Sangre irlandesa

El boxeo moderno tuvo su origen en Inglaterra, hacia el siglo XVIII, a puño limpio y con unas pocas reglas fundamentales que se mantuvieron hasta 1838. De a poco, se sumaron algunos puntos que modificaron el reglamento original: Duración de las peleas, utilización de guantes acolchados, elevación del ring para que los auxiliares no ayudaran a levantarse al caído.

Podremos profundizar la historia, detallar cada uno de los aspectos reglamentarios, ser puntillosos en cada detalle y precisos en las fechas. Pero lo que esta nota les va a contar es que detrás del origen de este deporte en Inglaterra, hubo (y hay) otra historia: la de la Sangre Irlandesa, esa que fluye en la isla que domina Dublín y se enfrenta al Reino Unido, en un combate eterno, que divide a la República de Irlanda de su vecino poderoso.

La sangre irlandesa se vio reflejada en heróicos boxeadores nacidos en esas tierras o de lazos muy familiares. Y la emigración hacia otras lugares, sobre todo Estados Unidos, hizo que la pasión por el boxeo se desarrollase. Irlandeses inmigrantes llevaron el box que conocieron en las islas a Norteamérica. Y una larga lista de ellos marcó la historia del boxeo mundial.

Uno de los pioneros fue Paddy Ryan, quien nació en in Thurles, Tipperary, República de Irlanda, el 14 de marzo de 1851. Llegó a ser Campeón del Mundo en mayo de 1880 cuando le ganó el título a Joe Goss. Y perdió la corona el 7 de febrero de 1882 ante el célebre John L. Sullivan. Nacería, allí, una leyenda, una celebridad que se mantiene hasta nuestros días.

John L. Sullivan, hijo de Michael Sullivan y Catherine Nelly, dos inmigrantes irlandeses, nace en Boston, Estados Unidos el 15 de octubre de 1858. Fue un mito del boxeo. El último campeón a puño descubierto. Un hombre que realizaba combates de exhibición y por el dinero que podían ofrecerle. Que tuvo una victoria memorable ante Jake Kilrain, que duró ¡75 rounds! cuando la esquina del contrincante decidió el retiro, en la última pelea que se realizó sin guantes.

Había llegado el tiempo de la gloria para un hombre que, hasta el momento de su encumbramiento en el boxeo, parecía destinado a ser un jugador de Baseball.

Luego, los excesos, los placeres y el alcohol mermaron su físico, hasta llegar a perder su título cuando cae frente a James Corbett en 1892.

Para los argentinos decir Jack Dempsey es algo así como decir Luis Angel Firpo. O El Combate del Siglo. Lo cierto es que este hombre que salió vencedor aquella noche del 14 de septiembre de 1923, había nacido en el estado de Colorado de Padré irlandés y madre inglesa. Su reinado duró hasta que se topó ante otro americano de orígen irlandés: Gene Tunney lo venció en septiembre de 1926. Era hijo de irlandeses John Lydon Tunney y su esposa Mary habían llegado de Irlanda en busca de construir un futuro mejor.

James Braddock también era hijo de inmigrantes irlandeses. Nacido en Nueva York, su historia fue muy conocida a partir de la película que refleja su vida: “Cinderella man”,

el hombre cenicienta. Su campaña en el boxeo había sido interrumpida por la Gran Depresión de 1929 y debió trabajar como estibador para poder llevar dinero a su hogar. Cuando menos lo esperaba, le llegó la chance para pelear por el título mundial ante Max Baer. Y sorprendió al mundo con una indiscutida victoria. Luego, cedió ante el gran Joe Luis.

Tom Sharkey nació en Dundalk, Irlanda. También dejó su tierra natal para arribar a Nueva York. Muy pronto se unió a la Armada de Estados Unidos. Allí aprendió a boxear y luego desarrolló una interesante carrera profesional.

Y si hablamos de sangre irlandesa, hasta el mismísimo Muhammad Alí tiene ascendencia de esa generosa sangre guerrera. Un estudio demostró que un bisabuelo del Más Grande Boxeador de todos los tiempos había nacido en Ennis, al oeste de Irlanda, para luego emigrar hacia los Estados Unidos donde se casó con una mujer afroamericana.

En 2009, el magnífico Alí realizó un viaje a Irlanda para vistar la tierra de sus antepasados. Cuando llegó a Ennis, el pueblo entero salió a vitorearlo. Era sangre irlandesa que llegaba a conocer su tierra de origen. Lo recibieron con los honores más puros y francos de un pueblo: banderas en las calles, carteles en todos los comercios, y una caravana que lo paseó por las principales calles donde miles de habitantes saludaron su paso. Su esposa, Yolanda, afirmó allí que la sangre irlandesa de Alí podría explicar su legendaria habilidad para apabullar a sus adversarios.

El tiempo siguió su camino y surgieron boxeadores de sangre irlandesa que alumbraron por distintos sitios. Un caso muy famoso fue el de Barry Mc Guigan. Uno de los grandes boxeadores irlandeses, fue campeón europeo, representó a la Irlanda del Norte en los juegos de la mancomunidad británica y titular mundial del peso pluma al vencer al panameño Eusebio Pedroza. Solo perdió tres veces en 35 combates. Ganó 28 de sus 32 triunfos por nocaut. Católico y casado con una mujer protestante. Alguna vez le preguntaron: ¿Por qué te has hecho boxeador? Y respondió: “Porque no puedo ser poeta. No se escribir historias…”

Mc Guigan había nacido en Monahan, era católico y se destacó por sus valores humanos. Siempre buscó entregar un mensaje de paz, en un tiempo en que Irlanda del Norte se debatía en luchas constantes entre católicos y protestantes. Inspiró la película “The Boxer”, con la actuación de Daniel Day Lewis.

Era sangre irlandesa guerrera en el ring y pacifista en la vida cotidiana. Ahora entrena a Carl Frampton, nacido en Belfast, Irlanda del Norte, un boxeador de enorme proyección y muy buenas cualidades,  que quiere emular a su mentor. Protestante é, se ha casado con una mujer católica. Y afirma su mensaje de paz en una zona que siempre está latente la división.

Se podrán enumerar muchos ejemplos más. Podremos recorrer otros nombres, de otros tiempos y más cercanos. La pasión por el boxeo de actores como Liam Nelson, quien si bien nació en Irlanda del norte, para los del sur hay una sola. Historias que inspiraron películas, libros, obras de teatro.

Pero esta historia está centrada en la Sangre Irlandesa, la que inspiró a tantos pugilistas y regó con nobleza los cuadriláteros del mundo.

 

Hernán O’Donnell

 

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko le dicen adiós al boxeo

En un año de grandes carteleras y de muy buenos combates, hombres que supieron regar de gloria los rings del mundo, ahora en cuentran su momento para decirle adiós a los cuadriláteros.

Los dos tuvieron un origen disímil, bien distinto, hicieron un recorrido similar, lleno de gloria y dignidad, y alcanzaron un final con la misma repercusión positiva.

Este año, cargado de noticias impactantes en el mundo del boxeo, se ve, otra vez, sacudido por dos informaciones que llegan para cerrar el círculo de dos guerreros del ring, muy cotizados, respetados, y que llenaron de adrenalina las noches de sábado con actuaciones resonantes y televidentes desbordantes en todo el mundo.

Pero el origen de ambos fue bien diferente; llegaron de dos mundos alejados, con pocas cosas en común. Uno representa al “macho” latino, la sangre caliente y la pasión sobre el ring. El otro es un cabal representante de los “Hombres del Este”, tantas veces nombrados en Revista Ring-Side. Esos boxeadores que llegaron de los países del este de Europa, desmembramientos de la vieja Unión Soviética, que prodigaron pugilistas que cambiaron el mapa de los rankings. Y no sólo dominaron en la máxima categoría (reservada por historia, para los estadounidenses, y de color), sino que hicieron presencia en todos los pesos.

Uno surgió en las categorías más chicas, el otro dominó en los pesados…

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko han anunciado el final de sus carreras. Tras años de noches de lunas llenas, han apagado las luces que los acompañaban en cada presentación.

Tuvieron una trayectoria destacada. El ucranio Klitschko logró la medalla de Oro en los juegos de Atlanta 1996 y luego se consagró campeón mundial de peso pesado de la FIB, la OMB , la OIB y la AMB y durante más de una década permaneció en el dominio del boxeo. Tuvo un récord de 64 triunfos (53 KO) y 5 derrotas.

