La carrera de Sergei Kovalev se llenó de interrogantes

Apenas un año había pasado del 2 de abril que marcaría a fuego la historia de la Argentina. Un tiempo corto, donde la melancolía le daba paso a la reflexión y a abrir una puerta al futuro.

El 2 de abril de 1983, mientras el país recordaba el primer aniversario del desembarco en Malvinas, en la lejana Cheliábinsk, en el corazón de la entonces Unión Soviética y hoy Federación Rusa, nacía Sergey Kovalev, en un hogar humilde. Una ciudad con muchas fábricas y gente fuerte que buscaba sobrevivir en ella. No todo el salario se pagaba con dinero, sino con especias y la familia de Sergei lucha por subsistir. Eran tres hermanos y la madre y su padrastro trabajaban en la misma planta de tractores. Con lo que juntaban entre ambos, sobrevivían.

Nada hacía prever que se iniciaría en el boxeo, pero a los 11 años un amigo del colegio lo invitó a un gimnasio que había muy cerca y allí conoció su futuro: le encantó la actividad y aunque no tenía muy claro de que se trataba, algo vieron en él que lo llevaron a los entrenadores a seguirlo, a cuidarlo, a empezar a guiarlo. Era flaco, pequeño y poco visible. Había chicos en el gimnasio que mostraban más talento que él. Pero quienes eran en verdad más débiles, abandonaron. Y quienes, como Sergei se mostraron más fuertes, continuaron. Y mostró uno de los espíritus más fuertes. El tiempo de las carencias iba a comenzar a quedar atrás.

A los 12 años dejó el boxeo; había fallecido su padrastro y lo envolvió la tristeza. Sin embargo, sus entrenadores no querían que abandonara. Lo valoraban mucho por su calidad humana e insistieron para que retomara los entrenamientos. Mandaban a sus amigos a que lo fueran a buscar a la casa y lo llevaran otra vez al gimnasio. Su madre entendió que debía hacerse fuerte para cuidar a sus hermanos menores. “El debía hacerse el hombre de la familia; para ayudar a sus hermanos e incluso a mí. Maduró muy rápido, aunque aún era un chico. Se vieron cambios drásticos en él. Dos o tres meses después del fallecimiento de su padrastro, Sergei se volvió todo un hombre”.

Tres años más tarde haría su debut amateur en el Campeonato Junior de Boxeo de Rusia. Allí ganaría la medalla de oro en peso mediano y comenzaría una interesante carrera amateur que pronto decidió volcar al mundo profesional. Kavlev sabía que ingresaba en un mundo difícil y competitivo, entonces decidió tomar decisiones fuertes en la búsqueda de su camino. Aun cuando era joven, tuvo que madurar muy rápido. En el año 2009 se mudó a Carolina del Norte, para iniciar su carrera en el gran escenario que siempre significa Estados Unidos.

“Viajé a Norteamérica porque en el boxeo amateur no existen las chances de ser campeón del mundo. De pequeño, mi ilusión era conocer América, ver los edificios altos que veía por televisión…Además, no había demasiado dinero en Rusia. El dinero se gana aquí, en Estados Unidos”, afirmó sobre su traslado.

Allí comenzó su carrera profesional. A los 26 se lanzó a conquistar el mundo. Sin embargo, le costó hacerse un nombre, meterse en las grandes carteleras. En los primeros combates el dinero no abundaba, aunque el éxito lo acompañaba. Ganó sus primeros 9 enfrentamientos, con un alta dosis de k.o. Su imagen crecía aunque aún no daba el gran salto.  Paseaba su fortaleza por California, Illinois, Carolina del Norte, Washington, Lousiana, Nevada, Georgia, Pensilvania…

El 5 de diciembre de 2011 llegaría una pelea que marcaría su vida para siempre. Aquella noche en Ekaterimburgo, en Rusia Central al pie de la Cordillera de los Urales, vivió la noche que jamás debió haber deseado vivir. El combate contra Roman Simakov terminó por ser un mojón desgraciado en su carrera. No se avizoraban contratiempos ni maldiciones, pero el desarrollo deparó un desenlace fatal e inesperado.

Kovalev fue dueño de las acciones desde el inicio, llegaba con facilidad y golpeaba al oponente, pero no parecía una paliza despiadada. Sin embargo, logró derribarlo en el 6to round, y volvió a hacerlo en el 7mo, pero al levantarse ya no podía moverse Simakov. El referi paró el combate de inmediato y le otrogó la victoria a Kovalev. A Simakov lo colocaron sobre una lona roja que oficiaba de camilla y fue directo al hospital. Entró en coma, y a los tres días, falleció. Kovalev oró por él durante por él  los 3 días de agonía, pidió perdón a la familia de Simakov  y les dió el dinero de su bolsa de su siguiente combate.

La cara más triste y dolorosa de esta actividad se había cruzado en su camino. “Mi objetivo era vencer a Simakov, no quería dañarlo. Después del  cuarto round percibí que algo no estaba bien en él. Incluso, el último golpe  no fue tan fuerte como el anterior”, señaló Kovalev a la prensa rusa.

Tras unos días de reflexión,  Kovalev le habló al público. Allí expresó su dolor y dejó sus sensaciones de esa pelea.  Describió el comienzo como “tranquilo”, con un comienzo  mesurado,  que  en el 4to round se lastimó el pulgar izquierdo, el mismo que se había operado cuatro años antes, lo cual lo hizo trabajar con mayor mesura aún, lo que le permitió a Román desarrollar su pelea.  Kovalev creía que tras la caída del 6to round Roman no saldría a combatir al siguiente asalto. “Deseaba que el combate fuera detenido.  En mi pulgar sentía el castigo que había propinado.  En el 7mo round, cuando Román da un paso atrás, lo golpeo en el antebrazo. No creo que ese golpe pudo haber generado la tragedia.  Después fui  a verlo al vestuario, pero ya lo habían llevado al hospital. Fue un peleador; fue todo un hombre. Permitan que su alma descanse en paz.  Le pedí a mi manager poder hablar con su familia, pero no quieren saber nada de nosotros. Y lo comprendo perfectamente. Es horrible perder a una persona  amada. Si vuelvo a subirme a un ring, mi combate será dedicado a él. Toda mi bolsa será para sus deudos. Perdoname, Roman y  descansa en paz, guerrero”

También Natalia Kovaleva, la esposa del campeón, manifestó en un documental llamado “La vida después de la muerte: La pelea más dura de Kovalev” cuanto influyó en ella ese combate: “Fue un shock para todos. Sergei no pudo dormir esos días, estaba muy afligido, veía una y otra vez el match, fuimos a la iglesia mientras Simakov estaba en coma en el hospital, encendimos una vela por él y rezamos por su recuperación. Sergei se retrajo sobre sí mismo, él es el tipo de persona que se guarda todo dentro de sí, rara vez expresa sus emociones, él fue educado así…A partir de ahí, mi mirada sobre el boxeo cambió de forma total. Ya no lo contemplé sólo como un deporte; cada vez que mi marido va a pelear me preocupan más las consecuencias del combate que si obtiene la victoria…”

“Esos días los pasé muy mal”, recordó más tarde Sergey Kovalev. Se recluyó y se tomó dos meses para regresar al gimnasio. “No pude hablar con los familiares de Roman. No sé qué les diría. No lo sé. Perdón…pelearé por mí y por él…” Recién en junio de 2012 regresó a los cuadriláteros para darle el desquite a Darnell Boone. Fue victoria y volver a encaminar la carrera.

El 19 de enero de 2013 derrota con total claridad al ex campeón mundial semipesado de la AMB, el español Gabriel Campillo. Allí tiene un combate de los llamados “consagratorios”: El ruso lo domina de principio a fin, le hace sentir el rigor, y lo derriba tres veces en el tercer round para acabar el pleito.

Ese 2013 vendría con más alegrías; el 17 de agosto de ese año vencería a Nathan Cleverly para ganar el título semipesado de OMB.

Los flashes de la gloria comenzaban a iluminarlo. Y otro paso trascendental sería el éxito ante Bernard Hopkins el 8 de noviembre de 2014 en Atlantic City, New Jersey. Allí alcanzaría los títulos semipesado de la FIB y el de Supercampeón de la AMB, amén de mantener el de la OMB.

Siguió con la cerrada victoria ante el canadiense Jean Pascal, en un combate cambiante, que ganó por KO técnico en el 8vo round, en lo que para muchos fue una decisión apurada del árbitro, tras un buen desempeño de Kovalev en el asalto anterior.

Contra el francés Mohammedi mostró toda su potencia y en el desquite frente a Pascal no dejó ninguna duda: lo apabulló toda la noche, y en el séptimo round Freddie Roach, coach del canadiense, decidió que lo mejor era no continuar el sufrimiento.

El 11 de julio último regresó a la misma arena donde sucedió la desgracia. Otra vez en su país, otra vez ante su gente, otra vez ante los fantasmas y los malos recuerdos. Allí se midió natal ante el africano Isaac Chilemba a quien venció por puntos en fallo unánime.

Luego, vendrían las noches tristes. El 19 de noviembre de 2016 caía en su primer combate ante André Ward, en el T-Mobile Arena de Las Vegas, Nevada.

Allí perdió los Títulos Mundiales OMB, FIB y Super AMB, en la categoría semi pesado.

Fue por la revancha el 17 de junio de 2017 y volvió a caer, en otra noche apagada, donde acusó un golpe bajo, discutible, tal vez, pero donde no mostró variantes ni rebeldía para sobreponerse a ese fallido e ir por la gloria.

Parecía acabarse su carrera. Sin embargo, logró tener una nueva posibilidad ante el retiro de André Ward y fue por esa oportunidad. En noviembre del año pasado venció al ucraniano Vyacheslav Shabranskyy y conquistó el título Mundial semipesado de la OMB. El 3 de marzo de este año venció al ruso  Igor Mikhalkin y sumó el título mundial de la categoría sempiesado de la IBA.

Todo parecía empezar a retomar la senda victoriosa, hasta esta noche del 4 de agosto, cuando una nueva figura emergió en su camino: El colombiano Eleider Alvarez lo superó, tras una contienda dura, donde tuvo su momento Kovalev, pero al final sucumbió.

El colombiano nunca perdió la calma y lo noqueó en el séptimo, tras derribarlo tres veces.

Sergey Kovalev, el hombre que vino del Este, el aventurero que armó su camino deportivo y su vida en Estados Unidos, volvió a sufrir un tropezón, y su carrera se empieza a llenar de interrogantes.

 

Hernán O’Donnell

 

Deontay Wilder le abre la ventana al futuro

Estaba perdido. O al menos, eso parecía. El cubano Ortíz lo había dominado, incluso en el séptimo round sacó una ventaja de dos puntos (10-8) aún sin derribarlo. La noche de Brooklyn se llenaba de dudas e interrogantes para el campeón mundial pesado, Deontay Wilder. Estaba muy complicado y era difícil pronosticar una recuperación.

