Para Deontay Wilder y Tyson Fury, el combate ya empezó.

El combate ya llegó, hace rato. Empezaron a pelear mucho antes de que suene la primera campana, prevista para el 1 de diciembre en el mítico Staples Center de Los Angeles, California.

Pero la contienda comenzó casi desde el momento en que se anunció. Los dos son pesados, invictos, y tienen buenas perspectivas por delante. Deontay Wilder es una de las grandes figuras del boxeo que ya viene: fue presentado en el número 218 de “Ring Side” de Abril de este año, tras su magnífica victoria sobre el cubano Luis “King Kong” Ortíz. Estaba perdido, parecía que sucumbía ante la potencia del cubano. En el 10mo asalto sacó una andanada de golpes que demolió a Ortíz y alcanzó su consagración ante el gran público en aquella tremenda noche del 3 de marzo de este año en Brooklyn.

Su vida está contada en las páginas de aquella edición de nuestra revista, pero un detalle nos lleva al hilo de este combate. Tras aquella gran pelea, el futuro se le abría en sus manos; y mientras todos apostaban (apostábamos) por un choque estelar ante Anthony Joshua, decíamos que Wilder podía pensar y elegir. ¿Sumarse a las filas de Golden Boy? ¿Una tercera pelea ante Stiverne? ¿Tal vez Tyson Fury? “Depende de Fury”, decíamos entonces, “si decide meterse una vez más en el ruedo”…

Fury se decidió y va a a enfrentar a “El Bombardero”. El inglés sufrió una suspensión por consumo de cocaína y su carrera estaba muy alejada de los cuadriláteros. Le retiraron los títulos y el propio boxeador admitió que su vida había entrado en un tobogán, dominado por las drogas y el alcohol, con raptos de depresión y desvinculado del boxeo. Se quedó sin los títulos del peso pesado de tres organizaciones WBA, IBF y WBO al vencer al ucraniano Wladimir Klitschko por puntos, en fallo unánime: 116-111, 115-112 y 115-112, en Dusseldorf, Alemania.

Pero esa noche quedó muy atrás y Fury fue consciente que debía dar un paso adelante para poder iniciar la rehabilitación. El mundo lo había descubierto en una noche memorable, y en poco tiempo se hundió en el pantano de las drogas y el olvido. Nadie supo mucho más de él, como tampoco advirtieron la aparición de semejante pugilista.

Pero, ¿Quién es Tyson Fury?

Nació en Irlanda el 12 de agosto de 1988. Epoca dominante del gran Mike Tyson, su nombre se relaciona con el momento de esplendor del fenómeno estadounidense. Su padre, John Fury incursionó en el boxeo durante algunos años. Había sido amateur y en 1987 se hizo profesional, hasta retirarse unos años después, en 1995.

Al hijo lo bautizaron “The Gypsi King”, el “Rey Gitano”, por su origen, ya que su familia mantiene una larga tradición de gitanos. Su infancia la recuerda dura, con múltiples discusiones y problemas domésticos. Su padre tuvo varias mujeres y de cada una de ellas, nacieron hermanos de Tyson. La vida gitana lo hizo adaptarse a lo que definió como “una vida distinta a los de los demás. Puedo vivir en una casa, un omnibús o una tienda. No me influye.

Tuvo vaivenes para meterse en el mundo olímpico  No pudo representar a Irlanda, pero sí a Gran Bretaña por antepasados con orígenes en Belfast, Irlanda del Norte. Llegó a un récord de  31-4 (26 KO’s) en el plano amateur.

Dos hechos importantes iban a marcar su vida a fines de la década pasada: se hizo profesional (en rigor de verdad, su primer combate rentado lo hizo en Diciembre de 2008 en el que noqueó a Bela Gyongyosi)  y al año siguiente, contrajo matrimonio.

Paseó su boxeo por todas las ciudades de Inglaterra: Nottingham, Wigan, Norwich, Birmingham, Londres, Watford, Manchester… y acumuló knock outs en seis presentaciones consecutivas ante Marcel Zeller, Daniil Peretyatko, Lee Swaby, Matthew Ellis, Scott Belshaw, Aleksandrs Selezens

Cruzó a Irlanda para combatir en Dublin y cuando creció dio un salto importante: En diciembre de 2013 venció a Steve Cunningham en el célebre Madison Sqaure Garden de New York, para ganarse, en esa eliminatoria mundialista, el derecho a combatir por el Título Mundial de Peso Pesado de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

El ascenso se hizo irresistible hasta llegar al momento sublime, al pináculo de su carrera: la noche en que destronó a Wladimir Klitschko. La noche que lograría tres cinturones de un valor descomunal: nada menos que los que representan al Campeón Mundial de Peso Pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Organización Mundial de Boxeo (OMB) y Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Invicto y Rey del mundo. Todo parecía estar a sus pies.

Sin embargo, en seguida llegarían los problemas tras la noche de gloria. Primero, las declaraciones: polémicas, provocativas, que le valieron un sinfín de reproches.

Un problema médico, diagnosticado como trastorno maníaco depresivo, le tendería una trampa. Esa situación lo llevó al consumo de alcohol y drogas, que derivarían en una notoria desmejora física (llegó a aumentar más de 40 kilogramos) y un deterioro en su condición que le impedía defender sus títulos o llegar una buena preparación para volver a enfrentar a Klitschko.

Entonces tomó la valiente decisión de renunciar a sus coronas para emprender el camino de la reconstrucción. Sabía “El Rey Gitano” que debía internarse para poder superar sus adicciones, recuperar su forma física y comenzar el proceso de la reconstrucción.

“Pienso que es justo mantener activos los títulos. Por el bien del boxeo y para permitir que otros pugilistas puedan luchar por los cinturones vacantes que gané y pude mantener invicto”, dijo en aquel momento.

Tocó fondo. Admitió el consumo de cocaína, reconoció que pensó en quitarse la vida y hasta afirmó que “alguien lo haga antes que yo lo haga por mí”, en una declaración fuerte, escalofriante, dolorosa.   Y volvió. Contra todos los pronósticos. Se metió en la recuperación a fondo, bajo de peso tras una dieta dura y rigurosa que le planteó el nutricionista Greg Marriott, , lució una nueva figura y  volvió al ruedo tras más de dos años y medios de ausencia: El 9 de junio de este año pudo vencer a Sefer Seferi en el Manchester Arena, luego de que el rincón del albanés arrojara la toalla en el cuarto round, cuando las cosas se habían puesto muy difícles y no se sostenía en ningún argumento para llegar a los 10 asaltos pactados. El mundo del boxeo lo tenía otra vez como uno de sus habitantes.El 18 de agosto derrotó a Francesco Pianetta y ya consiguió el boleto de regreso a las grandes marquesinas: enseguida se habló y concretó su pelea ante el ascendente Deontay Wilder, una de las grandes figuras del presente y del futuro de los pesos completos.

 El combate será el 1 de diciembre en el Staples Center de Los Angeles. Pero podríamos decir que ya empezó. Que el ambiente se ha calentado con los primeros encuentros promocionales. En Londres, por ejemplo, abundaron las amenazas, los insultos, las agresiones, en lo que debió ser una conferencia de presentación y terminó en medio de empujones y bravuconadas.

Alli está “El Rey Gitano”. Recuperado y encendido, cuando el mundo había comenzado a olvidarse de él. Con una nueva oportunidad que le da la vida, un desafío mayúsculo y la sortija que aparece otra vez en su horizonte, reflejo de su nómade, agitada y cambiante vida.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

 

 

 

Eddie Hearn representa una nueva era en la promoción del boxeo

En el mundo del boxeo los principales protagonistas, verdad de Perogrullo, son los pugilistas. Ellos (y desde hace un tiempo, ellas también) se roban las miradas, los aplausos, las notas, el centro del escenario, en definitiva. Después, vienen los entrenadores. Cada uno con su librito. Y no parace que la historia a narrar vaya mucho más allá de estas dos variables.

Sin embargo, hay, como en toda actividad, muchos hombres que están a su alrededor y tienen un brillo propio. Por características personales, por inteligencia, carisma, por saber armar una carrera o contar con la habilidad justa para vender una velada. Lo cierto es que los promotores también encuentran un lugar en la pasarela. Así se ganaron su fama hombres como Bob Arum, Don King o el propio Juan Carlos “Tito” Lectoure. Y más cercanos en nuestro tiempo Lou Di Bella o Al Haymon.

Eddie Hearn pertenece a esa raza. La de los promotores que tienen brillo propio, que generan una corriente de simpatía con el público más allá de los boxeadores que maneja y que construye esa imagen a partir de la gran cantidad de pugilistas que logra ubicar en el candelero, el enorme número de boxeadores que consigue que lleguen al título, el posicionamiento de Gran Bretaña como una potencia de esta actividad y una serie de características propias que le dan brillo y relieve a su personalidad.

Nació con el destino marcado. Su padre, Barry Maurice Hearn, fue (es) un destacado promotor de eventos deportivos, creador, fundador y dueño de la empresa Matchroom Sport, que se dedica a la organización de combates de boxeo fundamentalmente, pero no exclusivamente, ya que también ha incursionado en el golf, bowling, ping pong y muchos otros deportes.

Eddie creció con ese camino: Nació el 8 de junio de 1979 en Essex, Inglaterra. Pronto conoció el trabajo de su padre y se sumó para darle un impulso mayor, algo más grande aún. Porque a la notable cartelera de boxeadores que sumó a su escudería, tales los casos de los pugilistas Kell Brook, Anthony Joshua, Tony Bellew  Jamie McDonnell, Daniel Jacobs, Scott Quigg, James DeGale, Luis Ortiz, Khalid Yafai y Lee Selby, entre muchos otros, que están bajo la órbita de su empresa, su manejo y expresión lo han convertido en un imán para la industria.