El mexicano debutó en forma rentada a los 19 años y su presentación no fue nada auspiciosa: una caída ante Javier Durán por descalificación. Pero sería sólo un mal comienzo; luego desarrollaría una enorme carrera tras lograr 29 triunfos consecutivos.  En septiembre de 1999 logra su chance de pelear por el título del mundo categoría pluma ante Norwood, pero cayó por puntos en una controvertida decisión. En 2003 tendría una segunda oportunidad de combatir por un cinturón y no la desaprovecharía:  conseguiría el título pluma por la FIB ante Manuel Medina. Y luego lograría un reinado envidiable: Campeón Mundial de peso Pluma, Superpluma, Ligero y Superligero.

El ucranio haría una carrera prolija y exitosa hasta convertirse en una figura importante en Europa y Estados Unidos. Llevó un invicto de 24 peleas antes de sufrir la primera derrota. Se hizo fuerte en Alemania, donde paseó sus cualidades por los escenarios de Hamburgo, Stuttgart, Frankfurt, Offenburg, Munich, Colonia, Hannover. Fue protagonista de las carteleras del mítico Madison Square Garden (“The most famous arena of the world”) de New York, del Mandalay Bay y el Caesars Palace de Las Vegas,  del Boardwalk Hall de Atlantic City, del Barclays Center de Brooklyn y su última presentación fue nada menos que en Wembley, otra leyenda de los estadios deportivos, en las cercanías de Londres. Siempre tuvo una relación marcada con su hermano Vitaly, de hecho al principio lo llamaban el “hermano de…”, y lo acompañó al mayor en sus incursiones políticas, con la idea de aportarle ayuda y respuestas a las necesidades de su nación, Ucrania. Se hizo su propio nombre, pero mantuvo la promesa hecha a su madre de no enfrentarse (los hermanos) en un cuadrilátero. Construyó un modelo admirable, detrás del célebre Joe Louis, fue el campeón que durante más tiempo retuvo el cinturón de Campeón mundial de todos los pesos.  Fue una década de oro, entre 2006 y 2015, donde logró las fajas de la FIB (Federación Internacional de Boxeo), CMB (Consejo Mundial de Boxeo), AMB (Asociación Mundial de Boxeo) y OIB (Organización Internacional de Boxeo)

Las caídas ante Tyson Fury y Anthony Joshua marcarían la melancolía de un final que no se mancha por esos traspiés: Klitschko es un grande aún en la derrota.

“Dinamita” Márquez tuvo noches estelares ante muy destacados rivales, pero nada se compara con sus memorables duelos ante Manny Pacquiao, cuando el filipino era una de las máximas atracciones del pugilismo.

En mayo de 2004 fue el primer episodio. Manny parecía resolver todo en el primer round, cuando atropelló a Márquez y lo derribó tres veces, tal como atacaba a cada uno de sus adversarios. Pero el mexicano se levantó, se recuperó y le planteó un combate durísimo que terminó en un empate en las tarjetas.

En  2008 se realizó la segunda pelea, y allí Márquez perdió el campeonato de peso superpluma ante el filipino, en decisión dividida y también controvertida. Se encontraron por tercera vez en Las Vegas, el 12 de noviembre de 2011; volvió a ganar Manny y otra vez a partir de un fallo polémico y discutido. La cuarta versión del duelo fue la más explosiva, vibrante y espectacular. Fue el 8 de diciembre de 2012 en Las Vegas, Nevada. El duelo fue tremendo, dramático, con caídas de ambos, pero en el sexto round un terrible derechazo de Juan Manuel Márquez entró de lleno en el rostro de Manny cuando este atacaba y daba el paso al frente: la consecuencia fue una caída espectacular del filipino, quien el paso siguiente lo dio rumbo a la lona, de frente, totalmente inconsciente. Un K.O. demoledor, contundente, histórico, que ingresó en la galería de los más impactantes y que aún hoy es recordado, en una contienda que ya entró en la historia como una de las más grandes batallas del pugilismo.

En esa extraordinaria saga se encuentra un relieve de la brillante carrera de “Dinamita”; porque protagonizó 4 choques con uno de los pugilistas más fuertes y temibles de su época, Manny Pacquiao, y en todos salió bien parado, más en el último con ese triunfo categórico y colosal.

Pero en su camino desfilaron rivales de todos los estilos, gustos y prestigios. Julio Gamboa, Orlando Salido, Floyd Mayweather, Marco Antonio Barrera, Joel Casamayor, Timothy Bradley, Mike Alvarado…Nunca rechazó un duelo, ofreció su corazón en cada combate, y cuando cayó, siempre tomó impulso para volver a ponerse de pie. Se ganó el afecto de su pueblo, el de México que lo tiene como uno de los grandes ídolos, ahí muy cerquita de Julio César Chávez (Padre).

“Luego de mi última pelea contra Anthony Joshua me tomé un  tiempo necesario para pensar mi futuro. Logré todo como amateur y profesional y ahora puedo comenzar otra carrera, después de haber terminado mi carrera deportiva anunció Klitschko hace unos días.

“No pensaba que sería posible tener un camino deportivo tan extenso y exitoso. Les agradezco de corazón a quienes siempre me han apoyado. Sobre todo a mi familia, mi equipo y el público”.

“Dinamita” lo dijo en el programa “Golpe a golpe” de la señal internacional ESPN su despedida de la actividad. Se paró frente a la cámara y anunció: “Bien, señores, quiero anunciarles mi retiro, ya que las lesiones no me han permitido continuar, han frenado mis entrenamientos y me da mucha tristeza dejar, pero también una nueva ilusión por comenzar un nuevo camino: vienen otros retos. Agradezco a mi equipo de trabajo, a mis fans que son la clave de los deportistas y sobre todo a mi familia que me apoyó durante 22 años”.

El ucranio amplió su decisión en un video dirigido a sus fanáticos. “Logré todo lo que había soñado y ahora es el momento de empezar mi segunda carrera fuera del deporte. Hace 27 años tomé una decisión y fue la mejor opción que pude elegir, porque esta actividad me permitió viajar por el mundo, aprender idiomas, crear empresas y pude ayudar a gente que lo necesitaba. Llegué a ser científico, emprendedor, motivador, entrenador y muchas otras cosas. Y todo lo que hice fue por la repercusión mundial que tiene el boxeo, por mi propio talento y por ti, mi aficionado leal. En este punto de mi carrera necesito hacer un alto, y estar preparado para un nuevo capítulo. ”

“Todo el mundo quiere desafíos nuevos y yo no soy la excepción; quiero nuevos caminos, para los que he trabajado y planeado en los últimos años, y tener aún más éxito que en el boxeo. Más que decir gracias o adiós, quiero que estés conmigo en este nuevo viaje”, dijo Klitschko en un video dirigido a los fanáticos.

 El mexicano también le dejó una carta a sus seguidores, con estos párrafos más destacados:Al iniciar mi carrera hace más de 20 años, soñé con representar a mi país, con pelear en grandes festivales, entonar el Himno Nacional en una arena, dar satisfacciones y alegrías. Era una de mis grandes motivaciones, un sueño hace más de 20 años; hoy puedo decir que cumplí mi sueño, me siento satisfecho y feliz de mi carrera, pues siempre di todo como deportista en cada pelea…

“Mi intención era regresar al ring en estos últimos años, cada día me levantaba a las 4 de la mañana para correr y a la tarde asistir al Romanza con el mismo entusiasmo que comencé. Las lesiones se presentaron cada vez con mayor frecuencia pero nunca se perdió mi deseo de brindarles una última pelea en mi México. Entiendo que es el momento para bajarme del ring, pienso en mis facultades y con la satisfacción de haber logrado mis metas en este hermoso deporte que me dio todo.

“Agradezco a todos ustedes el apoyo que siempre me dieron, en las buenas y en las malas, ustedes fueron uno de mis motores para levantarme en cada caída. También quiero agradecer a mi familia, mi esposa, mis hijos que siempre me apoyaron en cada momento de mi vida dentro y fuera del ring, a mi manager, Ignacio ‘Nacho’ Beristáin, mi equipo de trabajo Raúl de Anda, Doctor Gatica y a todos los que formaron parte de mi carrera, no me queda más que decir gracias por todo su apoyo”, publicó Márquez en su página de Facebook el 4 de agosto último, cuyo epílogo se lo dedicó a una frase del escritor Paulo Coelho: “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. De esa publicación han surgido miles de comentarios y respuestas, donde la casi totalidad de la gente vuelca en palabras su afecto, admiración y agradecimiento por la nobleza de un boxeador que regó de valentía y dignidad cada cuadrilátero que pisó. Las palabras emocionan y el sentimiento de su público quedó intacto, aunque todavía muchos de ellos esperaban verlo una vez más en un festival de boxeo.

