Francia tuvo una actuación deslucida y superó a Paraguay por la mínima diferencia

Un día muy especial para esta edición de la Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026. Un sábado que no era cualquier sábado, porque este caía el 4 de Julio de 2026, un aniversario nuevo de la independencia de los Estados Unidos de América, pero tampoco cualquier aniversario. Se cumplían 250 años de aquel 4 de Julio de 1776, cuando en Philadelphia el Segundo Congreso Continental adoptó la declaración de la Independencia del país, que proclamó su separación del Imperio Británico. Y justo en Philadelphia fueron a encontrarse el gran candidato del Mundial, Francia, y la cenicienta, el Paraguay del Profesor Gustavo Alfaro, el cazador de utopías que derrotó a Alemania, otro gigante de Europa, y produjo el primer cimbronazo de la Copa.

Y allí se toparon los dos protagonistas. El estelar y el de reparto. Y un poco, se mezclaron los papeles. Porque en su rol de “partenaire”, Paraguay hizo un buen trabajo defensivo. Con mucho sacrificio tapó todos los caminos del equipo europeo, que encontró la diferencia mediante un penal observado por el VAR y que tuvo una tarde opaca, con un conformismo llamativo más que en la búsqueda de jugadas positivas para ampliar el marcador.

Paraguay alineó a Orlando Gill; Juan José Cáceres, Gustavo Velázquez, Gustavo Gómez, Omar Alderete, Junior Alonso; Miguel Almirón, Diego Gómez, Andrés Cubas, Matías Galarza Fonda; Julio Enciso.

Francia formó con Mike Maignan; Jules Koundé, Dayot Upamecano, William Saliba, Lucas Digne; Manu Koné, Adrien Rabiot; Ousmane Dembélé, Michael Olise, Bradley Barcola; Kylian Mbappé. 

El primer tiempo pasó de largo muy rápido. Es cierto que Francia tuvo el balón y el dominio territorial, pero también porque así lo quiso Paraguay. Y se le fueron los primeros cuarenta y cinco entre centros, remates de afuera del área, y los cortes precisos del arquero de San Lorenzo de Almagro, Orlando Gill.

Aceleró Francia al comienzo del segundo tiempo. Olisé se mostró más activo, Dembelé buscó por su banda, treparon los laterales Koundé y Digne. Un rematé de Koné, a los 52′, sacado por Gill con brazo cambiado en un vuelo espectacular al corner, fue la más clara hasta ese momento del partido.

A los 56′, el Profe Alfaro hizo el primer cambio en el equipo guaraní; José Canale entró por Alderete. A los 60′ tuvo que hacer la segunda variante: Gustavo Caballero ingresó por Enciso. También a los 60′ Doue reemplazó a Barcola, en el conjunto francés.

Iba Francia, y a los 66′ advirtió una falta de D. Gómez a Doue, que el juez sancionó con penal. Lo ejecutó Kylian Mbappé, a los 69′, y puso el 0-1 para Francia.

Entonces, Gustavo Alfaro hizo dos modificaciones más en el equipo sudamericano. Mauricio entró por Diego Gómez, y Gabriel Ávalos reemplazó a Miguel Almirón. En Francia, a los 83′ Rayan Cherki sustituyó a Ousmane Dembelé.

Los minutos finales, más los diez agregados, mostraron a una Francia conforme con la diferencia, con tenencia de balón más hacia los costados y hacia atrás, que hacia adelante. Se conformó, con el riesgo que eso supone. De hecho, Maignan tapó un tiro difícil de Mauricio, tras una pérdida infantil del balón. Y no sacó provecho a un buen contragolpe de Olise, que bien pudo rematar, pero Mbappé le pidió a los gritos el balón, se lo cedió y el doble remate de Mbappé fue detenido de manera brillante por Orlando Gill.

Francia ganó con lo justo, sin sobrarle nada y sin brillar. El candidato de todos mostró que tampoco es invencible, el Mundial parece más abierto que nunca.

Hernán O’Donnell

Argentina tuvo oficio para sortear una escala muy difícil ante Cabo Verde

Unas horas después, con las pulsaciones más bajas, con el intento de encontrar más lucidez y serenidad en el análisis, creemos que el triunfo de Argentina ante Cabo Verde por 3-2, luego de más de dos horas de juego, se sostuvo en el oficio del equipo, que entiende, como casi ningún equipo del torneo, las formas, los tiempos, las velocidades y los más recónditos secretos de este juego. Argentina sabe a que ritmo jugar en cada momento del partido, de que forma atacar, como buscar los espacios para progresar, como ocupar el terreno para replegarse y defenderse. Goza y sufre. Pero siempre con la cabeza puesta el cien por ciento en el juego. Como decía César Luis Menotti, “en el fútbol se puede dejar de atacar, se puede dejar de gambetear, hasta se puede dejar de correr si uno está cansado. Lo que nunca se puede dejar es de pensar”. Y Argentina pensó siempre, por eso avanzó a los Octavos de Final de la Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026.