Sus veladas fueron siempre exitosas y en los últimos años organizó mega eventos, como el que realizó en el mítico estadio de Wembley para que 90.000 espectadores vean a Anthony Joshua vencer a Wladimir Klitschko para unificar los títulos de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Federación Internacional de Boxeo (FIB) y Organización Internacional de Boxeo (OIB). Muchos pensaban que podía ser una prueba dura para Joshua, que su carrera aún era incipeinte como para medirse ante un hombre de la trayectoria de Klitschko, pero Hearn siempre tuvo en mente el combate: “ Es el enfrentamiento entre un león joven que se mide contra el Maestro”, declaró cuando se estaba por concretar la pelea. Y agregó: ¨¿Es demasiado pronto para Anthony Joshua? Tal vez, pero no es eso lo que hace que el choque sea emocionante?”

Anthony quiere la pelea. Wladimir también quiere la pelea y si todo va bien vamos a superar los obstáculos que vienen con la magnitud de esta velada”

Lo concreto es que el combate se realizó y Eddie lo definió como “La noche más grande de la historia del boxeo británico”.

En cada combate puso su sello. Su voz. Tanto para armarlo, para organizarlo o para justificar resultados, derrotas o victorias. Por eso sus declaraciones siempre estuvieron en el candelero.En cada pelea, una participación. 

Pero no interrumpe su marcha. A pesar de algunas diferencias verbales, sueña con sumar a Deontay Wilder a sus filas. Es cierto que el norteamericano alguna vez aseveró que su combate con Joshua no se hacía por las trabas que ponía el promotor del británico, Hearn, pero esto no parece importarle al empresario, que afirmó: “Si yo fuera Deontay Wilder, ¿cómo no voy a pensar que firmar con nuestra promotora no es un buen negocio?”. Quienes manejan a Wilder insisten en realizar el agaurdado combate ante Joshua en Las Vegas. Han hecho una oferta muy grande (se habla de 50 millones de dólares para el británico) con tal de que la pelea se haga en América. Esa suma, impresionante por cierto, no le mueve un pelo al promotor. Para Hearn, el dinero que le puedan ofrecer no tiene influencia; quiere muchas condiciones para que su representado cruce el Océano Atlántico, una de ellas es mantener el control de la organización de la pelea. Y Joshua cree que “ese combate se lo debo ofrecer a todos mis fanas que me han apoyado en Inglaterra, así que debo hacerlo allí.” El tironeo será largo. La expectativa de la empresa es que el gran enfrentamiento se haga en Septiembre en Londres, unos meses antes de que expire el contrato entre Joshua y Matchroom, que tiene fecha de caducidad en noviembre, aunque ya se habla de una renovación por una cifra importante, algo así como cien millones de libras esterlinas por tres peleas. Anthony sabe que allí hay un gran negocio, y todos descuentan que continuará ligado a la compañía de Hearn.

Mientras, Eddie no se detiene en su proyecto conquistador. Julio César Chávez Jr., el hijo del gran Julio César Chávez, también podría sumarse a sus filas y ya tiene pensado que hará tres combates para la empresa Matchroom Boxing. El acuerdo no se selló, pero el propio pugilista señaló que es muy posible que se haga.

Tiene una participación activa en los medios y en las redes sociales; hace muy poco se encontraba sólo en el aeropuerto de Tokio, tras la pelea de McDonell vs Inoue y a la espera de su vuelo a Los Angeles para el choque entre Kal Yafai vs David Carmona, bien entrada la noche, se le ocurrió tuitear: “Estoy sentado en el aeropuerto de Tokio, No estoy seguro quien pueda estar levantado ni donde,  pero hablemos de boxeo…”, invitó a sus miles de seguidores. En segundos se armó un multitudinario chat entre expertos, fanáticos, amantes y conocedores del pugilismo para hablar, preguntar, argumentar y exponer sobre variados temas del boxeo. Uno de ellos le preguntó: ¿Cuáles serían las tres peleas que quisieras organizar este año? Y su respuesta fue rotunda y sin vueltas: “Anthony Joshua vs Deontay Wilder; Brook vs Khan y Canelo vs Jacobs”.

Claro que en poco tiempo recibió más de 700 preguntas y, tal como sucede en las redes sociales, los comentarios y las inquietudes variaron desde lo más serio y profundo acerca del deporte a frases que pretendían ser ingeniosas acerca de sus múltiples viajes, el jet lag, cuando veía a la familia y también agradecimientos por todo lo que hacía por el boxeo.

En ese diálogo espontáneo y libre con sus seguidores hubo también muchas cosas para destacar. Prometió múltiples anuncios a fines de junio; destacó el talento especial de Inoue en la pelea frente a McDonnell; y, tras el gran KO que consiguió Yafai ante Carmona y su esplendoroso debut en Estados Unidos, enseguida trascendió el posible choque entre el hombre de Birmingham y “Chocolatito” González; y ya no tuvo tiempo de continuar la conversación, porque el paso de las horas y los días lo llevaron a otros temas, aunque siempre mantiene un canal abierto con sus seguidores.

Su último paso por New York fue para hacer un anuncio de los grandes; para entrar en territorio americano a pie firme y con la convicción de que puede conquistar el negocio y la organización en el país más importante de este deporte.

Su proyecto pretende ser de 8 años (mínimo) con una cartelera que programe 16 peleas en cada uno de esos años, y con cifras millonarias en juego para los pugilistas.

Su empresa promotora “Matchroom Boxing” se ha unido con la empresa de medios, Performance Group, la productora digital líder en Estados Unidos, para crear un proyecto conjunto, de mil millones de dólares, en lo que fue anunciado como el “Acuerdo más grande en la historia del boxeo.” A este grupo se vincula DAZN, el primer servicio de transmisión de deportes en vivo del mundo, que brinda a los aficionados acceso ilimitado para ver la mayor variedad de deportes en vivo y bajo demanda en cualquier dispositivo conectado a Internet. DAZN promete ser el nuevo Netflix del Deporte, y se rumorea que hasta las grandes cadenas como Showtime, HBO y otros gigantes de las transmisiones de boxeo (o del deporte en general) están preocupadas por su aparición. Por ahora sólo está distribuida en Alemania, Suiza, Austria, Canadá y Japón, pero promete expandirse de manera muy rápida.

Las 16 veladas de boxeo programadas para cada año tendrán lugar en los escenarios más calificados de Estados Unidos; los combates se transmitirán por Streaming y la gran apuesta es producir una nueva generación de fanáticos del boxeo para revivir los mejores tiempos de esta disciplina.. “Es un proyecto de un billón de dólares; es lo más grande que se hizo hast el momento; también habrá 16 eventos en el reino Unido, con lo cual tendremos muchos trabajo”, señaló Hearn a la prensa en New York. Ese es el punto que aún provoca controversias y discusiones en todos los ámbitos donde se habla de boxeo. Un acuerdo semejante, con 32 veladas anuales divididas entre Inglaterra (o el Reino unido) y Estados Unidos, requiere de la presencia de boxeadores del más alto nivel. ¿Podrá cumplir Eddie y su empresa con semejante proyecto? Esa es la gran duda que revolotea en el ambiente,  si puede cumplir con ese objetivo, es decir, si puede armar 32 espectáculos de alto nivel. Es aún un tema que despierta dudas e incredulidad.

Eddie continúa con su camino. Ha construido un emporio sobre la base de la empresa que supo armar su padre. La mejoró, la elevó. La engrandeció. Y ahora va por un desafío que lo catapulte como uno de los más importantes promotores de la historia: La conquista de los Estados Unidos de América. Entonces, la celebridad se convertirá en leyenda.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Boxeadores y políticos

Cuando retratamos la vida de Alexis Argüello, nos centramos en su gloriosa historia deportiva y su trágico final. En el medio, algunas razones que desembocaron en la tragedia y, de modo tangencial, su vínculo con la política. Es que no es un detalle menor que ocupara el cargo que ostentaba. Más allá de todo lo que se teje sobre su muerte, Alexis Argüello había alcanzado la alcaldía de Managua, Ciudad capital de Nicaragua, un cargo relevante, importante y que abre paso a la reflexión de este número de Ring Side: Los boxeadores y su vínculo con la política. En tiempos electorales, es bueno repasar cuantos hombres pasaron del ring a los escritorios de los diputados, gobernadores, alcaldes, y otros cargos.

“Me gustaría disputar un último combate el año próximo, antes de retirarme del boxeo, para luego dedicarme a la política. Si soy electo senador estaré concentrado sólo en el trabajo y en la familia”. Así de claro y directo se manifestó Manny Pacquiao, el ídolo filipino quien siempre mostró sus inquietudes políticas. En 2007 se postuló para representar al primer distrito de Cotabato del Sur; fue derrotado por Marlene Antonino Custodio. En 2010 se recuperó y logró un lugar como congresista. Fue electo diputado por la provincia de Sarangani.  Entre ese año y 2013, asistió a 98 sesiones sobre un total de 168; presentó varios proyectos de ley que no superaron las comisiones legislativas pertinentes, pero tuvo una participación activa. No tanto a partir de 2013, donde su actividad política disminuyó.

Pero siempre se mantuvo cerca, como una vocación muy fuerte para él. Ahora anunció que se postulará para senador, en las elecciones que se celebrarán el 9 de mayo de 2016. Es un hombre adorado por su gente, un ídolo popular que por esa condición siempre tiene posibilidades de ser electo y hasta hay quienes predicen que ser senador será un primer paso para luego llegar a la presidencia de la República de Filipinas.