¿Qué será de la vida de estos dos guerreros?

A Klitschko se lo ve decidido. Tiene muchos emprendimientos por delante, quiere llevar una vida nueva y ni siquiera se motivó tras las últimas derrotas, sobre todo con Joshua, para tomarse un desquite. Al hombre de acción le ha ganado el ejecutivo de traje y corbata, el hombre de negocios y de acciones beneficencia. Paralelo a su carrera ha construido una actividad vinculada a los emprendimientos comerciales y a la filantropía, y parece sentirse muy cómodo en ese nuevo traje.

Márquez tampoco ha dado muchas señales. La política podría ser un camino. Siempre le ha gustado, En el tercer enfrentamiento con Manny Pacquiao lució el logo del PRI en su pantalón. Y manifestó su apoyo a Peña Nieto.

El propio entrenador, Ignacio “Nacho” Beristáin alguna vez señaló que la política es su vida: “A Juan Manuel la política le gusta y le da tiempo. A mí, la política, cero. No me interesa para nada”.

Cuales quiera que sean sus nuevos caminos, hay algo que ya han hecho, y muy bien. Construyeron, desde un inicio muy diferente, un camino similar de gloria y leyenda.

 

Hernán O’Donnell

André Ward se despide de los cuadriláteros

Y un día, el “hijo de Dios” decidió poner fin a su carrera…

Nació en San Francisco, una de las ciudades más bellas del mundo, allí donde California abre una de sus ventanas más hermosas al Océano Pacífico. La bahía de San Francisco, alimentada por los ríos Sacramento y san Joaquín, con aguas que bajan desde las montañas de Sierra Nevada, es protagonista y testigo de miles y miles de historias, que se vieron reflejadas en el arte, en el cine, en el deporte…

Allí nació Andre Ward. Fue un 23 de febrero de 1984, cuando el invierno empieza a doblar el codo para darle lugar a temperaturas más benignas. El país era gobernado por Ronald Reagan y la guerra fría estaba en uno de sus puntos máximos. El joven André hizo una vida parecida a la de millones de chicos de Estados Unidos: escuela y fútbol americano. El boxeo llegaría después.

Tuvo una infancia dura, complicada. Hijo de madre de color sudafricana y un padre blanco, su primera lección que tuvo que aprender fue la mezcla de su identidad, y lo complejo que eso era.

“Los blancos me consideraban negro –dijo en un documental de HBO- mientras que para la gente negra yo no era como ellos de modo total, no era negro de manera suficiente”.

Fue su padre, Frank, un pugilista amateur quien lo inició en la actividad cuando era pequeño.

En la preadolescencia ingresó en un gimnasio en Oakland y ya no se iría nunca más de ahí. Empezó a moldear su carrera. A los 9 años ingresó a un gimnasio y su mundo cambió para siempre: “Fue un amor a primera vista; vi el ring y me dije a mí mismo: esto es lo que quiero hacer!”.

La vida no era sencilla. Recordaba a su padre regresar del trabajo muy cansado, encerrarse en su cuarto y al cabo de un rato salir. Pero ya era otra persona. Diferente. Como si un efecto causara cambios en su conducta…

Conoció a Virgil Hunter, su coach a partir de ese momento y hasta ahora. Allí comenzó sus entrenamientos, a los 17 comenzaba a definir su perfil, y a los 20 años ganó la medalla dorada de los semipesados en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

El fallecimiento de su padre, Frank, lo llevó a aferrarse más al gimnasio y a Hunter, que ya no sólo fue entrenador, sino que a partir de ese entonces, se convirtió en tutor y consejero.

Su debut profesional llegó el 18 de diciembre de ese año 2004 y venció por KOT 2 a Chris Molina, en el mítico Stapless Center de Los Angeles. Y sería el primer paso de una fructífera carrera, que se vio interrumpida casi por tres años, ya que un conflicto con su ex promotor, Dan Goosen lo llevó a una larga inactividad: entre septiembre de 2012 y junio de  2015 realizó apenas un combate.

Antes, hilvanó triunfos en cadena hasta llegar a la noche del 20 de junio de 2008 ante Jerson Ravelo para ganar el título semi pesado de la OMB.

En septiembre de 2014 falleció su ex promotor  y un tiempo después llegó a un acuerdo con los familiares, que manejaban la empresa Goosen Promotions. Era el momento de empezar a recuperar su carrera y su libertad.

“Maduré mucho en ese tiempo. No fue divertido. Aprendí a valorar lo que hago porque se siente un tremendo vacío cuando no puedes hacer lo que sabes para ganarte la vida y lo que te gusta hacer”.

Fueron 19 meses de inactividad, y en ese lapso se deterioró su carrera deportiva. Estuvo mucho más ocupado en los trámites legales que en su entrenamiento físico y sus días pasaron más cerca de oficinas y tribunales que en los gimnasios.

En ese tren de la recuperación, siguió con su costumbre: Sólo conoció victorias. En una trayectoria impactante, extraordinaria, incomparable, con el triunfo ante Sergei Kovalev, añadió un eslabón más de una cadena invicta que ya lleva 23 años: comenzó cuando tenía 14 y pesaba apenas 60 kilos.

Y aunque su carrera se desarrolló en los supermedianos, el salto a los semipesados lo condujo al combate del año: ese enfrentamiento con Sergei Kovalev fue largo, duro y esperado. Se habló mucho en la previa, y Ward afirmó antes del combate que “Tendré que cuidarme, mantener la distancia y trabajar durante cada asalto. Mi trabajo será mantener la guardia arriba y estar muy concentrado.” Tras los años de conflicto, el californiano afirmó que llegaba al desafío en el mejor momento de su carrera.

El 19 de noviembre de 2016 empezó a dar sus pasos definitivos hacia la galería de los más grandes, de los mejores (aunque él se considera el mejor), libra por libra. Fue la primera de sus dos victoria ante Sergei Kovalev, quien no había quedado conforme con el primer fallo: “El público vio lo que sucedió en el ring. El (Ward) era local y los jueces son localistas…” También la crítica especializada fue dura en su análisis: se destacaron los amarres, los cabezazos, bloqueos con los codos y otras acciones poco claras. El combate tuvo mucho de pelea callejera y Kovalev, que había logrado derribarlo y tuvo el control del match en su inicio, luego también se vio enredado en esa situación. Y la segunda parte Ward la trabajó con todos sus recursos. Está claro que fue una pelea estrecha, tal vez difícil de puntuar, amén que quedó la sensación que los rounds que ganó el ruso parecieron más claros, más amplios, mientras que los que ganó Ward, desde el sexto en adelante, lucieron por un estrecho margen.

Se caía de maduro que habría un segundo encuentro. Y las apuestas parecían favorecer al ruso. Parecía que esta vez, sí. Ganaría. Y no dejaría dudas.

Nada de eso sucedió. Otra vez el californiano sorprendió al mundo. En el Mandalay Bay, Las Vegas, Nevada, el último 17 de junio, Ward volvió a derrotar a Kovalev. A pesar de la queja por los golpes bajos, materia discutible, pues estuvieron sobre el cinturón, el equipo de Kovalev no debería desconocer que el octavo round comenzó con una tremenda derecha de Ward que impactó en el rostro del ruso, lo llevó a retroceder y comenzó el calvario del round definitivo. Cuando Kovalev se recostó sobre las cuerdas, su imagen era confusa. Podría interpretarse que sintió un golpe bajo, pero el árbitro Tony Weeks entendió que no estaba en condiciones de seguir y detuvo el combate.

Otra vez, la esquina del derrotado alzó la voz para quejarse y encendió la polémica.

Pero nada de todo esto parece perturbar a Ward. Sabe que es criticado, que le subrayan su estilo defensivo, que lo comparan con Mayweather para decir que sin atacar pueden dominar una pelea (y ganar), que siempre está a la espera del error del oponente para meter un contragolpe, que ofrece poco…Nada le afectó. Hizo pocos combates, sólo 6 peleas desde 2011, pero pudo rearmarse. Y se mantuvo invicto. Aún en las dos peleas más exigentes de su carrera, que algunos todavía discuten,  salió adelante.

