Una leyenda llamada Bernard Hopkins

Dolió mucho verlo caer así. De un golpe, un zurdazo violento que lo sacó del  ring, abatido, con una derrota dura por la vía del Knock Out, que nunca había sufrido en su carrera. La catarata de golpes de Smith y el peso de la juventud resultaron demasiado para el veterano Bernard Hopkins, Rey de los Medianos durante una década, hombre récord de defensas exitosas cuando llegó a las 20…dolió mucho ver el final tan categórico, superado y lejos de lo que fue su trayectoria. Pasó más de un año, pero es buen momento para repasar la trayectoria de un gigante que paseó su fiereza por los rings de todo el mundo.

Atrás quedaron los días difíciles del comienzo, la infancia dura y los delitos cometidos. Muy lejanos en el recuerdo se perdieron los tiempos confusos, donde la violencia lo dominaba y la cárcel fue su destino cuando apenas contaba con 17 años y nada hacía prever la carrera que desarrollaría. Parecía que la delincuencia y la marginalidad serían su destino.

Luego vino la conversión religiosa y su apego al boxeo para darle un vuelco a su vida. El muchacho de Philadelphia encontró en el deporte una salida a la vida ilegal y una entrada a momentos de gloria y éxitos.

Así pasaron adversarios de renombre: Danny Mitchell, Wayne Powell, Roy Jones Jr, Felix Trinidad, Carl Daniels,  Oscar de la Hoya, Jermain Taylor, Joe Calzaghe…

Supo hacerse un nombre grande entre los medianos y los medio pesados; un hombre que construyó un recorrido impecable durante décadas y se metió en la galería de los grandes de todos los tiempos. Su estilo defensivo, eficaz, habilidoso y contragolpeador, moldeó un pugilista ganador, destacado por su capacidad estratégica y experiencia para manejar los combates, con los amarres y el corte de ritmo de cada combate.

Armó un camino lleno de victorias, que lo llevaron a batir todos los récords de defensas. Y para convertirse en el boxeador campeón del mundo más longevo.

Lo dicho, una carrera para enmarcar y para destacar.

Toda una película con un final indeseado y doloroso. Dos años atrás, había caído ante el ruso Sergei Kovalev y ese parecía el final del ciclo. Pero hubo más, y fue un verdadero desencanto. Porque la trayectoria se veía diáfana hasta este sábado 17 de diciembre de 2016, cuando se topó con Joe Smith Jr y arribó el desenlace que ya es parte de la historia del boxeo.

Caer fuera del ring es algo que puede suceder. Le pasó a Hopkins como les sucedió a muchos otros antes (desde el recordado Dempsey cuando Firpo lo “voló” del cuadrilátero hasta Tommy Hearns cuando lo desbordó Sugar Ray Leonard y Tommy quedó con más de medio cuerpo afuera en el 13er round del primer combate entre ambos, el 16 de septiembre de 1981)  y le pasará a muchos pugilistas en el futuro. Pero esta caída fue espectacular y dramática, pues pudo haber tenido consecuencias peores de las que tuvo, mucho más graves. Hubiera sido una tragedia imperdonable, para un hombre que está en la pasarela de los más grandes de esta actividad.

Además de ese derrumbe, la imagen  del match es lo que queda en la retina y en la memoria. Deslucido Hopkins, sin poder detener los avances de Smith Jr, sin su conocida versatilidad defensiva, sin poder dominar los ataques y con mucho castigo sufrido.

Hopkins quiso seguir hasta donde pudo. Intentó ganarle al tiempo. Subió al ring con 51 años y buscó un último combate que le permitiera cerrar la historia con un final feliz. Lógico, es tan difícil decirle adiós a la profesión (cualquiera sea ella) y más a una que regala aplausos y es bien recompensada en lo económico. Es muy difícil llenar el vacío luego de alejarse de los escenarios y las grandes ovaciones. Y es fácil criticar cuando no es uno mismo el que vive esa situación.

El pugilista vive de la retribución económica, pero también del reconocimiento del público. En los rings y en la calle. Y alejarse de esa repercusión no es sencillo. Para nadie lo es. Y para nadie que le tocara vivirlo, lo sería. Hay que comprender esto. Y también entender que es difícil retirarse cuando uno se siente pleno, aún joven y con ganas. Aunque haya más jóvenes que aparecen, y tienen más fuerza, más velocidad, más resistencia. Mientras sentimos que podemos, seguimos. Esto es así. Hopkins sintió que podía. ¿Por qué habría de irse?

La última pelea le mostró una realidad, que hasta que no nos pasa, no la aceptamos. O no la queremos ver. O, sencillamente, no la vemos. A todos nos sucede. Tuvo que venir un joven con nuevas luces para comprobar que el tiempo había pasado.

Bernard Hopkins tuvo una historia fantástica, llena de éxitos y grandes. Nada la empañará. Ni siquiera esta caída conmocionante y espectacular que una noche de diciembre le anunciaba que su tiempo había finalizado.

 

Hernán O’Donnell

Terence Crawford, el nuevo ídolo de América

El juego de dados transcurría en calma; como toda competencia lúdica, cuando el dinero está en juego y el alcohol levanta temperatura y caldea los ánimos, el ambiente empieza a transformarse, y la serenidad le deja lugar a una atmósfera más espesa, donde el aire se vuelve tenso y cualquier chispazo es una excusa para alterar los ánimos.

En ese mundo estaba Terence Crawford, en pleno juego de dados cuando una bala fue directa a su cabeza, rozó su cráneo y rebotó. Pudo ser el final, pero el hombre está hecho de sangre y coraje, y se subió enseguida a su automóvil para ir a un centro hospitalario a hacerse atender.

“En el año 2008 me pegaron un tiro en la cabeza, tras un juego de dados. La bala rebotó en mi cráneo y cayó. La ventana modificó el recorrido de la bala, que giró en lugar de ir derecho y me subí al auto y conduje hasta el hospital, no me iba a quedar quieto” recordó un tiempo después.

Ya había hecho su debut profesional y contaba con unas cuatro peleas. Pero ese altercado, en medio de los códigos nunca del todo claros del mundo pandillero lo hizo reflexionar.

Pudo ser el fin. Pero, fue el principio de todo. “A partir de allí, la vida ha sido muy buena conmigo”, aseveró. El camino sería algo similar a un sendero de rosas, con espinas por supuesto, pero lleno de éxitos, que lo llevarían a un sitio reservado para elegidos.

Su carrera amateur fue corta y sin mayores distinciones, pero el camino profesional que se abrió a partir de ese incidente fue más que interesante.

Debutó el 14 de marzo de 2008 y noqueó en el primer round a Brian Cummings en una presentación estelar en el Athletic Club de Denver, Colorado. Admirador de Sugar Ray Leonard y el propio Floyd Mayweather, comenzó a delinear un estilo propio, sin un entrenador fijo en su esquina. “Tengo un entrenador para los movimientos de piernas, otro para los golpes de ataque, otro para la defensa. Creo que es lo más conveniente. Si tienes un solo entrenador, se le pueden perder muchas cosas” afirmó con naturalidad. Las variantes fueron una característica en su carrera. Siempre se mantuvo en el B&B Boxing Academy en Omaha, Nebraska. “Siento que aquí estamos todos en el mismo camino; cada entrenador merece una oportunidad y yo creo en ellos como ellos confiaron en mí”, explicó sobre su permanencia en su ciudad natal.

A partir de aquel debut, enhebró una serie de victorias que no se interrumpieron aún. Cuando llegó a su triunfo número 20, ante Breidis Prescott en Las Vegas, el mundo empezó a posar los ojos sobre él. Había logrado una victoria importante, en una cartelera llamativa y en una ciudad boxística por excelencia. Hasta ese momento, sus victorias se encadenaban en silencio, lejos de las grandes luces y los célebres escenarios.

Eso fue en 2013; al año siguiente consiguió su primer título Mundial: fue en Glasgow, Escocia, ante el local Ricky Burns y obtuvo el título Mundial ligero de la Oragnización Mundial de Boxeo (OMB).

En su primera defensa noqueó al boricua Yuriorkis Gamboa, y ya las primeras planas comenzaron a ocuparse de él.

En 2015 vence a Thomas Dulorme y obtiene el Título Mundial Superligero de la OMB; sería el primero de los cuatro, lo que lo ubicaría en un pedestal difícil de alcanzar. En esa actuación lució veloz, fuerte y muy eficaz en los contragolpes. Cada intento de Dulorme era replicado enseguida con combinaciones muy bien elaboradas.

Comenzaría aquí la seguidilla que lo encumbraría en lo más alto del orden internacional. “Bud” Crawford se metería en las grandes carteleras y desafiaría récords que lo llevaran a donde se ubica hoy: en la cúspide del boxeo internacional.

Luego de dos defensas, vendría una de sus más resonantes victorias: ante el ucraniano Viktor Postol, quien había logrado un gran triunfo ante Lucas Matthysse y se había consagrado ante el gran público.

“Bud” se tomó muy en serio ese desafío: “Es un honor pelear en Las Vegas, una ciudad de tantas peleas históricas, y tantos pugilistas que dejaron su firma. Siento la misma emoción que sentí cuando me presenté en el Madison Square Garden. Me gané esta posibilidad. Trabajé mucho para obtenerla, pero debo estar muy concentrado para poder ganar”, afirmó cuando llegó el momento del combate.

Esa noche ante Postol, Crawford conquistó el título Mundial Superligero del Consejo Mundial de Boxeo, sumándolo al que ya tenía de la OMB, y también logró el de la Revista The Ring.

