de stand up: Brasil al ataque, con la movilidad de sus delanteros, las combinaciones de Neymar, Willian, Gabriel Jesús, Paulinho…fue mucho más profundo en el segundo tiempo y volcó el juego hacia el área de Costa Rica, que se sostenía en la brillante actuación de Navas. Luego ingresaron Douglas Costa y Roberto Firmino, para darle más potencia al ataque. Y se sumaron situaciones.

Cuando todo parecía acabar en el empate, y quedaba ya muy poco por jugar, a los 90′ apareció Phillipe Coutinho para vencer a Navas, abrir el marcador y desatar la locura que culminó con la caída espectacular del DT Tité.

Brasil respiraba al final. Encontraba justo el premio que había buscado. Parecía que se complicaba, pero no. E incluso tuvo, ya a los 90’+6′, fuera del tiempo establecido, la alegría del gol de Neymar Jr. que selló el 2-0.

Tuvo orden, progreso y buscó con insistencia la victoria. Brasil empezó a jugar la Copa del Mundo.

 

Hernán O’Donnell

 

Argentina se ahogó en sus propias lágrimas

Un mal planteo inicial no podía tener un buen final; un comienzo mal imaginado no podía tener un resultado positivo. Los errores de Argentina comenzaron antes de iniciarse el partido ante Croacia. El DT, con muchas dudas, confusiones y sin poder llegar de modo claro al equipo, planteó un engendro de mezcla de defensores con laterales, volantes con extremos y mediocampistas con atacantes.

Inexplicable no poner de titulares a tres jugadores desequiilibrantes, de jerarquía, de peso ofensivo. Samapoli optó, una vez más, por no incluir en el conjunto titular a Pavón, Dybala e Higuaín, quienes se intuye que están capacitados para ser jugadores de inicio. Mezcló en una línea de tres a zagueros como Otamendi, con laterales como Tagliafico; Salvio, de características de ataque, obligado a hacer la banda. Y Mascherano sólo en la mitad, porque Enzo Pérez nunca encontró su lugar en la cancha. Con tantos problemas en la defensa, donde se le hacía fácil a Croacia desbordar por los costados, poco juego en el mitad, para Messi era imposible organizar el equipo.

A los pocos minutos avisó Perisic, con un remate cruzado que Caballero logró desviar; después lo tuvo Enzo Pérez tras una mala salida de la defensa croata. Y poco más, en una primera parte jugada con mucha intensidad, pierna fuerte y roces constantes, donde el duelo Mandzukic-Otamendi se llevó todos los boletos como pelea estelar.

A los 52′, un grosero error de Caballero, en definitiva producto de una intención mal interpretada de “cuidar” la pelota, y en ese afán arriesgarla aún en lugares muy peligrosos, le permitió a Rebic encontrar el pase del arquero que iba dirigido a Mercado y con un tremendo remate abrió el marcador. No era lo más indicado para un desarrollo hasta ese momento equilibrado, pero a partir de allí se desató una catástrofe en la selección argentina y Croacia terminó por completar un partido de muy alto vuelo.

Aparecieron los cambios de Sampaoli cuando todo estaba muy complicado. Primero Higuaín adentro, después Pavón y por último Dybala. tres futbolistas que debieron estar desde el comienzo, entraban como salvadores de un naufragio que empezaba a desatarse en el barco argentino.

Mientras Argentina se hundía, Croacia se elevaba a límites que no habría imaginado antes del encuentro.

Se acomodó en el campo a partir de la solidez de sus zagueros, Lovren y Vida, de partido parejo y destacado; se armó con la inteligencia de sus dos hombres generadores de fútbol, que la rompen cada domingo en equipos de la talla de Real Madrid y Barcelona y en Nizhni Novgorod dieron una clase magistral de fútbol: Modric y Rakitic. A partir de la descomunal tarea de los dos volantes de Croacia, los europeos aramaron una goleada que hundió a la Argentina en un papelón.