André Ward ganó la primera pelea ante Kovalev porque tuvo la inteligencia para obtenerla, esquivar golpes y lanzar su mano izquierda para dominar. Supo pensar el combate. Y llevárselo.

“Si tres jueces me vieron ganar, quiere decir que gané el combate. 100 por ciento lo gané”, aseguró tras el primer encuentro.

Y tras la segunda cita, afirmó: “Si hablamos de golpes bajos, vamos a hablar de golpes de conejo. No podemos hablar de uno sin el otro. Y creo que fue intencional de su parte, porque él  no sabe cómo pelear adentro. Yo no quise pegarle abajo. Las cosas pasan. No estaba yo en problemas ni necesitaba cometer algo ilegal; él intentó venderle eso a Tony Weeks. Cuando gané por puntos dijeron que fue aburrido y ahora ganó por K.O.T. y dicen que hay controversia…”

Ahora es tiempo de mirar al futuro y disfrutar el presente. Cerró su campaña en su mejor memonto y con una carta dirigida a todos los relacionados con el mundo del boxeo.

“Al deporte del boxeo: te amo”, escribió Ward. “Has estado a mi lado desde los 10 años, me has enseñado muchísimo, me hiciste humilde y me promoviste. He sacrificado mucho por ti pero me diste mucho más de lo que pensé posible”.

“Desde el fondo de mi corazón, gracias a todos los que se relacionaron con mi carrera. Ellos saben quiénes son. No pude haber hecho esto sin ustedes”, agregó el boxeador. “Y quiero aclarar algo, me voy porque mi cuerpo no está dispuesto a soportar los rigores de este deporte y mi deseo de pelear ya no está ahí. Y si no puedo darle a mi familia, mi equipo y mis fans todo lo que tengo, entonces no puedo permanecer más peleando”, apuntó.

Se refugia en su familia y en su actividad social. Casado con Tiffinney, padre de tres varones y una niña, André Ward es muy religioso y visita a menudo las iglesias. Intenta llevar un mensaje de paz y de recuperación a la gente; también se contacta con cárceles, reformatorios e institutos juveniles, consciente de los peligros y los males que traen las drogas, que lo han hecho sufrir en su hogar y en su comunidad de pequeño. De ahí el apodo S.O.G., Son Of God (Hijo de Dios) que lo acompaña como su propio nombre.

 

Hernán O’Donnell

 

 

 

 

Una noche que quedará en el olvido

En la encuesta que desarrollamos y organizamos para la Revista Ring Side, opinamos que ganaría Canelo Alvarez por decisión unánime. Encontrábamos argumentos para sostener esta hipótesis: Canelo atrevasaba (atraviesa) el mejor momento de su carrera, había crecido mucho en los últimos años, su última (entonces) pelea, ante Smith, la había ganado con un buen knock out y una actuación convincente, se lo veía asentado, prolijo y dominante en el ring, mientras que “El hijo de la Leyenda” tenía una carrera con altibajos, suspensiones por dóping y si bien el peso lo favorecía y había dado muestras de tener absorción a los golpes, pegada dura y agallas, no alcanzaría para sostener el combate ante un boxeador de mayor jerarquía.

Fue un poco lo que sucedió. No es este un ejercicio de jactancia ni de adulación personal. Hubiéramos preferido que salga otra pelea, que también la imaginábamos, más pareja, con más emociones, con mayor intensidad. Hubierámos preferido equivocarnos, que no resultara un dominio tan marcado, tan pronunciado, que no hubiera habido tanta diferencia entre uno y otro pugilista.

El problema es que Chávez Jr no mostró nada de lo que podía ofrecer, sólo su gran capacidad de asimilar golpes, de no derrumbarse; su “aguante”, al cabo. Pero nada más. Por eso salió como lo suponíamos, pero de modo mucho más acentuado. Es decir, el dominio y la superioridad de Saúl Alvarez fue constante, permanente, ininterrumpido. No hubo ni un sólo atisbo de algo que pudiera ofrecer Chávez. Por eso, ni siquiera tuvo algún momento de equivalencias. Imaginábamos la pelea que fue, pero con algo más de Chávez; algún momento suyo, algún round que lo favoreciera, algún acto de rebeldía…nada. En el concepto que esgrimimos se sintetizó todo el combate.

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El dominio de Alvarez fue total; atacó, dominó y golpeó cuando quiso. No tuvo sobresaltos y además reguló las acciones. Sólo le faltó un golpe definitorio, pero en este caso la capacidad de asimilación de Chávez, único punto a su favor, se lo impidió. Por lo demás, la pelea se volvió aburrida, monótona, previsible. Sin ninguna proyección, a partir del 7mo round ya se adivinaba el final de la película y sólo era cuestión de ver pasar las vueltas para acabar con un encuentro que resultó tedioso. Ya había pasado la victoria de Lucas Mathysse y  el gran choque de semifondo entre David Lemieux y Marco Reyes, en un combate que si bien siempre favoreció al candiense, tuvo ardor, intensidad, emociones…esos choques salvaron la noche. Porque el plato principal, la pelea que tanto se había anunciado y tanto se había promocionado, no resultó más que una sesión de guanteo televisado.

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Hernán O’Donnell

 

México divide su corazón

Hay un país que está dividido. No es la “grieta” que por razones políticas separa a los argentinos desde hace mucho tiempo; tampoco es una cuestión social  o religiosa. No es un tema insoluble y además, no aparenta tener una duración prolongada. Tampoco sabemos si esta división es en dos partes exactas o si existe una clara mayoría en su favoritismo. lo cierto es que desde que se anunció el combate entre Julio César Chávez Jr. y Saúl “El Canelo” Alvarez, México ha dividido su corazón entre estos dos gladiadores, dos combatientes de distinto peso, diferentes estilos y una misma nacionalidad.

El impacto que generó la programación de esta pelea, sacudió al país. Es un combate entre aztecas de tremendo nivel, con dos pugilistas de tamaña envergadura. Como alguna vez lo protagonizaron Erik “El Terrible” Morales y Marco Antonio Barrera, o la reciente función del “Bandido” Vargas y Orlando Salido. Fue toda una secuencia cinematográfica; se publicitó la pelea y como un dominó gigante empezaron a caer las fichas: Crecieron las especulaciones, los augurios, los pronósticos y la división entre los fanáticos de cada uno de estos boxeadores. Todo quedará resuelto el próximo 6 de mayo en el T Mobile Arena de Las Vegas, pero mientras tanto, la pelea ya se vive en distintos ámbitos y lugares. En ese rubro, quienes picaron en punta fueron los apostadores, que arribaron a las casas de apuestas en gran número para mostrar sus preferencias.

Claro que para llegar a este momento hubo antes una vida. Un recorrido. Una larga historia que los divide y los cruza en un momento importante de sus trayectorias.

Julio César Chávez Carrasco nació en Culiacán, Sinaloa, el 16 de febrero de 1986. Prácticamente nació en un ring, porque su padre dominaba entonces el peso pluma y encada enfrentamiento lo llevaba consigo, igual que a su hermano Omar. Estar en un cuadrilátero era una cuestión tan familiar que su futuro era sencillo de adivinar.

La carrera del ‘Hijo de la Leyenda’ se inició el 26 de septiembre del 2003. Ese día derrotó a  Jonathan Hernández por fallo unánime. Sólo tenía 17 años y era un perfecto desconocido. Sólo mostraba una credencial: Ser el hijo de Julio César Chávez, aunque este parentesco, al principio, le jugaba más en contra que a favor.  Si todos los niños aspiran a seguir el camino profesional de sus padres, el destino del joven Julio César parecía marcado. Pero las dificultades comenzarían muy temprano: En noviembre de 2009 un análisis antidoping le da positivo por el uso de furosemida, una sustancia ilegal con efectos diuréticos, que ayuda a la pérdida de peso. Entonces buscó una recuperación de la mano del afamado Freddie Roach…
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La senda de Saúl Alvarez tuvo los ribetes clásicos de quien sueña con ser pugilista a partir del ejemplo de personas muy cercanas, como los hermanos. Fue el caso del pequeño Saúl y de tantos otros boxeadores en la historia.