El equipo alineó a Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Facundo Medina; Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Thiago Almada.

Cabo Verde alineó a Vozinha; Diney Borges, Pico Lopes, Sidny Lopes Cabral, Steven Moreira; Kevin Pjna, Jovane Cabral, Deroy Duarte, Laros Duarte y Nuno Da Costa; Ryan Mendes.

El comienzo del partido se dio como lo imaginábamos; Argentina con la pelota, Cabo Verde retrasado, con un buen despliegue en el campo, y los espacios cerrados y ocupados para que no progresara la “Albiceleste” con pases verticales. Parsimoniosa, la Argentina lateralizaba el juego, a la espera del agujero para meter el estiletazo.

A los 14′ tuvo su primera llegada con un disparo cruzado de Lionel Messi. Luego, a los 17′, un tiro libre de Leo fue bien controlado por Vozinha.

Crédito: www.media.afa.org.ar

Hasta que a los 28′ un pelotazo largo y preciso de Lisandro Martínez fue bien controlado por Messi, que además definió de manera magistral para poner el 1-0 a favor de Argentina.

Y no varió mucho el juego, más allá de la ventaja del Campeón del Mundo. Porque Cabo Verde continuó atado a su libreto, sin desesperarse ni ofrecer lugares a las espaldas de los defensores. En juego, eran parecidos; cautelosos y pensantes. Uno con la pelota y el dominio territorial. Pero sin profundidad ni aceleración en ataque. El otro, replegado, ordenado y a la espera de encontrar un contragolpe. Ambos, pacientes para jugar.

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En el segundo tiempo se dio la jugada que el equipo de Pedro Leitao Brito aguardaba. Un ataque filoso, un centro que no puede sacar la defensa argentina y la definición de Deroy Duarte para poner el 1-1, cuando iban 58′ de juego.

Le dolió a la Argentina, porque hasta ahí, parecía tener controlado el partido. A los 62′ Scaloni hizo dos cambios. Julián Álvarez entró por Lautaro Martínez, y Nicolás González ingresó por Thiago Almada.

Argentina continuó con la pelota y su juego. Sereno, quizás un poco lento, pero seguro en la posesión y la tenencia. Llegó, es verdad, pero con más centros que jugadas profundas. A los 83′ Leandro Paredes entró por Rodrigo De Paul. Se corrió Mac Alister a la izquierda y el volante de Boca ocupó el lugar de volante central.

A los 85′ hubo de abrir la tercera ventana de cambios; Nicolás Tagliafico reemplazó a Facundo Medina. Pero nada varió demasiado, e incluso el final de Cabo Verde fue con mayor tenencia de la pelota.

A poco de empezar el alargue, la Argentina llegó al gol que parecía iba a traer la paz. Un tiro de esquina desde la izquierda de Messi, el remate preciso y furibundo de Lisandro Martínez, y el gol que adelantó a la Selección Nacional por 2-1, a los 92′ de juego.

Sin embargo, antes de que termine el primer tiempo adicional, Sidny Lopes Cabral enganchó de izquierda a derecha y sacó un tremendo remate que se coló en el ángulo superior izquierdo de “Dibu” Martínez, para poner el 2-2 a los 103′ de juego.

Argentina hizo la última variante a los 104′. Gonzalo Montiel reemplazó a Nahuel Molina.

Quedaba un cuarto de hora, y Argentina volvió a avanzar. El ataque constante, aún con dificultades en la generación de situaciones, fue un mérito del equipo. Y a los 111′ tuvo su premio. Tiro de esquina desde la izquierda, Cristian Romero cabeceó y el balón dio en Diney Borges, que de manera oficial, fue el autor del autogol para que la Argentina se pusiera 3-2 adelante.

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Y el resto fue sufrir. Como esa pelota que sacó Emiliano Martínez pegada al travesaño, que tenia destino de red, en un vuelo fenomenal, o la que tapó con lo justo ante la entrada de Semedo.

Argentina puso sangre, sudor y lágrimas para llevarse la victoria en un partido muy difícil, jugado con inteligencia y capacidad por su rival. Contó con la magia de Messi, la defensa férrea en la que se destacó Lisandro Martínez, las intervenciones claves de “Dibu” Martínez, y el ataque permanente, aún con lentitud y espesor, pero con la convicción firme en su juego. Y el oficio nato de conocer todos los secretos y las formas de jugar a este juego.

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Miami Gardens, Florida, USA)

Con confianza y humildad, Argentina afronta la ronda decisiva ante Cabo Verde

En uno de los amplios y confortables vestuarios del Miami Stadium, Rodrigo De Paul y Lionel Scaloni hablaron en el día previo al partido frente a Cabo Verde, -1 MD para los códigos de información, por los 16avos de Final de la Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026. Y lo hicieron en un marco de serenidad, respeto y confianza, habitual ya en este grupo, que domina la escena mundial del Fútbol a partir de esos valores, que son la base fundamental del conjunto, amén de sus extraordinarias cualidades futbolísticas.