Vitali Klitschko se involucró en la política de su país, Ucrania, en 2005. Pudo desarrollar ambas actividades; mientras fue miembro parlamentario alcanzó el título Mundial de Peso Pesado del Consejo Mundial de Boxeo y de la Organización Mundial de Boxeo. Pero lo asombroso del ucraniano es su integración al mundo siempre difícil de la política y el desarrollo que le dio al partido que creó y a su propia carrera. Mientras se debatía en los rings, fundó la Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma (UDAR), y en 2014 logró vencer en las elecciones de Kiev y fue electo Alcalde de la ciudad. Su participación política es cada vez mayor, en un contexto donde las tensiones entre Ucrania y Rusia se mantienen, lo cual lo obliga a estar dedicado en la mayor parte del tiempo a esta actividad. Sin embargo, aún se hace un espacio para acompañar la carrera deportiva de su hermano Wladimir.

El mexicano Juan Manuel Márquez, Campeón Mundial de peso Pluma, Superpluma, Ligero y Superligero, es, y siempre será, muy recordado por el tremendo K.O. que le propinó a Manny Pacquiao el 8 de diciembre de 2012. Era el cuarto combate de la saga, y en el sexto round explotó con un terrible derechazo.

Algunos creen que tras los cuatro combates con Pacquiao sucedió el efecto contagio: Márquez manifestó su agrado por la política. En el tercer enfrentamiento lució el logo del PRI en su pantalón. Y manifestó su apoyo a Peña Nieto.

El propio entrenador, Ignacio “Nacho” Beristáin entiende que la política es su vida: “A Juan Manuel la política lo distrae; le quita tiempo. A mi, la política, cero. No me interesa para nada.” Y cree que ya es hora que se dedique a esta nueva actividad.

En la Argentina hubo varios casos de boxeadores (y boxeadoras!) que eligieron el camino de la política. Marcela Acuña es la pionera del boxeo femenino en nuestro país; la número uno; la que llenó, solita, el Luna Park; la Campeona Mundial de peso pluma y supergallo…En 2009 decidió incursionar en la política y fue electa concejal de Tres de Febrero por el Frente para la Victoria. Fue reelecta en 2013. Como un signo de estos tiempos (de la política, claro)  varió en los espacios de pertenencia: En junio de 2014 se unió al Frente Renovador de Sergio Massa y en octubre  de este año regresó a su partido de origen.

También Martín Coggi fue candidato a concejal de Brandsen por el partido vecinal. “Siempre fui peronista”, admitió el hijo de “Látigo”, quien sabe que el deporte a determinada edad se termina y debe prepararse para el futuro.

También hubo muchos pugilistas argentinos que supieron estar cerca de la política y sus actores. Desde el saludo de Gatica y Perón, hasta estos tiempos en que Víctor Ramírez suele tener el apoyo de Scioli.

Pero nada puede superar a Justin Pierre James Trudeau. El Primer ministro canadiense es un caso muy particular. Hijo de un ex Primer ministro, llegó a los 43 años al cargo, en representación del Partido Liberal.

Su vida agitada, emparentada con las excentricidades de sus padres, Pierre y Margaret, le valió una alta reputación. Pero esa fama está atada también a su pasión por el boxeo, deporte que practica dos ves por semana y hasta ha hecho combates a beneficio de entidades.

Y si de políticos amantes del boxeo se trata, habría que incluir a Juan Domingo Perón, Nelson Mandela, Tabaré Vazquez…Y una larga lista que une, de manera indisoluble al boxeo con la política. Porque las pasiones del hombre no tienen límites ni se circunscriben a una sola actividad.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Nace una estrella: Gervonta Davis

Venía cargado de buenos antecedentes y auspiciosas perspectivas, pero el público argentino amante del boxeo lo “descubrió” la otra noche, la del pasado sábado 21 de abril cuando, en un Barclays Center desbordante de gente y expectativa, en el corazón de Brooklyn, New York. Un estadio relativamente nuevo, pero que ya está instalado en el mundo del boxeo, en una ciudad que respira este deporte en todos sus rincones.

Gervonta Davis liquidó a un bravo y valiente Jesús Cuellar, quien se le plantó de entrada e intentó una pelea de corta distancia, quizás lo que más le gusta a Davis, para poder boxear, mostrar su repertorio y pegar con justeza. Un golpe al hígado derribó al argentino en el segundo round, y en el tercero una andanada de golpes de Davis acabaron con un Cuellar que no pudo resistir: cayó dos veces, en la segunda el árbitro decretó el KOT.

Lo había superado con amplitud y los argentinos asistimos a la confirmación de una nueva estrella en ascenso del boxeo mundial. Un hombre que boxeó y golpeó para arrasar a un gran batallador como es Jesús Cuellar. Lo vimos ese sábado por la noche, pero… ¿Quién es Gervonta Davis?

Nació en Baltimore, Maryland, el 7 de noviembre de 1994. Apenas había pasado los 5 años cuando se metió en el gimnasio “Uptown Boxing Gym”, mientras comenzaba sus estudios en el Harbor Digital School. Había quedado involucrado en una reyerta callejera y, a pesar de su muy corta edad, sus tíos consideraron que lo mejor era que ingresara al gimnasio a practicar deporte. Sus padres estaban muy lejos, ausentes, con problemas de adicciones que lo alejaban de Gervonta y sus hermanos. Esa ausencia paterna derivó en un pequeño Gervonta lejos del calor de un hogar, muy cerca de los problemas de la calle y con un desfile incesante por distintos hogares de crianza que lo cobijaron.

Las calles de Baltimore eran un peligro constante que aún hoy recuerda con mucho dolor: “Las personas que conocí en esos años están muertas o en la cárcel”, aseveró en un reportaje. “En realidad, Balitmore es peor de lo que han visto en la serie The Wire”, confesó alguna vez.

Recibió, enseguida, el apodo de “Tank”, que para algunos es “Tanque” y para otros tiene que ver con el tamaño de su cabeza. Pronto, algunos vieron en él un pugilista del estilo de Mike Tyson, pero de un tamaño más pequeño en lo físico, y zurdo.

En 2012 ganó el Torneo Nacional Amateur Golden Gloves, y al año siguiente hizo su debut profesional. Su carrera amateur fue extensa y exitosa, donde obtuvo 206 victorias y 15 derrotas. Pero había llegado el tiempo de hacerse profesional.

Fue el 22 de febrero de 2013 y venció a Desi Williams por KO1, en una presentación que sería un anticipo de una carrera jalonada por victorias categóricas y rápidas. Los nocauts se sumarían en cadena, en un desfile a lo largo y a lo ancho del país: El “Tanque” se presentaría en Baltimore, Washington, Pittsburgh, Atlantic City, Orlando, Paradise (Nevada), Hollywood (Florida)…Un camino variado y siempre con el knock out como compañero de ruta.

El 14 de enero de 2017 ganaría su primera corona mundial. En el Barclays Center iba a vencer al portorriqueño José Pedraza por KOT7 para sacarle el Título Super Pluma de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Una durísima derecha en el rostro de Pedraza acabó el pelito, un golpe furibundo que entró limpio en la mandíbula del boricua y lo envío a la lona. Una estrella se consagraba bajo los cielos de New York. Con el padrinazgo del célebre Floyd Mayweather, aparecía un nuevo niño mimado, un héroe de mirada limpia y puños de acero. Claro que el estilo de Davis se distancia del que lucía el gran Floyd. Este era un artista del ring, de piernas muy veloces y movimientos laterales que desarmaban a cada adversario. Davis prefiere un boxeo más directo y agresivo, que liquide a los rivales.

Luego fue el momento de mostrarse al mundo; la primera defensa, ante Liam Walsh en Londres, de visitante y poniendo en riesgo la flamante corona: KOT3 fue el resultado de otra victoria contundente.

Después llegaría el tiempo del costarricense Francisco Fonseca, a quien batió por KO8 en el fabuloso estadio T Mobile Arena en Paradise, Nevada, como choque de semi-fpndo en la muy promocionada y difundida velada de “Money” Mayweather y Connor Mc Gregor.

En esa magnificada noche, Davis llegó con la frustración de no haber podido dar el peso (llegó con 132 libras cuando el límite era 130) y dejó el título antes de combatir. “Pido disculpas a mis fanáticos y seguidores”, escribió Davis en Twitter. “Pero voy a  reparar esto”.

De todas formas se iba a imponer en una pelea que  iba a resultar más atractiva que el propio combate de fondo; la contienda Davis-Fonseca, al cabo, iba a estar en el centro de las polémicas por su definición. Davis había sido superior a lo largo de las 7 vueltas, pero un golpe que rodeó la nuca de Fonseca, que muchos vieron fuera de los límites legales, acabaron con el pleito. Davis había hecho una buena pelea, e incluso en el cuarto asalto se puso en varias oportunidades las manos detrás de la espalda, dejando su cuerpo y rostro totalmente descubiertos, en una demostración de seguridad y confianza, que Fonseca tomó como una abierta provocación y le alteró su tranquilidad. Y el trabajo de Davis terminó por acabar con su resistencia.

De esa pelea se han dicho muchas cosas. Tanto de la preparación de Davis como la resolución que tuvo el enfrentamiento. Lo cierto es que entre todo lo que ha trascendido, se dijo que el “Tanque” no llegó a dar el peso por un problema que surgió en la preparación; cuando faltaba un mes para la pelea, en el Uptown Gym Davis se enredó en una pelea con su hermano y cuando los guardaespaldas los fueron a separar, Davis golpeó a Anthony Wheeler, un amigo de su infancia, quien cayó noqueado. The Baltimore Sun relató ese incidente, que concluyó con su amigo en el hospital, con un cuadro de conmoción cerebral, una orden de detención que fue resuelta con una fianza de U$ 100.000 y un dolor de cabeza que influyó en forma profunda en su ritmo de entrenamientos.