En San Agustín, cerca de Guadalajara, en el Estado de Jalisco, México, nació el 18 de julio de 1990 el menor de los 8 hijos de Santos Alvarez y Ana María Barragán. Lo llamaron Santos Saúl Alvarez Barragán, y pronto comenzó a defenderse de quienes lo nombraban “Pecoso”. Su hermano mayor, Rigoberto, le regaló un par de guantes y a los 10 años empezó su carrera “Canelito”, bautizado así por el color cobrizo de su cabello.

Trabajaba de vendedor de hielo, y todas las tardes cruzaba a Guadalajara para entrenarse en el gimnasio de José Reynoso. Sus hermanos se habían iniciado en el boxeo, y “Canelito” quería seguirles los pasos.

Chávez Jr logró armar una carrera exitosa, y llegó al título medio, cosa que no había logrado ningún boxeador mexicano. Pero algunas dificultades asomaban en su camino: altibajos en los entrenamientos, algunos problemas de indisciplina, inconstancia en la preparación, largos períodos de inactividad y las ya comentadas cuestiones con sustancias prohibidas. Freddie Roach fue uno de los primeros a los que recurrieron para enderezar su rumbo. Lo guió por tres combates, pero la caída ante Sergio Martínez marcó el fin de la relación.

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A Saúl Alvarez lo cobijaron sus seis hermanos varones; Rigoberto, el mayor, fue su primer entrenador. Además, Daniel, Ricardo, Gonzalo, Víctor y Ramón también se sumaron al deporte de los puños. Y los 7 juntos lograron ingresar al Guinness con un récord: 7 hermanos que se presentaron en una misma función de boxeo. Sucedió el 28 de junio de 2008, con suerte diversa: Saúl, Rigoberto, Ricardo y Ramón alcanzan el triunfo. Pierden Gonzalo, Daniel y Víctor. Aquella noche, Saúl había sido la máxima luminaria, el que cautivó a todos, el que auguraba un camino de sueños.

En 2011, Chávez Jr logró el título Mediano del CMB, ante Sebastian Zbik, en el famoso Stapples Center de Los Angeles. Allí dió una muestra de carácter y superación física para alcanzar el cetro mundial. Y tuvo defensas exitosas ante rivales calificados. Venció en fila a Peter Manfredo Jr., Marco Antonio ‘Veneno’ Rubio y Andy Lee. Estaba en un gran momento, aunque no se imaginaba que vendría una noche dramática, que le retrocedería varios casilleros, ante un argentino chispeante, talentoso y audaz, que había luchado muchísimo para llegar a su día de gloria…

Para “Canelo” Alvarez lo que parecía un simple acuerdo con un empresario terminó en un conflicto laboral que terminó en tribunales y fue explicado en Revista Ring Side en su momento: Cuando tenía 18 años, el empresario Félix “Tutico” Zabala se cruzó en el camino del ascendente “Canelo”; el 15 de septiembre de 2008, el entrenador Reynoso y el propio Alvarez firmaron un contrato con la empresa “All Star Boxing”, de cuatro años de duración y con la posibilidad de prorrogarlo en caso de que el boxeador consiguiera el título mundial. Al poco tiempo, corría el año 2009, Alvarez se marchó con Oscar de la Hoya y en 2011 “Tutico” Zabala le entabló una demanda por incumplimiento de contrato. Esta historia no era conocida hasta que una corte de Miami-Dade en junio de 2016  falló a favor del empresario de Miami y en contra del mexicano y la empresa Golden Boy Promotions, donde los instó a pagarle al empresario de Miami U$ 8.500.000 por dicho incumplimiento del acuerdo.

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“Cuando mi compañía, All Star Boxing, firmó el convenio, “Canelo” no era un pugilista conocido, y fuimos nosotros quienes lo subimos hasta ser una figura en México primero, con el objetivo superior de convertirlo en estrella en Estados Unidos”, señaló Zabala, quien afirmó que ellos formaron y diseñaron la imagen del boxeador.

En ese entonces, su representante, Don Rafael Mendoza, decide retirarse por diferencias con Reynoso. Y es ahí donde aparece de la Hoya, de acuerdo a testigos, para llevarse al boxeador. Se habló de una reunión y un acuerdo por un dinero para liberarlo, pero que con el tiempo no se cumplió.

La versión de los demandados fue que tal contrato no existía y que un allegado les ofreció a un muchachito mexicano, pelirrojo y talentoso, con muchas condiciones que debían ser trabajadas para lograr su crecimiento. Podía ser una explosión de marketing, pensó Oscar de la Hoya. Y lo sumó a Golden Boy Promotions.

La noche del 15 de septiembre de 2012 quedará por siempre en la memoria de los argentinos que aman el boxeo. Estará por siempre entre sus páginas más gloriosas; esa noche fue consagratoria para uno de los pugilistas más importantes de nuestro país: Sergio Martínez, conocido como “Maravilla”, le dio una cátedra de boxeo al hijo de la leyenda. Y quedó en la memoria eterna de nuestra gente. Fue una pelea dramática para Chávez Jr. Nunca pudo encontrar a su adversario, que lo enloqueció con el jab, le hizo perder la línea y a medida que avanzaba la noche, y el combate se le iba, Chávez Jr se desordenaba en su ataque ciego, para ofrecerle múltiples blancos a su adversario.

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Sólo en el último round el mexicano pudo superar a Maravilla, encontró una combinación exacta y derribó a su rival. Pero el combate estaba sentenciado; se levantó Martínez, con el último esfuerzo aguantó el resto de la vuelta y se llevó la contienda.

Pero la derrota no sería sólo sobre el ring del Thomas & Mac Center de Las Vegas. Tras el análisis antidóping, otra vez lo sorprendería el resultado: positivo, y una multa de miles de dólares para el infractor.

“Asumo la responsabilidad de mis actos”, dijo entonces el mexicano, para enseguida pedir “disculpas ante todas aquellas personas que se sienten decepcionadas o agraviadas por mi comportamiento, sólo yo sé las causas y sólo a mí me corresponde enfrentarlas”. Entre muchas declaraciones, alguna vez señaló que había tomado unas gotas para dormir, y de allí venía el doping.

El gran Oscar de la Hoya sentía que el “Canelo” tenía algo especial: “Cuando suena la campana, se transforma en un guerrero; salen llamas de sus ojos”. No retocaron demasiado de su boxeo, pero sí  buscó implementarle normas de entrenamiento, profesionalismo y alimentación. Su búsqueda se basó más en la disciplina que en lo deportivo.

La llegada de la fama y el éxito, le trajo al “Canelo” todo lo que uno se pueda imaginar…muchas mujeres pasaron por su vida, pero hay una sola mujer que es dueña de su corazón y para siempre: su hija Emily Cinnamon Alvarez, fruto de una relación de juventud, quien ocupa un lugar muy importante en su vida.

Las secuelas del combate ante Maravilla Martínez seguirían como un tortuoso relato en la vida de Julio César Chávez Jr. Derrota, suspensión y multa por dóping y encima, un distanciamiento con su padre en noviembre de 2012.

Le cuesta mucho recuperar la senda.  Freddie Roach quedó muy marcado (y dolido) tras esa derrota ante el argentino. Mostró una gran decepción por el comportamiento y la preparación del hijo de la leyenda; sentía que no se había entrenado lo suficiente, que no había asumido la responsabilidad que traía ese combate y llegó a declarar que “en más de una oportunidad me dejó plantado en el gimnasio”.

En 2013 el Consejo Mundial de Boxeo le levanta la suspensión y se le abre el camino de la reconstrucción.  En septiembre de 2013 vuelve al ring y vence por puntos (y con mucha polémica) al norteamericano Brian Vera. Fue tan discutido ese fallo, que se vio obligado a darle la revancha a Vera en marzo de 2014 y allí ganó otra vez Chávez Jr, sin dejar dudas.

Estaba otra vez en el ruedo. Y no se andaba con chiquitas: pedía a gritos un combate ante el temible Gennaddy Golovkin. Pero debía esperar.

En abril de 2015 pierde ante el polaco Andrzej Fonfara. Esa noche de Carsson, California, dejó una imagen dolorosa, al no salir a pelear tras el noveno round. Las críticas arreciaron. Lo consideraron un boxeador sobrevalorado y sobredimensionado, con más peso del apellido que de sus virtudes.

En Julio de ese 2015, Chávez Jr derrotó a Marco “Dorado” Reyes. Sin brillar y sin convencer. Tras suspender un combate, en diciembre de 2016 vence al alemán Dominik Britsch.

