En el ascensor de prensa del Dallas Stadium, en una breve charla que duró lo que el ascensor demoró en subir, bajar, volver a subir y volver a bajar, hasta acertar uno de los ocho pisos del estadio en el que debíamos salir, Marcelo Gallardo nos comentaba sus sensaciones sobre el torneo, luego de disputadas casi dos fechas de todos los grupos. “Es un Mundial abierto, en el que se deja jugar, pensar. Los equipos no aprietan arriba, no presionan alto, más bien se repliegan hasta tres cuartos de cancha, para recién ahí empezar a marcar. Pero no enciman demasiado. No es como el fútbol argentino donde no hay espacios ni tiempo. Aquí, quizás por el calor, o porque se juegan muchos partidos en poco tiempo, se regula un poco más. Y se juega al ataque, en general”.
Coincidimos en la apreciación del DT multicampeón con River Plate. Es un Mundial en que los equipos demuestran una enorme vocación ofensiva, en tanto retroceden con más preocupación en la cobertura de espacios que en la presión pegajosa por recuperar el balón.
En ese sentido, la Argentina ha demostrado una capacidad y un oficio determinantes. Tanto en el partido ante Argelia, y sobre todo frente a Austria, donde hizo del retroceso, la cobertura de espacios y el cierre de los caminos, una virtud indomable para el rival, que tuvo, en el segundo tiempo, la pelota y el territorio, pero, excepto un tiro libre de Marcel Sabitzer, no contó con ocasiones ante el arco de “Dibu” Martínez.

Amén del manejo de pelota de Argentina, que cerró el primer tiempo con un control absoluto, durante casi cuatro minutos, de la tenencia y la posesión hasta que el juez determinó el fin de la primera parte.
En ese grupo de equipos ofensivos, uno de los primeros en la lista es Alemania. Con un entrenador que hace del ataque un culto, que ha demostrado que su mayor interés es ir para adelante con la mayor cantidad de futbolistas posibles, hecho que repitió en su carrera tanto en Hoffenheim, como en RB Leipzig, el Bayern Munich y ahora la selección, Julian Nagelsmann sigue fiel a sus principios, y el equipo sigue esa línea.
También lo ejecuta Francia, Brasil, e Inglaterra, que no pudo quebrar la defensa sólida de Ghana, pero acumuló situaciones como para merecer la victoria.
En eso de saber defenderse Ghana no estuvo sola. Lo supo hacer Curazao ante Ecuador, y también Cabo Verde frente a España y Uruguay.
Hemos visto partidos magníficos, como el de Países Bajos ante Suecia. Que fue una goleada impactante del equipo naranja, por 5-1, es cierto. Tan cierto como que los escandinavos tuvieron su momento en el cuarto de hora final del primer tiempo, y que Países Bajos, amén de la capacidad goleadora de Brian Brobbrey y Cody Gakpo, se sostiene en el trabajo descomunal de sus dos medios, Grabenverch y Frenkie De Jong.
Aparecieron Mbappé y Cristiano Ronaldo. También hubo señales de Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal, un talentoso y habil jugador, que destacamos desde hace años en la Real Sociedad.
Y el Rey Messi, que no se cansa de batir récords y asombrar al mundo con su magia inagotable, sus goles sorprendentes, y sus jugadas deslumbrantes, en el umbral de las cuatro décadas, que hacen aún más increíble su inigualable historia.

Hernán O’Donnell