Fue una actuación consagratoria, ante un oponente de jerarquía que dejó el invicto en ese combate. Fue inteligente para el planteo, se movió con rapidez y supo armar los contragolpes. Tuvo por el suelo al europeo en el quinto asalto y se llevó el pleito por decisión unánime.

Pero no se detendría allí el camino ascendente. Todavía habría más escalones para ascender. Luego de dar cuenta de John Molina Jr y Félix Díaz, la prensa especializada internacional lo llenó de elogios. Lo subieron muy rápido a la galería de los mejores libra por libra y reclamaron gustosos un enfrentamiento con Manny Pacquiao.

Sin embargo, Crawford les tendría reservada una sorpresa. Tenía una noche más para gritar un nuevo record. Sería una noche consagratoria: el 19 de agosto pasado ante Julius Indongo sumaría a los dos títulos que tenía, dos cinturones más: el de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y el de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Cuatro cinturones de una categoría. Hay que retroceder hasta la época de Bernard Hopkins para encontrar una maravilla semejante.

“Me siento muy afortunado de llegar a esta posición”, señaló Crawford, tras ese combate. “Le agradezco a Bob Arum y Top Rank. Siento la bendición y la humildad de ser el campeón indiscutido del mundo. Significa todo para mí. Soy el único que puede decir que es el campeón indiscutido del mundo, y eso es grandioso. Ningún boxeador puede afirmar que no tiene rival en su división de peso”.

Pero no se quedó en esas declaraciones. A poco de vencer, se dirigió al “Nebraska Medical Center”, uno de los hospitales más renombrados de su tierra natal, para visitar a enfermos y brindarles un mensaje de esperanza y motivación, que le valió el reconocimiento de las autoridades.

Esas victorias le llenaron de elogios tras un 2017 plagado de éxitos. La revista Forbes, en su versión digital, lo consagró como el boxeador del año. Unificó la categoría welter junior, agotó entradas, fue un caballero fuera del ring, se perfila para ser la estrella de 2018. Todos los argumentos que estableció la publicación para destacarlo.

El triunfo ante Díaz, ex medallista de oro olímpico, fue determinante. Y si bien los cronistas de la publicación tienen muy en cuenta a Vasyl Lomachenko, el peleador de Nebraska se ha ganado un sitio de privilegio.

También lo elogió el gran Floyd Mayweather, tanto que sobre el fin del año 2017 afirmó que era el mejor libra por libra: “Para mí, no hay dudas”, dijo Mayweather. “Es el mejor libra por libra; me recuerda a mí cuando era joven. Es un infierno de boxeador”, completó.

También la Organización Mundial de Boxeo (OMB) supo distinguirlo, y lo destacó como el peleador del año. En la jornada final de la 30 Convención Anual de la entidad, que se desarrolló en un crucero por el Caribe, le dieron la distinción.

Crawford recibió la placa de manos del portorriqueño Francisco “Paco” Valcárcel, presidente de la OMB, y anunció que pasaría a las 147 libras. Así sería el primer retador del australiano Jeff Horn, en una pelea que le abre un nuevo camino.

Crawford está ahora primero en el ranking, y Pacquiao que bajó al segundo lugar parece más volcado a su carrera política y su oportunidad de ser electo Presidente de Filipinas, que a las novedades boxísticas.

Un desafío que lo tienta y ve accesible: “Jeff Horn hizo lo que correspondía para derrotar a Gary Corcoran, pero yo soy distinto. Tengo más rapidez y pegada. La historia será diferente. Creo que seré más fuerte y más grande que en mi categoría anterior. Vengo de un gran año, con triunfos importantes ante Díaz y Julius Indongo, y el 2018 lo espero con muchas ganas, creo que va a ser un año exitoso. Creo que mejoro cada vez que subo al ring y que seguiré por ese camino”, afirmó Crawford.

Ese es el reto que le espera a ahora a Terence Crawford. Poder doblegar en las opiniones esa “batalla” dialéctica que lo enfrenta con Vasyl Lomachenko. Porque el ucraniano ha tenido un año formidable, ha logrado resonantes triunfos y acabó con una amenaza latente llamada Guillermo Rigondeaux.

 

Será para Bud el gran desafío. Poder establecerse como el mejor libra por libra. En las 140 ya demostró que no hubo oponente que pudiera destronarlo. Y todavía puede crecer aún más. Subir de categoría es una posibilidad y un desafío. Ir a las 147 libras, donde aparecen figuras de la talla e importancia de Keith Thurman, o Danny García, es algo que se presenta como una nueva motivación.

Es lo que le depara el año nuevo que se inicia; un camino duro, pero atractivo. Un desafío para un valiente. Un duro con el corazón de oro, un hombre que siempre tuvo un gesto para los más necesitados, que descubrió valores en Africa, que sobrevivió a un duro ataque, que se acercó a su comunidad, que estuvo cerca de los enfermos y convalecientes, que donó pavos para las fiestas, que logró el reconocimiento de las autoridades, que fue varias veces candidato a boxeador del año, que no ha parado de crecer…

Terence “Bud” Crawford no teme. Al contrario, el hombre que batió los récords de audiencia televisiva, que despertó al público norteamericano y encendió una nueva esperanza, cree que lo mejor de su repertorio está por venir.

 

Hernán O’Donnell

Miguel Cotto, un guerrero se despide de los cuadriláteros

Nada puede ya empañar su dorada carrera. Ni siquiera esta derrota ajustada, discutida, ante Sadam Alí, en una noche de grandes luces en el mítico escenario del boxeo internacional, el Madison Square Garden.

La última función de Miguel Angel Cotto fue una caída controvertida, donde los jurados fallaron 115-113, 116-112 y 115-113.

Fue el cierre de una magnífica trayectoria, el boricua aceptó con respeto e hidalguía la decisión y tal como lo hizo segundos antes de iniciar la última función, en unos segundos se le atravesaron todos los años de gloria que vivió en el pugilismo. Una carrera jalonada de victorias (41 -33ko-, 6) que lo llevaron a obtener cuatro títulos mundiales, en la que se midió con todos los grandes nombres de la época y donde se presentó fue garantía de buen boxeo.

En su biografía se revela que en verdad nació en Providence, Rhode Island, Estados Unidos el 29 de octubre de 1980, pero muy pronto su familia regresó a Caguas, puerto Rico, de donde era su padre, y quedó emparentado como boricua de modo definitivo.

Estimulado por su hermano José, su primo Abner y su tío Evangelista, muy pronto el joven Miguel se metió en un gimnasio y comenzó su carrera pugilística; su padre también había sido boxeador. En un documental de la cadena HBO (a la que siempre se mantuvo fiel en toda su trayectoria) confesó que a los 11 años se veía gordo, y como su hermano practicaba boxeo, empezó con esta actividad para bajar de peso. Le tomó el gusto y sentenció: “Hice del boxeo, mi vida”

En 1999 concurrió a los juegos panamericanos de Winnipeg y un año más tarde se presentó en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Siempre en representación de Puerto Rico.

Al año siguiente haría su debut profesional, entrenado por su tío, Evangelista. Era una época floreciente del boxeo de Puerto Rico, en la que Félix “Tito” Trinidad convocaba multitudes y era muy querido por su gente, por su condición de exitoso y su simpatía fuera del ring. Cotto, con otra personalidad, continuaría el legado deportivo. “La gente entendió que yo era de una manera y no iba a cambiar”. Con el tiempo, se ganó el cariño de la gente de su isla.

En su decimocuarta pelea ganó el Título Internacional Superligero del CMB. Y en el año 2004 le llegaría su primera oportunidad por el Título Mundial Superligero de la OMB, ante el brasileño Pinto a quien derrotó por KOT6.

Ahí empezó una larga, fructífera y exitosa carrera, donde los rivales se superaban en nombres y Cotto no evitó a ninguno. Su golpe más agresivo era el gancho de izquierda y lo complementaba con un muy buen boxeo, lo que le permitía sumar victorias.

Defendió la corona en 6 oportunidades, ante adversarios calificados: Demarcus Corley y Paulie Malignaggi fueron algunos de sus oponentes. Ante este último cerró su campaña en esa categoría con una victoria por fallo unánime en el Madison Square Garden. Antes había ya recorrido escenarios de renombre como el Mandalay Bay Events Center, el MGM Grand Graden Arena, ambos de Las Vegas, o el Boardwalk Hall de Atlantic City, y el Madison por supuesto…

En octubre de 2005 visitaría a la Argentina. Para ser precisos, su paso por Buenos Aires estuvo casi todo dedicado al Club Atlético River Plate, del cual se declaró hincha. Tuvo un almuerzo con los dirigentes, brindó una conferencia de prensa en el salón de honor de la institución y asistió al Superclásico ante Boca Juniors jugado el domingo 16. Siempre enfundado en una camiseta del equipo de la banda roja.

“Soy amigo de Steven Álvarez, quien es el presidente de la filial Puerto Rico de River y hace unos años se acercó a mí para que lo ayudara. Luego se  transformó en algo más importante, y lueho me convertí en un hincha más de River”, explicó en su momento.

“La verdad es que yo no entendía nada de fútbol hasta conocer a River. Ahora sigo los partidos del equipo a través de  las transmisiones por cable que llegan a Puerto Rico”, agregó.

En realidad, no era la primera vez que visitaba el país. Ya había estado en dos ocasiones. Había estado en 1998 para disputar el Campeonato Mundial Juvenil Sub 19, y luego, dos años más tarde,  tomó parte del Pre-Olímpico en el que consiguió su clasificación a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

En diciembre de 2006 ganó el título Mundial Welter de la AMB ante Carlos Quintana.