A pesar de su juventud, Saúl Alvarez ya tiene una carrera prolongada. Debutó con 15 años en el profesionalismo, y acumuló peleas ante rivales de magnitud. Logró ser Campeón Mundial de los Superwelter del Consejo Mundial de Boxeo, de la Asociación Mundial de Boxeo, y de la Organización Mundial de Boxeo. Luego, fue Campeón Mundial Mediano del CMB.

Cuando vence al inglés Matthew Hatton y obtiene el título Superwelter del Consejo, inicia una serie de victorias ante rivales renombrados, que lo llevan a la primera plana. Vence a Shane Mosley, Josesito lópez, Austin Trout, y llega el combate tan esperado, tan promocionado pero que termina en una enorme decepción. Cuando “Canelo” alcanzaba una fama mundial y estaba listo para dar el paso hacia el mejor boxeador del momento, su derrota ante el gran Floyd Mayweather fue un verdadero paso atrás. No sólo por haber perdido, sino por la imagen decepcionante que dejó en una noche donde no alcanzó las expectativas. Perdió sin atenuantes, sin decollar en un solo round.

Se recupera con las victorias ante Kirkland y Erislandy Lara, y vuelve a ser campeón mundial esta vez del peso medio tras un buen triunfo ante Miguel Cotto.

Luego, sí. Llegarían dos combates que lo reconciliarían con el gran público y lo pondrían otra vez en el centro de las marquesinas.

Dos victorias resonantes ante Amir Khan y Liam Smith, dos knock outs para reconquistar a la gente.

Ahora están frente a frente. Dos estrellas mexicanas, que dividen a un país. Que tienen un antecedente: sus hermanos se enfrentaron! Sí, Ramón Alvarez derrotó por fallo unánime a Omar Chávez en septiembre de 2014. Y con una muy atractiva cartelera, que  contará con el retorno de Lucas Matthysse frente a Emmanuel Taylor.

Llegó la hora. Saúl “Canelo” Alvarez vs Julio César Chávez Jr. Frente a frente. Han hecho una fructífera gira promocional; se han fotografiado por todo Estados Unidos, han debatido en Ciudad de México, se han provocado y han hecho millonarias apuestas que, parece, luego no se concretaron.

Pero no pueden escapar a su destino. El 6 de mayo próximo dos hombres pondrán en juego el orgullo y el honor para que un país divida sus corazones.

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Hernán O’Donnell

 

 

 

Mauro “El Rayo” Godoy inauguró el año

Mauro “El Rayo” Godoy encendió la temporada. Puso en marcha el 2017, con una pelea tremenda ante el cordobés Luques Castillo y marcó el inicio de un año que promete tener de todo, hasta el imprevisible desarrollo de nuestro fútbol. Pero la cálida y agradable noche de Neuquén no se enredó con luchas poder, conflictos ni tramas secretas y abrió de modo generoso y atractivo abrió el año deportivo.

La velada fue rica y variada; con presentaciones interesantes, como Alberto Palmetta que venció a Nicolás Palacios en fallo unánime en 6 rounds; con un buen marco de público y un combate de fondo que tenía historia, antecedentes, y se profundizó más en la rivalidad durante los días previos: las declaraciones, el color de la pelea y los pálpitos previos le dieron un condimento extra a la pelea principal.

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El antecedente entre los contendientes marcaba un triunfo de Luques Castillo por Knock Out en el primer round. Todo un desafío para el local: intentar ganar la corona argentina de los  superligeros ante el hombre que se la había arrebatado y lo había dejado sin invicto.

“Esa noche cometí algunos errores y no volverá a suceder”, dijo Godoy en los días previos. “En boxeo aprendí que se puede ganar y perder, pero lo importante es crecer. Ya no me volverá a ocurrir lo de aquella vez”.

Luques Castillo, en cambio, tuvo inconvenientes de principio a fin. No pudo dar el peso reglamentario, no acudió a la segunda oportunidad de pesaje, dejó el título en la balanza y, a pesar de que mostró coraje y valentía en rodeo ajeno, muy rápido se lo vio cansado y repitió hasta el cansancio el recurso de arrojar el protector bucal. Primero le descontaron un punto, luego dos, y en el noveno, cuando la situación era insostenible, pues lo dejaba caer dos veces por round, el árbitro lo descalificó.

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El estadio, que había estallado en el cuarto round cuando los dos se cruzaron con vehemencia, Luques Castillo tiró al local y luego Godoy logró derribarlo, festejó de modo ruidoso la conquista.

Había vuelto el campeón. Había recuperado su cinturón y su orgullo. Había hecho una gran pelea, ante un rival corajudo que siempre aceptó el combate, no rehuyó al cruce de golpes y así armaron una tremenda contienda, para abrir el año 2017 con una impactante noche de boxeo.

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Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Ciudad de Neuquén, Provincia de Neuquén) 

La leyenda de Muhammad Alí

Cuando el desenlace era inminente, cuando el final triste e inevitable se acercaba, las cadenas de TV de los Estados Unidos de América anunciaron que interrumpirían su transmisión (ya sea películas, series, programas políticos) para comentar las últimas novedades de Alí, el hombre que supo modificar el rumbo de una sociedad desde un ring.

Esa noche del viernes 3 de junio fallecía Muhammad Alí, el hombre que desde el boxeo y sus logros deportivos, lanzó gritos de rebeldía y libertad. El hombre que había nacido el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, y que había entrado en este duro deporte a partir, casi de un hecho fortuito. A los 12 años había ido al Service Club de su ciudad natal para tomar un helado gratis, pues allí lo servían a los niños. Pero en un descuido le robaron la bicicleta, y al comentarle a un policía que golpearía al ladrón, este hombre, Joe Martin lo llevó a un gimnasio: El boxeo tendría una nueva estrella…

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Hacia fines de los ´50 comenzaría un camino lleno de éxitos y resonantes apariciones públicas. En 1960 ganó la medalla dorada de Peso Semi-Pesado en los Juegos Olímpicos de Roma. Allí se iniciaba el camino a la fama.

Luego llegaría el debut profesional, el encuentro con Angelo Dundee y una sociedad entrenador-boxeador que daría muchísimos frutos. En el gimnasio de Miami se forjó al hombre que iba a derrotar a Sonny Liston en 1964 y se consagraba, a los 22 años, como nuevo Campeón Mundial de los Pesos Pesados. El planeta se había sacudido con la aparición de una estrella que destronaba al favorito Liston.

Por entonces, aún se llamaba Cassius Clay. Pero había escuchado hablar de Elijah Muhammad, y se había acercado a un líder Malcom X. Decidió cambiarse el nombre.

Decidió que su identidad debía ser otra. Distinta. Dejó atrás su nombre (“Era el de un esclavo”, sostuvo siempre) y fue rebautizado como Muhammad Alí.

Su historia es conocida. Renunció al ejército, se negó a ser combatiente en la guerra de Vietnam, le sacaron el título y luego volvió a ser Campeón del Mundo.

Gritó por la libertad. Fue perseguido, pero también escuchado. Vendió sus peleas con promociones que rondaban lo espectacular y lo provocativo. Fue una estrella especial del Madison Square Garden, el estadio deportivo más famoso del mundo

Nunca se calló. Hizo y dijo lo que sentía. Sin especulaciones. Le levantaron las sanciones y fue dominante otra vez en el boxeo. La gente lo comprendió. Tuvo su premio: Fue el abanderado de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y aún tembloroso por el mal de Parkinson que ya hacía tiempo lo aquejaba, encendió la llama olímpica y recibió, una vez más, una grandísima ovación de su gente.

Tuvo un funeral con todos los honores. Se acercaron ilustres y desconocidos. Habló Bill Clinton, uno de los Presidentes más importantes en la historia de Estados Unidos. Habló su amigo, Billy Cristal, uno de los actores más afamados de Hollywood. Hubo una procesión desde su casa de la infancia, pasaban por el Centro Cívico Muhammad Alí y lo despedían en el cementerio de su ciudad natal.

En todo el camino lo acompañó el sincero reconocimiento de su gente. Cartas y muñecos en el jardín de su casa. Guantes de boxeo y globos adornaron la puerta de entrada. Pétalos de rosas en el ingreso al cementerio. Una multitud lo despidió con una mezcla de desconsuelo, pena y admiración. Mucha admiración.