La pelea había transcurrido por un clima electrizante. Wilder se vio superado en los primeros rounds y de a poco el desarrollo se transformó en una gran preocupación pues era dominado por su adversario: Luis Ortíz, un enorme mastodonte cubano apodado King Kong, que el público argentino conoció bien de cerca cuando enfrentó a Matías Vidondo y lo derrotó por KOT 3, tras derribarlo en el segundo asalto. En ese entonces se apreciaban las virtudes de un pugilista fuerte y contragolpeador, pero que no pudo alcanzar esa luz de diferencia para controlar la pelea y llevarse la gloria.

Los primeros asaltos fueron para el cubano; pero en el quinto apareció Wilder y con un derechazo derribó a Ortíz. El campeón descontaba dos puntos, tras haber cedido los primeros 4 rounds.

Se recuperó “King Kong” y logró volver a estar en pelea en el sexto asalto y en el séptimo se vio lo mejor de su producción. Se lo llevó por delante al campeón, lo “empujó” contra las cuerdas, y con una buena combinación de golpes le hizo pasar un mal momento. Incluso cerró la vuelta con una derecha que impactó de lleno en el rostro de Wilder y parecía dejar todo listo para la definición.

Pero no lo remató. Le permitió que respirara y Wilder se recuperó en los dos siguientes rounds.

Y llegó el 10º asalto con una definición, impensada, imprevista, sorprendente: Una avalancha de golpes, desordenada y potente, encontró agujeros en la defensa de Ortíz, y Wilder no se detuvo ni mostró contemplaciones. Con mucha fuerza, algunos yerros y mucha agresividad, descargó una catarata de golpes que derrumbaron al cubano y terminaron con el pleito. Ortíz había dejado pasar su momento y su oportunidad;  Wilder, en cambio, cuando olió sangre, arremetió con fiereza.

Deontay Wilder recorrió un largo camino para llegar a la noche de su consagración. Nacido en Tuscaloosa, estado de Alabama el 22 de octubre de 1985, a los 19 años comenzó su carrera amateur: su novia estaba embarazada y debía hacerse un futuro para darle seguridad a su familia. Su beba nació con una enfermedad llamada espina bífida, una malformación congénita en la que existe un cierre incompleto del tubo neural. Por imperiosa necesidad, debía progresar y darle un sustento a sus seres queridos. Se abrazó al boxeo como una salvación. Así, alcanzó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

A los 23 años hizo su debut profesional ante Ethan Cox, al que derribó tres veces en el segundo round y entonces se detuvo la pelea.

Comenzaría una carrera exitosa, con victorias que se encadenarían una tras otra, y luego de 32 peleas ganadas, le llegó la oportunidad  la noche del 17 de enero de 2015 en el MGM Grand Garden Arena, en Paradise, un suburbio de Las Vegas, estado de Nevada, para derrotar al haitiano-canadiense Bermane Stiverne y alcanzar el título Mundial Pesado del Consejo Mundial de Boxeo (WBC).

Tenía potencia y experiencia: había sido sparring de Wladimir Klitschko, con quien asegura haber hecho más de 50 rounds de guanteo; incluso hay quienes afirman que Wilder, apodado “El bombardero de bronce”, fue de los más exigentes que tuvo el ucraniano. Envalentonado, tras ganar en su primera defensa a Eric Molina, a quien envió a la lona en cuatro oportunidades, Wilder proclamó su deseo de enfrentar a su viejo conocido: “estuve tres años en el campamento de Klitschko, he aprendido mucho de él y ahora quiero enfrentarlo”, desafió. Pero el tiempo no le dio la chance.

Por esos años ya quería armar su propia historia: “El boxeo ha tenido grandes campeones de Peso Pesado; es tiempo de recuperar ese lugar que tuvo Estados Unidos hace no mucho tiempo con Mike Tyson, Evander Holyfield o Riddick Bowe, pero a mí aún me confunden con LeBron James”, señaló en referencia a su parecido con el gran jugador de Basquetbol, campeón de la NBA con Miami Heat y Cleveland Cavalliers.

Vendrían más defensas exitosas de su título: ante Johann Duhaupas, a quien sometió a un gran castigo antes de vencerlo por KOT 11 y luego ante el polaco Artur Szpilka, en el Barclays Center de Brooklyn, donde estuvo en aprietos pero logró un fulminante KO 9, que demolió al europeo e incluso debió ser retirado del cuadrilátero en camilla ante la falta de reacción.

A poco más de un mes del fallecimiento del legendario Muhammad Alí, Wilder debió defender su título ante Chris Arreola, por lo que decidió homenajearlo con una chaqueta con su figura y un  pantalón que lucía la célebre frase “Flota como una mariposa, pica como una abeja”. Otro KO y otra defensa exitosa del cinturón.

Luego enfrentó a su compatriota Gerald Washington, a quien venció por KO 5, tras una pelea que fue de menor a mayor y ratificó su buen momento.

Pero siempre parece haber un tropiezo en las carreras de las grandes figuras, y “El Bombardero” no es la excepción; en junio de 2017 fue detenido tras ser acusado de posesión de marihuana, y luego fue puesto en libertad, con la pena de cumplir 60 horas de servicio comunitario en un gimnasio cerca de su hogar. Wilder afirmó que la sustancia no era de su propiedad, que fue hallada en su auto, pero que él solía dejarlos bajo la custodia de muchas personas o que incluso los usen cuando viaja fuera de la ciudad.

A fines de 2017 le llegaría un examen importante, calificado: El desquite ante Bermane Stiverne, su escalón para llegar al campeonato Mundial Pesado. La primera pelea había sido dura y se aguardaba por el nuevo episodio, pero Wilder lo resolvió en el primer round con otra andanada de golpes, que incluso parecían prolongarse en la caída del haitiano-canadiense y al referí le costó separar a Wilder para alejarlo de la zona y decretar el KOT 1.

Así llegó a la noche estelar del 3 de marzo ante el cubano Ortíz. Ahora se habla de Anthony Joshua, de peleas estelares en las carteleras más importantes del mundo, en la chance de convertirse en el Rey libra por libra, en la tentación que le ofrece Oscar de la Hoya para sumarse a sus filas y volverse el más taquillero de los “pay per view”, las puertas que se abren para observar el abanico de oportunidades y deshojar la margarita de las posibilidades más atractivas. ¿Joshua? Habrá que esperar su pelea ante Joseph

Parker y ver cómo sigue su camino; además, Anthony Joshua hoy es una de las grandes estrellas de los escenarios y podría todas las condiciones para un hipotético combate. Incluso la bolsa, el órgano más sensible del ser humano, sería muy desventajosa para Wilder. Y también pesa la opinión del inglés, quien se ha mostrado un poco despreciativo hacia las condiciones boxísticas del americano. ¿Tyson Fury? Depende de Fury mismo. Si decide meterse nuevamente en el ruedo. ¿Otra versión, la tercera, ante Stiverne? Hay quienes arriesgan que es una posibilidad certera.

Es tiempo de pensar, evaluar y elegir.

Todo se volvió realidad una noche. La noche que pareció estar en peligro, que la corona tambaleaba y el reinado se acababa, pero su fuerza, su voluntad y una remontada feroz le permitió cambiarla por la noche de la consagración, y la ventana que se abre a un futuro promisorio.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Vasyl Lomachenko, una estrella de esta época

Si no hubiera sido por su padre, tal vez hoy no estaríamos hablando o escribiendo sobre él. Nos hubiéramos perdido un doble medallista olímpico y un doble campeón mundial de boxeo. Pero la influencia paterna jugó su partido, y así nació una historia que hoy protagoniza uno de los grandes boxeadores del momento.

Vasyl Lomachenko armó su carrera en función de lo que le enseñó su padre. De no ser por él, tal vez hubiera sido otra cosa; jugador de hockey sobre hielo, por ejemplo. Allá por los años ’90,  se crió en una Ucrania incipiente, que una vez determinada su emancipación de la vieja Unión Soviética, volvía a tener su independencia como Nación y el hockey era uno de los deportes más populares para una región donde el invierno y el frío dominan una buena parte del año.

Pero estaba la imagen del padre, entrenador de boxeo, y Vasyl, nacido el 17 de febrero de 1988, comenzó a desandar su camino.

Criado en la ciudad portuaria del mar Negro de Bilhorod-Dnistrovskyi, en el sur del país, ingresó al gimnasio a las cuatro, empezó a competir a las seis y luego tuvo una cantidad impresionante de peleas.

Fue papá Anatoly quien pulió y forjó sus características, hasta convertirlo en un formidable boxeador. Así trazó una carrera amateur descollante, con 396 victorias y un palmarés envidiable: Obtuvo la medalla de plata en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2007, logró la medalla de oro en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo de 2009, fue medalla de oro​ en el Campeonato de Boxeo Amateur del Mundo 2011, y lo más valioso y destacado: Ganó  la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 en la categoría pluma y la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en la categoría ligero. Ambas medallas quedaron grabadas en forma de recuerdo en sus antebrazos: en cada uno de ellos se tatuó los anillos olímpicos y la fecha de la conquista.

Toda una proeza, un récord difícil de igualar.

Toda esa campaña le permitió enhebrar una carrera profesional atípica; la inmensa experiencia que adquirió en el campo amateur lo condujo a un debut en el mundo rentado sin precedentes: debutó en un combate a 10 rounds, con la alternativa de pelear (en caso de conseguir la victoria), por el título del mundo. Sí, leyó bien. Nada de iniciarse con 4 rounds, a los suma 6. No; derecho a los 10 asaltos y en una suerte de eliminatoria para combatir por la corona mundial.

La empresa promotora Top Rank confió en él y le dio la oportunidad: un encuentro con el peligroso José Ramírez (25-3, 15 KO).  Entendió entonces, Vasyl Lomachenko que “parece algo raro pero estamos seguros de la determinación que tomamos;  sabemos por qué hago el debut a 10 asaltos e intentaré conquistar el título mundial en mi segundo combate. Tuve una larga y constante carrera amateur, no veo por qué no podemos hacerlo también como profesional. Será una buena pelea, he soñado con esta posibilidad durante mucho tiempo, estoy preparado. No quiero ser un boxeador más, quiero hacer mi propia historia”. Sus palabras denotaban total confianza para tan atípico debut.

Tuvo una presentación espléndida. En el Thomas & Mack Center, Las Vegas, Nevada, USA. La gente, la TV, la promotora…Un primer round dominante donde derribó al mexicano con un derechazo tremendo. Dominó los siguientes asaltos, y en el cuarto lo noqueó con una tremenda combinación y un uppercut de izquierda cuando faltaban pocos segundos para finalizar el round.