Así llegó a su última función. La más vista por el público argentino, la que le dio la puerta de entrada a usted, querido lector de Ring Side, que tal vez haya puesto los ojos en él, pero que si no lo había hecho, en esta última presentación en el Barclays center de Brooklyn, New York, pudo ver a un boxeador ascendente y de gran futuro en toda su dimensión.

La velocidad, el juego de piernas, la justeza de sus golpes, el ataque incesante fueron todas las variantes que mostró en una noche lúcida. Jesus Cuellar fue bravo y valiente para buscar el combate, pero el repertorio ofensivo de Davis lo hicieron muy superior.

Hoy la vida le ríe y canta. Ha ganado el Super Título superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo; está clasificado como el cuarto mejor boxeador activo, libra por libra, empiezan a aparecer grandes ofertas, sueña con ser una de las estrellas del ‘pay per view’, piensa en futuros rivales, y hasta dejó trascender que podría sumarse a las huestes de la UFC (Ultimate Fighting Championship)…

Mientras su manejador, Floyd Mayweather analiza si Jessie Vargas o Vasyl Lomachenko serán las próximas estaciones, el público del boxeo celebra la aparición de una nueva estrella en su firmamento. Una figura creciente, que deslumbra y atrae con un estilo de boxeo agresivo, potente, veloz. Un boxeador que promete grandes veladas y un futuro auspicioso.

“Sólo quiero mejorarme a mí mismo”, escribió hace muy poco en su cuenta de twitter. Así está Gervonta. Disfruta de los días felices, después de haber dejado atrás un pasado de dolor.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

La carrera de Sergei Kovalev se llenó de interrogantes

Apenas un año había pasado del 2 de abril que marcaría a fuego la historia de la Argentina. Un tiempo corto, donde la melancolía le daba paso a la reflexión y a abrir una puerta al futuro.

El 2 de abril de 1983, mientras el país recordaba el primer aniversario del desembarco en Malvinas, en la lejana Cheliábinsk, en el corazón de la entonces Unión Soviética y hoy Federación Rusa, nacía Sergey Kovalev, en un hogar humilde. Una ciudad con muchas fábricas y gente fuerte que buscaba sobrevivir en ella. No todo el salario se pagaba con dinero, sino con especias y la familia de Sergei lucha por subsistir. Eran tres hermanos y la madre y su padrastro trabajaban en la misma planta de tractores. Con lo que juntaban entre ambos, sobrevivían.

Nada hacía prever que se iniciaría en el boxeo, pero a los 11 años un amigo del colegio lo invitó a un gimnasio que había muy cerca y allí conoció su futuro: le encantó la actividad y aunque no tenía muy claro de que se trataba, algo vieron en él que lo llevaron a los entrenadores a seguirlo, a cuidarlo, a empezar a guiarlo. Era flaco, pequeño y poco visible. Había chicos en el gimnasio que mostraban más talento que él. Pero quienes eran en verdad más débiles, abandonaron. Y quienes, como Sergei se mostraron más fuertes, continuaron. Y mostró uno de los espíritus más fuertes. El tiempo de las carencias iba a comenzar a quedar atrás.

A los 12 años dejó el boxeo; había fallecido su padrastro y lo envolvió la tristeza. Sin embargo, sus entrenadores no querían que abandonara. Lo valoraban mucho por su calidad humana e insistieron para que retomara los entrenamientos. Mandaban a sus amigos a que lo fueran a buscar a la casa y lo llevaran otra vez al gimnasio. Su madre entendió que debía hacerse fuerte para cuidar a sus hermanos menores. “El debía hacerse el hombre de la familia; para ayudar a sus hermanos e incluso a mí. Maduró muy rápido, aunque aún era un chico. Se vieron cambios drásticos en él. Dos o tres meses después del fallecimiento de su padrastro, Sergei se volvió todo un hombre”.

Tres años más tarde haría su debut amateur en el Campeonato Junior de Boxeo de Rusia. Allí ganaría la medalla de oro en peso mediano y comenzaría una interesante carrera amateur que pronto decidió volcar al mundo profesional. Kavlev sabía que ingresaba en un mundo difícil y competitivo, entonces decidió tomar decisiones fuertes en la búsqueda de su camino. Aun cuando era joven, tuvo que madurar muy rápido. En el año 2009 se mudó a Carolina del Norte, para iniciar su carrera en el gran escenario que siempre significa Estados Unidos.

“Viajé a Norteamérica porque en el boxeo amateur no existen las chances de ser campeón del mundo. De pequeño, mi ilusión era conocer América, ver los edificios altos que veía por televisión…Además, no había demasiado dinero en Rusia. El dinero se gana aquí, en Estados Unidos”, afirmó sobre su traslado.

Allí comenzó su carrera profesional. A los 26 se lanzó a conquistar el mundo. Sin embargo, le costó hacerse un nombre, meterse en las grandes carteleras. En los primeros combates el dinero no abundaba, aunque el éxito lo acompañaba. Ganó sus primeros 9 enfrentamientos, con un alta dosis de k.o. Su imagen crecía aunque aún no daba el gran salto.  Paseaba su fortaleza por California, Illinois, Carolina del Norte, Washington, Lousiana, Nevada, Georgia, Pensilvania…

El 5 de diciembre de 2011 llegaría una pelea que marcaría su vida para siempre. Aquella noche en Ekaterimburgo, en Rusia Central al pie de la Cordillera de los Urales, vivió la noche que jamás debió haber deseado vivir. El combate contra Roman Simakov terminó por ser un mojón desgraciado en su carrera. No se avizoraban contratiempos ni maldiciones, pero el desarrollo deparó un desenlace fatal e inesperado.

Kovalev fue dueño de las acciones desde el inicio, llegaba con facilidad y golpeaba al oponente, pero no parecía una paliza despiadada. Sin embargo, logró derribarlo en el 6to round, y volvió a hacerlo en el 7mo, pero al levantarse ya no podía moverse Simakov. El referi paró el combate de inmediato y le otrogó la victoria a Kovalev. A Simakov lo colocaron sobre una lona roja que oficiaba de camilla y fue directo al hospital. Entró en coma, y a los tres días, falleció. Kovalev oró por él durante por él  los 3 días de agonía, pidió perdón a la familia de Simakov  y les dió el dinero de su bolsa de su siguiente combate.

La cara más triste y dolorosa de esta actividad se había cruzado en su camino. “Mi objetivo era vencer a Simakov, no quería dañarlo. Después del  cuarto round percibí que algo no estaba bien en él. Incluso, el último golpe  no fue tan fuerte como el anterior”, señaló Kovalev a la prensa rusa.

Tras unos días de reflexión,  Kovalev le habló al público. Allí expresó su dolor y dejó sus sensaciones de esa pelea.  Describió el comienzo como “tranquilo”, con un comienzo  mesurado,  que  en el 4to round se lastimó el pulgar izquierdo, el mismo que se había operado cuatro años antes, lo cual lo hizo trabajar con mayor mesura aún, lo que le permitió a Román desarrollar su pelea.  Kovalev creía que tras la caída del 6to round Roman no saldría a combatir al siguiente asalto. “Deseaba que el combate fuera detenido.  En mi pulgar sentía el castigo que había propinado.  En el 7mo round, cuando Román da un paso atrás, lo golpeo en el antebrazo. No creo que ese golpe pudo haber generado la tragedia.  Después fui  a verlo al vestuario, pero ya lo habían llevado al hospital. Fue un peleador; fue todo un hombre. Permitan que su alma descanse en paz.  Le pedí a mi manager poder hablar con su familia, pero no quieren saber nada de nosotros. Y lo comprendo perfectamente. Es horrible perder a una persona  amada. Si vuelvo a subirme a un ring, mi combate será dedicado a él. Toda mi bolsa será para sus deudos. Perdoname, Roman y  descansa en paz, guerrero”

También Natalia Kovaleva, la esposa del campeón, manifestó en un documental llamado “La vida después de la muerte: La pelea más dura de Kovalev” cuanto influyó en ella ese combate: “Fue un shock para todos. Sergei no pudo dormir esos días, estaba muy afligido, veía una y otra vez el match, fuimos a la iglesia mientras Simakov estaba en coma en el hospital, encendimos una vela por él y rezamos por su recuperación. Sergei se retrajo sobre sí mismo, él es el tipo de persona que se guarda todo dentro de sí, rara vez expresa sus emociones, él fue educado así…A partir de ahí, mi mirada sobre el boxeo cambió de forma total. Ya no lo contemplé sólo como un deporte; cada vez que mi marido va a pelear me preocupan más las consecuencias del combate que si obtiene la victoria…”

“Esos días los pasé muy mal”, recordó más tarde Sergey Kovalev. Se recluyó y se tomó dos meses para regresar al gimnasio. “No pude hablar con los familiares de Roman. No sé qué les diría. No lo sé. Perdón…pelearé por mí y por él…” Recién en junio de 2012 regresó a los cuadriláteros para darle el desquite a Darnell Boone. Fue victoria y volver a encaminar la carrera.

El 19 de enero de 2013 derrota con total claridad al ex campeón mundial semipesado de la AMB, el español Gabriel Campillo. Allí tiene un combate de los llamados “consagratorios”: El ruso lo domina de principio a fin, le hace sentir el rigor, y lo derriba tres veces en el tercer round para acabar el pleito.