El hombre gritón, el desafiante, el provocador, era, comprendimos todos, un ser humano que pedía libertad, igualdad. Que pudo hacerlo a partir de la fama construída y ganada en los rings. Y que, como pudo, se hizo entender. Y se hizo querer. Por eso la Nación lo despidió con los máximos honores y hoy se inundan las calles con sus murales, su imagen, revistas y diarios que publican ediciones especiales.

Murió Muhammad Alí, pero la leyenda había nacido hace muchos años.

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Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a New York City, New York, USA)  

Cuando el boxeo se metió en la política

Cuando se mezcla política y deporte, el discurso general y correcto es la crítica a la política que incursiona en un campo, que se presume noble y puro, como el deportivo, y que, entre varias razones, debe permanecer autónomo, autárquico e inabordable.

Pero, también existe el camino contrario: cuando desde el deporte se incursiona en la política; o cuando los deportistas dejan su actividad y comiernzan una carrera política o vinculada a algún poder estatal. Lo escribimos hace muy poco en la Revista Ring Side y es bueno presentarlo una vez más. Es el camino inverso al tan criticado “avance” de la política en el deporte. Aquí repasamos la otra cara de la moneda; cuando los deportistas, en este caso los boxeadores, optaron por iniciar un camino en la política.

Cuando retratamos la vida de Alexis Argüello, nos centramos en su gloriosa historia deportiva y su trágico final. En el medio, algunas razones que desembocaron en la tragedia y, de modo tangencial, su vínculo con la política. Es que no es un detalle menor que ocupara el cargo que ostentaba. Más allá de todo lo que se teje sobre su muerte, Alexis Argüello había alcanzado la alcaldía de Managua, Ciudad capital de Nicaragua, un cargo relevante, importante y que abre paso a la reflexión de este número de Ring Side: Los boxeadores y su vínculo con la política. En tiempos electorales, es bueno repasar cuantos hombres pasaron del ring a los escritorios de los diputados, gobernadores, alcaldes, y otros cargos.

“Me gustaría disputar un último combate el año próximo, antes de retirarme del boxeo, para luego dedicarme a la política. Si soy electo senador estaré concentrado sólo en el trabajo y en la familia”. Así de claro y directo se manifestó Manny Pacquiao, el ídolo filipino quien siempre mostró sus inquietudes políticas. En 2007 se postuló para representar al primer distrito de  Cotabato del Sur en el congreso; fue derrotado por Marlene Antonino Custodio. En 2010 se recuperó y logró un lugar como congresista. Fue electo diputado por la provincia de Sarangani.  Entre ese año y 2013, asistió a 98 sesiones sobre un total de 168; presentó varios proyectos de ley que no superaron las comisiones legislativas pertinentes, pero tuvo una participación activa. No tanto a partir de 2013, donde su actividad política disminuyó.

Pero siempre se mantuvo cerca, como una vocación muy fuerte para él. Ahora anunció que se postulará para senador, en las elecciones que se celebrarán el 9 de mayo de 2016. Es un hombre adorado por su gente, un ídolo popular que por esa condición siempre tiene posibilidades de ser electo y hasta hay quienes predicen que ser senador será un primer paso para luego llegar a la presidencia de la República de Filipinas.

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Vitali Klitschko se involucró en la política de su país, Ucrania, en 2005. Pudo desarrollar ambas actividades; mientras fue miembro parlamentario alcanzó el título Mundial de Peso Pesado del Consejo Mundial de Boxeo y de la Organización Mundial de Boxeo. Pero lo asombroso del ucraniano es su integración al mundo siempre difícil de la política y el desarrollo que le dio al partido que creó y a su propia carrera. Mientras se debatía en los rings, fundó la Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma (UDAR), y en 2014 logró vencer en las elecciones de Kiev y fue electo Alcalde de la ciudad. Su participación política es cada vez mayor, en un contexto donde las tensiones entre Ucrania y Rusia se mantienen, lo cual lo obliga a estar dedicado en la mayor parte del tiempo a esta actividad. Sin embargo, aún se hace un espacio para acompañar la carrera deportiva de su hermano Wladimir.

El mexicano Juan Manuel Márquez, Campeón Mundial de peso Pluma, Superpluma, Ligero y Superligero, es, y siempre será, muy recordado por el tremendo K.O. que le propinó a Manny Pacquiao el 12 de diciembre de 2012. Era el cuarto combate de la saga, y en el sexto round explotó con un terrible derechazo.

Algunos creen que tras los cuatro combates con Pacquiao sucedió el efecto contagio: Márquez manifestó su agrado por la polñítica. En el tercer enfrentamiento lució el logo del PRI en su pantalón. Y manifestó su apoyo a Peña Nieto.

El propio entrenador, Ignacio “Nacho” Beristáin entiende que la política es su vida: “ A Juan Manuel la política lo distrae; le quita tiempo. A mi, la polñítica, cero. No me interesa para nada.” Y cree que ya es hora que se dedique a esta nueva actividad.

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En la Argentina hubo varios casos de boxeadores (y boxeadoras!) que eligieron el camino de la política. Marcela Acuña es la pionera del boxeo femenino en nuestro país; la número uno; la que llenó, solita, el Luna Park; la Campeona Mundial de peso pluma y supergallo…En 2009 decidió incursionar en la política y fue electa concejal de Tres de Febrero por el Frente para la Victoria. Fue reelecta en 2013. Como un signo de estos tiempos (de la política, claro)  varió en los espacios de pertenencia: En junio de 2014 se unió al Frente Renovador de Sergio Massa y en octubre  de este año regresó a su partido de origen. También Martín Coggi fue candidato a concejal de Brandsen por el partido vecinal. “Siempre fui peronista”, admitió el hijo de “Látigo”, quien sabe que el deporte a determinada edad se termina y debe prepararse para el futuro. Hubo muchos pugilistas argentinos que supieron estar cerca de la política y sus actores. Desde el saludo de Gatica y Perón, hasta estos tiempos en que Víctor Ramírez suele tener el apoyo de Scioli.

Pero nada puede superar a Justin Pierre James Trudeau. El Primer ministro canadiense es un caso muy particular. Hijo de un ex Primer ministro, llegó a los 43 años al cargo, en representación del Partido Liberal.

Su vida agitada, emparentada con las excentricidades de sus padres, Pierre y Margaret, le valió una alta reputación. Pero esa fama está atada también a su pasión por el boxeo, deporte que practica dos ves por semana y hasta ha hecho combates a beneficio de entidades. Y si de políticos amantes del boxeo se trata, habría que incluir a Juan Domingo Perón, Nelson Mandela, Tabaré Vazquez…Y una larga lista que une, de manera indisoluble al boxeo con la política. Porque las pasiones del hombre no tienen límites ni se circunscriben a una sóla actividad.

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Hernán O’Donnell

 

Gennady Gennadievich Golovkin, la estrella del momento

El 7 de abril de 1982 los argentinos estábamos conmocionados, preocupados y atentos casi las 24 horas en la recuperación de las Islas Malvinas y la inminencia de la guerra que se presentaría pcos días después. Ya se había tomado Puerto Argentino, las negociaciones por la vía diplomática no avanzaban y las tropas inglesas se embarcaban rumbo al Atlántico Sur. Días de preocupación, de intriga e incertidumbre se acercaban.

Los deportes, que siempre son una pasión y una manera de distraerse, de escapar a la dolorosa realidad, nos llenaban con la inminencia de la Copa del mundo de la FIFA-España 1982 y los combates de boxeo que engalanaban las noches del Luna Park y otros rings del país: entonces brillaban Santos Benigno Laciar, Juan Martín Coggi, Juan Domingo “Martillo” Roldán, Gustavo Ballas, Ubaldo Néstor Sacco y Sergio Víctor Palma.

Era la Década dorada en el mundo, los gloriosos años ’80, donde brillaron Sugar Ray Leonard, Roberto “Mano de Piedra Durán”, Marvin “Marvelous” Hagler, Tommy Hearns, “Pepino” Cuevas, Alexis Argüello, asomaba Salvador Sánchez, Larry Colmes. Fueron, para los que asomábamos a la adolescencia, los mejores años del boxeo…

Ese 7 de abril, en la lejana Kazjistán, en la localidad de Karaganda, nacían dos niños gemelos, hijos de un minero ruso y de una madre coreana. Los llamaron Gennady y Maxim. Vadim y Sergei completarían los 4 hijos de la pareja. Kazajistán formaba parte, entonces, de la antigua Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS) y Rusia, donde había nacido su padre, era una de las más grandes que la componían.