De ahí, a la chance por el título mundial pluma de la OMB ante Orlando Salido. Pero no iba a ser su noche. Salido perdió su corona al no poder dar el peso, subió al ring con una ventaja de 11 libras y mantuvo una pelea sucia, enredada que se llevó por decisión dividida. Una frustración para Lomachenko, que no se amilanó. Agradeció la oportunidad (“Hice lo mejor que pude, dí lo mejor de mí, gracias a todos por esta oportunidad”) y no se quejó de los jueces y el fallo: “No, no tengo nada que decir sobre el jurado. Yo soy un boxeador y mi trabajo es boxear. No opino de la tarea de los jueces”, le respondió a la cadena HBO sobre el mismo ring, apenas finalizado el combate. Ni tampoco se quejó de la tarea sucia de Salido: “No se si sus golpes bajos fueron intencionales, yo soy un boxeador limpio y hago lo mejor, pero sus infracciones no puedo juzgarlas. Tampoco tiene mucha importancia ahora eso”.

A los tres meses se presentó en StubHub Center, Carsson, California y derrotó al norteamericano Gary Russell Jr. Para conquistar el título mundial de los plumas en la versión de la OMB.

Hizo tres defensas del título pluma y el 11 de junio de 2016 se enfrenta al campeón mundial superpluma de la OMB, el portorriqueño Rocky Martínez por dicha corona, en el teatro del Madison Square Garden de New York

Una excelente combinación en el quinto round le dio la victoria al ucraniano. Un uppercut de izquierda para conmoverlo, hacer retroceder al portorriqueño, bajar la guardia y un fortísimo cross de derecha lo derrumbó para toda la cuenta. Un Knock out de aquellos. La hazaña estaba lograda; en muy poco tiempo había conquistado dos medallas doradas olímpicas y en tan sólo siete presentaciones como profesional, había ganado dos títulos mundiales.

“Estoy muy feliz por este triunfo –señaló a la TV a penas finalizado el match-  había trabajado muy duro en lo físico y en lo mental para llegar bien a la pelea por el título. Me preparé por mucho tiempo para llegar a esto.”

“En primer lugar tengo que agradecer a Bob Arum por darme la oportunidad; sin ella, no podría hacer historia, que es lo que quiero”.

En ese momento, lo convocaron al célebre promotor y sus palabras deberán ser muy escuchadas y tenidas en cuenta: “Vasyl Lomachenko es el más grande boxeador que tenemos hoy en día; es brillante. Si Muhammad Alí es el más grande de todos los tiempos, Vasyl Lomachenko es el más grande de nuestro tiempo; el más grande de hoy”.

El ucraniano había conquistado al mundo. Ese combate fue consagratorio.

Defendió la corona superpluma en Nevada, Maryland y California. Se mostró en una buena parte de Estados Unidos. Conforma y satisface a sus seguidores.

El 9 de diciembre de 2017 enfrentó al cubano Guillermo Rigondeaux  en el Madison Square Garden, el mítico escenario de New York.

Allí lo aguardaba un reto muy importante: un rival de renombre, de diferente estilo, con una buena historia también como amateur, y el deseo de tener una proyección profesional consagratoria.

Y tuvo una noche feliz, aunque no le sobró brillo. El cubano salió decidido en los primeros asaltos, pero cuando “Loma” leyó el combate que se presentaba, lo dominó, lo desbordó y apabulló hasta que Rigondeaux decidió no salir en el séptimo round.

El 12 de mayo volvió al Madison Square Garden para enfrentarse a Jorge Linares. Y alcanzó la gloria, porque la victoria le permitió llegar al Título Mundial Ligero de la Asociación Mundial de Boxeo. Un triunfo que tuvo su cuota de dramatismo: Si bien el europeo tomó el control desde el inicio, un recto de Linares lo derribó a Lomachenko, quien se vio por el suelo por primera vez en su carrera.

Sin embargo, se recompuso. Y retomó la andanada de golpes, coronada en el séptimo round cuando lo tiró con un violento gancho al hígado que le impidió a Linares continuar.

Otra noche de gloria para un hombre que suma títulos Mundiales con muy pocas peleas profesionales, que ha logrado tres cinturones con apenas 12 combates rentados, y que se ha convertido en una estrella de ésta época.

 

Hernán O’Donnell

El misterio de Alexis Argüello

Cuando le preguntamos al gran Oscar de la Hoya quien había sido su ídolo, su máximo referente en el boxeo, nos sorprendió con la respuesta. No es que no lo mereciera, pero imaginábamos nombres como Muhamadd Alí o Sugar Ray Leonard. Sin embargo su respuesta fue contundente: “Todos ellos han sido fantásticos boxeadores, pero mi ídolo siempre fue Alexis Argüello”. Un leve murmullo de sorpresa recorrió el salón del hotel del centro de Buenos Aires. Oscar hacía referencia a un boxeador notable, inmenso, muy grande, sí, que quizás no estuvo en esa galería imaginada de las 5 o 6 celebridades de todos los tiempos: Joe Louis, los mencionados MuhammadAlí y Sugar Ray Leonard, o Roberto Durán. Tal vez Marvin Hagler. Argüello fue un verdadero artista en el ring y un caballero fuera de él. En la década del ’70 y en los muy tempranos años ’80 fue uno de los pugilistas más cautivantes que quizás no fue apreciado en toda su dimensión.

Para un hombre como Oscar, que comenzó a boxear a los 5 años, que toda su familia está ligada al deporte y que vio a grandes campeones durante muchos años (hasta convertirse él en uno de los más grandes de la historia) nombrar a Argüello era toda una definición: ¿Cuan grande pudo ser Alexis para cautivar al joven de la Hoya? ¿Quién fue, entonces, Alexis Argüello, el ídolo de quien años más tarde sería uno de los ídolos más inmensos de este deporte?

Alexis Arguello nació en Managua el 19 de abril de 1952. Fue un boxeador completo, fino, elegante y agresivo. Lo llamaron “El flaco explosivo”. Sus inicios no fueron demasiado claros, pero el 23 de noviembre de 1974 tuvo su oportunidad y no la desaprovechó: en el Forum de Inglewood, en Los Angeles, California Alexis tuvo un muy duro combate con el mexicano Rubén Olivares, quien supo dominarlo y hasta el 13er round (en aquel entonces, los combates eran a 15 asaltos) llevaba ventaja en las tarjetas. Pero un gancho de izquierda de Alexis en ese 13er round envió al mexicano a la lona. Con mucha dificultad, logró levantarse y fue en busca del nicaragüense. Grave error. En el intercambio propuesto, un uppercut de Arguello lo envió a la lona de modo definitivo.

Alexis Arguello se consagraba Campeón Mundial Pluma de la Asociación Mundial de Boxeo.

Se iniciaba así una etapa de gloria y honor que lo llevó a conquistar tres Títulos Mundiales. Su figura creció y defendió su corona con cuatro éxitos resonantes.  El paso del tiempo le sugirió que era necesario subir de categoría: El 28 de enero de 1978 derrotó al portorriqueño Alfredo Escalera y logró su segundo título Mundial, en esta ocasión el de la categoría superpluma del Consejo Mundial de Boxeo. Fue una pelea sangrienta, dura, en la que se llamó “La Batalla de Bayamón”. Escalera le había hecho daño en un ojo, en la boca y la naríaz, pero Alexis acabó con él en el 13er asalto. En esta categoría tampoco tuvo rivales; uno a uno cayeron todos los desafiantes.

Su crecimiento físico lo condujo a subir de categoría; el 20 de junio de 1981 venció a Jim Watt en Londres, Inglaterra y se consagró Campeón Mundial Ligero también por el CMB.

El 3 de octubre de 1981, en Atlantic City, le ganó a Ray “Boom Boom” Mancini, en uno de sus triunfos más valorados, considerado por “The Ring” como el combate del año. Dos boxeadores en excelente forma y con un alto nivel de pugilismo sin amarres, sin cortes, con un boxeo franco y ofensivo. Era la gran pelea que el mundo esperaba y lo catapultó a Argüello a la galería de los elegidos.

Cuando llegó 1982 empezó el declive. Ese año cayó ante el estadounidense Aaron Pryor, lo que marcaría su inevitable declive. De ese combate quedó una sospecha de consumo de estimulantes por parte de Pryor. Este, para acallar las críticas, le ofreció el desquite y volvió a vencerlo.

La estrella de Arguello comenzaba a apagarse. Se alejó de los rings. Regresó en 1984. Se fue y volvió a combatir en 1995, con más de 40 años. Ya no era aquel boxeador letal ni los días de gloria lo acompañaban.

Las adicciones envolvieron sus días de retirada. Flaqueaba, caía y cuando parecía enderezarse, otra vez caía en el vacío de las drogas.

Se volcó a la política. Fue vice-alcalde de Managua entre 2005 y 2008. Comenzó a trabajar en proyectos sociales y deportivos, “quería devolverle al país algo de lo que el país le había dado”, dijo un tiempo después. El 9 de noviembre de 2008 gana las elecciones municipales y ese año asume como Alcalde de la Capital de Nicaragua. Pero las cosas no funcionaron como pensaba. Comenzó a tener divergencias con la gente de su partido, el Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) y no dejó de expresar en forma pública esas diferencias.

La madrugada del miércoles 1º de julio de 2009, Nicaragua despertó sacudida por la noticia triste, cruel, inesperada: Alexis Arguello, el Alcalde de Managua, el Gran Campeón Mundial de boxeo había muerto. Poco se supo entonces qué había sucedido. La Policía informó que la causa fue suicidio y poco tiempo después se archivó el expediente del caso. El informe oficial señaló que durante la investigación del hecho, se halló en su habitación un arma 9 milímetros que pertenecía a él, que tenía un solo disparo y presentaba las huellas digitales de Argüello. Al día siguiente, el jueves 2 de julio el director del Instituto de Medicina Legal (IML), Doctor Zacarías Duarte en una concurrida conferencia de prensa, anunció que el ex boxeador sólo presentaba un disparo a la altura del tórax. “No hay ningún signo que indique que haya habido violencia, que haya habido lucha o que haya habido defensa; su cuerpo está totalmente indemne de cualquier otro tipo de lesión”, dijo Duarte. Se informó que el disparo mortal se habría producido entre las 3 y las 3.30 am de ese día 1º de julio.

Una multitud lo lloró en su despedida el viernes 3 en el Palacio de Cultura. Sin embargo, algunas voces se levantaron para manifestar sus sospechas.  Dora Argüello, hija del célebre campeón, sostuvo y aún sostiene que no cree en la versión oficial. Que vio el cuerpo de su padre golpeado, con la cara marcada, como si hubiera sufrido una golpiza antes de morir. Con algunas fotos como prueba, la primogénita sostiene que tiene golpes en la cara, en un ojo, en el labio superior y una marca en un nudillo, debajo de un anillo, como si hubiera golpeado para defenderse. Para ella, a su padre lo mataron y responsabilizó al gobierno.