Luego de las defensas ante los afamados Zab judah y Shane Mosley, perdería el título en una muy controvertida pelea frente a Antonio Margarito. Aquel KOT en el 11º asalto quedó marcado por una gravísima denuncia de irregularidades en los guantes de Margarito: Se descubrió que las vendas de sus manos tenían los elementos primarios para la creación de “plaster of Paris” (yeso). El pedido de la revisión de las vendas había sido hecho por el equipo de Shane Mosley, quien iba a hacer la pelea posterior. Se creyó que Antonio Margarito había usado este yeso como elemento ilegal en las vendas, en el combate que le ganó a Miguel Cotto. A Margarito se le suspendió la licencia de boxeador por un año. Y el boricua dejó el invicto luego de 32 triunfos consecutivos.

Para Miguel Cotto fue uno de los momentos más duros de su carrera. Tardó mucho en recuperarse; las heridas y los golpes fueron tremendos. Incluso su mujer recuerda los meses posteriores a ese combate y como debían levantarlo para hidratarlo y todo lo que costó la rehabilitación.

Pero el orgullo siempre fue un motor muy importante en su vida y apelaría a él para recuperarse y seguir adelante.

El 21 de febrero de 2009 alcanzó su tercer título, el de los pesos Welter  de la OMB tras vencer a Michael Jennings. Y tras una defensa, vendría otra caída, esta vez ante el célebre Manny Pacquiao.

Fue derrota por KOT 12, pero la claridad que mostró el filipino fue muy marcada a lo largo del combate; el propio Manny dijo un tiempo después que fue su mejor versión, uno de sus mejores encuentros. Para Miguel, aún se pagaban las consecuencias del castigo excesivo e ilegal sufrido en la pelea ante Margarito.

A partir de allí, el boricua buscaría recomponer y relanzar su carrera.

En 2010 venció a Yuri Foreman en el mítico Yankee Stadium y obtuvo el título Superwelter de la AMB. Lo defendió ante Ricardo Mayorga y en diciembre de 2011 tuvo el ansiado desquite ante Antonio Margarito.

“Margarito es un criminal porque usó una herramienta antirreglamentaria contra otra  mí. Estoy 100% convencido que uso ese yeso. Esta vez, la historia será diferente y la pelea será distinta. Margarito es una vergüenza para el boxeo y acabaré con él”, afirmó en las horas previas en un claro mensaje lleno de rencor y sed de revancha.

Lo cierto es que Margarito venía muy golpeado de una reciente pelea (y derrota) ante el gran Manny Pacquiao; se le cerró el ojo derecho muy rápido y no pudo continuar luego del noveno round, ya que el médico y el árbitro no le dieron el pase.

Cotto había tenido su desquite, aunque los fans del mexicano aún creen que podía seguir y ganar, pero que pagó muy caro las consecuencias de la pelea frente al filipino Pacquiao.

“Quería mostrarle a la gente que lo que había sucedido en el primer enfrentamiento no fue leal; y no había mejor lugar que hacerlo en un estadio tan ligado a mí, como el Garden”, comentó a HBO.

El 5 de mayo de 2012 llegaría el gran desafío: ante Floyd Mayweather en el MGM Grand Arena de Las Vegas, Nevada. Un estadio colmado, una plaza emblemática y el boxeador del momento enfrente, favorito absoluto en todas las encuestas. Floyd llegaba con un impactante récord de 42-0 y entre sus derrotados figuraban nombres de la talla de Demarcus Corley, Arturo Gatti, Zab Judah, Carlos Baldomir, Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Juan Manuel Márquez, Shane Mosley y la controvertida definición ante Víctor Ortíz.

Sin embargo, Cotto sorprendió con un plan de pelea ofensivo, veloz y donde pudo durante varios pasajes, tener el control de la acción. El segundo y el quinto fueron de él; En el sexto round conectó sus mejores golpes y tuvo su momento de la pelea, que era muy equilibrada hasta el octavo round (donde volvió a dominar el boricua), pero a partir del noveno (round cerrado y difícil de evaluar), Floyd se adaptó mejor, Cotto ya no lanzó tantos golpes ni combinaciones y  prevaleció Mayweather para llevarse los últimos tres asaltos y el combate.

Cotto no quiso hablar tras la pelea, pero no puede discutirse el triunfo de “Money”; Miguel ganó el 5, 6 y 8. Aunque se discuta el 2 y el  9, todos los demás rounds fueron para Mayweather que estuvo muy cerca de sacarlo en la última vuelta.

Pero la imagen que dejó el portorriqueño fue muy buena, uno de los que mejor pelea le hizo al imbatible Mayweather.

Después perdió con Trout, y las dudas aparecieron en la mente de Cotto; sentía que debía comenzar de nuevo, reordenarse, reencontrarse, y convocó a Freddie Roach, el célebre entrenador, para ordenar las ideas y reemprender el camino.

“Me llamó y me dijo ‘Freddie, me quedan unas tres peleas por hacer, ¿puedes ayudarme?’”, comentó Roach en el documental. Aceptó de inmediato y enseguida se produjo muy buen entendimiento entre ellos. A Roach le gustaba la contracción al trabajo de Cotto, y su primera recomendación fue volviera a usar el gancho de izquierda, porque lo consideraba su mejor golpe.

Ante Sergio “Maravilla” Martínez tuvo una noche plena. Fue en el Madison, el 7 de junio de 2014, cuando apenas faltaban unos días para el inicio de la Copa del Mundo de la FIFA-Brasil 2014 y el público argentino empezaba a ilusionarse con el Mundial…

Martínez no estaba en su plenitud física y la victoria de Cotto fue indiscutible.

En 2015 se midió con el ascendente Saúl “Canelo” Alvarez, quien venció por fallo unánime: El “Canelo” tuvo palabras de elogio y valor para Cotto, quien no esquivó enfrentar a los mejores del momento. Roach creyó que Cotto vencería en una revancha, pues lo vio mejor en la primera.

Más allá de la controversia, Canelo tuvo palabras de respeto y admiración por su adversario: “Le diste mucho al boxeo, y te deseo lo mejor para tu vida. Ahora llegó el momento para disfrutar todo lo que hiciste por el deporte y  todo lo que el boxeo te ha dado. Fue un gran honor compartir el ring contigo. Aprendí mucho de esa pelea. Fue un honor”.

El combate final lo tuvo con Sadam Alí, nada sencillo por cierto, decidió cerrar la ventana ante un adversario joven, potente y en ascenso. Fue dura, difícil, y con un resultado adverso. Pero nada puede empañar su brillante trayectoria.

En todos estos años de dedicación exclusiva al boxeo, Miguel Cotto supo encontrar el tiempo y el espacio para formar una familia ejemplar, que lo acompañó siempre y estuvo en las buenas y en las malas. Sacrificó cumpleaños, fiestas de graduación, eventos familiares, todo por el boxeo. Y su familia siempre lo apoyó: “Es tiempo de darle todo a ellos; ya no quiero perderme cosas”, dijo con la emoción y la tranquilidad del deber cumplido tras casi veinte años de darle su vida al boxeo.

 

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Key Biscayne, Florida, USA)

   

Sangre irlandesa

El boxeo moderno tuvo su origen en Inglaterra, hacia el siglo XVIII, a puño limpio y con unas pocas reglas fundamentales que se mantuvieron hasta 1838. De a poco, se sumaron algunos puntos que modificaron el reglamento original: Duración de las peleas, utilización de guantes acolchados, elevación del ring para que los auxiliares no ayudaran a levantarse al caído.

Podremos profundizar la historia, detallar cada uno de los aspectos reglamentarios, ser puntillosos en cada detalle y precisos en las fechas. Pero lo que esta nota les va a contar es que detrás del origen de este deporte en Inglaterra, hubo (y hay) otra historia: la de la Sangre Irlandesa, esa que fluye en la isla que domina Dublín y se enfrenta al Reino Unido, en un combate eterno, que divide a la República de Irlanda de su vecino poderoso.

La sangre irlandesa se vio reflejada en heróicos boxeadores nacidos en esas tierras o de lazos muy familiares. Y la emigración hacia otras lugares, sobre todo Estados Unidos, hizo que la pasión por el boxeo se desarrollase. Irlandeses inmigrantes llevaron el box que conocieron en las islas a Norteamérica. Y una larga lista de ellos marcó la historia del boxeo mundial.

Uno de los pioneros fue Paddy Ryan, quien nació en in Thurles, Tipperary, República de Irlanda, el 14 de marzo de 1851. Llegó a ser Campeón del Mundo en mayo de 1880 cuando le ganó el título a Joe Goss. Y perdió la corona el 7 de febrero de 1882 ante el célebre John L. Sullivan. Nacería, allí, una leyenda, una celebridad que se mantiene hasta nuestros días.

John L. Sullivan, hijo de Michael Sullivan y Catherine Nelly, dos inmigrantes irlandeses, nace en Boston, Estados Unidos el 15 de octubre de 1858. Fue un mito del boxeo. El último campeón a puño descubierto. Un hombre que realizaba combates de exhibición y por el dinero que podían ofrecerle. Que tuvo una victoria memorable ante Jake Kilrain, que duró ¡75 rounds! cuando la esquina del contrincante decidió el retiro, en la última pelea que se realizó sin guantes.

Había llegado el tiempo de la gloria para un hombre que, hasta el momento de su encumbramiento en el boxeo, parecía destinado a ser un jugador de Baseball.

Luego, los excesos, los placeres y el alcohol mermaron su físico, hasta llegar a perder su título cuando cae frente a James Corbett en 1892.