Claro que la tarea de Rebic y Perisic por los costados fue muy importante, y ni que hablar el desgaste  de Mandzukic en la lucha por todo el frente de ataque. Pero lo de los volantes, fue colosal.

Y lo coronaron con dos golazos. Luka Modric amagó dos veces ante Otamendi y en la tercera metió un estupendo remate para marcar el 2 a 0 a los 80′; y Rakitic primero avisó con un tiro libre en el travesaño y a los 90’+1 se fue de contra, remató fuerte, la pudo desviar Caballero, el rebote le quedó al compañero que volvió a ceder a Rakitic y con un tiro suave cerró el marcador: 3 a 0.

Una pena lo de Argentina. Se deshilachó en dos presentaciones que la expusieron como una selección débil, sin funcionamiento, sin orden, sin rebeldía individual y con resultados decepcionantes. Aún quedan posibilidades. Aún y a pesar de esta decepción. Pero la imagen que queda es preocupante. La Argentina había tenido un tropiezo en su primera presentación y en la segunda se hundió en la caída. El barco quedó averiado y depende de la responsabilidad, la humildad, y el sacrificio de todos para poder formar un equipo de una buena vez por todas y sacarlo a flote.

 

Hernán O’Donnell

Sampaoli busca salir del laberinto

Argentina se metió solita en el laberinto que le propuso Islandia. Porque si bien los europeos le tejieron una hermosa telaraña y resucitaron el viejo “catenaccio” inspirado en las redes de pescadores, la albiceleste no supo evitar enredarse en esa madeja de piernas y voluntades corredoras. Islandia le abrió la puerta a una casa llena de túneles y pasadizos, y ahí se perdió Argentina.

No sólo se metió en un laberinto durante el partido; quedó enredado en un mar de dudas e incógnitas de cara al futuro del torneo.

Porque la mano del entrenador, necesaria por cierto, empezó a reflejarse en cada práctica, en cada entrenamiento. Sampaoli parece volcarse a su esquema favorito. A él, no nos engañemos, le gusta jugar con línea de tres defensores. Pero los jugadores lo convencieron de comenzar con la clásica línea de cuatro.

A Sampaoli le gusta jugar con un 5 de creación. De manejo y buen pase. Sergio Busquets sería el ideal. Pero arrancó con ¡doble cinco! y de características más volcadas al quite y a la recuperación que al primer pase de gestación de maniobra.

El técnico siempre manifestó que en ataque hay que desordenarse, hay que romper moldes para doblegar a la defensa adversaria. Poco tuvo el equipo esa rebeldía necesaria.

Ahora decidió patear el tablero. Dar un golpe en la mesa y promover variantes. Se habla de línea de tres, con Mercado, Otamendi y Tagliafico (Fazio sería importante para la marca de Mandzukic), un solo volante central (Mascherano) y las dudas que empiezan desde los volantes: ¿Jugará Enzo Pérez? Acuña parece casi seguro y Christian Pavón, seguro.

Habrá que terminar de pulir detalles, aceitar bien la máquina y adaptarse bien rápido a este sistema. El tiempo apremia y la salida del laberinto tiene una puerta muy dura, pesada y complicada, que se llama Croacia. El DT y los jugadores tienen que encontrar la llave que la abra y le permita a la Argentina salir de este enredo y empezar a caminar el Mundial por un sendero recto y despejado.

 

Hernán O’Donnell 

Japón tuvo su día de sol naciente

El amanecer del partido encontró el sol naciente nipón. Una oportunidad magnífica de dar un paso al frente, empezar a construir la victoria y hacerse dueño del partido. Un contraataque terminó con un remate desviado por Carlos Sánchez con la mano dentro del área, penal, expulsión y Shinji Kagawa que transformaba, a los 6′, el remate suave y al medio, en el 1 a 0 parcial.