Varios testigos indicaron que se escuchó una detonación en su cuarto y sólo había un orificio de entrada y otro de salida. La mujer de Alexis confirmó en varios medios periodísticos la versión del suicidio. Pero los hijos creen otra cosa.

Las versiones se reprodujeron, contradictorias, durante todos estos años. Aún hoy se mantienen. El gran campeón fue llorado por una multitud durante los días posteriores a su fallecimiento. Y la discusión no se acaba. Hay quienes aún se señalan sus contradicciones con el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), su discrepancia con el partido, las contradicciones de representar al Frente alguien como él, que en su apogeo boxístico fue acusado de simpatizar con el gobierno de Anastasio Somoza. Otros comentan que sus diferencias con el orden cerrado del partido gobernante lo llevaron a una situación delicada, que pensaba renunciar a la alcaldía y ofrecer una amplia conferencia de prensa para aclarar todo.

Han pasado 6 años y poco se aclaró de la muerte de Alexis Argüello. Aquel flaco desgarbado, potente, lúcido, con una pegada durísima, aún es un enigma en su final. Pero también es el ejemplo de miles de nicaragüenses que ven a una figura estelar, humilde, trabajadora y exitosa. Se convirtió en la leyenda del deporte más importante de Nicaragua. Una leyenda que trascendió tiempos y fronteras. Y su fama aún crece. Hace muy poco tiempo, el entrevistador Larry King le preguntó a Floyd Mayweather con quien le hubiera gustado pelear, con que boxeador aunque ya hubiera fallecido. Y Floyd lo sorprendió con su respuesta: “Alexis Argüello” Ante el desconocimiento del reportero, “Money” le aclaró: “Era un luchador increíble. Un boxeador increíble”.

“El boxeo de mi época era más místico que el de hoy –dijo poco antes de morir- Nosotros nos preparábamos, tirábamos combinaciones: jab, recto derecha, golpe cruzado, uppercut, recto izquierda. Hoy se ven boxeadores con 3 golpes: jab, recto y gancho. Jab, recto y gancho…”. En esa nota hablaba de sus proyectos sociales, del fomento del deporte, del boxeo de cada época. Todo tuvo un abrupto final.

Nicaragua aún lo llora, pero también lo venera. Como aquel muchachito, Oscar de la Hoya, que en su camino triunfante en el boxeo lo vio como un faro que iluminaría su camino.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

¿Que fue de la vida de Richie Kates?

Cuando Richie Kates celebraba su cumpleaños número 23, en la ciudad de Johanesburgo,  Sudáfrica, muy lejos de la Bridgeston que lo vio nacer en el estado de New Jersey, no podía imaginar que al día siguiente iba a enfrentar el combate que cambiaría su vida.

No podía saber que enfrentaría una batalla dura, épica y sangrienta en la cual no sólo saldría derrotado, sino que su carrera deportiva tomaría un rumbo errático, sombrío, lleno de sobresaltos.

Hasta entonces, era un semipesado que había trazado un largo y sacrificado camino, pero rodeado de éxitos con un record de 32-1; ganó sus primeros 18 combates con 13 KO’s, hasta que Eddie Owens lo derrotó por KO 7 en el ya lejano 11 de octubre de 1972 en Philadelphia. Luego de esa caída, continuó con su brillante carrera e hilvanó 14 triunfos consecutivos, para llegar a ese célebre enfrentamiento del 22 de mayo de 1976.

Todo era optimismo en el día previo. El cumpleaños, el record positivo, el entrenamiento realizado y el gran sueño de estar ante la chance de pelear por el título Mundial Semi-Pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA). Tenía claro que enfrente había un gladiador argentino, un guerrero del ring. Pero se sentía confiado. El hombre que lo han inscripto como nacido un 21 de mayo de 1951, aunque luego se dijo que en realidad había nacido en 1953 y le adelantaron dos años para que sea profesional a la edad de 16 años (“Creo que fue una decisión equivocada”, le dijo a la página boxing.com, un tiempo después), criado en los barrios bravos de New Jersey, había tenido una buena preparación como amateur, con un interesante record de 57-4, y se sostenía en su larga experiencia; era joven aún, pero acumulaba muchos rounds en su carrera.

Además, llegaba con un gran antecedente: su triunfo ante Pierre Fourie en el mismo Rand Stadium de Johannesburgo fue de lo mejor recuerdo de Kates en Sudáfrica. Esa victoria lo puso en línea para una oportunidad frente a Galíndez, pero el norteamericano siempre  recuerda con mucha alegría la ovación de la gente y el  cariño que recibió de la población negra que había sido apretujada en un área restringida del estadio.

Sin embargo, esa no iba a ser su noche. Con una gran preparación y un cuidado plan de pelea, Kates asumió que estaba ante la oportunidad de su vida. “Salí decidido y gané los primeros 3 rounds”, recordó Kates un tiempo más tarde. “En el tercero lo corté y cuando el árbitro lo acompañó a la esquina, pensé que había ganado”, agregó. “Galíndez se dio vuelta y el árbitro lo acompañó a la esquina. Pensé que había ganado el título, pero no. Permitió que lo atendieran por 30 minutos”, exageró el entonces retador.

“Galíndez se quejó de un cabezazo, pero lo cierto es que lo golpee con un gancho de izquierda y lo lastimé”, señaló Kates. Y en una nota concedida a Carlos Irusta, allá por mayo de 1991, para la Revista El Gráfico, amplió un poco más la situación: “Hubo un roce con la cabeza, pero también el golpe existió. Y se produjo el corte más grande que vi en mi vida. Me di cuenta de que la pelea no podía seguir. Vi como Galíndez se dio vuelta, quejándose del dolor(… ) Galíndez no quería seguir peleando, Lectoure ganó esa pelea…”, declaraciones que se reproducen en el libro “El sendero del guerrero”, de Carlos Irusta.

Pero estaba escrito que no sería, esa, su noche. El campeón Galíndez curó, de modo parcial, su herida y volvió al ruedo como un toro embravecido. Y dio pelea aunque la sangre que derramaba su ojo le impedía ver con claridad y recurría a la camisa del árbitro Christodoulou para limpiarse.

En el último round Galíndez lo derriba y logra el KO. El equipo de Kates insistió, siempre, en que el combate fue detenido cuando restaba un segundo para terminar el 15º y último asalto. Y creen que superaron el conteo.

“Muchas cosas sucedieron esa noche; aún lamento como no pude conseguir el título, aunque a los ojos de mucha gente, me vieron como a un campeón. Creo que hubo cosas que no pude capitalizar”.

Lo cierto es que a partir de allí, su carrera, hasta entonces intachable, se vio alterada y ya nada fue lo mismo. “Nunca más volví a ser el boxeador que era después de esa primera pelea frente a Víctor Galíndez”, afirmó Kates. “Siempre sentí que en ese combate se había cometido una gran injusticia y nunca pude dejarlo atrás”.

Y así comenzó un declive que le impidió llegar a lo más alto. Incluso tuvo una nueva oportunidad ante el argentino un año más tarde, en Roma, Italia el 18 de junio de 1977. Pero Richie Kates no discute el resultado de ese segundo pleito. “Yo estaba lento y no hice lo necesario para ganarle al campeón”, explicó. “Galíndez era un boxeador muy  duro y tenías que dejar todo para poder vencerlo. Yo no hice tanto como debería haberlo hecho en esa pelea, y no merecí la victoria.”

De a poco, el público argentino se olvidó de él. Ya nadie supo que fue de su vida, como siguió su carrera, con quienes se enfrentó, de que forma continuó en el boxeo…ya nadie en la Argentina habló de él. Nadie supo que esa noche marcaría su rumbo y su destino; que su sendero continuó lleno de sobresaltos. Comenzó a alternar victorias con derrotas. Algunas, en grandes combates, como el que perdió ante Matthew Saad Muhaamad quien lo venció en Philadelphia.

En el año 1979 se midió ante James Scott, un muy buen boxeador que purgaba una condena en la prisión estatal de Rahway, en el estado de Nueva Jersey y allí mismo se celebró el combate. Y perdió una vez más, ante un pugilista que estaba encarcelado pero era, para muchos, el mejor del momento.

Entre idas y vueltas, triunfos y caídas, le llegó el momento del retiro. Sucedió el 26 de octubre de 1983, en el Sands Hotel Casino de Atlantic City, con un triunfo frente a Jerry Martin. Era el momento del adios. Luego preparó boxeadores en el departamento de correccionales de Nueva Jersey, formó una hermosa familia y se recluyó en Vineland, New Jersey y aún sigue ligado al pugilismo.

El público argentino poco supo qué había sido de su vida; para ellos, ya hacía rato que formaba parte de los recuerdos; añoranzas que para él también quedaron sepultadas en aquella mítica noche del 22 de mayo de 1976, donde protagonizó un combate duro, sangriento y dramático, del que nunca más se pudo recomponer.

 

Hernán O’Donnell

(Publicada en Revista Ring Side)

Una leyenda llamada Bernard Hopkins

Dolió mucho verlo caer así. De un golpe, un zurdazo violento que lo sacó del  ring, abatido, con una derrota dura por la vía del Knock Out, que nunca había sufrido en su carrera. La catarata de golpes de Smith y el peso de la juventud resultaron demasiado para el veterano Bernard Hopkins, Rey de los Medianos durante una década, hombre récord de defensas exitosas cuando llegó a las 20…dolió mucho ver el final tan categórico, superado y lejos de lo que fue su trayectoria. Pasó más de un año, pero es buen momento para repasar la trayectoria de un gigante que paseó su fiereza por los rings de todo el mundo.

Atrás quedaron los días difíciles del comienzo, la infancia dura y los delitos cometidos. Muy lejanos en el recuerdo se perdieron los tiempos confusos, donde la violencia lo dominaba y la cárcel fue su destino cuando apenas contaba con 17 años y nada hacía prever la carrera que desarrollaría. Parecía que la delincuencia y la marginalidad serían su destino.

Luego vino la conversión religiosa y su apego al boxeo para darle un vuelco a su vida. El muchacho de Philadelphia encontró en el deporte una salida a la vida ilegal y una entrada a momentos de gloria y éxitos.

Así pasaron adversarios de renombre: Danny Mitchell, Wayne Powell, Roy Jones Jr, Felix Trinidad, Carl Daniels,  Oscar de la Hoya, Jermain Taylor, Joe Calzaghe…

Supo hacerse un nombre grande entre los medianos y los medio pesados; un hombre que construyó un recorrido impecable durante décadas y se metió en la galería de los grandes de todos los tiempos. Su estilo defensivo, eficaz, habilidoso y contragolpeador, moldeó un pugilista ganador, destacado por su capacidad estratégica y experiencia para manejar los combates, con los amarres y el corte de ritmo de cada combate.