Ese 2013 vendría con más alegrías; el 17 de agosto de ese año vencería a Nathan Cleverly para ganar el título semipesado de OMB.

Los flashes de la gloria comenzaban a iluminarlo. Y otro paso trascendental sería el éxito ante Bernard Hopkins el 8 de noviembre de 2014 en Atlantic City, New Jersey. Allí alcanzaría los títulos semipesado de la FIB y el de Supercampeón de la AMB, amén de mantener el de la OMB.

Siguió con la cerrada victoria ante el canadiense Jean Pascal, en un combate cambiante, que ganó por KO técnico en el 8vo round, en lo que para muchos fue una decisión apurada del árbitro, tras un buen desempeño de Kovalev en el asalto anterior.

Contra el francés Mohammedi mostró toda su potencia y en el desquite frente a Pascal no dejó ninguna duda: lo apabulló toda la noche, y en el séptimo round Freddie Roach, coach del canadiense, decidió que lo mejor era no continuar el sufrimiento.

El 11 de julio último regresó a la misma arena donde sucedió la desgracia. Otra vez en su país, otra vez ante su gente, otra vez ante los fantasmas y los malos recuerdos. Allí se midió natal ante el africano Isaac Chilemba a quien venció por puntos en fallo unánime.

Luego, vendrían las noches tristes. El 19 de noviembre de 2016 caía en su primer combate ante André Ward, en el T-Mobile Arena de Las Vegas, Nevada.

Allí perdió los Títulos Mundiales OMB, FIB y Super AMB, en la categoría semi pesado.

Fue por la revancha el 17 de junio de 2017 y volvió a caer, en otra noche apagada, donde acusó un golpe bajo, discutible, tal vez, pero donde no mostró variantes ni rebeldía para sobreponerse a ese fallido e ir por la gloria.

Parecía acabarse su carrera. Sin embargo, logró tener una nueva posibilidad ante el retiro de André Ward y fue por esa oportunidad. En noviembre del año pasado venció al ucraniano Vyacheslav Shabranskyy y conquistó el título Mundial semipesado de la OMB. El 3 de marzo de este año venció al ruso  Igor Mikhalkin y sumó el título mundial de la categoría sempiesado de la IBA.

Todo parecía empezar a retomar la senda victoriosa, hasta esta noche del 4 de agosto, cuando una nueva figura emergió en su camino: El colombiano Eleider Alvarez lo superó, tras una contienda dura, donde tuvo su momento Kovalev, pero al final sucumbió.

El colombiano nunca perdió la calma y lo noqueó en el séptimo, tras derribarlo tres veces.

Sergey Kovalev, el hombre que vino del Este, el aventurero que armó su camino deportivo y su vida en Estados Unidos, volvió a sufrir un tropezón, y su carrera se empieza a llenar de interrogantes.

 

Hernán O’Donnell

 

Deontay Wilder le abre la ventana al futuro

Estaba perdido. O al menos, eso parecía. El cubano Ortíz lo había dominado, incluso en el séptimo round sacó una ventaja de dos puntos (10-8) aún sin derribarlo. La noche de Brooklyn se llenaba de dudas e interrogantes para el campeón mundial pesado, Deontay Wilder. Estaba muy complicado y era difícil pronosticar una recuperación.

La pelea había transcurrido por un clima electrizante. Wilder se vio superado en los primeros rounds y de a poco el desarrollo se transformó en una gran preocupación pues era dominado por su adversario: Luis Ortíz, un enorme mastodonte cubano apodado King Kong, que el público argentino conoció bien de cerca cuando enfrentó a Matías Vidondo y lo derrotó por KOT 3, tras derribarlo en el segundo asalto. En ese entonces se apreciaban las virtudes de un pugilista fuerte y contragolpeador, pero que no pudo alcanzar esa luz de diferencia para controlar la pelea y llevarse la gloria.

Los primeros asaltos fueron para el cubano; pero en el quinto apareció Wilder y con un derechazo derribó a Ortíz. El campeón descontaba dos puntos, tras haber cedido los primeros 4 rounds.

Se recuperó “King Kong” y logró volver a estar en pelea en el sexto asalto y en el séptimo se vio lo mejor de su producción. Se lo llevó por delante al campeón, lo “empujó” contra las cuerdas, y con una buena combinación de golpes le hizo pasar un mal momento. Incluso cerró la vuelta con una derecha que impactó de lleno en el rostro de Wilder y parecía dejar todo listo para la definición.

Pero no lo remató. Le permitió que respirara y Wilder se recuperó en los dos siguientes rounds.

Y llegó el 10º asalto con una definición, impensada, imprevista, sorprendente: Una avalancha de golpes, desordenada y potente, encontró agujeros en la defensa de Ortíz, y Wilder no se detuvo ni mostró contemplaciones. Con mucha fuerza, algunos yerros y mucha agresividad, descargó una catarata de golpes que derrumbaron al cubano y terminaron con el pleito. Ortíz había dejado pasar su momento y su oportunidad;  Wilder, en cambio, cuando olió sangre, arremetió con fiereza.

Deontay Wilder recorrió un largo camino para llegar a la noche de su consagración. Nacido en Tuscaloosa, estado de Alabama el 22 de octubre de 1985, a los 19 años comenzó su carrera amateur: su novia estaba embarazada y debía hacerse un futuro para darle seguridad a su familia. Su beba nació con una enfermedad llamada espina bífida, una malformación congénita en la que existe un cierre incompleto del tubo neural. Por imperiosa necesidad, debía progresar y darle un sustento a sus seres queridos. Se abrazó al boxeo como una salvación. Así, alcanzó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

A los 23 años hizo su debut profesional ante Ethan Cox, al que derribó tres veces en el segundo round y entonces se detuvo la pelea.

Comenzaría una carrera exitosa, con victorias que se encadenarían una tras otra, y luego de 32 peleas ganadas, le llegó la oportunidad  la noche del 17 de enero de 2015 en el MGM Grand Garden Arena, en Paradise, un suburbio de Las Vegas, estado de Nevada, para derrotar al haitiano-canadiense Bermane Stiverne y alcanzar el título Mundial Pesado del Consejo Mundial de Boxeo (WBC).

Tenía potencia y experiencia: había sido sparring de Wladimir Klitschko, con quien asegura haber hecho más de 50 rounds de guanteo; incluso hay quienes afirman que Wilder, apodado “El bombardero de bronce”, fue de los más exigentes que tuvo el ucraniano. Envalentonado, tras ganar en su primera defensa a Eric Molina, a quien envió a la lona en cuatro oportunidades, Wilder proclamó su deseo de enfrentar a su viejo conocido: “estuve tres años en el campamento de Klitschko, he aprendido mucho de él y ahora quiero enfrentarlo”, desafió. Pero el tiempo no le dio la chance.

Por esos años ya quería armar su propia historia: “El boxeo ha tenido grandes campeones de Peso Pesado; es tiempo de recuperar ese lugar que tuvo Estados Unidos hace no mucho tiempo con Mike Tyson, Evander Holyfield o Riddick Bowe, pero a mí aún me confunden con LeBron James”, señaló en referencia a su parecido con el gran jugador de Basquetbol, campeón de la NBA con Miami Heat y Cleveland Cavalliers.

Vendrían más defensas exitosas de su título: ante Johann Duhaupas, a quien sometió a un gran castigo antes de vencerlo por KOT 11 y luego ante el polaco Artur Szpilka, en el Barclays Center de Brooklyn, donde estuvo en aprietos pero logró un fulminante KO 9, que demolió al europeo e incluso debió ser retirado del cuadrilátero en camilla ante la falta de reacción.

A poco más de un mes del fallecimiento del legendario Muhammad Alí, Wilder debió defender su título ante Chris Arreola, por lo que decidió homenajearlo con una chaqueta con su figura y un  pantalón que lucía la célebre frase “Flota como una mariposa, pica como una abeja”. Otro KO y otra defensa exitosa del cinturón.

Luego enfrentó a su compatriota Gerald Washington, a quien venció por KO 5, tras una pelea que fue de menor a mayor y ratificó su buen momento.

Pero siempre parece haber un tropiezo en las carreras de las grandes figuras, y “El Bombardero” no es la excepción; en junio de 2017 fue detenido tras ser acusado de posesión de marihuana, y luego fue puesto en libertad, con la pena de cumplir 60 horas de servicio comunitario en un gimnasio cerca de su hogar. Wilder afirmó que la sustancia no era de su propiedad, que fue hallada en su auto, pero que él solía dejarlos bajo la custodia de muchas personas o que incluso los usen cuando viaja fuera de la ciudad.

A fines de 2017 le llegaría un examen importante, calificado: El desquite ante Bermane Stiverne, su escalón para llegar al campeonato Mundial Pesado. La primera pelea había sido dura y se aguardaba por el nuevo episodio, pero Wilder lo resolvió en el primer round con otra andanada de golpes, que incluso parecían prolongarse en la caída del haitiano-canadiense y al referí le costó separar a Wilder para alejarlo de la zona y decretar el KOT 1.

Así llegó a la noche estelar del 3 de marzo ante el cubano Ortíz. Ahora se habla de Anthony Joshua, de peleas estelares en las carteleras más importantes del mundo, en la chance de convertirse en el Rey libra por libra, en la tentación que le ofrece Oscar de la Hoya para sumarse a sus filas y volverse el más taquillero de los “pay per view”, las puertas que se abren para observar el abanico de oportunidades y deshojar la margarita de las posibilidades más atractivas. ¿Joshua? Habrá que esperar su pelea ante Joseph

Parker y ver cómo sigue su camino; además, Anthony Joshua hoy es una de las grandes estrellas de los escenarios y podría todas las condiciones para un hipotético combate. Incluso la bolsa, el órgano más sensible del ser humano, sería muy desventajosa para Wilder. Y también pesa la opinión del inglés, quien se ha mostrado un poco despreciativo hacia las condiciones boxísticas del americano. ¿Tyson Fury? Depende de Fury mismo. Si decide meterse nuevamente en el ruedo. ¿Otra versión, la tercera, ante Stiverne? Hay quienes arriesgan que es una posibilidad certera.