Para los argentinos decir Jack Dempsey es algo así como decir Luis Angel Firpo. O El Combate del Siglo. Lo cierto es que este hombre que salió vencedor aquella noche del 14 de septiembre de 1923, había nacido en el estado de Colorado de Padré irlandés y madre inglesa. Su reinado duró hasta que se topó ante otro americano de orígen irlandés: Gene Tunney lo venció en septiembre de 1926. Era hijo de irlandeses John Lydon Tunney y su esposa Mary habían llegado de Irlanda en busca de construir un futuro mejor.

James Braddock también era hijo de inmigrantes irlandeses. Nacido en Nueva York, su historia fue muy conocida a partir de la película que refleja su vida: “Cinderella man”,

el hombre cenicienta. Su campaña en el boxeo había sido interrumpida por la Gran Depresión de 1929 y debió trabajar como estibador para poder llevar dinero a su hogar. Cuando menos lo esperaba, le llegó la chance para pelear por el título mundial ante Max Baer. Y sorprendió al mundo con una indiscutida victoria. Luego, cedió ante el gran Joe Luis.

Tom Sharkey nació en Dundalk, Irlanda. También dejó su tierra natal para arribar a Nueva York. Muy pronto se unió a la Armada de Estados Unidos. Allí aprendió a boxear y luego desarrolló una interesante carrera profesional.

Y si hablamos de sangre irlandesa, hasta el mismísimo Muhammad Alí tiene ascendencia de esa generosa sangre guerrera. Un estudio demostró que un bisabuelo del Más Grande Boxeador de todos los tiempos había nacido en Ennis, al oeste de Irlanda, para luego emigrar hacia los Estados Unidos donde se casó con una mujer afroamericana.

En 2009, el magnífico Alí realizó un viaje a Irlanda para vistar la tierra de sus antepasados. Cuando llegó a Ennis, el pueblo entero salió a vitorearlo. Era sangre irlandesa que llegaba a conocer su tierra de origen. Lo recibieron con los honores más puros y francos de un pueblo: banderas en las calles, carteles en todos los comercios, y una caravana que lo paseó por las principales calles donde miles de habitantes saludaron su paso. Su esposa, Yolanda, afirmó allí que la sangre irlandesa de Alí podría explicar su legendaria habilidad para apabullar a sus adversarios.

El tiempo siguió su camino y surgieron boxeadores de sangre irlandesa que alumbraron por distintos sitios. Un caso muy famoso fue el de Barry Mc Guigan. Uno de los grandes boxeadores irlandeses, fue campeón europeo, representó a la Irlanda del Norte en los juegos de la mancomunidad británica y titular mundial del peso pluma al vencer al panameño Eusebio Pedroza. Solo perdió tres veces en 35 combates. Ganó 28 de sus 32 triunfos por nocaut. Católico y casado con una mujer protestante. Alguna vez le preguntaron: ¿Por qué te has hecho boxeador? Y respondió: “Porque no puedo ser poeta. No se escribir historias…”

Mc Guigan había nacido en Monahan, era católico y se destacó por sus valores humanos. Siempre buscó entregar un mensaje de paz, en un tiempo en que Irlanda del Norte se debatía en luchas constantes entre católicos y protestantes. Inspiró la película “The Boxer”, con la actuación de Daniel Day Lewis.

Era sangre irlandesa guerrera en el ring y pacifista en la vida cotidiana. Ahora entrena a Carl Frampton, nacido en Belfast, Irlanda del Norte, un boxeador de enorme proyección y muy buenas cualidades,  que quiere emular a su mentor. Protestante é, se ha casado con una mujer católica. Y afirma su mensaje de paz en una zona que siempre está latente la división.

Se podrán enumerar muchos ejemplos más. Podremos recorrer otros nombres, de otros tiempos y más cercanos. La pasión por el boxeo de actores como Liam Nelson, quien si bien nació en Irlanda del norte, para los del sur hay una sola. Historias que inspiraron películas, libros, obras de teatro.

Pero esta historia está centrada en la Sangre Irlandesa, la que inspiró a tantos pugilistas y regó con nobleza los cuadriláteros del mundo.

 

Hernán O’Donnell

 

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko le dicen adiós al boxeo

En un año de grandes carteleras y de muy buenos combates, hombres que supieron regar de gloria los rings del mundo, ahora en cuentran su momento para decirle adiós a los cuadriláteros.

Los dos tuvieron un origen disímil, bien distinto, hicieron un recorrido similar, lleno de gloria y dignidad, y alcanzaron un final con la misma repercusión positiva.

Este año, cargado de noticias impactantes en el mundo del boxeo, se ve, otra vez, sacudido por dos informaciones que llegan para cerrar el círculo de dos guerreros del ring, muy cotizados, respetados, y que llenaron de adrenalina las noches de sábado con actuaciones resonantes y televidentes desbordantes en todo el mundo.

Pero el origen de ambos fue bien diferente; llegaron de dos mundos alejados, con pocas cosas en común. Uno representa al “macho” latino, la sangre caliente y la pasión sobre el ring. El otro es un cabal representante de los “Hombres del Este”, tantas veces nombrados en Revista Ring-Side. Esos boxeadores que llegaron de los países del este de Europa, desmembramientos de la vieja Unión Soviética, que prodigaron pugilistas que cambiaron el mapa de los rankings. Y no sólo dominaron en la máxima categoría (reservada por historia, para los estadounidenses, y de color), sino que hicieron presencia en todos los pesos.

Uno surgió en las categorías más chicas, el otro dominó en los pesados…

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko han anunciado el final de sus carreras. Tras años de noches de lunas llenas, han apagado las luces que los acompañaban en cada presentación.

Tuvieron una trayectoria destacada. El ucranio Klitschko logró la medalla de Oro en los juegos de Atlanta 1996 y luego se consagró campeón mundial de peso pesado de la FIB, la OMB , la OIB y la AMB y durante más de una década permaneció en el dominio del boxeo. Tuvo un récord de 64 triunfos (53 KO) y 5 derrotas.

El mexicano debutó en forma rentada a los 19 años y su presentación no fue nada auspiciosa: una caída ante Javier Durán por descalificación. Pero sería sólo un mal comienzo; luego desarrollaría una enorme carrera tras lograr 29 triunfos consecutivos.  En septiembre de 1999 logra su chance de pelear por el título del mundo categoría pluma ante Norwood, pero cayó por puntos en una controvertida decisión. En 2003 tendría una segunda oportunidad de combatir por un cinturón y no la desaprovecharía:  conseguiría el título pluma por la FIB ante Manuel Medina. Y luego lograría un reinado envidiable: Campeón Mundial de peso Pluma, Superpluma, Ligero y Superligero.

El ucranio haría una carrera prolija y exitosa hasta convertirse en una figura importante en Europa y Estados Unidos. Llevó un invicto de 24 peleas antes de sufrir la primera derrota. Se hizo fuerte en Alemania, donde paseó sus cualidades por los escenarios de Hamburgo, Stuttgart, Frankfurt, Offenburg, Munich, Colonia, Hannover. Fue protagonista de las carteleras del mítico Madison Square Garden (“The most famous arena of the world”) de New York, del Mandalay Bay y el Caesars Palace de Las Vegas,  del Boardwalk Hall de Atlantic City, del Barclays Center de Brooklyn y su última presentación fue nada menos que en Wembley, otra leyenda de los estadios deportivos, en las cercanías de Londres. Siempre tuvo una relación marcada con su hermano Vitaly, de hecho al principio lo llamaban el “hermano de…”, y lo acompañó al mayor en sus incursiones políticas, con la idea de aportarle ayuda y respuestas a las necesidades de su nación, Ucrania. Se hizo su propio nombre, pero mantuvo la promesa hecha a su madre de no enfrentarse (los hermanos) en un cuadrilátero. Construyó un modelo admirable, detrás del célebre Joe Louis, fue el campeón que durante más tiempo retuvo el cinturón de Campeón mundial de todos los pesos.  Fue una década de oro, entre 2006 y 2015, donde logró las fajas de la FIB (Federación Internacional de Boxeo), CMB (Consejo Mundial de Boxeo), AMB (Asociación Mundial de Boxeo) y OIB (Organización Internacional de Boxeo)

Las caídas ante Tyson Fury y Anthony Joshua marcarían la melancolía de un final que no se mancha por esos traspiés: Klitschko es un grande aún en la derrota.

“Dinamita” Márquez tuvo noches estelares ante muy destacados rivales, pero nada se compara con sus memorables duelos ante Manny Pacquiao, cuando el filipino era una de las máximas atracciones del pugilismo.

En mayo de 2004 fue el primer episodio. Manny parecía resolver todo en el primer round, cuando atropelló a Márquez y lo derribó tres veces, tal como atacaba a cada uno de sus adversarios. Pero el mexicano se levantó, se recuperó y le planteó un combate durísimo que terminó en un empate en las tarjetas.

En  2008 se realizó la segunda pelea, y allí Márquez perdió el campeonato de peso superpluma ante el filipino, en decisión dividida y también controvertida. Se encontraron por tercera vez en Las Vegas, el 12 de noviembre de 2011; volvió a ganar Manny y otra vez a partir de un fallo polémico y discutido. La cuarta versión del duelo fue la más explosiva, vibrante y espectacular. Fue el 8 de diciembre de 2012 en Las Vegas, Nevada. El duelo fue tremendo, dramático, con caídas de ambos, pero en el sexto round un terrible derechazo de Juan Manuel Márquez entró de lleno en el rostro de Manny cuando este atacaba y daba el paso al frente: la consecuencia fue una caída espectacular del filipino, quien el paso siguiente lo dio rumbo a la lona, de frente, totalmente inconsciente. Un K.O. demoledor, contundente, histórico, que ingresó en la galería de los más impactantes y que aún hoy es recordado, en una contienda que ya entró en la historia como una de las más grandes batallas del pugilismo.