Amanecía el encuentro, y Japón sacaba una ventaja importante en el marcador y en la superioridad numérica de contar con un hombre más. El Dt de Colombia, el argentino José Pekerman resolvió meter mano en el equipo. Si iban a ser 10, debían mantener el equilibrio en la mitad, no perder el combate en esa zona de la cancha y redoblar el esfuerzo. En una decisión arriesgada, sacó a Cuadrado, con todo lo que ello implica, perder velocidad por la banda derecha y lo sustituyó con Wilmar Barrios, volante de contención que le da quite y distribución en la mitad de la cancha.

Colombia se ordenó y empezó a manejar el partido. Arias se ocupó de proyectarse por la banda derecha, Barrios y Lerma a luchar en la mitad de la cancha y Falcao a moverse por todo el frente de ataque. Sacó orgullo y emparejó la velocidad de los japoneses. A los 39′ Quintero metió un tiro libre fantástico, abajo, rasante que el arquero Kawashima sólo pudo atajar cuando la pelota ya había entrado por más de medio metro al arco. 1 a 1 y el cierre del primer tiempo.

El complemento tuvo un desarrollo monotemático. Japón se recompuso, se adelantó en el campo y volcó el juego hacia el arco de Ospina; Colombia pareció sentir el esfuerzo físico de la primera parte y se posicionó muy cerca de su arquero; armó dos líneas de cuatro para defender y Falcao muy cerca de ellos. Ingresaron James Rodríguez y Carlos Bacca, hombres de clara vocación ofensiva, pero jugaron un rol más equilibrado. Trataron de colaborar en mitad de cancha y, cuando podían, se sumaban al ataque. Pero el dominio era de Japón. Kagawa era el conductor, luego lo reemplazó Honda y asumió esa función. Haraguchi pesó por su sector, y Ospina tuvo dos atajadas importantes. Se olía el gol de los japoneses…

Y llegó a los 72′: corner desde la izquierda, cabezazo de Osako bien colocado junto al palo izquierdo de Ospina desniveló al 2 a 1 para los nipones.

Ya no tuvo resto Colombia. Intentó con voluntad, empujó hacia el arco japonés, pero no tuvo profundidad; tampoco resto físico para doblegarlo por velocidad o triangulaciones. No le sobraba nada para sostener el partido, menos para ir a buscar la igualdad.

Japón supo sacar provecho de la oportunidad que se le presentó. Un gol de ventaja y un hombre más al arranque del partido, era para no desperdiciar. Y si bien Colombia logró nivelar tras un esfuerzo físico muy desgastante en el cierre del primer tiempo, los orientales supieron ir a buscar la victoria con decisión y vocación ofensiva. Supieron entender que el partido se presentaba para ganarlo. Lo fueron a buscar y lo consiguieron.

 

Hernán O’Donnell

 

 

 

Suecia dio un paso al frente

Integra un grupo muy difícil, donde parecía que había un “cuco”, un equipo que se iba a llevar el primer puesto con cierta comodidad (Alemania) y ahora, tras caer ante México, dejó todo en suspenso.

Suecia aprovechó su oportunidad y dio un paso al frente. Sabía que era el partido a ganar, si quería ilusionarse con la clasificación a la segunda parte del torneo. La Copa del Mundo de la FIFA-Rusia 2018 abre posibilidades para todos, pero no son infinitas: en 3 partidos hay que lograr por lo menos 5 puntos, y aveces ni siquiera estos alcanzan; entonces, hay que exprimir la naranja al máximo para llevarse las unidades que “en los papeles” se supone que se van a obtener. Es decir, los partidos que parecen posibles de ganar, hay que ganarlos. Sin más.

Suecia tenía bien claro este concepto y por eso salió a buscar la victoria ante Corea del Sur. Con decisión y convicción. Buscó desde el inicio; fue incisivo y creativo. Así tuvo varias situaciones en el primer tiempo, dos de ellas las tuvo el centreforward Marcus Berg y en las dos supor responder muy bien el arquero coreano Hyenwoo y hasta hubo un claro penal sobre el cierre del primer tiempo que el árbitro salvadoreño no vió ni el VAR tampoco se lo advirtió.