Es tiempo de pensar, evaluar y elegir.

Todo se volvió realidad una noche. La noche que pareció estar en peligro, que la corona tambaleaba y el reinado se acababa, pero su fuerza, su voluntad y una remontada feroz le permitió cambiarla por la noche de la consagración, y la ventana que se abre a un futuro promisorio.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Vasyl Lomachenko, una estrella de esta época

Si no hubiera sido por su padre, tal vez hoy no estaríamos hablando o escribiendo sobre él. Nos hubiéramos perdido un doble medallista olímpico y un doble campeón mundial de boxeo. Pero la influencia paterna jugó su partido, y así nació una historia que hoy protagoniza uno de los grandes boxeadores del momento.

Vasyl Lomachenko armó su carrera en función de lo que le enseñó su padre. De no ser por él, tal vez hubiera sido otra cosa; jugador de hockey sobre hielo, por ejemplo. Allá por los años ’90,  se crió en una Ucrania incipiente, que una vez determinada su emancipación de la vieja Unión Soviética, volvía a tener su independencia como Nación y el hockey era uno de los deportes más populares para una región donde el invierno y el frío dominan una buena parte del año.

Pero estaba la imagen del padre, entrenador de boxeo, y Vasyl, nacido el 17 de febrero de 1988, comenzó a desandar su camino.

Criado en la ciudad portuaria del mar Negro de Bilhorod-Dnistrovskyi, en el sur del país, ingresó al gimnasio a las cuatro, empezó a competir a las seis y luego tuvo una cantidad impresionante de peleas.

Fue papá Anatoly quien pulió y forjó sus características, hasta convertirlo en un formidable boxeador. Así trazó una carrera amateur descollante, con 396 victorias y un palmarés envidiable: Obtuvo la medalla de plata en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2007, logró la medalla de oro en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2009, fue medalla de oro​ en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo 2011, y lo más valioso y destacado: Ganó  la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 en la categoría pluma y la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en la categoría ligero. Ambas medallas quedaron grabadas en forma de recuerdo en sus antebrazos: en cada uno de ellos se tatuó los anillos olímpicos y la fecha de la conquista.

Toda una proeza, un récord difícil de igualar.

Toda esa campaña le permitió enhebrar una carrera profesional atípica; la inmensa experiencia que adquirió en el campo amateur lo condujo a un debut en el mundo rentado sin precedentes: debutó en un combate a 10 rounds, con la alternativa de pelear (en caso de conseguir la victoria), por el título del mundo. Sí, leyó bien. Nada de iniciarse con 4 rounds, a los suma 6. No; derecho a los 10 asaltos y en una suerte de eliminatoria para combatir por la corona mundial.

La empresa promotora Top Rank confió en él y le dio la oportunidad: un encuentro con el peligroso José Ramírez (25-3, 15 KO).  Entendió entonces, Vasyl Lomachenko que “parece algo raro pero estamos seguros de la determinación que tomamos;  sabemos por qué hago el debut a 10 asaltos e intentaré conquistar el título mundial en mi segundo combate. Tuve una larga y constante carrera amateur, no veo por qué no podemos hacerlo también como profesional. Será una buena pelea, he soñado con esta posibilidad durante mucho tiempo, estoy preparado. No quiero ser un boxeador más, quiero hacer mi propia historia”. Sus palabras denotaban total confianza para tan atípico debut.

Tuvo una presentación espléndida. En el Thomas & Mack Center, Las Vegas, Nevada, USA. La gente, la TV, la promotora…Un primer round dominante donde derribó al mexicano con un derechazo tremendo. Dominó los siguientes asaltos, y en el cuarto lo noqueó con una tremenda combinación y un uppercut de izquierda cuando faltaban pocos segundos para finalizar el round.

De ahí, a la chance por el título mundial pluma de la OMB ante Orlando Salido. Pero no iba a ser su noche. Salido perdió su corona al no poder dar el peso, subió al ring con una ventaja de 11 libras y mantuvo una pelea sucia, enredada que se llevó por decisión dividida. Una frustración para Lomachenko, que no se amilanó. Agradeció la oportunidad (“Hice lo mejor que pude, dí lo mejor de mí, gracias a todos por esta oportunidad”) y no se quejó de los jueces y el fallo: “No, no tengo nada que decir sobre el jurado. Yo soy un boxeador y mi trabajo es boxear. No opino de la tarea de los jueces”, le respondió a la cadena HBO sobre el mismo ring, apenas finalizado el combate. Ni tampoco se quejó de la tarea sucia de Salido: “No se si sus golpes bajos fueron intencionales, yo soy un boxeador limpio y hago lo mejor, pero sus infracciones no puedo juzgarlas. Tampoco tiene mucha importancia ahora eso”.

A los tres meses se presentó en StubHub Center, Carsson, California y derrotó al norteamericano Gary Russell Jr. Para conquistar el título mundial de los plumas en la versión de la OMB.

Hizo tres defensas del título pluma y el 11 de junio de 2016 se enfrenta al campeón mundial superpluma de la OMB, el portorriqueño Rocky Martínez por dicha corona, en el teatro del Madison Square Garden de New York

Una excelente combinación en el quinto round le dio la victoria al ucraniano. Un uppercut de izquierda para conmoverlo, hacer retroceder al portorriqueño, bajar la guardia y un fortísimo cross de derecha lo derrumbó para toda la cuenta. Un Knock out de aquellos. La hazaña estaba lograda; en muy poco tiempo había conquistado dos medallas doradas olímpicas y en tan sólo siete presentaciones como profesional, había ganado dos títulos mundiales.

“Estoy muy feliz por este triunfo –señaló a la TV a penas finalizado el match-  había trabajado muy duro en lo físico y en lo mental para llegar bien a la pelea por el título. Me preparé por mucho tiempo para llegar a esto.”

“En primer lugar tengo que agradecer a Bob Arum por darme la oportunidad; sin ella, no podría hacer historia, que es lo que quiero”.

En ese momento, lo convocaron al célebre promotor y sus palabras deberán ser muy escuchadas y tenidas en cuenta: “Vasyl Lomachenko es el más grande boxeador que tenemos hoy en día; es brillante. Si Muhammad Alí es el más grande de todos los tiempos, Vasyl Lomachenko es el más grande de nuestro tiempo; el más grande de hoy”.

El ucraniano había conquistado al mundo. Ese combate fue consagratorio.

Defendió la corona superpluma en Nevada, Maryland y California. Se mostró en una buena parte de Estados Unidos. Conforma y satisface a sus seguidores.

El 9 de diciembre de 2017 enfrentó al cubano Guillermo Rigondeaux  en el Madison Square Garden, el mítico escenario de New York.

Allí lo aguardaba un reto muy importante: un rival de renombre, de diferente estilo, con una buena historia también como amateur, y el deseo de tener una proyección profesional consagratoria.

Y tuvo una noche feliz, aunque no le sobró brillo. El cubano salió decidido en los primeros asaltos, pero cuando “Loma” leyó el combate que se presentaba, lo dominó, lo desbordó y apabulló hasta que Rigondeaux decidió no salir en el séptimo round.

El 12 de mayo volvió al Madison Square Garden para enfrentarse a Jorge Linares. Y alcanzó la gloria, porque la victoria le permitió llegar al Título Mundial Ligero de la Asociación Mundial de Boxeo. Un triunfo que tuvo su cuota de dramatismo: Si bien el europeo tomó el control desde el inicio, un recto de Linares lo derribó a Lomachenko, quien se vio por el suelo por primera vez en su carrera.

Sin embargo, se recompuso. Y retomó la andanada de golpes, coronada en el séptimo round cuando lo tiró con un violento gancho al hígado que le impidió a Linares continuar.

Otra noche de gloria para un hombre que suma títulos Mundiales con muy pocas peleas profesionales, que ha logrado tres cinturones con apenas 12 combates rentados, y que se ha convertido en una estrella de ésta época.

 

Hernán O’Donnell

El misterio de Alexis Argüello

Cuando le preguntamos al gran Oscar de la Hoya quien había sido su ídolo, su máximo referente en el boxeo, nos sorprendió con la respuesta. No es que no lo mereciera, pero imaginábamos nombres como Muhamadd Alí o Sugar Ray Leonard. Sin embargo su respuesta fue contundente: “Todos ellos han sido fantásticos boxeadores, pero mi ídolo siempre fue Alexis Argüello”. Un leve murmullo de sorpresa recorrió el salón del hotel del centro de Buenos Aires. Oscar hacía referencia a un boxeador notable, inmenso, muy grande, sí, que quizás no estuvo en esa galería imaginada de las 5 o 6 celebridades de todos los tiempos: Joe Louis, los mencionados MuhammadAlí y Sugar Ray Leonard, o Roberto Durán. Tal vez Marvin Hagler. Argüello fue un verdadero artista en el ring y un caballero fuera de él. En la década del ’70 y en los muy tempranos años ’80 fue uno de los pugilistas más cautivantes que quizás no fue apreciado en toda su dimensión.