En esa extraordinaria saga se encuentra un relieve de la brillante carrera de “Dinamita”; porque protagonizó 4 choques con uno de los pugilistas más fuertes y temibles de su época, Manny Pacquiao, y en todos salió bien parado, más en el último con ese triunfo categórico y colosal.

Pero en su camino desfilaron rivales de todos los estilos, gustos y prestigios. Julio Gamboa, Orlando Salido, Floyd Mayweather, Marco Antonio Barrera, Joel Casamayor, Timothy Bradley, Mike Alvarado…Nunca rechazó un duelo, ofreció su corazón en cada combate, y cuando cayó, siempre tomó impulso para volver a ponerse de pie. Se ganó el afecto de su pueblo, el de México que lo tiene como uno de los grandes ídolos, ahí muy cerquita de Julio César Chávez (Padre).

“Luego de mi última pelea contra Anthony Joshua me tomé un  tiempo necesario para pensar mi futuro. Logré todo como amateur y profesional y ahora puedo comenzar otra carrera, después de haber terminado mi carrera deportiva anunció Klitschko hace unos días.

“No pensaba que sería posible tener un camino deportivo tan extenso y exitoso. Les agradezco de corazón a quienes siempre me han apoyado. Sobre todo a mi familia, mi equipo y el público”.

“Dinamita” lo dijo en el programa “Golpe a golpe” de la señal internacional ESPN su despedida de la actividad. Se paró frente a la cámara y anunció: “Bien, señores, quiero anunciarles mi retiro, ya que las lesiones no me han permitido continuar, han frenado mis entrenamientos y me da mucha tristeza dejar, pero también una nueva ilusión por comenzar un nuevo camino: vienen otros retos. Agradezco a mi equipo de trabajo, a mis fans que son la clave de los deportistas y sobre todo a mi familia que me apoyó durante 22 años”.

El ucranio amplió su decisión en un video dirigido a sus fanáticos. “Logré todo lo que había soñado y ahora es el momento de empezar mi segunda carrera fuera del deporte. Hace 27 años tomé una decisión y fue la mejor opción que pude elegir, porque esta actividad me permitió viajar por el mundo, aprender idiomas, crear empresas y pude ayudar a gente que lo necesitaba. Llegué a ser científico, emprendedor, motivador, entrenador y muchas otras cosas. Y todo lo que hice fue por la repercusión mundial que tiene el boxeo, por mi propio talento y por ti, mi aficionado leal. En este punto de mi carrera necesito hacer un alto, y estar preparado para un nuevo capítulo. ”

“Todo el mundo quiere desafíos nuevos y yo no soy la excepción; quiero nuevos caminos, para los que he trabajado y planeado en los últimos años, y tener aún más éxito que en el boxeo. Más que decir gracias o adiós, quiero que estés conmigo en este nuevo viaje”, dijo Klitschko en un video dirigido a los fanáticos.

 El mexicano también le dejó una carta a sus seguidores, con estos párrafos más destacados:Al iniciar mi carrera hace más de 20 años, soñé con representar a mi país, con pelear en grandes festivales, entonar el Himno Nacional en una arena, dar satisfacciones y alegrías. Era una de mis grandes motivaciones, un sueño hace más de 20 años; hoy puedo decir que cumplí mi sueño, me siento satisfecho y feliz de mi carrera, pues siempre di todo como deportista en cada pelea…

“Mi intención era regresar al ring en estos últimos años, cada día me levantaba a las 4 de la mañana para correr y a la tarde asistir al Romanza con el mismo entusiasmo que comencé. Las lesiones se presentaron cada vez con mayor frecuencia pero nunca se perdió mi deseo de brindarles una última pelea en mi México. Entiendo que es el momento para bajarme del ring, pienso en mis facultades y con la satisfacción de haber logrado mis metas en este hermoso deporte que me dio todo.

“Agradezco a todos ustedes el apoyo que siempre me dieron, en las buenas y en las malas, ustedes fueron uno de mis motores para levantarme en cada caída. También quiero agradecer a mi familia, mi esposa, mis hijos que siempre me apoyaron en cada momento de mi vida dentro y fuera del ring, a mi manager, Ignacio ‘Nacho’ Beristáin, mi equipo de trabajo Raúl de Anda, Doctor Gatica y a todos los que formaron parte de mi carrera, no me queda más que decir gracias por todo su apoyo”, publicó Márquez en su página de Facebook el 4 de agosto último, cuyo epílogo se lo dedicó a una frase del escritor Paulo Coelho: “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. De esa publicación han surgido miles de comentarios y respuestas, donde la casi totalidad de la gente vuelca en palabras su afecto, admiración y agradecimiento por la nobleza de un boxeador que regó de valentía y dignidad cada cuadrilátero que pisó. Las palabras emocionan y el sentimiento de su público quedó intacto, aunque todavía muchos de ellos esperaban verlo una vez más en un festival de boxeo.

¿Qué será de la vida de estos dos guerreros?

A Klitschko se lo ve decidido. Tiene muchos emprendimientos por delante, quiere llevar una vida nueva y ni siquiera se motivó tras las últimas derrotas, sobre todo con Joshua, para tomarse un desquite. Al hombre de acción le ha ganado el ejecutivo de traje y corbata, el hombre de negocios y de acciones beneficencia. Paralelo a su carrera ha construido una actividad vinculada a los emprendimientos comerciales y a la filantropía, y parece sentirse muy cómodo en ese nuevo traje.

Márquez tampoco ha dado muchas señales. La política podría ser un camino. Siempre le ha gustado, En el tercer enfrentamiento con Manny Pacquiao lució el logo del PRI en su pantalón. Y manifestó su apoyo a Peña Nieto.

El propio entrenador, Ignacio “Nacho” Beristáin alguna vez señaló que la política es su vida: “A Juan Manuel la política le gusta y le da tiempo. A mí, la política, cero. No me interesa para nada”.

Cuales quiera que sean sus nuevos caminos, hay algo que ya han hecho, y muy bien. Construyeron, desde un inicio muy diferente, un camino similar de gloria y leyenda.

 

Hernán O’Donnell

André Ward se despide de los cuadriláteros

Y un día, el “hijo de Dios” decidió poner fin a su carrera…

Nació en San Francisco, una de las ciudades más bellas del mundo, allí donde California abre una de sus ventanas más hermosas al Océano Pacífico. La bahía de San Francisco, alimentada por los ríos Sacramento y san Joaquín, con aguas que bajan desde las montañas de Sierra Nevada, es protagonista y testigo de miles y miles de historias, que se vieron reflejadas en el arte, en el cine, en el deporte…

Allí nació Andre Ward. Fue un 23 de febrero de 1984, cuando el invierno empieza a doblar el codo para darle lugar a temperaturas más benignas. El país era gobernado por Ronald Reagan y la guerra fría estaba en uno de sus puntos máximos. El joven André hizo una vida parecida a la de millones de chicos de Estados Unidos: escuela y fútbol americano. El boxeo llegaría después.

Tuvo una infancia dura, complicada. Hijo de madre de color sudafricana y un padre blanco, su primera lección que tuvo que aprender fue la mezcla de su identidad, y lo complejo que eso era.

“Los blancos me consideraban negro –dijo en un documental de HBO- mientras que para la gente negra yo no era como ellos de modo total, no era negro de manera suficiente”.

Fue su padre, Frank, un pugilista amateur quien lo inició en la actividad cuando era pequeño.

En la preadolescencia ingresó en un gimnasio en Oakland y ya no se iría nunca más de ahí. Empezó a moldear su carrera. A los 9 años ingresó a un gimnasio y su mundo cambió para siempre: “Fue un amor a primera vista; vi el ring y me dije a mí mismo: esto es lo que quiero hacer!”.

La vida no era sencilla. Recordaba a su padre regresar del trabajo muy cansado, encerrarse en su cuarto y al cabo de un rato salir. Pero ya era otra persona. Diferente. Como si un efecto causara cambios en su conducta…

Conoció a Virgil Hunter, su coach a partir de ese momento y hasta ahora. Allí comenzó sus entrenamientos, a los 17 comenzaba a definir su perfil, y a los 20 años ganó la medalla dorada de los semipesados en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

El fallecimiento de su padre, Frank, lo llevó a aferrarse más al gimnasio y a Hunter, que ya no sólo fue entrenador, sino que a partir de ese entonces, se convirtió en tutor y consejero.

Su debut profesional llegó el 18 de diciembre de ese año 2004 y venció por KOT 2 a Chris Molina, en el mítico Stapless Center de Los Angeles. Y sería el primer paso de una fructífera carrera, que se vio interrumpida casi por tres años, ya que un conflicto con su ex promotor, Dan Goosen lo llevó a una larga inactividad: entre septiembre de 2012 y junio de  2015 realizó apenas un combate.

Antes, hilvanó triunfos en cadena hasta llegar a la noche del 20 de junio de 2008 ante Jerson Ravelo para ganar el título semi pesado de la OMB.

En septiembre de 2014 falleció su ex promotor  y un tiempo después llegó a un acuerdo con los familiares, que manejaban la empresa Goosen Promotions. Era el momento de empezar a recuperar su carrera y su libertad.

“Maduré mucho en ese tiempo. No fue divertido. Aprendí a valorar lo que hago porque se siente un tremendo vacío cuando no puedes hacer lo que sabes para ganarte la vida y lo que te gusta hacer”.