En el segundo tiempo, Suecia siguió en la búsqueda. Con las mismas ideas y la misma vocación ofensiva. Con la movilidad de Claesson y Forsberg, más la participación en la salida de Larsson, el equipo volcó el juego hacia el arco de Corea.

En el minuto 65 el VAR entró en acción y le hizo ver al juez el penal que no había advertido. Andreas Granvquist se hizo cargo de la ejecución y con un remate suave y bien colocado a la izquierda de Hyenwoo marcó el 1 a 0.

A partir de allí, el partido tomó otro rumbo. Suecia, de a poco, se retrasó. Ya a los 70′ le había cedido la pelota a su rival, a partir de los 75′ comenzó a enfriar el partido y en los últimos 10 minutos le propuso a Corea que tuviera la pelota y amenazaba de contragolpe.

Corea no tuvo ideas para llegar. Sólo contó con una maniobra elaborada que le permitió tener una chance con un cabezazo que se fue cerca del palo derecho de Olsen.

Suecia se abrazó al resultado con fervor y pasión. retuvo el balón, sostuvo la defensa y manejó los tiempos con la sabiduría de un equipo sudamericano. Enfrió la tarde hasta que se consumiera el final. Buscó el partido, generó las oportunidades para convertir y tuvo oficio para manejar el partido, los tiempos y el resultado.

Ganó el partido que tenía que ganar y dio un paso al frente en un grupo muy peleado.

 

Hernán O’Donnell

México lindo y querido

Las Copas del Mundo tienen estas sorpresas, o no tanto. Están llenas de historias, de novedades, de curiosidades y de imprevistos; sobre todo para los más neófitos. Porque los que llevan muchos Mundiales en sus espaldas (mucho fútbol en la vida), saben que pueden ocurrir resultados inesperados, o que el crecimiento de un equipo, aunque no sea visible, genera igualdades.

México es un seleccionado que hace rato sale a jugar de “tú a tú” los partidos; que busca atacar, que respeta el balón y que inicia cada movimiento con cuidado y con destino asegurado. desde la raya del fondo o desde cualquier lugar de la cancha. Ese planteo lo mantiene desde que Ricardo La Volpe se hizo cargo de su fútbol, hace ya más de 15 años; México juega a la posesión y al ataque. Siempre.

Alemania asomaba, para muchos, como el favorito. Porque es el actual Campeón del Mundo, porque mantiene una base y un estilo desde hace muchos años, y porque ha sabido promover la renovación de la plantilla.

Pero tuvo una mala tarde, con actuaciones individuales muy bajas ( el caso de los centrales Boateng y Hummels fue el más llamativo, aunque hubo varios que estuvieron por debajo de su nivel) y se encontraron con un rival atento, rápido y concentrado. México se sostuvo a partir de la serenidad que irradia Guillermo Ochoa desde el arco. El portero debe ser de los mejores del mundo cuando juega con los pies, y siempre transmite una imagen de seguridad que se contagia a la defensa, donde lucieron Moreno y Salcedo, el medio campo bien guiado por Andrés Guardado y Herrera, y un ataque veloz y atrevido con Hernández, Loyún (que alternó buenas y malas) y Lozano.

Carlos Vela fue el gran conductor; se hizo cargo de las maniobras de cada ataque, que a veces no pudieron ser bien resueltas, pero que a los 35′  encontaron su premio cuando Hirving Lozano aprovechó la contra para enganchar ante Kimmich y Boateng y derrotar a Neuer con un remate rasante.

El 1 a 0 sorprendía a Moscú y al planeta que lo seguía por TV. México derrotaba al Campeón del Mundo.