Armó un camino lleno de victorias, que lo llevaron a batir todos los récords de defensas. Y para convertirse en el boxeador campeón del mundo más longevo.

Lo dicho, una carrera para enmarcar y para destacar.

Toda una película con un final indeseado y doloroso. Dos años atrás, había caído ante el ruso Sergei Kovalev y ese parecía el final del ciclo. Pero hubo más, y fue un verdadero desencanto. Porque la trayectoria se veía diáfana hasta este sábado 17 de diciembre de 2016, cuando se topó con Joe Smith Jr y arribó el desenlace que ya es parte de la historia del boxeo.

Caer fuera del ring es algo que puede suceder. Le pasó a Hopkins como les sucedió a muchos otros antes (desde el recordado Dempsey cuando Firpo lo “voló” del cuadrilátero hasta Tommy Hearns cuando lo desbordó Sugar Ray Leonard y Tommy quedó con más de medio cuerpo afuera en el 13er round del primer combate entre ambos, el 16 de septiembre de 1981)  y le pasará a muchos pugilistas en el futuro. Pero esta caída fue espectacular y dramática, pues pudo haber tenido consecuencias peores de las que tuvo, mucho más graves. Hubiera sido una tragedia imperdonable, para un hombre que está en la pasarela de los más grandes de esta actividad.

Además de ese derrumbe, la imagen  del match es lo que queda en la retina y en la memoria. Deslucido Hopkins, sin poder detener los avances de Smith Jr, sin su conocida versatilidad defensiva, sin poder dominar los ataques y con mucho castigo sufrido.

Hopkins quiso seguir hasta donde pudo. Intentó ganarle al tiempo. Subió al ring con 51 años y buscó un último combate que le permitiera cerrar la historia con un final feliz. Lógico, es tan difícil decirle adiós a la profesión (cualquiera sea ella) y más a una que regala aplausos y es bien recompensada en lo económico. Es muy difícil llenar el vacío luego de alejarse de los escenarios y las grandes ovaciones. Y es fácil criticar cuando no es uno mismo el que vive esa situación.

El pugilista vive de la retribución económica, pero también del reconocimiento del público. En los rings y en la calle. Y alejarse de esa repercusión no es sencillo. Para nadie lo es. Y para nadie que le tocara vivirlo, lo sería. Hay que comprender esto. Y también entender que es difícil retirarse cuando uno se siente pleno, aún joven y con ganas. Aunque haya más jóvenes que aparecen, y tienen más fuerza, más velocidad, más resistencia. Mientras sentimos que podemos, seguimos. Esto es así. Hopkins sintió que podía. ¿Por qué habría de irse?

La última pelea le mostró una realidad, que hasta que no nos pasa, no la aceptamos. O no la queremos ver. O, sencillamente, no la vemos. A todos nos sucede. Tuvo que venir un joven con nuevas luces para comprobar que el tiempo había pasado.

Bernard Hopkins tuvo una historia fantástica, llena de éxitos y grandes. Nada la empañará. Ni siquiera esta caída conmocionante y espectacular que una noche de diciembre le anunciaba que su tiempo había finalizado.

 

Hernán O’Donnell

Terence Crawford, el nuevo ídolo de América

El juego de dados transcurría en calma; como toda competencia lúdica, cuando el dinero está en juego y el alcohol levanta temperatura y caldea los ánimos, el ambiente empieza a transformarse, y la serenidad le deja lugar a una atmósfera más espesa, donde el aire se vuelve tenso y cualquier chispazo es una excusa para alterar los ánimos.

En ese mundo estaba Terence Crawford, en pleno juego de dados cuando una bala fue directa a su cabeza, rozó su cráneo y rebotó. Pudo ser el final, pero el hombre está hecho de sangre y coraje, y se subió enseguida a su automóvil para ir a un centro hospitalario a hacerse atender.

“En el año 2008 me pegaron un tiro en la cabeza, tras un juego de dados. La bala rebotó en mi cráneo y cayó. La ventana modificó el recorrido de la bala, que giró en lugar de ir derecho y me subí al auto y conduje hasta el hospital, no me iba a quedar quieto” recordó un tiempo después.

Ya había hecho su debut profesional y contaba con unas cuatro peleas. Pero ese altercado, en medio de los códigos nunca del todo claros del mundo pandillero lo hizo reflexionar.

Pudo ser el fin. Pero, fue el principio de todo. “A partir de allí, la vida ha sido muy buena conmigo”, aseveró. El camino sería algo similar a un sendero de rosas, con espinas por supuesto, pero lleno de éxitos, que lo llevarían a un sitio reservado para elegidos.

Su carrera amateur fue corta y sin mayores distinciones, pero el camino profesional que se abrió a partir de ese incidente fue más que interesante.

Debutó el 14 de marzo de 2008 y noqueó en el primer round a Brian Cummings en una presentación estelar en el Athletic Club de Denver, Colorado. Admirador de Sugar Ray Leonard y el propio Floyd Mayweather, comenzó a delinear un estilo propio, sin un entrenador fijo en su esquina. “Tengo un entrenador para los movimientos de piernas, otro para los golpes de ataque, otro para la defensa. Creo que es lo más conveniente. Si tienes un solo entrenador, se le pueden perder muchas cosas” afirmó con naturalidad. Las variantes fueron una característica en su carrera. Siempre se mantuvo en el B&B Boxing Academy en Omaha, Nebraska. “Siento que aquí estamos todos en el mismo camino; cada entrenador merece una oportunidad y yo creo en ellos como ellos confiaron en mí”, explicó sobre su permanencia en su ciudad natal.

A partir de aquel debut, enhebró una serie de victorias que no se interrumpieron aún. Cuando llegó a su triunfo número 20, ante Breidis Prescott en Las Vegas, el mundo empezó a posar los ojos sobre él. Había logrado una victoria importante, en una cartelera llamativa y en una ciudad boxística por excelencia. Hasta ese momento, sus victorias se encadenaban en silencio, lejos de las grandes luces y los célebres escenarios.

Eso fue en 2013; al año siguiente consiguió su primer título Mundial: fue en Glasgow, Escocia, ante el local Ricky Burns y obtuvo el título Mundial ligero de la Oragnización Mundial de Boxeo (OMB).

En su primera defensa noqueó al boricua Yuriorkis Gamboa, y ya las primeras planas comenzaron a ocuparse de él.

En 2015 vence a Thomas Dulorme y obtiene el Título Mundial Superligero de la OMB; sería el primero de los cuatro, lo que lo ubicaría en un pedestal difícil de alcanzar. En esa actuación lució veloz, fuerte y muy eficaz en los contragolpes. Cada intento de Dulorme era replicado enseguida con combinaciones muy bien elaboradas.

Comenzaría aquí la seguidilla que lo encumbraría en lo más alto del orden internacional. “Bud” Crawford se metería en las grandes carteleras y desafiaría récords que lo llevaran a donde se ubica hoy: en la cúspide del boxeo internacional.

Luego de dos defensas, vendría una de sus más resonantes victorias: ante el ucraniano Viktor Postol, quien había logrado un gran triunfo ante Lucas Matthysse y se había consagrado ante el gran público.

“Bud” se tomó muy en serio ese desafío: “Es un honor pelear en Las Vegas, una ciudad de tantas peleas históricas, y tantos pugilistas que dejaron su firma. Siento la misma emoción que sentí cuando me presenté en el Madison Square Garden. Me gané esta posibilidad. Trabajé mucho para obtenerla, pero debo estar muy concentrado para poder ganar”, afirmó cuando llegó el momento del combate.

Esa noche ante Postol, Crawford conquistó el título Mundial Superligero del Consejo Mundial de Boxeo, sumándolo al que ya tenía de la OMB, y también logró el de la Revista The Ring.

Fue una actuación consagratoria, ante un oponente de jerarquía que dejó el invicto en ese combate. Fue inteligente para el planteo, se movió con rapidez y supo armar los contragolpes. Tuvo por el suelo al europeo en el quinto asalto y se llevó el pleito por decisión unánime.

Pero no se detendría allí el camino ascendente. Todavía habría más escalones para ascender. Luego de dar cuenta de John Molina Jr y Félix Díaz, la prensa especializada internacional lo llenó de elogios. Lo subieron muy rápido a la galería de los mejores libra por libra y reclamaron gustosos un enfrentamiento con Manny Pacquiao.

Sin embargo, Crawford les tendría reservada una sorpresa. Tenía una noche más para gritar un nuevo record. Sería una noche consagratoria: el 19 de agosto pasado ante Julius Indongo sumaría a los dos títulos que tenía, dos cinturones más: el de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y el de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Cuatro cinturones de una categoría. Hay que retroceder hasta la época de Bernard Hopkins para encontrar una maravilla semejante.

“Me siento muy afortunado de llegar a esta posición”, señaló Crawford, tras ese combate. “Le agradezco a Bob Arum y Top Rank. Siento la bendición y la humildad de ser el campeón indiscutido del mundo. Significa todo para mí. Soy el único que puede decir que es el campeón indiscutido del mundo, y eso es grandioso. Ningún boxeador puede afirmar que no tiene rival en su división de peso”.

Pero no se quedó en esas declaraciones. A poco de vencer, se dirigió al “Nebraska Medical Center”, uno de los hospitales más renombrados de su tierra natal, para visitar a enfermos y brindarles un mensaje de esperanza y motivación, que le valió el reconocimiento de las autoridades.

Esas victorias le llenaron de elogios tras un 2017 plagado de éxitos. La revista Forbes, en su versión digital, lo consagró como el boxeador del año. Unificó la categoría welter junior, agotó entradas, fue un caballero fuera del ring, se perfila para ser la estrella de 2018. Todos los argumentos que estableció la publicación para destacarlo.

El triunfo ante Díaz, ex medallista de oro olímpico, fue determinante. Y si bien los cronistas de la publicación tienen muy en cuenta a Vasyl Lomachenko, el peleador de Nebraska se ha ganado un sitio de privilegio.

También lo elogió el gran Floyd Mayweather, tanto que sobre el fin del año 2017 afirmó que era el mejor libra por libra: “Para mí, no hay dudas”, dijo Mayweather. “Es el mejor libra por libra; me recuerda a mí cuando era joven. Es un infierno de boxeador”, completó.

También la Organización Mundial de Boxeo (OMB) supo distinguirlo, y lo destacó como el peleador del año. En la jornada final de la 30 Convención Anual de la entidad, que se desarrolló en un crucero por el Caribe, le dieron la distinción.