Fueron 19 meses de inactividad, y en ese lapso se deterioró su carrera deportiva. Estuvo mucho más ocupado en los trámites legales que en su entrenamiento físico y sus días pasaron más cerca de oficinas y tribunales que en los gimnasios.

En ese tren de la recuperación, siguió con su costumbre: Sólo conoció victorias. En una trayectoria impactante, extraordinaria, incomparable, con el triunfo ante Sergei Kovalev, añadió un eslabón más de una cadena invicta que ya lleva 23 años: comenzó cuando tenía 14 y pesaba apenas 60 kilos.

Y aunque su carrera se desarrolló en los supermedianos, el salto a los semipesados lo condujo al combate del año: ese enfrentamiento con Sergei Kovalev fue largo, duro y esperado. Se habló mucho en la previa, y Ward afirmó antes del combate que “Tendré que cuidarme, mantener la distancia y trabajar durante cada asalto. Mi trabajo será mantener la guardia arriba y estar muy concentrado.” Tras los años de conflicto, el californiano afirmó que llegaba al desafío en el mejor momento de su carrera.

El 19 de noviembre de 2016 empezó a dar sus pasos definitivos hacia la galería de los más grandes, de los mejores (aunque él se considera el mejor), libra por libra. Fue la primera de sus dos victoria ante Sergei Kovalev, quien no había quedado conforme con el primer fallo: “El público vio lo que sucedió en el ring. El (Ward) era local y los jueces son localistas…” También la crítica especializada fue dura en su análisis: se destacaron los amarres, los cabezazos, bloqueos con los codos y otras acciones poco claras. El combate tuvo mucho de pelea callejera y Kovalev, que había logrado derribarlo y tuvo el control del match en su inicio, luego también se vio enredado en esa situación. Y la segunda parte Ward la trabajó con todos sus recursos. Está claro que fue una pelea estrecha, tal vez difícil de puntuar, amén que quedó la sensación que los rounds que ganó el ruso parecieron más claros, más amplios, mientras que los que ganó Ward, desde el sexto en adelante, lucieron por un estrecho margen.

Se caía de maduro que habría un segundo encuentro. Y las apuestas parecían favorecer al ruso. Parecía que esta vez, sí. Ganaría. Y no dejaría dudas.

Nada de eso sucedió. Otra vez el californiano sorprendió al mundo. En el Mandalay Bay, Las Vegas, Nevada, el último 17 de junio, Ward volvió a derrotar a Kovalev. A pesar de la queja por los golpes bajos, materia discutible, pues estuvieron sobre el cinturón, el equipo de Kovalev no debería desconocer que el octavo round comenzó con una tremenda derecha de Ward que impactó en el rostro del ruso, lo llevó a retroceder y comenzó el calvario del round definitivo. Cuando Kovalev se recostó sobre las cuerdas, su imagen era confusa. Podría interpretarse que sintió un golpe bajo, pero el árbitro Tony Weeks entendió que no estaba en condiciones de seguir y detuvo el combate.

Otra vez, la esquina del derrotado alzó la voz para quejarse y encendió la polémica.

Pero nada de todo esto parece perturbar a Ward. Sabe que es criticado, que le subrayan su estilo defensivo, que lo comparan con Mayweather para decir que sin atacar pueden dominar una pelea (y ganar), que siempre está a la espera del error del oponente para meter un contragolpe, que ofrece poco…Nada le afectó. Hizo pocos combates, sólo 6 peleas desde 2011, pero pudo rearmarse. Y se mantuvo invicto. Aún en las dos peleas más exigentes de su carrera, que algunos todavía discuten,  salió adelante.

André Ward ganó la primera pelea ante Kovalev porque tuvo la inteligencia para obtenerla, esquivar golpes y lanzar su mano izquierda para dominar. Supo pensar el combate. Y llevárselo.

“Si tres jueces me vieron ganar, quiere decir que gané el combate. 100 por ciento lo gané”, aseguró tras el primer encuentro.

Y tras la segunda cita, afirmó: “Si hablamos de golpes bajos, vamos a hablar de golpes de conejo. No podemos hablar de uno sin el otro. Y creo que fue intencional de su parte, porque él  no sabe cómo pelear adentro. Yo no quise pegarle abajo. Las cosas pasan. No estaba yo en problemas ni necesitaba cometer algo ilegal; él intentó venderle eso a Tony Weeks. Cuando gané por puntos dijeron que fue aburrido y ahora ganó por K.O.T. y dicen que hay controversia…”

Ahora es tiempo de mirar al futuro y disfrutar el presente. Cerró su campaña en su mejor memonto y con una carta dirigida a todos los relacionados con el mundo del boxeo.

“Al deporte del boxeo: te amo”, escribió Ward. “Has estado a mi lado desde los 10 años, me has enseñado muchísimo, me hiciste humilde y me promoviste. He sacrificado mucho por ti pero me diste mucho más de lo que pensé posible”.

“Desde el fondo de mi corazón, gracias a todos los que se relacionaron con mi carrera. Ellos saben quiénes son. No pude haber hecho esto sin ustedes”, agregó el boxeador. “Y quiero aclarar algo, me voy porque mi cuerpo no está dispuesto a soportar los rigores de este deporte y mi deseo de pelear ya no está ahí. Y si no puedo darle a mi familia, mi equipo y mis fans todo lo que tengo, entonces no puedo permanecer más peleando”, apuntó.

Se refugia en su familia y en su actividad social. Casado con Tiffinney, padre de tres varones y una niña, André Ward es muy religioso y visita a menudo las iglesias. Intenta llevar un mensaje de paz y de recuperación a la gente; también se contacta con cárceles, reformatorios e institutos juveniles, consciente de los peligros y los males que traen las drogas, que lo han hecho sufrir en su hogar y en su comunidad de pequeño. De ahí el apodo S.O.G., Son Of God (Hijo de Dios) que lo acompaña como su propio nombre.

 

Hernán O’Donnell

 

 

 

 

Una noche que quedará en el olvido

En la encuesta que desarrollamos y organizamos para la Revista Ring Side, opinamos que ganaría Canelo Alvarez por decisión unánime. Encontrábamos argumentos para sostener esta hipótesis: Canelo atrevasaba (atraviesa) el mejor momento de su carrera, había crecido mucho en los últimos años, su última (entonces) pelea, ante Smith, la había ganado con un buen knock out y una actuación convincente, se lo veía asentado, prolijo y dominante en el ring, mientras que “El hijo de la Leyenda” tenía una carrera con altibajos, suspensiones por dóping y si bien el peso lo favorecía y había dado muestras de tener absorción a los golpes, pegada dura y agallas, no alcanzaría para sostener el combate ante un boxeador de mayor jerarquía.

Fue un poco lo que sucedió. No es este un ejercicio de jactancia ni de adulación personal. Hubiéramos preferido que salga otra pelea, que también la imaginábamos, más pareja, con más emociones, con mayor intensidad. Hubierámos preferido equivocarnos, que no resultara un dominio tan marcado, tan pronunciado, que no hubiera habido tanta diferencia entre uno y otro pugilista.

El problema es que Chávez Jr no mostró nada de lo que podía ofrecer, sólo su gran capacidad de asimilar golpes, de no derrumbarse; su “aguante”, al cabo. Pero nada más. Por eso salió como lo suponíamos, pero de modo mucho más acentuado. Es decir, el dominio y la superioridad de Saúl Alvarez fue constante, permanente, ininterrumpido. No hubo ni un sólo atisbo de algo que pudiera ofrecer Chávez. Por eso, ni siquiera tuvo algún momento de equivalencias. Imaginábamos la pelea que fue, pero con algo más de Chávez; algún momento suyo, algún round que lo favoreciera, algún acto de rebeldía…nada. En el concepto que esgrimimos se sintetizó todo el combate.

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El dominio de Alvarez fue total; atacó, dominó y golpeó cuando quiso. No tuvo sobresaltos y además reguló las acciones. Sólo le faltó un golpe definitorio, pero en este caso la capacidad de asimilación de Chávez, único punto a su favor, se lo impidió. Por lo demás, la pelea se volvió aburrida, monótona, previsible. Sin ninguna proyección, a partir del 7mo round ya se adivinaba el final de la película y sólo era cuestión de ver pasar las vueltas para acabar con un encuentro que resultó tedioso. Ya había pasado la victoria de Lucas Mathysse y  el gran choque de semifondo entre David Lemieux y Marco Reyes, en un combate que si bien siempre favoreció al candiense, tuvo ardor, intensidad, emociones…esos choques salvaron la noche. Porque el plato principal, la pelea que tanto se había anunciado y tanto se había promocionado, no resultó más que una sesión de guanteo televisado.

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Hernán O’Donnell

 

México divide su corazón

Hay un país que está dividido. No es la “grieta” que por razones políticas separa a los argentinos desde hace mucho tiempo; tampoco es una cuestión social  o religiosa. No es un tema insoluble y además, no aparenta tener una duración prolongada. Tampoco sabemos si esta división es en dos partes exactas o si existe una clara mayoría en su favoritismo. lo cierto es que desde que se anunció el combate entre Julio César Chávez Jr. y Saúl “El Canelo” Alvarez, México ha dividido su corazón entre estos dos gladiadores, dos combatientes de distinto peso, diferentes estilos y una misma nacionalidad.

El impacto que generó la programación de esta pelea, sacudió al país. Es un combate entre aztecas de tremendo nivel, con dos pugilistas de tamaña envergadura. Como alguna vez lo protagonizaron Erik “El Terrible” Morales y Marco Antonio Barrera, o la reciente función del “Bandido” Vargas y Orlando Salido. Fue toda una secuencia cinematográfica; se publicitó la pelea y como un dominó gigante empezaron a caer las fichas: Crecieron las especulaciones, los augurios, los pronósticos y la división entre los fanáticos de cada uno de estos boxeadores. Todo quedará resuelto el próximo 6 de mayo en el T Mobile Arena de Las Vegas, pero mientras tanto, la pelea ya se vive en distintos ámbitos y lugares. En ese rubro, quienes picaron en punta fueron los apostadores, que arribaron a las casas de apuestas en gran número para mostrar sus preferencias.