Para un hombre como Oscar, que comenzó a boxear a los 5 años, que toda su familia está ligada al deporte y que vio a grandes campeones durante muchos años (hasta convertirse él en uno de los más grandes de la historia) nombrar a Argüello era toda una definición: ¿Cuan grande pudo ser Alexis para cautivar al joven de la Hoya? ¿Quién fue, entonces, Alexis Argüello, el ídolo de quien años más tarde sería uno de los ídolos más inmensos de este deporte?

Alexis Arguello nació en Managua el 19 de abril de 1952. Fue un boxeador completo, fino, elegante y agresivo. Lo llamaron “El flaco explosivo”. Sus inicios no fueron demasiado claros, pero el 23 de noviembre de 1974 tuvo su oportunidad y no la desaprovechó: en el Forum de Inglewood, en Los Angeles, California Alexis tuvo un muy duro combate con el mexicano Rubén Olivares, quien supo dominarlo y hasta el 13er round (en aquel entonces, los combates eran a 15 asaltos) llevaba ventaja en las tarjetas. Pero un gancho de izquierda de Alexis en ese 13er round envió al mexicano a la lona. Con mucha dificultad, logró levantarse y fue en busca del nicaragüense. Grave error. En el intercambio propuesto, un uppercut de Arguello lo envió a la lona de modo definitivo.

Alexis Arguello se consagraba Campeón Mundial Pluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

Se iniciaba así una etapa de gloria y honor que lo llevó a conquistar tres Títulos Mundiales. Su figura creció y defendió su corona con cuatro éxitos resonantes.  El paso del tiempo le sugirió que era necesario subir de categoría: El 28 de enero de 1978 derrotó al portorriqueño Alfredo Escalera y logró su segundo título Mundial, en esta ocasión el de la categoría superpluma del Consejo Mundial de Boxeo. Fue una pelea sangrienta, dura, en la que se llamó “La Batalla de Bayamón”. Escalera le había hecho daño en un ojo, en la boca y la naríaz, pero Alexis acabó con él en el 13er asalto. En esta categoría tampoco tuvo rivales; uno a uno cayeron todos los desafiantes.

Su crecimiento físico lo condujo a subir de categoría; el 20 de junio de 1981 venció a Jim Watt en Londres, Inglaterra y se consagró Campeón Mundial Ligero también por el CMB.

El 3 de octubre de 1981, en Atlantic City, le ganó a Ray “Boom Boom” Mancini, en uno de sus triunfos más valorados, considerado por “The Ring” como el combate del año. Dos boxeadores en excelente forma y con un alto nivel de pugilismo sin amarres, sin cortes, con un boxeo franco y ofensivo. Era la gran pelea que el mundo esperaba y lo catapultó a Argüello a la galería de los elegidos.

Cuando llegó 1982 empezó el declive. Ese año cayó ante el estadounidense Aaron Pryor, lo que marcaría su inevitable declive. De ese combate quedó una sospecha de consumo de estimulantes por parte de Pryor. Este, para acallar las críticas, le ofreció el desquite y volvió a vencerlo.

La estrella de Arguello comenzaba a apagarse. Se alejó de los rings. Regresó en 1984. Se fue y volvió a combatir en 1995, con más de 40 años. Ya no era aquel boxeador letal ni los días de gloria lo acompañaban.

Las adicciones envolvieron sus días de retirada. Flaqueaba, caía y cuando parecía enderezarse, otra vez caía en el vacío de las drogas.

Se volcó a la política. Fue vice-alcalde de Managua entre 2005 y 2008. Comenzó a trabajar en proyectos sociales y deportivos, “quería devolverle al país algo de lo que el país le había dado”, dijo un tiempo después. El 9 de noviembre de 2008 gana las elecciones municipales y ese año asume como Alcalde de la Capital de Nicaragua. Pero las cosas no funcionaron como pensaba. Comenzó a tener divergencias con la gente de su partido, el Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) y no dejó de expresar en forma pública esas diferencias.

La madrugada del miércoles 1º de julio de 2009, Nicaragua despertó sacudida por la noticia triste, cruel, inesperada: Alexis Arguello, el Alcalde de Managua, el Gran Campeón Mundial de boxeo había muerto. Poco se supo entonces qué había sucedido. La Policía informó que la causa fue suicidio y poco tiempo después se archivó el expediente del caso. El informe oficial señaló que durante la investigación del hecho, se halló en su habitación un arma 9 milímetros que pertenecía a él, que tenía un solo disparo y presentaba las huellas digitales de Argüello. Al día siguiente, el jueves 2 de julio el director del Instituto de Medicina Legal (IML), Doctor Zacarías Duarte en una concurrida conferencia de prensa, anunció que el ex boxeador sólo presentaba un disparo a la altura del tórax. “No hay ningún signo que indique que haya habido violencia, que haya habido lucha o que haya habido defensa; su cuerpo está totalmente indemne de cualquier otro tipo de lesión”, dijo Duarte. Se informó que el disparo mortal se habría producido entre las 3 y las 3.30 am de ese día 1º de julio.

Una multitud lo lloró en su despedida el viernes 3 en el Palacio de Cultura. Sin embargo, algunas voces se levantaron para manifestar sus sospechas.  Dora Argüello, hija del célebre campeón, sostuvo y aún sostiene que no cree en la versión oficial. Que vio el cuerpo de su padre golpeado, con la cara marcada, como si hubiera sufrido una golpiza antes de morir. Con algunas fotos como prueba, la primogénita sostiene que tiene golpes en la cara, en un ojo, en el labio superior y una marca en un nudillo, debajo de un anillo, como si hubiera golpeado para defenderse. Para ella, a su padre lo mataron y responsabilizó al gobierno.

Varios testigos indicaron que se escuchó una detonación en su cuarto y sólo había un orificio de entrada y otro de salida. La mujer de Alexis confirmó en varios medios periodísticos la versión del suicidio. Pero los hijos creen otra cosa.

Las versiones se reprodujeron, contradictorias, durante todos estos años. Aún hoy se mantienen. El gran campeón fue llorado por una multitud durante los días posteriores a su fallecimiento. Y la discusión no se acaba. Hay quienes aún se señalan sus contradicciones con el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), su discrepancia con el partido, las contradicciones de representar al Frente alguien como él, que en su apogeo boxístico fue acusado de simpatizar con el gobierno de Anastasio Somoza. Otros comentan que sus diferencias con el orden cerrado del partido gobernante lo llevaron a una situación delicada, que pensaba renunciar a la alcaldía y ofrecer una amplia conferencia de prensa para aclarar todo.

Han pasado 6 años y poco se aclaró de la muerte de Alexis Argüello. Aquel flaco desgarbado, potente, lúcido, con una pegada durísima, aún es un enigma en su final. Pero también es el ejemplo de miles de nicaragüenses que ven a una figura estelar, humilde, trabajadora y exitosa. Se convirtió en la leyenda del deporte más importante de Nicaragua. Una leyenda que trascendió tiempos y fronteras. Y su fama aún crece. Hace muy poco tiempo, el entrevistador Larry King le preguntó a Floyd Mayweather con quien le hubiera gustado pelear, con que boxeador aunque ya hubiera fallecido. Y Floyd lo sorprendió con su respuesta: “Alexis Argüello” Ante el desconocimiento del reportero, “Money” le aclaró: “Era un luchador increíble. Un boxeador increíble”.

“El boxeo de mi época era más místico que el de hoy –dijo poco antes de morir- Nosotros nos preparábamos, tirábamos combinaciones: jab, recto derecha, golpe cruzado, uppercut, recto izquierda. Hoy se ven boxeadores con 3 golpes: jab, recto y gancho. Jab, recto y gancho…”. En esa nota hablaba de sus proyectos sociales, del fomento del deporte, del boxeo de cada época. Todo tuvo un abrupto final.

Nicaragua aún lo llora, pero también lo venera. Como aquel muchachito, Oscar de la Hoya, que en su camino triunfante en el boxeo lo vio como un faro que iluminaría su camino.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

¿Que fue de la vida de Richie Kates?

Cuando Richie Kates celebraba su cumpleaños número 23, en la ciudad de Johanesburgo,  Sudáfrica, muy lejos de la Bridgeston que lo vio nacer en el estado de New Jersey, no podía imaginar que al día siguiente iba a enfrentar el combate que cambiaría su vida.

No podía saber que enfrentaría una batalla dura, épica y sangrienta en la cual no sólo saldría derrotado, sino que su carrera deportiva tomaría un rumbo errático, sombrío, lleno de sobresaltos.

Hasta entonces, era un semipesado que había trazado un largo y sacrificado camino, pero rodeado de éxitos con un record de 32-1; ganó sus primeros 18 combates con 13 KO’s, hasta que Eddie Owens lo derrotó por KO 7 en el ya lejano 11 de octubre de 1972 en Philadelphia. Luego de esa caída, continuó con su brillante carrera e hilvanó 14 triunfos consecutivos, para llegar a ese célebre enfrentamiento del 22 de mayo de 1976.

Todo era optimismo en el día previo. El cumpleaños, el record positivo, el entrenamiento realizado y el gran sueño de estar ante la chance de pelear por el título Mundial Semi-Pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA). Tenía claro que enfrente había un gladiador argentino, un guerrero del ring. Pero se sentía confiado. El hombre que lo han inscripto como nacido un 21 de mayo de 1951, aunque luego se dijo que en realidad había nacido en 1953 y le adelantaron dos años para que sea profesional a la edad de 16 años (“Creo que fue una decisión equivocada”, le dijo a la página boxing.com, un tiempo después), criado en los barrios bravos de New Jersey, había tenido una buena preparación como amateur, con un interesante record de 57-4, y se sostenía en su larga experiencia; era joven aún, pero acumulaba muchos rounds en su carrera.