Crawford recibió la placa de manos del portorriqueño Francisco “Paco” Valcárcel, presidente de la OMB, y anunció que pasaría a las 147 libras. Así sería el primer retador del australiano Jeff Horn, en una pelea que le abre un nuevo camino.

Crawford está ahora primero en el ranking, y Pacquiao que bajó al segundo lugar parece más volcado a su carrera política y su oportunidad de ser electo Presidente de Filipinas, que a las novedades boxísticas.

Un desafío que lo tienta y ve accesible: “Jeff Horn hizo lo que correspondía para derrotar a Gary Corcoran, pero yo soy distinto. Tengo más rapidez y pegada. La historia será diferente. Creo que seré más fuerte y más grande que en mi categoría anterior. Vengo de un gran año, con triunfos importantes ante Díaz y Julius Indongo, y el 2018 lo espero con muchas ganas, creo que va a ser un año exitoso. Creo que mejoro cada vez que subo al ring y que seguiré por ese camino”, afirmó Crawford.

Ese es el reto que le espera a ahora a Terence Crawford. Poder doblegar en las opiniones esa “batalla” dialéctica que lo enfrenta con Vasyl Lomachenko. Porque el ucraniano ha tenido un año formidable, ha logrado resonantes triunfos y acabó con una amenaza latente llamada Guillermo Rigondeaux.

 

Será para Bud el gran desafío. Poder establecerse como el mejor libra por libra. En las 140 ya demostró que no hubo oponente que pudiera destronarlo. Y todavía puede crecer aún más. Subir de categoría es una posibilidad y un desafío. Ir a las 147 libras, donde aparecen figuras de la talla e importancia de Keith Thurman, o Danny García, es algo que se presenta como una nueva motivación.

Es lo que le depara el año nuevo que se inicia; un camino duro, pero atractivo. Un desafío para un valiente. Un duro con el corazón de oro, un hombre que siempre tuvo un gesto para los más necesitados, que descubrió valores en Africa, que sobrevivió a un duro ataque, que se acercó a su comunidad, que estuvo cerca de los enfermos y convalecientes, que donó pavos para las fiestas, que logró el reconocimiento de las autoridades, que fue varias veces candidato a boxeador del año, que no ha parado de crecer…

Terence “Bud” Crawford no teme. Al contrario, el hombre que batió los récords de audiencia televisiva, que despertó al público norteamericano y encendió una nueva esperanza, cree que lo mejor de su repertorio está por venir.

 

Hernán O’Donnell

Miguel Cotto, un guerrero se despide de los cuadriláteros

Nada puede ya empañar su dorada carrera. Ni siquiera esta derrota ajustada, discutida, ante Sadam Alí, en una noche de grandes luces en el mítico escenario del boxeo internacional, el Madison Square Garden.

La última función de Miguel Angel Cotto fue una caída controvertida, donde los jurados fallaron 115-113, 116-112 y 115-113.

Fue el cierre de una magnífica trayectoria, el boricua aceptó con respeto e hidalguía la decisión y tal como lo hizo segundos antes de iniciar la última función, en unos segundos se le atravesaron todos los años de gloria que vivió en el pugilismo. Una carrera jalonada de victorias (41 -33ko-, 6) que lo llevaron a obtener cuatro títulos mundiales, en la que se midió con todos los grandes nombres de la época y donde se presentó fue garantía de buen boxeo.

En su biografía se revela que en verdad nació en Providence, Rhode Island, Estados Unidos el 29 de octubre de 1980, pero muy pronto su familia regresó a Caguas, puerto Rico, de donde era su padre, y quedó emparentado como boricua de modo definitivo.

Estimulado por su hermano José, su primo Abner y su tío Evangelista, muy pronto el joven Miguel se metió en un gimnasio y comenzó su carrera pugilística; su padre también había sido boxeador. En un documental de la cadena HBO (a la que siempre se mantuvo fiel en toda su trayectoria) confesó que a los 11 años se veía gordo, y como su hermano practicaba boxeo, empezó con esta actividad para bajar de peso. Le tomó el gusto y sentenció: “Hice del boxeo, mi vida”

En 1999 concurrió a los juegos panamericanos de Winnipeg y un año más tarde se presentó en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Siempre en representación de Puerto Rico.

Al año siguiente haría su debut profesional, entrenado por su tío, Evangelista. Era una época floreciente del boxeo de Puerto Rico, en la que Félix “Tito” Trinidad convocaba multitudes y era muy querido por su gente, por su condición de exitoso y su simpatía fuera del ring. Cotto, con otra personalidad, continuaría el legado deportivo. “La gente entendió que yo era de una manera y no iba a cambiar”. Con el tiempo, se ganó el cariño de la gente de su isla.

En su decimocuarta pelea ganó el Título Internacional Superligero del CMB. Y en el año 2004 le llegaría su primera oportunidad por el Título Mundial Superligero de la OMB, ante el brasileño Pinto a quien derrotó por KOT6.

Ahí empezó una larga, fructífera y exitosa carrera, donde los rivales se superaban en nombres y Cotto no evitó a ninguno. Su golpe más agresivo era el gancho de izquierda y lo complementaba con un muy buen boxeo, lo que le permitía sumar victorias.

Defendió la corona en 6 oportunidades, ante adversarios calificados: Demarcus Corley y Paulie Malignaggi fueron algunos de sus oponentes. Ante este último cerró su campaña en esa categoría con una victoria por fallo unánime en el Madison Square Garden. Antes había ya recorrido escenarios de renombre como el Mandalay Bay Events Center, el MGM Grand Graden Arena, ambos de Las Vegas, o el Boardwalk Hall de Atlantic City, y el Madison por supuesto…

En octubre de 2005 visitaría a la Argentina. Para ser precisos, su paso por Buenos Aires estuvo casi todo dedicado al Club Atlético River Plate, del cual se declaró hincha. Tuvo un almuerzo con los dirigentes, brindó una conferencia de prensa en el salón de honor de la institución y asistió al Superclásico ante Boca Juniors jugado el domingo 16. Siempre enfundado en una camiseta del equipo de la banda roja.

“Soy amigo de Steven Álvarez, quien es el presidente de la filial Puerto Rico de River y hace unos años se acercó a mí para que lo ayudara. Luego se  transformó en algo más importante, y lueho me convertí en un hincha más de River”, explicó en su momento.

“La verdad es que yo no entendía nada de fútbol hasta conocer a River. Ahora sigo los partidos del equipo a través de  las transmisiones por cable que llegan a Puerto Rico”, agregó.

En realidad, no era la primera vez que visitaba el país. Ya había estado en dos ocasiones. Había estado en 1998 para disputar el Campeonato Mundial Juvenil Sub 19, y luego, dos años más tarde,  tomó parte del Pre-Olímpico en el que consiguió su clasificación a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

En diciembre de 2006 ganó el título Mundial Welter de la AMB ante Carlos Quintana.

Luego de las defensas ante los afamados Zab judah y Shane Mosley, perdería el título en una muy controvertida pelea frente a Antonio Margarito. Aquel KOT en el 11º asalto quedó marcado por una gravísima denuncia de irregularidades en los guantes de Margarito: Se descubrió que las vendas de sus manos tenían los elementos primarios para la creación de “plaster of Paris” (yeso). El pedido de la revisión de las vendas había sido hecho por el equipo de Shane Mosley, quien iba a hacer la pelea posterior. Se creyó que Antonio Margarito había usado este yeso como elemento ilegal en las vendas, en el combate que le ganó a Miguel Cotto. A Margarito se le suspendió la licencia de boxeador por un año. Y el boricua dejó el invicto luego de 32 triunfos consecutivos.

Para Miguel Cotto fue uno de los momentos más duros de su carrera. Tardó mucho en recuperarse; las heridas y los golpes fueron tremendos. Incluso su mujer recuerda los meses posteriores a ese combate y como debían levantarlo para hidratarlo y todo lo que costó la rehabilitación.

Pero el orgullo siempre fue un motor muy importante en su vida y apelaría a él para recuperarse y seguir adelante.

El 21 de febrero de 2009 alcanzó su tercer título, el de los pesos Welter  de la OMB tras vencer a Michael Jennings. Y tras una defensa, vendría otra caída, esta vez ante el célebre Manny Pacquiao.

Fue derrota por KOT 12, pero la claridad que mostró el filipino fue muy marcada a lo largo del combate; el propio Manny dijo un tiempo después que fue su mejor versión, uno de sus mejores encuentros. Para Miguel, aún se pagaban las consecuencias del castigo excesivo e ilegal sufrido en la pelea ante Margarito.

A partir de allí, el boricua buscaría recomponer y relanzar su carrera.

En 2010 venció a Yuri Foreman en el mítico Yankee Stadium y obtuvo el título Superwelter de la AMB. Lo defendió ante Ricardo Mayorga y en diciembre de 2011 tuvo el ansiado desquite ante Antonio Margarito.

“Margarito es un criminal porque usó una herramienta antirreglamentaria contra otra  mí. Estoy 100% convencido que uso ese yeso. Esta vez, la historia será diferente y la pelea será distinta. Margarito es una vergüenza para el boxeo y acabaré con él”, afirmó en las horas previas en un claro mensaje lleno de rencor y sed de revancha.

Lo cierto es que Margarito venía muy golpeado de una reciente pelea (y derrota) ante el gran Manny Pacquiao; se le cerró el ojo derecho muy rápido y no pudo continuar luego del noveno round, ya que el médico y el árbitro no le dieron el pase.

Cotto había tenido su desquite, aunque los fans del mexicano aún creen que podía seguir y ganar, pero que pagó muy caro las consecuencias de la pelea frente al filipino Pacquiao.

“Quería mostrarle a la gente que lo que había sucedido en el primer enfrentamiento no fue leal; y no había mejor lugar que hacerlo en un estadio tan ligado a mí, como el Garden”, comentó a HBO.

El 5 de mayo de 2012 llegaría el gran desafío: ante Floyd Mayweather en el MGM Grand Arena de Las Vegas, Nevada. Un estadio colmado, una plaza emblemática y el boxeador del momento enfrente, favorito absoluto en todas las encuestas. Floyd llegaba con un impactante récord de 42-0 y entre sus derrotados figuraban nombres de la talla de Demarcus Corley, Arturo Gatti, Zab Judah, Carlos Baldomir, Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Juan Manuel Márquez, Shane Mosley y la controvertida definición ante Víctor Ortíz.

Sin embargo, Cotto sorprendió con un plan de pelea ofensivo, veloz y donde pudo durante varios pasajes, tener el control de la acción. El segundo y el quinto fueron de él; En el sexto round conectó sus mejores golpes y tuvo su momento de la pelea, que era muy equilibrada hasta el octavo round (donde volvió a dominar el boricua), pero a partir del noveno (round cerrado y difícil de evaluar), Floyd se adaptó mejor, Cotto ya no lanzó tantos golpes ni combinaciones y  prevaleció Mayweather para llevarse los últimos tres asaltos y el combate.