Claro que para llegar a este momento hubo antes una vida. Un recorrido. Una larga historia que los divide y los cruza en un momento importante de sus trayectorias.

Julio César Chávez Carrasco nació en Culiacán, Sinaloa, el 16 de febrero de 1986. Prácticamente nació en un ring, porque su padre dominaba entonces el peso pluma y encada enfrentamiento lo llevaba consigo, igual que a su hermano Omar. Estar en un cuadrilátero era una cuestión tan familiar que su futuro era sencillo de adivinar.

La carrera del ‘Hijo de la Leyenda’ se inició el 26 de septiembre del 2003. Ese día derrotó a  Jonathan Hernández por fallo unánime. Sólo tenía 17 años y era un perfecto desconocido. Sólo mostraba una credencial: Ser el hijo de Julio César Chávez, aunque este parentesco, al principio, le jugaba más en contra que a favor.  Si todos los niños aspiran a seguir el camino profesional de sus padres, el destino del joven Julio César parecía marcado. Pero las dificultades comenzarían muy temprano: En noviembre de 2009 un análisis antidoping le da positivo por el uso de furosemida, una sustancia ilegal con efectos diuréticos, que ayuda a la pérdida de peso. Entonces buscó una recuperación de la mano del afamado Freddie Roach…
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La senda de Saúl Alvarez tuvo los ribetes clásicos de quien sueña con ser pugilista a partir del ejemplo de personas muy cercanas, como los hermanos. Fue el caso del pequeño Saúl y de tantos otros boxeadores en la historia.

En San Agustín, cerca de Guadalajara, en el Estado de Jalisco, México, nació el 18 de julio de 1990 el menor de los 8 hijos de Santos Alvarez y Ana María Barragán. Lo llamaron Santos Saúl Alvarez Barragán, y pronto comenzó a defenderse de quienes lo nombraban “Pecoso”. Su hermano mayor, Rigoberto, le regaló un par de guantes y a los 10 años empezó su carrera “Canelito”, bautizado así por el color cobrizo de su cabello.

Trabajaba de vendedor de hielo, y todas las tardes cruzaba a Guadalajara para entrenarse en el gimnasio de José Reynoso. Sus hermanos se habían iniciado en el boxeo, y “Canelito” quería seguirles los pasos.

Chávez Jr logró armar una carrera exitosa, y llegó al título medio, cosa que no había logrado ningún boxeador mexicano. Pero algunas dificultades asomaban en su camino: altibajos en los entrenamientos, algunos problemas de indisciplina, inconstancia en la preparación, largos períodos de inactividad y las ya comentadas cuestiones con sustancias prohibidas. Freddie Roach fue uno de los primeros a los que recurrieron para enderezar su rumbo. Lo guió por tres combates, pero la caída ante Sergio Martínez marcó el fin de la relación.

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A Saúl Alvarez lo cobijaron sus seis hermanos varones; Rigoberto, el mayor, fue su primer entrenador. Además, Daniel, Ricardo, Gonzalo, Víctor y Ramón también se sumaron al deporte de los puños. Y los 7 juntos lograron ingresar al Guinness con un récord: 7 hermanos que se presentaron en una misma función de boxeo. Sucedió el 28 de junio de 2008, con suerte diversa: Saúl, Rigoberto, Ricardo y Ramón alcanzan el triunfo. Pierden Gonzalo, Daniel y Víctor. Aquella noche, Saúl había sido la máxima luminaria, el que cautivó a todos, el que auguraba un camino de sueños.

En 2011, Chávez Jr logró el título Mediano del CMB, ante Sebastian Zbik, en el famoso Stapples Center de Los Angeles. Allí dió una muestra de carácter y superación física para alcanzar el cetro mundial. Y tuvo defensas exitosas ante rivales calificados. Venció en fila a Peter Manfredo Jr., Marco Antonio ‘Veneno’ Rubio y Andy Lee. Estaba en un gran momento, aunque no se imaginaba que vendría una noche dramática, que le retrocedería varios casilleros, ante un argentino chispeante, talentoso y audaz, que había luchado muchísimo para llegar a su día de gloria…

Para “Canelo” Alvarez lo que parecía un simple acuerdo con un empresario terminó en un conflicto laboral que terminó en tribunales y fue explicado en Revista Ring Side en su momento: Cuando tenía 18 años, el empresario Félix “Tutico” Zabala se cruzó en el camino del ascendente “Canelo”; el 15 de septiembre de 2008, el entrenador Reynoso y el propio Alvarez firmaron un contrato con la empresa “All Star Boxing”, de cuatro años de duración y con la posibilidad de prorrogarlo en caso de que el boxeador consiguiera el título mundial. Al poco tiempo, corría el año 2009, Alvarez se marchó con Oscar de la Hoya y en 2011 “Tutico” Zabala le entabló una demanda por incumplimiento de contrato. Esta historia no era conocida hasta que una corte de Miami-Dade en junio de 2016  falló a favor del empresario de Miami y en contra del mexicano y la empresa Golden Boy Promotions, donde los instó a pagarle al empresario de Miami U$ 8.500.000 por dicho incumplimiento del acuerdo.

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“Cuando mi compañía, All Star Boxing, firmó el convenio, “Canelo” no era un pugilista conocido, y fuimos nosotros quienes lo subimos hasta ser una figura en México primero, con el objetivo superior de convertirlo en estrella en Estados Unidos”, señaló Zabala, quien afirmó que ellos formaron y diseñaron la imagen del boxeador.

En ese entonces, su representante, Don Rafael Mendoza, decide retirarse por diferencias con Reynoso. Y es ahí donde aparece de la Hoya, de acuerdo a testigos, para llevarse al boxeador. Se habló de una reunión y un acuerdo por un dinero para liberarlo, pero que con el tiempo no se cumplió.

La versión de los demandados fue que tal contrato no existía y que un allegado les ofreció a un muchachito mexicano, pelirrojo y talentoso, con muchas condiciones que debían ser trabajadas para lograr su crecimiento. Podía ser una explosión de marketing, pensó Oscar de la Hoya. Y lo sumó a Golden Boy Promotions.

La noche del 15 de septiembre de 2012 quedará por siempre en la memoria de los argentinos que aman el boxeo. Estará por siempre entre sus páginas más gloriosas; esa noche fue consagratoria para uno de los pugilistas más importantes de nuestro país: Sergio Martínez, conocido como “Maravilla”, le dio una cátedra de boxeo al hijo de la leyenda. Y quedó en la memoria eterna de nuestra gente. Fue una pelea dramática para Chávez Jr. Nunca pudo encontrar a su adversario, que lo enloqueció con el jab, le hizo perder la línea y a medida que avanzaba la noche, y el combate se le iba, Chávez Jr se desordenaba en su ataque ciego, para ofrecerle múltiples blancos a su adversario.

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Sólo en el último round el mexicano pudo superar a Maravilla, encontró una combinación exacta y derribó a su rival. Pero el combate estaba sentenciado; se levantó Martínez, con el último esfuerzo aguantó el resto de la vuelta y se llevó la contienda.

Pero la derrota no sería sólo sobre el ring del Thomas & Mac Center de Las Vegas. Tras el análisis antidóping, otra vez lo sorprendería el resultado: positivo, y una multa de miles de dólares para el infractor.

“Asumo la responsabilidad de mis actos”, dijo entonces el mexicano, para enseguida pedir “disculpas ante todas aquellas personas que se sienten decepcionadas o agraviadas por mi comportamiento, sólo yo sé las causas y sólo a mí me corresponde enfrentarlas”. Entre muchas declaraciones, alguna vez señaló que había tomado unas gotas para dormir, y de allí venía el doping.

El gran Oscar de la Hoya sentía que el “Canelo” tenía algo especial: “Cuando suena la campana, se transforma en un guerrero; salen llamas de sus ojos”. No retocaron demasiado de su boxeo, pero sí  buscó implementarle normas de entrenamiento, profesionalismo y alimentación. Su búsqueda se basó más en la disciplina que en lo deportivo.

La llegada de la fama y el éxito, le trajo al “Canelo” todo lo que uno se pueda imaginar…muchas mujeres pasaron por su vida, pero hay una sola mujer que es dueña de su corazón y para siempre: su hija Emily Cinnamon Alvarez, fruto de una relación de juventud, quien ocupa un lugar muy importante en su vida.

Las secuelas del combate ante Maravilla Martínez seguirían como un tortuoso relato en la vida de Julio César Chávez Jr. Derrota, suspensión y multa por dóping y encima, un distanciamiento con su padre en noviembre de 2012.

Le cuesta mucho recuperar la senda.  Freddie Roach quedó muy marcado (y dolido) tras esa derrota ante el argentino. Mostró una gran decepción por el comportamiento y la preparación del hijo de la leyenda; sentía que no se había entrenado lo suficiente, que no había asumido la responsabilidad que traía ese combate y llegó a declarar que “en más de una oportunidad me dejó plantado en el gimnasio”.

En 2013 el Consejo Mundial de Boxeo le levanta la suspensión y se le abre el camino de la reconstrucción.  En septiembre de 2013 vuelve al ring y vence por puntos (y con mucha polémica) al norteamericano Brian Vera. Fue tan discutido ese fallo, que se vio obligado a darle la revancha a Vera en marzo de 2014 y allí ganó otra vez Chávez Jr, sin dejar dudas.