En el complemento, el desarrollo tuvo otro libreto. Alemania al ataque, con su esquema de pases y rotación permanente, pero con una pared teñida de verde que cortaba cada intento. Y si bien el paso de los minutos lo metían al “Tri” cada vez más cerca de su arco, no tuvieron los europeos chances de concretar. Muchos centros, remates que pasaban cerca y combinaciones dentro del área que morían en un despeje o en las manos de Ochoa, una de las grandes figuras de la tarde.

México lindo y querido dice la canción. Parecía imposible derrotar al Campeón. lo logró con armas nobles, serenidad y convicción. Un paso muy grande en esta historia, que siempre puede traer sorpresas y “traiciones”. México quiere soñar, y su equipo le dio un argumento bárbaro para hacerlo.

 

Hernán O’Donnell

 

 

¡Movete, Argentina, movete!

Iban alrededor de 60′ de juego, la Argentina mantenía su forma y su manera de enfrentar a Islandia, el ritmo lento con toque laterales y progresiones cautelosas en cada movimiento progresivo, hizo estallar el coro típico de las canchas nuestras, cuando el equipo necesita ganar y se intuye que el rival, por más entusiasta y voluntarioso que sea, es inferior y se le debe doblegar, entonces, como en cualquier partido de entrecasa, el grito, mezcla de pedido y exigencia tomó forma en Moscú: “¡Movete, Argentina, movete!”…

La albiceleste no encontraba los caminos. Se había ido un primer tiempo donde el gol llegó rápido, apenas transcurrían 19′ cuando Marcos Rojo pateó al arco, en el camino Aguero detuvo la trayectoria del balón, enganchó hacia atrás y sacó un tremendo zurdazo que decretó el 1 a 0.

Creíamos que el gol le daría serenidad a la selección. No pasó nada de eso; al contrario, los desacoples defensivos que se habían insinuado en el inicio del encuentro quedaron evidenciados cuando a los 23′, enseguida digamos, una serie de rebotes en el área albiceleste encontró a Finnbogason sólo en el punto del penal y sacudió el tiro para sellar el 1 a 1. Ni tiempo tuvo la Argentina; la ventaja en el marcador se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

Entonces se empezó a tejer el relato del partido con un libreto que no se alteró en todo el desarrollo: Argentina con la pelota, a ritmo lento, seguro, prolijo, pero sin profundidad. Islandia que lo esperaba bien agrupada atrás, con poco espacio entre sus líneas y con una atención especial dedicada a Leo Messi cada vez que encontraba el balón: fuera la zona que fuera, había siempre tres hombres dispuestos a rodearlo, encimarlo y hasta hacerle falta para detener su participación.

Todo siguió igual, con una Argentina que empujaba cada vez más al arco de Halldorsson, y una Islandia que se replegaba con mucho sacrificio.

Hubo un penal por mano de Salvio que el árbitro no advirtió y una entrada fuerte sobre Meza que se transformó en el penal que Halldorsson le atajó a Messi.

Allí pareció quedar golpeada la Argentina. Iban 64′, se había cambiado el grito-exigencia por el aliento esperanzador y el equipo iba a contar con algunas situaciones más.

El ingreso de Banega le dió más profundida que la que tenía con Biglia (aunque creemos que Dybala era el hombre a hacer ingresar); Pavón entró por Di María y soltó amarras por la izquierda, en un para de desbordes productivos. Higuaín ingresó mucho más tarde de lo que debería haberlo hecho: apenas quedaban 7 minutos por jugarse, más los 5 que se agregaron al finalizar el tiempo reglamentario.

Pero Argentina estaba en shock y no pudo salir. Islandia se refugió en su campo, se abrazó al empate y hasta sueña con algo más en el torneo. No asustó ni de contraataque, tenía muy claro su plan y y su idea para llevar a cabo en este partido.

La selección quedó golpeada y no pudo salir del pantano que le propuso el rival. Quedó golpeada pero debe salir rápido. El torneo sigue y es el momento, tal como dijo el entrenador Jorge Sampaoli en la conferencia posterior, de unirse, serenarse y creer muy fuerte en el equipo y sus posibilidades. Es el momento de hacerse fuerte y reaccionar. Por eso vale escuchar el grito-ruego de la gente: “Movete, Argentina, movete!”.