Cotto no quiso hablar tras la pelea, pero no puede discutirse el triunfo de “Money”; Miguel ganó el 5, 6 y 8. Aunque se discuta el 2 y el  9, todos los demás rounds fueron para Mayweather que estuvo muy cerca de sacarlo en la última vuelta.

Pero la imagen que dejó el portorriqueño fue muy buena, uno de los que mejor pelea le hizo al imbatible Mayweather.

Después perdió con Trout, y las dudas aparecieron en la mente de Cotto; sentía que debía comenzar de nuevo, reordenarse, reencontrarse, y convocó a Freddie Roach, el célebre entrenador, para ordenar las ideas y reemprender el camino.

“Me llamó y me dijo ‘Freddie, me quedan unas tres peleas por hacer, ¿puedes ayudarme?’”, comentó Roach en el documental. Aceptó de inmediato y enseguida se produjo muy buen entendimiento entre ellos. A Roach le gustaba la contracción al trabajo de Cotto, y su primera recomendación fue volviera a usar el gancho de izquierda, porque lo consideraba su mejor golpe.

Ante Sergio “Maravilla” Martínez tuvo una noche plena. Fue en el Madison, el 7 de junio de 2014, cuando apenas faltaban unos días para el inicio de la Copa del Mundo de la FIFA-Brasil 2014 y el público argentino empezaba a ilusionarse con el Mundial…

Martínez no estaba en su plenitud física y la victoria de Cotto fue indiscutible.

En 2015 se midió con el ascendente Saúl “Canelo” Alvarez, quien venció por fallo unánime: El “Canelo” tuvo palabras de elogio y valor para Cotto, quien no esquivó enfrentar a los mejores del momento. Roach creyó que Cotto vencería en una revancha, pues lo vio mejor en la primera.

Más allá de la controversia, Canelo tuvo palabras de respeto y admiración por su adversario: “Le diste mucho al boxeo, y te deseo lo mejor para tu vida. Ahora llegó el momento para disfrutar todo lo que hiciste por el deporte y  todo lo que el boxeo te ha dado. Fue un gran honor compartir el ring contigo. Aprendí mucho de esa pelea. Fue un honor”.

El combate final lo tuvo con Sadam Alí, nada sencillo por cierto, decidió cerrar la ventana ante un adversario joven, potente y en ascenso. Fue dura, difícil, y con un resultado adverso. Pero nada puede empañar su brillante trayectoria.

En todos estos años de dedicación exclusiva al boxeo, Miguel Cotto supo encontrar el tiempo y el espacio para formar una familia ejemplar, que lo acompañó siempre y estuvo en las buenas y en las malas. Sacrificó cumpleaños, fiestas de graduación, eventos familiares, todo por el boxeo. Y su familia siempre lo apoyó: “Es tiempo de darle todo a ellos; ya no quiero perderme cosas”, dijo con la emoción y la tranquilidad del deber cumplido tras casi veinte años de darle su vida al boxeo.

 

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Key Biscayne, Florida, USA)

   

Sangre irlandesa

El boxeo moderno tuvo su origen en Inglaterra, hacia el siglo XVIII, a puño limpio y con unas pocas reglas fundamentales que se mantuvieron hasta 1838. De a poco, se sumaron algunos puntos que modificaron el reglamento original: Duración de las peleas, utilización de guantes acolchados, elevación del ring para que los auxiliares no ayudaran a levantarse al caído.

Podremos profundizar la historia, detallar cada uno de los aspectos reglamentarios, ser puntillosos en cada detalle y precisos en las fechas. Pero lo que esta nota les va a contar es que detrás del origen de este deporte en Inglaterra, hubo (y hay) otra historia: la de la Sangre Irlandesa, esa que fluye en la isla que domina Dublín y se enfrenta al Reino Unido, en un combate eterno, que divide a la República de Irlanda de su vecino poderoso.

La sangre irlandesa se vio reflejada en heróicos boxeadores nacidos en esas tierras o de lazos muy familiares. Y la emigración hacia otras lugares, sobre todo Estados Unidos, hizo que la pasión por el boxeo se desarrollase. Irlandeses inmigrantes llevaron el box que conocieron en las islas a Norteamérica. Y una larga lista de ellos marcó la historia del boxeo mundial.

Uno de los pioneros fue Paddy Ryan, quien nació en in Thurles, Tipperary, República de Irlanda, el 14 de marzo de 1851. Llegó a ser Campeón del Mundo en mayo de 1880 cuando le ganó el título a Joe Goss. Y perdió la corona el 7 de febrero de 1882 ante el célebre John L. Sullivan. Nacería, allí, una leyenda, una celebridad que se mantiene hasta nuestros días.

John L. Sullivan, hijo de Michael Sullivan y Catherine Nelly, dos inmigrantes irlandeses, nace en Boston, Estados Unidos el 15 de octubre de 1858. Fue un mito del boxeo. El último campeón a puño descubierto. Un hombre que realizaba combates de exhibición y por el dinero que podían ofrecerle. Que tuvo una victoria memorable ante Jake Kilrain, que duró ¡75 rounds! cuando la esquina del contrincante decidió el retiro, en la última pelea que se realizó sin guantes.

Había llegado el tiempo de la gloria para un hombre que, hasta el momento de su encumbramiento en el boxeo, parecía destinado a ser un jugador de Baseball.

Luego, los excesos, los placeres y el alcohol mermaron su físico, hasta llegar a perder su título cuando cae frente a James Corbett en 1892.

Para los argentinos decir Jack Dempsey es algo así como decir Luis Angel Firpo. O El Combate del Siglo. Lo cierto es que este hombre que salió vencedor aquella noche del 14 de septiembre de 1923, había nacido en el estado de Colorado de Padré irlandés y madre inglesa. Su reinado duró hasta que se topó ante otro americano de orígen irlandés: Gene Tunney lo venció en septiembre de 1926. Era hijo de irlandeses John Lydon Tunney y su esposa Mary habían llegado de Irlanda en busca de construir un futuro mejor.

James Braddock también era hijo de inmigrantes irlandeses. Nacido en Nueva York, su historia fue muy conocida a partir de la película que refleja su vida: “Cinderella man”,

el hombre cenicienta. Su campaña en el boxeo había sido interrumpida por la Gran Depresión de 1929 y debió trabajar como estibador para poder llevar dinero a su hogar. Cuando menos lo esperaba, le llegó la chance para pelear por el título mundial ante Max Baer. Y sorprendió al mundo con una indiscutida victoria. Luego, cedió ante el gran Joe Luis.

Tom Sharkey nació en Dundalk, Irlanda. También dejó su tierra natal para arribar a Nueva York. Muy pronto se unió a la Armada de Estados Unidos. Allí aprendió a boxear y luego desarrolló una interesante carrera profesional.

Y si hablamos de sangre irlandesa, hasta el mismísimo Muhammad Alí tiene ascendencia de esa generosa sangre guerrera. Un estudio demostró que un bisabuelo del Más Grande Boxeador de todos los tiempos había nacido en Ennis, al oeste de Irlanda, para luego emigrar hacia los Estados Unidos donde se casó con una mujer afroamericana.

En 2009, el magnífico Alí realizó un viaje a Irlanda para vistar la tierra de sus antepasados. Cuando llegó a Ennis, el pueblo entero salió a vitorearlo. Era sangre irlandesa que llegaba a conocer su tierra de origen. Lo recibieron con los honores más puros y francos de un pueblo: banderas en las calles, carteles en todos los comercios, y una caravana que lo paseó por las principales calles donde miles de habitantes saludaron su paso. Su esposa, Yolanda, afirmó allí que la sangre irlandesa de Alí podría explicar su legendaria habilidad para apabullar a sus adversarios.

El tiempo siguió su camino y surgieron boxeadores de sangre irlandesa que alumbraron por distintos sitios. Un caso muy famoso fue el de Barry Mc Guigan. Uno de los grandes boxeadores irlandeses, fue campeón europeo, representó a la Irlanda del Norte en los juegos de la mancomunidad británica y titular mundial del peso pluma al vencer al panameño Eusebio Pedroza. Solo perdió tres veces en 35 combates. Ganó 28 de sus 32 triunfos por nocaut. Católico y casado con una mujer protestante. Alguna vez le preguntaron: ¿Por qué te has hecho boxeador? Y respondió: “Porque no puedo ser poeta. No se escribir historias…”

Mc Guigan había nacido en Monahan, era católico y se destacó por sus valores humanos. Siempre buscó entregar un mensaje de paz, en un tiempo en que Irlanda del Norte se debatía en luchas constantes entre católicos y protestantes. Inspiró la película “The Boxer”, con la actuación de Daniel Day Lewis.

Era sangre irlandesa guerrera en el ring y pacifista en la vida cotidiana. Ahora entrena a Carl Frampton, nacido en Belfast, Irlanda del Norte, un boxeador de enorme proyección y muy buenas cualidades,  que quiere emular a su mentor. Protestante é, se ha casado con una mujer católica. Y afirma su mensaje de paz en una zona que siempre está latente la división.

Se podrán enumerar muchos ejemplos más. Podremos recorrer otros nombres, de otros tiempos y más cercanos. La pasión por el boxeo de actores como Liam Nelson, quien si bien nació en Irlanda del norte, para los del sur hay una sola. Historias que inspiraron películas, libros, obras de teatro.

Pero esta historia está centrada en la Sangre Irlandesa, la que inspiró a tantos pugilistas y regó con nobleza los cuadriláteros del mundo.

 

Hernán O’Donnell

 

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko le dicen adiós al boxeo

En un año de grandes carteleras y de muy buenos combates, hombres que supieron regar de gloria los rings del mundo, ahora en cuentran su momento para decirle adiós a los cuadriláteros.

Los dos tuvieron un origen disímil, bien distinto, hicieron un recorrido similar, lleno de gloria y dignidad, y alcanzaron un final con la misma repercusión positiva.

Este año, cargado de noticias impactantes en el mundo del boxeo, se ve, otra vez, sacudido por dos informaciones que llegan para cerrar el círculo de dos guerreros del ring, muy cotizados, respetados, y que llenaron de adrenalina las noches de sábado con actuaciones resonantes y televidentes desbordantes en todo el mundo.

Pero el origen de ambos fue bien diferente; llegaron de dos mundos alejados, con pocas cosas en común. Uno representa al “macho” latino, la sangre caliente y la pasión sobre el ring. El otro es un cabal representante de los “Hombres del Este”, tantas veces nombrados en Revista Ring-Side. Esos boxeadores que llegaron de los países del este de Europa, desmembramientos de la vieja Unión Soviética, que prodigaron pugilistas que cambiaron el mapa de los rankings. Y no sólo dominaron en la máxima categoría (reservada por historia, para los estadounidenses, y de color), sino que hicieron presencia en todos los pesos.

