Francia presentó otra función de Fútbol Champagne

Cuando el seleccionado nacional de rugby de Francia desplegó un juego abierto, ofensivo, atrevido, se denominó a ese estilo como “rugby champagne”, en honor a la bebida burbujeante, excitante y glamorosa. Era una manera de definir una forma de jugar que sobresalía en un deporte de mucho contacto físico y supremacía ejercida por la fuerza física. Francia demostró que se podía jugar de otra manera, más atrevida y llamativa.

Ese mote se trasladó al Fútbol. Y el equipo galo le hizo honor, a través de la historia, con un juego rápido, ofensivo, técnico y audaz. Francia asumió para su otro deporte popular la misma fórmula: en este caso el “Fútbol Champagne”. Y ahí va desde hace décadas, con dos títulos del Mundo conquistados y con una campaña que lo elevan a gran candidato en esta Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026. Los partidos, los rivales y los espectadores, somos testigos.

Ante Suecia, otra vez desplegó ese fútbol encantador, para darnos un martes pletórico de juego, con un ataque sostenido y un respeto supremo por la pelota, para tenerla y manejarla a voluntad, generar innumerables situaciones para convertir, y alcanzar un rotundo 3-0 sobre Suecia, que le permite clasificar a los octavos de final.

Salvo unos minutos iniciales, en los que Suecia se atrevió a forzar algunas maniobras de ataque, el resto del juego fue todo de la “Bleu”. Con una línea de cuatro bien adelantada, donde se proyectaban los laterales Jules Kounde y Lucas Digne de manera permanente, Tchouameni y Rabiot dominaban el centro del campo, Francia además atacaba con ¡cuatro! delanteros: Ousmane Demebelé, Olisse, Barcolá y Mbappé, que superaron a la defensa sueca, que en su esquema inicial de 4-5-1, ante el desborde francés hacía retroceder a los dos laterales volantes, para cerrarse con una línea de seis, mientras quedaban tres medios y un punta. Pero todo debía resolverlo el arquero Jacob Widell Zetterstrom, quien desvió por lo menos cuatro pelotas claras, amén de dos tiros en los postes.

Pero el gol de Mbappé, a los 45′, quebró la resistencia escandinava. Fue un golazo a partir de una jugada muy bien elaborada, con un pase de Dembelé sensacional, y una definición de Kylian Mbappé que provocó un alarido de admiración.

El gol de Barcolá, a los 53′, liquidó el pleito. Fue el 2-0 que terminó con las esperanzas suecas. El equipo, a pesar de las variantes intentadas, ya no tuvo respuestas futbolísticas ni anímicas.

Y cuando Mbappé marcó el 3-0 a los 73′, todos sabíamos que la disputa había llegado a su fin, aún cuando quedaba mucho por jugar, y cada ataque francés amenazaba con aumentar las cifras.

Si Suecia atacaba, allí estaban Upamecano y Saliba para sostener la defensa. Y en los arrebatos finales, el arquero Maignan se destacó por su solvencia.

Francia llenó New York de fútbol. Lo llenó de intensidad, de audacia y de elegancia. Lo llenó de “Fútbol Champagne”, para deleite de los amantes de este bendito deporte.

Hernán O’Donnell