Primero habló el volante de Inter Miami. “Esto es fútbol y Cabo Verde hizo los méritos necesarios para estar donde está; por algo llegó a esta instancia. Lo más importante es cómo representamos a la Selección Argentina”. 

“Cada selección tiene puntos altos y puntos más bajos. El mediocampo no define los partidos pero puede direccionarlo para un lado o para el otro”. 

“Estamos ilusionados como todo el mundo, pero tenemos un rival al que respetar. El que pierde se vuelve, y eso lo tenemos en cuenta. Vemos partidos muy parejos. No va a ser fácil; Cabo Verde es un equipo que no ha perdido, y con Arabia incluso mereció ganar. Tapa bien los pases y saben salir de contra. Es un buen equipo, ya lo analizábamos por ser un posible rival”.

“Intentamos no renunciar a nuestra idea, pero siempre hay lugar para algún cambio si es que hay que acomodar en base al rival”.

“Tenemos las mismas ganas de conseguir lo que conseguimos en Qatar”.

“Ser campeón del mundo te hace llegar un poco más de experiencia; la felicidad es efímera, todo pasa y la vida sigue. Tomamos todo con la responsabilidad que se merece”.

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Luego habló el entrenador argentino; y lo primero que hizo fue considerar y respetar al rival. “El equipo genera muchas situaciones. Leo, además de un gran jugador, es uno de los delanteros del equipo. Intentamos que todos conviertan, pero lo importante es lo que generamos. Todos sienten ganas de jugar, de responderle a la gente adentro de la cancha. Cada jugador soñó de chiquito con este momento”.

Con respeto, humildad y confianza, la Argentina aguarda el juego de esta tarde, que es el cuarto partido, pero el primeo que define seguir en el Mundial.

Hernán O’Donnell

(Enviado Especial a Miami, Florida, USA)

Francia presentó otra función de Fútbol Champagne

Cuando el seleccionado nacional de rugby de Francia desplegó un juego abierto, ofensivo, atrevido, se denominó a ese estilo como “rugby champagne”, en honor a la bebida burbujeante, excitante y glamorosa. Era una manera de definir una forma de jugar que sobresalía en un deporte de mucho contacto físico y supremacía ejercida por la fuerza física. Francia demostró que se podía jugar de otra manera, más atrevida y llamativa.

Ese mote se trasladó al Fútbol. Y el equipo galo le hizo honor, a través de la historia, con un juego rápido, ofensivo, técnico y audaz. Francia asumió para su otro deporte popular la misma fórmula: en este caso el “Fútbol Champagne”. Y ahí va desde hace décadas, con dos títulos del Mundo conquistados y con una campaña que lo elevan a gran candidato en esta Copa Mundial de la FIFA-México, USA, Canadá 2026. Los partidos, los rivales y los espectadores, somos testigos.

Ante Suecia, otra vez desplegó ese fútbol encantador, para darnos un martes pletórico de juego, con un ataque sostenido y un respeto supremo por la pelota, para tenerla y manejarla a voluntad, generar innumerables situaciones para convertir, y alcanzar un rotundo 3-0 sobre Suecia, que le permite clasificar a los octavos de final.

Salvo unos minutos iniciales, en los que Suecia se atrevió a forzar algunas maniobras de ataque, el resto del juego fue todo de la “Bleu”. Con una línea de cuatro bien adelantada, donde se proyectaban los laterales Jules Kounde y Lucas Digne de manera permanente, Tchouameni y Rabiot dominaban el centro del campo, Francia además atacaba con ¡cuatro! delanteros: Ousmane Demebelé, Olisse, Barcolá y Mbappé, que superaron a la defensa sueca, que en su esquema inicial de 4-5-1, ante el desborde francés hacía retroceder a los dos laterales volantes, para cerrarse con una línea de seis, mientras quedaban tres medios y un punta. Pero todo debía resolverlo el arquero Jacob Widell Zetterstrom, quien desvió por lo menos cuatro pelotas claras, amén de dos tiros en los postes.

Pero el gol de Mbappé, a los 45′, quebró la resistencia escandinava. Fue un golazo a partir de una jugada muy bien elaborada, con un pase de Dembelé sensacional, y una definición de Kylian Mbappé que provocó un alarido de admiración.

El gol de Barcolá, a los 53′, liquidó el pleito. Fue el 2-0 que terminó con las esperanzas suecas. El equipo, a pesar de las variantes intentadas, ya no tuvo respuestas futbolísticas ni anímicas.

Y cuando Mbappé marcó el 3-0 a los 73′, todos sabíamos que la disputa había llegado a su fin, aún cuando quedaba mucho por jugar, y cada ataque francés amenazaba con aumentar las cifras.

Si Suecia atacaba, allí estaban Upamecano y Saliba para sostener la defensa. Y en los arrebatos finales, el arquero Maignan se destacó por su solvencia.

Francia llenó New York de fútbol. Lo llenó de intensidad, de audacia y de elegancia. Lo llenó de “Fútbol Champagne”, para deleite de los amantes de este bendito deporte.

Hernán O’Donnell