Uno surgió en las categorías más chicas, el otro dominó en los pesados…

Juan Manuel Márquez y Wladimir Klitschko han anunciado el final de sus carreras. Tras años de noches de lunas llenas, han apagado las luces que los acompañaban en cada presentación.

Tuvieron una trayectoria destacada. El ucranio Klitschko logró la medalla de Oro en los juegos de Atlanta 1996 y luego se consagró campeón mundial de peso pesado de la FIB, la OMB , la OIB y la AMB y durante más de una década permaneció en el dominio del boxeo. Tuvo un récord de 64 triunfos (53 KO) y 5 derrotas.

El mexicano debutó en forma rentada a los 19 años y su presentación no fue nada auspiciosa: una caída ante Javier Durán por descalificación. Pero sería sólo un mal comienzo; luego desarrollaría una enorme carrera tras lograr 29 triunfos consecutivos.  En septiembre de 1999 logra su chance de pelear por el título del mundo categoría pluma ante Norwood, pero cayó por puntos en una controvertida decisión. En 2003 tendría una segunda oportunidad de combatir por un cinturón y no la desaprovecharía:  conseguiría el título pluma por la FIB ante Manuel Medina. Y luego lograría un reinado envidiable: Campeón Mundial de peso Pluma, Superpluma, Ligero y Superligero.

El ucranio haría una carrera prolija y exitosa hasta convertirse en una figura importante en Europa y Estados Unidos. Llevó un invicto de 24 peleas antes de sufrir la primera derrota. Se hizo fuerte en Alemania, donde paseó sus cualidades por los escenarios de Hamburgo, Stuttgart, Frankfurt, Offenburg, Munich, Colonia, Hannover. Fue protagonista de las carteleras del mítico Madison Square Garden (“The most famous arena of the world”) de New York, del Mandalay Bay y el Caesars Palace de Las Vegas,  del Boardwalk Hall de Atlantic City, del Barclays Center de Brooklyn y su última presentación fue nada menos que en Wembley, otra leyenda de los estadios deportivos, en las cercanías de Londres. Siempre tuvo una relación marcada con su hermano Vitaly, de hecho al principio lo llamaban el “hermano de…”, y lo acompañó al mayor en sus incursiones políticas, con la idea de aportarle ayuda y respuestas a las necesidades de su nación, Ucrania. Se hizo su propio nombre, pero mantuvo la promesa hecha a su madre de no enfrentarse (los hermanos) en un cuadrilátero. Construyó un modelo admirable, detrás del célebre Joe Louis, fue el campeón que durante más tiempo retuvo el cinturón de Campeón mundial de todos los pesos.  Fue una década de oro, entre 2006 y 2015, donde logró las fajas de la FIB (Federación Internacional de Boxeo), CMB (Consejo Mundial de Boxeo), AMB (Asociación Mundial de Boxeo) y OIB (Organización Internacional de Boxeo)

Las caídas ante Tyson Fury y Anthony Joshua marcarían la melancolía de un final que no se mancha por esos traspiés: Klitschko es un grande aún en la derrota.

“Dinamita” Márquez tuvo noches estelares ante muy destacados rivales, pero nada se compara con sus memorables duelos ante Manny Pacquiao, cuando el filipino era una de las máximas atracciones del pugilismo.

En mayo de 2004 fue el primer episodio. Manny parecía resolver todo en el primer round, cuando atropelló a Márquez y lo derribó tres veces, tal como atacaba a cada uno de sus adversarios. Pero el mexicano se levantó, se recuperó y le planteó un combate durísimo que terminó en un empate en las tarjetas.

En  2008 se realizó la segunda pelea, y allí Márquez perdió el campeonato de peso superpluma ante el filipino, en decisión dividida y también controvertida. Se encontraron por tercera vez en Las Vegas, el 12 de noviembre de 2011; volvió a ganar Manny y otra vez a partir de un fallo polémico y discutido. La cuarta versión del duelo fue la más explosiva, vibrante y espectacular. Fue el 8 de diciembre de 2012 en Las Vegas, Nevada. El duelo fue tremendo, dramático, con caídas de ambos, pero en el sexto round un terrible derechazo de Juan Manuel Márquez entró de lleno en el rostro de Manny cuando este atacaba y daba el paso al frente: la consecuencia fue una caída espectacular del filipino, quien el paso siguiente lo dio rumbo a la lona, de frente, totalmente inconsciente. Un K.O. demoledor, contundente, histórico, que ingresó en la galería de los más impactantes y que aún hoy es recordado, en una contienda que ya entró en la historia como una de las más grandes batallas del pugilismo.

En esa extraordinaria saga se encuentra un relieve de la brillante carrera de “Dinamita”; porque protagonizó 4 choques con uno de los pugilistas más fuertes y temibles de su época, Manny Pacquiao, y en todos salió bien parado, más en el último con ese triunfo categórico y colosal.

Pero en su camino desfilaron rivales de todos los estilos, gustos y prestigios. Julio Gamboa, Orlando Salido, Floyd Mayweather, Marco Antonio Barrera, Joel Casamayor, Timothy Bradley, Mike Alvarado…Nunca rechazó un duelo, ofreció su corazón en cada combate, y cuando cayó, siempre tomó impulso para volver a ponerse de pie. Se ganó el afecto de su pueblo, el de México que lo tiene como uno de los grandes ídolos, ahí muy cerquita de Julio César Chávez (Padre).

“Luego de mi última pelea contra Anthony Joshua me tomé un  tiempo necesario para pensar mi futuro. Logré todo como amateur y profesional y ahora puedo comenzar otra carrera, después de haber terminado mi carrera deportiva anunció Klitschko hace unos días.

“No pensaba que sería posible tener un camino deportivo tan extenso y exitoso. Les agradezco de corazón a quienes siempre me han apoyado. Sobre todo a mi familia, mi equipo y el público”.

“Dinamita” lo dijo en el programa “Golpe a golpe” de la señal internacional ESPN su despedida de la actividad. Se paró frente a la cámara y anunció: “Bien, señores, quiero anunciarles mi retiro, ya que las lesiones no me han permitido continuar, han frenado mis entrenamientos y me da mucha tristeza dejar, pero también una nueva ilusión por comenzar un nuevo camino: vienen otros retos. Agradezco a mi equipo de trabajo, a mis fans que son la clave de los deportistas y sobre todo a mi familia que me apoyó durante 22 años”.

El ucranio amplió su decisión en un video dirigido a sus fanáticos. “Logré todo lo que había soñado y ahora es el momento de empezar mi segunda carrera fuera del deporte. Hace 27 años tomé una decisión y fue la mejor opción que pude elegir, porque esta actividad me permitió viajar por el mundo, aprender idiomas, crear empresas y pude ayudar a gente que lo necesitaba. Llegué a ser científico, emprendedor, motivador, entrenador y muchas otras cosas. Y todo lo que hice fue por la repercusión mundial que tiene el boxeo, por mi propio talento y por ti, mi aficionado leal. En este punto de mi carrera necesito hacer un alto, y estar preparado para un nuevo capítulo. ”

“Todo el mundo quiere desafíos nuevos y yo no soy la excepción; quiero nuevos caminos, para los que he trabajado y planeado en los últimos años, y tener aún más éxito que en el boxeo. Más que decir gracias o adiós, quiero que estés conmigo en este nuevo viaje”, dijo Klitschko en un video dirigido a los fanáticos.

 El mexicano también le dejó una carta a sus seguidores, con estos párrafos más destacados:Al iniciar mi carrera hace más de 20 años, soñé con representar a mi país, con pelear en grandes festivales, entonar el Himno Nacional en una arena, dar satisfacciones y alegrías. Era una de mis grandes motivaciones, un sueño hace más de 20 años; hoy puedo decir que cumplí mi sueño, me siento satisfecho y feliz de mi carrera, pues siempre di todo como deportista en cada pelea…

“Mi intención era regresar al ring en estos últimos años, cada día me levantaba a las 4 de la mañana para correr y a la tarde asistir al Romanza con el mismo entusiasmo que comencé. Las lesiones se presentaron cada vez con mayor frecuencia pero nunca se perdió mi deseo de brindarles una última pelea en mi México. Entiendo que es el momento para bajarme del ring, pienso en mis facultades y con la satisfacción de haber logrado mis metas en este hermoso deporte que me dio todo.

“Agradezco a todos ustedes el apoyo que siempre me dieron, en las buenas y en las malas, ustedes fueron uno de mis motores para levantarme en cada caída. También quiero agradecer a mi familia, mi esposa, mis hijos que siempre me apoyaron en cada momento de mi vida dentro y fuera del ring, a mi manager, Ignacio ‘Nacho’ Beristáin, mi equipo de trabajo Raúl de Anda, Doctor Gatica y a todos los que formaron parte de mi carrera, no me queda más que decir gracias por todo su apoyo”, publicó Márquez en su página de Facebook el 4 de agosto último, cuyo epílogo se lo dedicó a una frase del escritor Paulo Coelho: “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. De esa publicación han surgido miles de comentarios y respuestas, donde la casi totalidad de la gente vuelca en palabras su afecto, admiración y agradecimiento por la nobleza de un boxeador que regó de valentía y dignidad cada cuadrilátero que pisó. Las palabras emocionan y el sentimiento de su público quedó intacto, aunque todavía muchos de ellos esperaban verlo una vez más en un festival de boxeo.

¿Qué será de la vida de estos dos guerreros?

A Klitschko se lo ve decidido. Tiene muchos emprendimientos por delante, quiere llevar una vida nueva y ni siquiera se motivó tras las últimas derrotas, sobre todo con Joshua, para tomarse un desquite. Al hombre de acción le ha ganado el ejecutivo de traje y corbata, el hombre de negocios y de acciones beneficencia. Paralelo a su carrera ha construido una actividad vinculada a los emprendimientos comerciales y a la filantropía, y parece sentirse muy cómodo en ese nuevo traje.

Márquez tampoco ha dado muchas señales. La política podría ser un camino. Siempre le ha gustado, En el tercer enfrentamiento con Manny Pacquiao lució el logo del PRI en su pantalón. Y manifestó su apoyo a Peña Nieto.

El propio entrenador, Ignacio “Nacho” Beristáin alguna vez señaló que la política es su vida: “A Juan Manuel la política le gusta y le da tiempo. A mí, la política, cero. No me interesa para nada”.

Cuales quiera que sean sus nuevos caminos, hay algo que ya han hecho, y muy bien. Construyeron, desde un inicio muy diferente, un camino similar de gloria y leyenda.

 

Hernán O’Donnell