 

Hernán O’Donnell

Uruguay acertó la última bola de la tarde

Se preveía un partido de ajedrez atlético. Esto es, movimientos estudiados, cuidadosos, cautelosos. Dos equipos serios, uno lleno de historia, el otro novel en esto de los Mundiales. Pero con una actualidad parecida, semejante. Dos estilos similares. El “Maestro” Tabárez y Héctor Cuper pensaron un partido táctico, con mucho cuidado en cada movimiento y avances elaborados a pie seguro. Sin despilfarrar ni una jugada. En ese contexto, se esperaba, algo más de Uruguay. Aunque sea por historia.

Pero se vio muy poco. Por lo menos en lo que hace a emociones y sobresaltos. La celeste estudió a su adversario durante 20 minutos. Recién cuando identificó todos sus movimientos, se decidió a salir un poquito. Así contó con la situación más clara del primer tiempo, que Luis Suárez no pudo aprovechar.

Y se fue cerrado en 0 esa primera parte.

El segundo tiempo comenzó con la misma tónica. Cautela y avances seguros. Uruguay se soltó más y encontró a un Cavani más incisivo, con los ingresos de Carlos Sánchez y “Cebolla” Rodríguez, que le de dieron más presencia a las bandas. Egipto se sostenía en el orden táctico y la solidez de su arquero, además de la gran labor del lateral izquierdo Abdelshafy.

Suárez tuvo una clarísima, pero el arquero Elshenawy supo esperarlo, atorarlo y arrebatarle la pelota. Era un aviso claro, tal como la jugada de la primera etapa.

Y sumó más volumen de juego, Uruguay. Empujó y empujó, frente a un equipo que supo armarse en defensa pero le faltó profundidad y pimienta en el contraataque.

Parecía que la tarde de Ekaterimburgo se cerraba con el marcador en blanco. Más cuando se acercaba el final y Cavani estrelló un tiro libre en el poste izquierdo de Elshenawy. Ahí, todos pensaron que no había mucho más para hacer ni esperar.

Hasta que llegó la última bola de la tarde. Minuto 89, tiro libre de Carlos Sánchez desde la derecha del ataque y el cabezazo limpio, potente y bien direccionado de Giménez se metió en el ángulo izquierdo del arquero egipcio. 1 a 0 y explosión celeste.

Comenzó como un partido de ajedrez, terminó con la explosión y la algarabía celeste. Porque los peones se sacrificaron, los alfiles que entraron por las bandas le dieron profundidad y una de las torres de la defensa supo acertar la última bola de la tarde.

 

Hernán O’Donnell 

Otra vez la fiesta del Fútbol conmueve al planeta

Pasan los años, pasan las sedes, cambian los países y sin embrago, cada vez que comienza una Copa del Mundo, el planeta se conmueve como si fuera la primera vez. Han pasado muchas ediciones y no cambia la capacidad de asombro y sensibilidad. Al contrario, cada Ceremonia de Apertura nos despierta la misma emoción, los mismos sentimientos, la misma mezcla fatal de alegría, recuerdos, ilusiones y esperanzas. Cada Mundial es único, cada Mundial se lo vive de la manera que cada uno encuentra: en grupo, en familia, con amigos, en el estadio, en el fan fest o en soledad. Pero siempre los sentimientos embargan y desbordan, no importa donde uno lo vea o esté presente. No influye si es en el lugar de los hechos o por televisión. Si lo ve rodeado de gente en un bar, en el clima estudiantil que se arma en cada oficina o en el medio del campo.

El Mundial es único y este de Rusia 2018 abrió con sus propias carcterísticas.

Un video corto y emotivo, la actuación estelar de Robbie Williams, el desfile de las banderas de los equipos participantes y a jugar!

