La Ciudad de Atlanta, en el estado de Georgia, se vio sacudida y sorprendida por la invasión de hinchas argentinos. Una marea de camisetas “Albicelestes” se desparramó por toda su geografía, para darle un color, un entusiasmo y un optimismo en la presentación de su seleccionado, el argentino, ante Egipto, por los Octavos de Final de la Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026. Y el triunfo significaba el pase a los Cuartos de Final, así como la derrota era volver a casa… Y la Argentina consiguió lo que parecía imposible, o por lo menos muy difícil. A pesar de jugar un buen primer tiempo y contar con cuatro chances claras de gol, incluido un penal que Shoubir le atajó a Messi, tuvo que remontar un 0-2 cuando el tiempo se agotaba y faltaban doce minutos, siempre con la conducción de un Lionel Messi intratable. Y en ese lapso final llegó al 3-2 heroico, vibrante y memorable, para avanzar una ronda más.

Argentina formó con Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Leandro Paredes; Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi y Julián Álvarez.
Egipto alineó a Mostafa Shoubir; Mohamed Hany, Yasser Ibrahim, Ramy Rabia, Kareem Hafez; Marawan Attia, Mohanad Lashin; Mohammed Salah, Emam Ashour, Haissem Hassan; Mostafa Zico.
Argentina se mostró más rápida que en el partido con Cabo Verde. Incluso con mayor presión en el ataque, donde intentó cortar la salida de el equipo egipcio desde el fondo con la presión de varios hombres de ataque.
Pero se encontró con un rival rápido, preciso y que también fue a buscar el partido. Egipto no se refugió en el fondo, más bien progresó con dominio de balón y posicionó a sus defensores cerca de mitad de cancha en cada avance que hacía.

La Argentina llegó a este encuentro con cuatro victorias en los partidos anteriores. Irreprochable desde lo numérico. Con un alto porcentaje goleador, incluso más alto de lo que había convertido en la cita anterior, Catar 2022, donde alcanzó el Título. Pero se observaba una merma en su juego. Más lento, más retraído, con menos nivel de improvisación y fantasía, con una mayor Messi-dependencia. Un equipo al que le bastaba el enorme oficio que tiene el jugador argentino, y sobre todo este plantel, que es la “elite” de ese entender el juego, y la determinante presencia de Leo Messi, un jugador capaz de destruir cualquier planteo, de sacudir al rival en el momento menos pensado, de ganar un partido por sí solo.
Pero este rival fue distinto. Buscó la ofensiva desde el inicio, y a los 14′ halló su premio. Centro desde la derecha y el cabezazo limpio y cruzado de Yassem Ibrahim puso el partido 0-1 para Egipto.
Respondio la “Albiceleste”, a los 19′ con una buena jugada de Messi, un pase profundo y la continuidad de Mac Allister a Tagliafico, quien fue derribado en el área. El penal lo pateó Messi, y lo atajó Shoubir, cuando iban 20′ de juego.
Luego, en un encuentro equilibrado, la Argentina tuvo las mejores llegadas. A los 27′ un cabezazo de Mac Allister fue sacado por el arquero egipcio. Cuando iban 30′, Lionel Messi estrelló un tiro libre en el poste derecho de Shoubir. Y a los 38′, Tagliafico recibió por izquierda, lanzó el centro y Julián Álvarez sacó un gran tiro que Shoubir desvió con lo justo.

En el segundo tiempo, Egipto empezó con una variante. Hamdy Fathy reemplazó a Emam Ashour. Y si bien Argentina se lanzó rápido al ataque, pudo sufrir otro golpe, a los 57′, cuando un gran contragolpe egipcio terminó en la red tras el último toque de Mostafa Zico, pero el VAR advirtió al árbitro francés de una falta previa a Lisandro Martínez. Con la revisión el juez no convalidó el tanto, y todo siguió igual. Era, de todos modos, un aviso.
Cuando iban 65′ Lionel Scaloni hizo dos variantes. Lautaro Martínez reemplazó a Rodrigo De Paul, y Nicolás González entró por Nicolás Tagliafico. Pero las cosas seguían complicadas, y a los 66′ Mostafa Zico, esta vez, sí, puso el 0-2 para Egipto tras un gran contragolpe.
Gonzalo Montiel ingresó por Nahuel Molina a los 72′. También en esa ventana Trezeguet sustituyó a Haissem Hassad.
Entonces, apareció Lionel Andrés Messi en toda su dimensión. Se volcó a la derecha, y empezó a construir jugadas, a ir al fondo, a acelerar y marcar el ritmo de un ataque que se hizo cada vez más duro para el rival, hasta que a los 78′ Cristian Romero marcó de cabeza, y puso el 1-2 en un mediodía de alta tensión.
Metió mano el entrenador de los faraones, y a los 79′ Omar Marmoush ingresó por Mostafá Zico.
Pero era inútil. Ya Messi había encendido todos sus motores, y a los 83′ aprovechó un rebote en el área, para sacar un tremendo zurdazo que puso el 2-2.
El Estadio era una caldera; Atlanta se estremecía, entre la incredulidad egipcia, y muchas protestas por el gol no convalidado, y la intensidad argentina, que a esa altura ya era un vendaval.
Hasta que llegó el contragolpe letal, el centro de Lautaro Martínez, y el cabezazo de Enzo Fernández, cruzado y preciso puso el 3-2 a los 90+2′, cuando el tiempo parecía alargarse media hora más. Pero el tiempo se detuvo. El salto quedó suspendido en el aire, y un país explotó con el. Argentina conseguía revertir un marcador complicado, pero en el juego, el equipo siempre estuvo presente. Fue una actuación superior a la de Cabo Verde, donde el conjunto de Scaloni se mostró lento, espeso, dominante por el posicionamiento rival, pero con un juego de poco relieve.
Esta vez, la Argentina jugó mejor. Fue más rápida, dinámica, con la actitud de presionar bien arriba en el primer tiempo, y de sostener el ataque constante en el segundo. Todo, con la conducción de un Lionel Messi intratable, que dejó el alma, el corazón y la vida para conducir al equipo a una nueva epopeya.

Hernán O’Donnell



