Estaba otra vez en el ruedo. Y no se andaba con chiquitas: pedía a gritos un combate ante el temible Gennaddy Golovkin. Pero debía esperar.

En abril de 2015 pierde ante el polaco Andrzej Fonfara. Esa noche de Carsson, California, dejó una imagen dolorosa, al no salir a pelear tras el noveno round. Las críticas arreciaron. Lo consideraron un boxeador sobrevalorado y sobredimensionado, con más peso del apellido que de sus virtudes.

En Julio de ese 2015, Chávez Jr derrotó a Marco “Dorado” Reyes. Sin brillar y sin convencer. Tras suspender un combate, en diciembre de 2016 vence al alemán Dominik Britsch.

A pesar de su juventud, Saúl Alvarez ya tiene una carrera prolongada. Debutó con 15 años en el profesionalismo, y acumuló peleas ante rivales de magnitud. Logró ser Campeón Mundial de los Superwelter del Consejo Mundial de Boxeo, de la Asociación Mundial de Boxeo, y de la Organización Mundial de Boxeo. Luego, fue Campeón Mundial Mediano del CMB.

Cuando vence al inglés Matthew Hatton y obtiene el título Superwelter del Consejo, inicia una serie de victorias ante rivales renombrados, que lo llevan a la primera plana. Vence a Shane Mosley, Josesito lópez, Austin Trout, y llega el combate tan esperado, tan promocionado pero que termina en una enorme decepción. Cuando “Canelo” alcanzaba una fama mundial y estaba listo para dar el paso hacia el mejor boxeador del momento, su derrota ante el gran Floyd Mayweather fue un verdadero paso atrás. No sólo por haber perdido, sino por la imagen decepcionante que dejó en una noche donde no alcanzó las expectativas. Perdió sin atenuantes, sin decollar en un solo round.

Se recupera con las victorias ante Kirkland y Erislandy Lara, y vuelve a ser campeón mundial esta vez del peso medio tras un buen triunfo ante Miguel Cotto.

Luego, sí. Llegarían dos combates que lo reconciliarían con el gran público y lo pondrían otra vez en el centro de las marquesinas.

Dos victorias resonantes ante Amir Khan y Liam Smith, dos knock outs para reconquistar a la gente.

Ahora están frente a frente. Dos estrellas mexicanas, que dividen a un país. Que tienen un antecedente: sus hermanos se enfrentaron! Sí, Ramón Alvarez derrotó por fallo unánime a Omar Chávez en septiembre de 2014. Y con una muy atractiva cartelera, que  contará con el retorno de Lucas Matthysse frente a Emmanuel Taylor.

Llegó la hora. Saúl “Canelo” Alvarez vs Julio César Chávez Jr. Frente a frente. Han hecho una fructífera gira promocional; se han fotografiado por todo Estados Unidos, han debatido en Ciudad de México, se han provocado y han hecho millonarias apuestas que, parece, luego no se concretaron.

Pero no pueden escapar a su destino. El 6 de mayo próximo dos hombres pondrán en juego el orgullo y el honor para que un país divida sus corazones.

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Hernán O’Donnell

 

 

 

Mauro “El Rayo” Godoy inauguró el año

Mauro “El Rayo” Godoy encendió la temporada. Puso en marcha el 2017, con una pelea tremenda ante el cordobés Luques Castillo y marcó el inicio de un año que promete tener de todo, hasta el imprevisible desarrollo de nuestro fútbol. Pero la cálida y agradable noche de Neuquén no se enredó con luchas poder, conflictos ni tramas secretas y abrió de modo generoso y atractivo abrió el año deportivo.

La velada fue rica y variada; con presentaciones interesantes, como Alberto Palmetta que venció a Nicolás Palacios en fallo unánime en 6 rounds; con un buen marco de público y un combate de fondo que tenía historia, antecedentes, y se profundizó más en la rivalidad durante los días previos: las declaraciones, el color de la pelea y los pálpitos previos le dieron un condimento extra a la pelea principal.

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El antecedente entre los contendientes marcaba un triunfo de Luques Castillo por Knock Out en el primer round. Todo un desafío para el local: intentar ganar la corona argentina de los  superligeros ante el hombre que se la había arrebatado y lo había dejado sin invicto.

“Esa noche cometí algunos errores y no volverá a suceder”, dijo Godoy en los días previos. “En boxeo aprendí que se puede ganar y perder, pero lo importante es crecer. Ya no me volverá a ocurrir lo de aquella vez”.

Luques Castillo, en cambio, tuvo inconvenientes de principio a fin. No pudo dar el peso reglamentario, no acudió a la segunda oportunidad de pesaje, dejó el título en la balanza y, a pesar de que mostró coraje y valentía en rodeo ajeno, muy rápido se lo vio cansado y repitió hasta el cansancio el recurso de arrojar el protector bucal. Primero le descontaron un punto, luego dos, y en el noveno, cuando la situación era insostenible, pues lo dejaba caer dos veces por round, el árbitro lo descalificó.

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El estadio, que había estallado en el cuarto round cuando los dos se cruzaron con vehemencia, Luques Castillo tiró al local y luego Godoy logró derribarlo, festejó de modo ruidoso la conquista.

Había vuelto el campeón. Había recuperado su cinturón y su orgullo. Había hecho una gran pelea, ante un rival corajudo que siempre aceptó el combate, no rehuyó al cruce de golpes y así armaron una tremenda contienda, para abrir el año 2017 con una impactante noche de boxeo.

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Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Ciudad de Neuquén, Provincia de Neuquén) 

La leyenda de Muhammad Alí

Cuando el desenlace era inminente, cuando el final triste e inevitable se acercaba, las cadenas de TV de los Estados Unidos de América anunciaron que interrumpirían su transmisión (ya sea películas, series, programas políticos) para comentar las últimas novedades de Alí, el hombre que supo modificar el rumbo de una sociedad desde un ring.

Esa noche del viernes 3 de junio fallecía Muhammad Alí, el hombre que desde el boxeo y sus logros deportivos, lanzó gritos de rebeldía y libertad. El hombre que había nacido el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, y que había entrado en este duro deporte a partir, casi de un hecho fortuito. A los 12 años había ido al Service Club de su ciudad natal para tomar un helado gratis, pues allí lo servían a los niños. Pero en un descuido le robaron la bicicleta, y al comentarle a un policía que golpearía al ladrón, este hombre, Joe Martin lo llevó a un gimnasio: El boxeo tendría una nueva estrella…

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Hacia fines de los ´50 comenzaría un camino lleno de éxitos y resonantes apariciones públicas. En 1960 ganó la medalla dorada de Peso Semi-Pesado en los Juegos Olímpicos de Roma. Allí se iniciaba el camino a la fama.

Luego llegaría el debut profesional, el encuentro con Angelo Dundee y una sociedad entrenador-boxeador que daría muchísimos frutos. En el gimnasio de Miami se forjó al hombre que iba a derrotar a Sonny Liston en 1964 y se consagraba, a los 22 años, como nuevo Campeón Mundial de los Pesos Pesados. El planeta se había sacudido con la aparición de una estrella que destronaba al favorito Liston.

Por entonces, aún se llamaba Cassius Clay. Pero había escuchado hablar de Elijah Muhammad, y se había acercado a un líder Malcom X. Decidió cambiarse el nombre.

Decidió que su identidad debía ser otra. Distinta. Dejó atrás su nombre (“Era el de un esclavo”, sostuvo siempre) y fue rebautizado como Muhammad Alí.

Su historia es conocida. Renunció al ejército, se negó a ser combatiente en la guerra de Vietnam, le sacaron el título y luego volvió a ser Campeón del Mundo.

Gritó por la libertad. Fue perseguido, pero también escuchado. Vendió sus peleas con promociones que rondaban lo espectacular y lo provocativo. Fue una estrella especial del Madison Square Garden, el estadio deportivo más famoso del mundo

Nunca se calló. Hizo y dijo lo que sentía. Sin especulaciones. Le levantaron las sanciones y fue dominante otra vez en el boxeo. La gente lo comprendió. Tuvo su premio: Fue el abanderado de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y aún tembloroso por el mal de Parkinson que ya hacía tiempo lo aquejaba, encendió la llama olímpica y recibió, una vez más, una grandísima ovación de su gente.

Tuvo un funeral con todos los honores. Se acercaron ilustres y desconocidos. Habló Bill Clinton, uno de los Presidentes más importantes en la historia de Estados Unidos. Habló su amigo, Billy Cristal, uno de los actores más afamados de Hollywood. Hubo una procesión desde su casa de la infancia, pasaban por el Centro Cívico Muhammad Alí y lo despedían en el cementerio de su ciudad natal.

En todo el camino lo acompañó el sincero reconocimiento de su gente. Cartas y muñecos en el jardín de su casa. Guantes de boxeo y globos adornaron la puerta de entrada. Pétalos de rosas en el ingreso al cementerio. Una multitud lo despidió con una mezcla de desconsuelo, pena y admiración. Mucha admiración.

El hombre gritón, el desafiante, el provocador, era, comprendimos todos, un ser humano que pedía libertad, igualdad. Que pudo hacerlo a partir de la fama construída y ganada en los rings. Y que, como pudo, se hizo entender. Y se hizo querer. Por eso la Nación lo despidió con los máximos honores y hoy se inundan las calles con sus murales, su imagen, revistas y diarios que publican ediciones especiales.

Murió Muhammad Alí, pero la leyenda había nacido hace muchos años.

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Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a New York City, New York, USA)