Rusia salió decidido. Con ímpetu, dinámica y velocidad, intentó llevarse por delante a Arabia, que si bien se mostraba liviano en defensa, a partir de la mitad de la cancha se movía con cierta cadencia y elegancia. Pero no sostenía la vertical cuando debía defenderse y enseguida llegó la apertura del marcador por parte del local. Centro desde la izquierda, la entrada solitaria de Gazinsky y el cabezazo cruzado a los 12′ ponía el 1 a 0.

 

Después se movió con comodidad el local. Tuvo atención en la marca y se manejó de contraataque. Así llegó el segundo gol cuando transcurrían 43′. Salieron desde el área por el lateral derecho, el pase en diagonal para Somolov, la salida desguarnecida de los centrales de Arabia Saudita y el pase final que deriva a Cherishev que conquista el 2 a 0 tras una buena maniobra individual en la que aplica el freno, para que pase de largo Osma Hawsawi que intentaba el último cierre, y define de zurda al primer palo.

El segundo tiempo acentuó las diferencias entre los dos equipos. Rusia atacó un poco más, sumó mas gente al ataque y no permitió que Arabia saliera. Le cedía la pelota cuando debía salir de su arco, pero enseguida, en tres cuartos de cancha, lo apretaba. Conseguía el balón y sumaba mucha gente al ataque. Llegó, en consecuencia, el tercer gol: Dzyuba a los 71′ señaló el 3-0

Allí se terminó el partido. Quedaban algo así como 20′ de juego, pero nada diferente podía esperarse. El dominio del local era sofocante y cuando parecía todo cerrarse en ese marcador, ya en tiempo de descuento llegaron dos gritos más que dejaron un resultado muy abultado, pero que, al cabo, reflejó las distancias entre uno y otro equipo. Pasados los 90′, cuando ya se jugaban 50” de descuento, un tremendo zapatazo de Cherishev se coló al ángulo izquierdo de Almuiaouf, que nada pudo hacer a pesar de su largo vuelo. Y a los 90’+3′ Golovin ejecutó un tiro libre desde la derecha, abierto y por afuera. Un golazo al ángulo que selló el resultado en 5 a 0.

Rusia abrió su campeonato con una goleada impensada, pero justificada. Le dio rienda suelta al ataque, apostó por la victoria y se llevó 3 puntos y una buena diferencia de gol para mirar el futuro con una sonrisa.

 

Hernán O’Donnell 

 

 

El Mundial se pone en marcha

Faltan algunas horas. La cita máxima del deporte más lindo del mundo está por empezar. El telón comienza a levantarse y la Copa del Mundo de la FIFA-Rusia 2018 despliega sus alas. Ya estamos en la parte final de la cuenta regresiva. El reloj parece apurar sus agujas. Los preparativos se aceleran y todas las sedes ya cierran los últimos detalles.

En unas horas saldrán a la cancha el anfitrión, Rusia y Arabia Saudita, para jugar el primer partido del torneo. Un rato antes habrá una fiesta, como es tradicional en cada una de las Copas del Mundo. Una fiesta no demasiado larga, pero plena en el sentimiento, en la emoción, en el mensaje. Es posible que tenga puntos en común con todas y cada una de las ceremonias anteriores, pero la emoción que se siente, la alegría, los recuerdos que se juntan, se amontonan y brotan de distintas maneras: lágrimas, sonrisas, guiños, carcajadas…

El Mundial llegó a Rusia. El Mundial se convirtió en el acontecimiento social más importante, más observado, más seguido, para la humanidad. El Mundial conmueve a amantes del fútbol y a detractores; el Mundial está en todos los rincones del planeta. El Mundial no deja a nadie indiferente. El Mundial es el único tema de conversación. El Mundial está omnipresente en la vida diaria de cualquier país, de cualquier estado, de cualquier ciudad o pueblo. El Mundial nos abre sus puertas. En cualquier lugar que estemos, donde podamos verlo y compartirlo, entremos a disfrutarlo.

 

Hernán O’Donnell