Sus hermanos mayores lo alentaron a la práctica del boxeo; en realidad, le proponían peleas desde muy chico, así a los 8 años ya comenzaba a medirse con chicos de su edad. Así se inició por este camino, aunque sus hermanos optaron por inscribirse en la armada rusa.

La tragedia invadiría a la familia, pues en 1990 Vadim murió en combate cuando defendía a Rusia y en 1994 fallece Sergei, también en lucha armada, aunque nunca hubo información precisa por parte del gobierno sobre cómo fueron esos desgraciados sucesos..

Gennady le había tomado el gusto al boxeo. También el gemelo Max. Creció y le dieron una beca de un programa olímpico para su desarrollo deportivo. Y obtuvo rápidos resultados: Como amateur conquistó el Campeonato Mundial en Tailandia, los Juegos Asiáticos en Corea del Sur, el Campeonato mundial en Budapest y una medalla de plata en peso mediano en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Realizó más de 300 combates con notable suceso.

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A partir de 2006 se pasa al mundo profesional. Ya era otro boxeador; otra persona. Sabía a lo que se dedicaría y se puso los objetivos muy claros. Se trasladó a Alemania para desarrollarse en un país donde nada le faltaría. Perfeccionó el idioma; ya dominaba el kazajo y ruso, y hoy habla, además, alemán e inglés. Cuatro lenguas para el muchachito de sonrisa agradable y mirada respetuosa que comenzaría la senda de los boxeadores admirados arriba del ring y respetados afuera, como Sugar Ray Leonard u Oscar de la Hoya.

Esa es la cara de Gennady Gennadievich Golovkin: el hombre sonriente, educado, carismático. Dueño de una simpatía particular, de vida conyugal ordenada y respetuoso con sus adversarios.

Como le sucedió a muchos al comienzo de su carrera, pocos advirtieron el futuro promisorio que podría tener. Más bien surgían las críticas por un estilo prudente y poco atractivo. No renovó contrato con la empresa alemana Universum, que prefería otros pugilistas como Félix Sturm, y buscó nuevos horizontes.

El encuentro con Abel Sánchez le dio la “mexicanización” a un boxeo mecanizado de origen ruso; le mostró los videos de Julio César Chávez y lo convenció de que sería el Mejor del Mundo…Todavía recibe algunos golpes que podría eludir, pero está claro que ha mejorado su defensa y se muestra más combativo. Hemos contado en Ring Side como su encuentro con Sánchez fue vital para los dos; el entrenador pensaba retirarse en Big Bear y allí encontró el Kazajo el lugar ideal para entrenarse y lanzar, de modo definitivo, su carrera.

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Su vida profesional ya es conocida. Aquí está la otra cara de Golovkin. El hombre que respeta a sus adversarios, que entrena con toda seriedad, que buscó los caminos para llegar a la gloria, que adora pasar el tiempo con su esposa y su hijo Vadim, que domina cuatro lenguas, que ha incorporado su hermano Maxim a su grupo de trabajo, que sufrió la muertes de sus hermanos mayores y en febrero pasado un paro cardíaco también se llevó la vida de su padre, y con el dolor a cuestas debió presentarse en el mítico Madison Square Garden para enfrentar al australiano David Geale.

El hombre de la sonrisa y el respeto se transforma dentro del ring. Sigue la escuela de Leonard, Cuevas, de la Hoya. Caballeros de buenos modales, que, cuando suenan la campana se visten de guerreros indestructibles. En ese camino se encuentra Gennady Gennadievich Golovkin.

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Hernán O’Donnell

 

 

Floyd Mayweather, último round

Dejó caerse de modo leve en el centro del ring y sintió el grosor de la lona que rozaba sus rodillas. Escuchó aplausos, gritos, ruidos ensordecedores. Elevó los ojos al cielo, abrió sus brazos y se mantuvo un instante así, de rodillas y con una plegaria en los labios. Las luces lo envolvían y sentía que era el momento de decir adiós, de dejar caer el telón y repasar, si se podía, en pocos instantes una carrera que superaba todas sus expectativas y se inscribía entre las mejores de la historia.

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Floyd Mayweather había alcanzado su éxito número 49 en fila, derrotaba a Andre Berto y cerraba una carrera espectacular, llena de gloria, de combates inolvidables, armada con rivales de fuste y renombre que, todos, cayeron a sus pies. Discutido, “Money” trazó algunos números en 17 años que lo distinguen y arrebatan los argumentos de quienes pretenden disminuir su capacidad. 5 coronas del mundo. Invicto. Rivales de distintos estilos, de buenas campañas, grandes campeones: Les ganó a todos. Nombres que sucumbieron, como Diego Corrales, Demarcus Corley, Arturo Gatti, Zab Judah, Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Juan Manuel Márquez, Víctor Ortíz, Shane Mosley, Robert Guerrero, El “Canelo” Alvarez, Manny Pacquiao…Lo intenatron varios argentinos: Gustavo Cuello, Carlos Ríos, Carlos “El Tata” Baldomir, y por supuesto, Marcos “El Chino” Maidana. Quizás Maidana le haya hecho (en la primera pelea) uno de los mejores combates; tal vez Ortíz lo tuvo sentido, aunque se desconcentró y dilapidó su chance. El portorriqueño Cotto le hizo un gran combate.

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Pero nadie pudo con él. Ahí está la lista de nombres. Ahí están todos. No falta nadie. O casi, por que tal vez Sergio Martínez pudo haber tenido una oportunidad. Quedará su nombre para la polémica: ¿Que hubiera sucedido en un encuentro entre Floyd y Maravilla?, será la pregunta eterna en las discusiones de café, oficinas y colegios.

Están los rivales mencionados. los que si tuvieron su posibilidad. Y no hubo caso. Excepto el momento que Ortíz desaprovechó en una situación donde golpeó con la cabeza, y mostró que la había perdido en un combate que se proyectaba favorable, y después perdió tiempo en disculpas innecesarias hasta verse sorprendido por la rápida reacción de “Money”; tal vez el buen combate que le planteó Cotto, o esos primeros rounds ( el primero, tercero, cuarto y quinto) del “Chino” Maidana en su primer enfrentamiento, donde fue un vendaval de ataque y lanzamientos de golpes sin descanso, fuera de esos recuerdos, la imagen de Mayweather ha sido una constante. Un hombre rápido, de piernas ágiles y desplazamientos laterales constantes, rotación de cintura, excelente defensa y buenos golpes, hizo de cada pelea una película previsible. Dominio constante, desgaste del adversario y prolija suma de puntos en cada round. Así, desnudó a Saúl Alvarez, a De La Hoya, a Pacquiao.

“Mi carrera ha terminado. Es oficial”, dijo en la noche de Las Vegas. Sentía que todo había concluído. Que el chico nacido en Michigan, hijo de un boxeador, de familia ligada a este deporte, había hecho su trabajo. Que conquistó los títulos superpluma, ligero, superligero, welter y superwelter. Que nadie había podido con él. Que ganó todo el dinero que quiso. Que armó una carrera bien pensada y trabajada, con esfuerzo, mucho talento y también estrategia deportiva para elegir a cada rival en el momento exacto. Que el cuerpo está bien, pero ya no quiere recibir más golpes.

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La última función había pasado. Berto ya era un nombre más en la lista. El dominio de los primeros rounds, los golpes precisos, los esquives anunciados, también algún amarre y por supuesto los clásicos movimientos laterales; luego, el baile de los últimos asaltos; los insultos cruzados con el rival, los gestos de Berto, mezcla de indignación e impotencia; alguna provocación final. Todo había quedado atrás.

Había sonado la última campana y Floyd se dejó caer. Ni siquiera saludó a su oponente. Sintió el roce de las rodillas en la lona y elevó los ojos al cielo. No escuchaba ovaciones, ni silbidos ni reproches. Sólo una mirada al cielo. Y la larga película de 49 capítulos invictos. Sintió que el trabajo estaba hecho. Que el hombre arrogante, el boxeador indescifrable, el fanfarrón del dinero, habían terminado su carrera. Ahora era un hombre agradecido, que se arrodillaba en Las Vegas, casi el patio de su casa, para cerrar la puerta, despedir al boxeador, y, tal vez, empezar una vida nueva.

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Hernán O’Donnell