Además, llegaba con un gran antecedente: su triunfo ante Pierre Fourie en el mismo Rand Stadium de Johannesburgo fue de lo mejor recuerdo de Kates en Sudáfrica. Esa victoria lo puso en línea para una oportunidad frente a Galíndez, pero el norteamericano siempre  recuerda con mucha alegría la ovación de la gente y el  cariño que recibió de la población negra que había sido apretujada en un área restringida del estadio.

Sin embargo, esa no iba a ser su noche. Con una gran preparación y un cuidado plan de pelea, Kates asumió que estaba ante la oportunidad de su vida. “Salí decidido y gané los primeros 3 rounds”, recordó Kates un tiempo más tarde. “En el tercero lo corté y cuando el árbitro lo acompañó a la esquina, pensé que había ganado”, agregó. “Galíndez se dio vuelta y el árbitro lo acompañó a la esquina. Pensé que había ganado el título, pero no. Permitió que lo atendieran por 30 minutos”, exageró el entonces retador.

“Galíndez se quejó de un cabezazo, pero lo cierto es que lo golpee con un gancho de izquierda y lo lastimé”, señaló Kates. Y en una nota concedida a Carlos Irusta, allá por mayo de 1991, para la Revista El Gráfico, amplió un poco más la situación: “Hubo un roce con la cabeza, pero también el golpe existió. Y se produjo el corte más grande que vi en mi vida. Me di cuenta de que la pelea no podía seguir. Vi como Galíndez se dio vuelta, quejándose del dolor(… ) Galíndez no quería seguir peleando, Lectoure ganó esa pelea…”, declaraciones que se reproducen en el libro “El sendero del guerrero”, de Carlos Irusta.

Pero estaba escrito que no sería, esa, su noche. El campeón Galíndez curó, de modo parcial, su herida y volvió al ruedo como un toro embravecido. Y dio pelea aunque la sangre que derramaba su ojo le impedía ver con claridad y recurría a la camisa del árbitro Christodoulou para limpiarse.

En el último round Galíndez lo derriba y logra el KO. El equipo de Kates insistió, siempre, en que el combate fue detenido cuando restaba un segundo para terminar el 15º y último asalto. Y creen que superaron el conteo.

“Muchas cosas sucedieron esa noche; aún lamento como no pude conseguir el título, aunque a los ojos de mucha gente, me vieron como a un campeón. Creo que hubo cosas que no pude capitalizar”.

Lo cierto es que a partir de allí, su carrera, hasta entonces intachable, se vio alterada y ya nada fue lo mismo. “Nunca más volví a ser el boxeador que era después de esa primera pelea frente a Víctor Galíndez”, afirmó Kates. “Siempre sentí que en ese combate se había cometido una gran injusticia y nunca pude dejarlo atrás”.

Y así comenzó un declive que le impidió llegar a lo más alto. Incluso tuvo una nueva oportunidad ante el argentino un año más tarde, en Roma, Italia el 18 de junio de 1977. Pero Richie Kates no discute el resultado de ese segundo pleito. “Yo estaba lento y no hice lo necesario para ganarle al campeón”, explicó. “Galíndez era un boxeador muy  duro y tenías que dejar todo para poder vencerlo. Yo no hice tanto como debería haberlo hecho en esa pelea, y no merecí la victoria.”

De a poco, el público argentino se olvidó de él. Ya nadie supo que fue de su vida, como siguió su carrera, con quienes se enfrentó, de que forma continuó en el boxeo…ya nadie en la Argentina habló de él. Nadie supo que esa noche marcaría su rumbo y su destino; que su sendero continuó lleno de sobresaltos. Comenzó a alternar victorias con derrotas. Algunas, en grandes combates, como el que perdió ante Matthew Saad Muhaamad quien lo venció en Philadelphia.

En el año 1979 se midió ante James Scott, un muy buen boxeador que purgaba una condena en la prisión estatal de Rahway, en el estado de Nueva Jersey y allí mismo se celebró el combate. Y perdió una vez más, ante un pugilista que estaba encarcelado pero era, para muchos, el mejor del momento.

Entre idas y vueltas, triunfos y caídas, le llegó el momento del retiro. Sucedió el 26 de octubre de 1983, en el Sands Hotel Casino de Atlantic City, con un triunfo frente a Jerry Martin. Era el momento del adios. Luego preparó boxeadores en el departamento de correccionales de Nueva Jersey, formó una hermosa familia y se recluyó en Vineland, New Jersey y aún sigue ligado al pugilismo.

El público argentino poco supo qué había sido de su vida; para ellos, ya hacía rato que formaba parte de los recuerdos; añoranzas que para él también quedaron sepultadas en aquella mítica noche del 22 de mayo de 1976, donde protagonizó un combate duro, sangriento y dramático, del que nunca más se pudo recomponer.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Una leyenda llamada Bernard Hopkins

Dolió mucho verlo caer así. De un golpe, un zurdazo violento que lo sacó del  ring, abatido, con una derrota dura por la vía del Knock Out, que nunca había sufrido en su carrera. La catarata de golpes de Smith y el peso de la juventud resultaron demasiado para el veterano Bernard Hopkins, Rey de los Medianos durante una década, hombre récord de defensas exitosas cuando llegó a las 20…dolió mucho ver el final tan categórico, superado y lejos de lo que fue su trayectoria. Pasó más de un año, pero es buen momento para repasar la trayectoria de un gigante que paseó su fiereza por los rings de todo el mundo.

Atrás quedaron los días difíciles del comienzo, la infancia dura y los delitos cometidos. Muy lejanos en el recuerdo se perdieron los tiempos confusos, donde la violencia lo dominaba y la cárcel fue su destino cuando apenas contaba con 17 años y nada hacía prever la carrera que desarrollaría. Parecía que la delincuencia y la marginalidad serían su destino.

Luego vino la conversión religiosa y su apego al boxeo para darle un vuelco a su vida. El muchacho de Philadelphia encontró en el deporte una salida a la vida ilegal y una entrada a momentos de gloria y éxitos.

Así pasaron adversarios de renombre: Danny Mitchell, Wayne Powell, Roy Jones Jr, Felix Trinidad, Carl Daniels,  Oscar de la Hoya, Jermain Taylor, Joe Calzaghe…

Supo hacerse un nombre grande entre los medianos y los medio pesados; un hombre que construyó un recorrido impecable durante décadas y se metió en la galería de los grandes de todos los tiempos. Su estilo defensivo, eficaz, habilidoso y contragolpeador, moldeó un pugilista ganador, destacado por su capacidad estratégica y experiencia para manejar los combates, con los amarres y el corte de ritmo de cada combate.

Armó un camino lleno de victorias, que lo llevaron a batir todos los récords de defensas. Y para convertirse en el boxeador campeón del mundo más longevo.

Lo dicho, una carrera para enmarcar y para destacar.

Toda una película con un final indeseado y doloroso. Dos años atrás, había caído ante el ruso Sergei Kovalev y ese parecía el final del ciclo. Pero hubo más, y fue un verdadero desencanto. Porque la trayectoria se veía diáfana hasta este sábado 17 de diciembre de 2016, cuando se topó con Joe Smith Jr y arribó el desenlace que ya es parte de la historia del boxeo.

Caer fuera del ring es algo que puede suceder. Le pasó a Hopkins como les sucedió a muchos otros antes (desde el recordado Dempsey cuando Firpo lo “voló” del cuadrilátero hasta Tommy Hearns cuando lo desbordó Sugar Ray Leonard y Tommy quedó con más de medio cuerpo afuera en el 13er round del primer combate entre ambos, el 16 de septiembre de 1981)  y le pasará a muchos pugilistas en el futuro. Pero esta caída fue espectacular y dramática, pues pudo haber tenido consecuencias peores de las que tuvo, mucho más graves. Hubiera sido una tragedia imperdonable, para un hombre que está en la pasarela de los más grandes de esta actividad.

Además de ese derrumbe, la imagen  del match es lo que queda en la retina y en la memoria. Deslucido Hopkins, sin poder detener los avances de Smith Jr, sin su conocida versatilidad defensiva, sin poder dominar los ataques y con mucho castigo sufrido.

Hopkins quiso seguir hasta donde pudo. Intentó ganarle al tiempo. Subió al ring con 51 años y buscó un último combate que le permitiera cerrar la historia con un final feliz. Lógico, es tan difícil decirle adiós a la profesión (cualquiera sea ella) y más a una que regala aplausos y es bien recompensada en lo económico. Es muy difícil llenar el vacío luego de alejarse de los escenarios y las grandes ovaciones. Y es fácil criticar cuando no es uno mismo el que vive esa situación.

El pugilista vive de la retribución económica, pero también del reconocimiento del público. En los rings y en la calle. Y alejarse de esa repercusión no es sencillo. Para nadie lo es. Y para nadie que le tocara vivirlo, lo sería. Hay que comprender esto. Y también entender que es difícil retirarse cuando uno se siente pleno, aún joven y con ganas. Aunque haya más jóvenes que aparecen, y tienen más fuerza, más velocidad, más resistencia. Mientras sentimos que podemos, seguimos. Esto es así. Hopkins sintió que podía. ¿Por qué habría de irse?

La última pelea le mostró una realidad, que hasta que no nos pasa, no la aceptamos. O no la queremos ver. O, sencillamente, no la vemos. A todos nos sucede. Tuvo que venir un joven con nuevas luces para comprobar que el tiempo había pasado.

Bernard Hopkins tuvo una historia fantástica, llena de éxitos y grandes. Nada la empañará. Ni siquiera esta caída conmocionante y espectacular que una noche de diciembre le anunciaba que su tiempo había finalizado.

 

Hernán O’Donnell